El feminismo como legitimación política en los últimos discursos de Podemos

14 Jun 2017
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Beatriz Gimeno
Diputada en la asamblea autonómica de la Comunidad de Madrid, grupo parlamentario de Podemos

Aunque tanto Irene Montero como Lorena Ruiz Huerta hablaron de muchas cosas en sus discursos del jueves pasado y de ayer, martes, quiero aquí analizar el uso que ambas han hecho del feminismo en sus propuestas porque me parece que supone un cambio radical que va a tener consecuencias importantes.

Irene Montero subió a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados para presentar la moción de censura contra el gobierno del Partido Popular y se convirtió, así, en la primera mujer en ocupar ese puesto; muchos medios resaltaron esta circunstancia. Sin embargo, son muchas ya las mujeres que han sido “las primeras en…” Hubo una mujer que fue la primera en ser ministra y habrá una primera presidenta del gobierno. Venimos desde la más absoluta marginación social y política así que nuestra historia está llena de mujeres que han sido las primeras en algo. Que Montero sea la primera en defender una moción de censura es anecdótico, pero en cambio lo que sí me parece importante es que ha sido la primera en utilizar el feminismo como legitimación ética  de la política general y lo ha hecho en un momento en el que la reacción patriarcal está siendo virulenta. Por tanto, además, supone una toma de posición que compromete a todo Podemos y que legitima también el trabajo que hemos hecho las feministas de Podemos en todo este tiempo.

Montero comenzó su discurso haciendo referencia al asesinato ese mismo día de la víctima número 41 de la violencia machista. Y lo hizo usando los lemas que utiliza el movimiento feminista contra el feminicidio en España y en Latinoamérica. “Ni una menos” “Nos queremos vivas”. Si bien tampoco es la primera vez que se habla de violencia machista en la tribuna de oradores, sí que es la primera vez que en un debate de política general se escuchan lemas del Movimiento Feminista a quien Irene Montero, en un debate sobre una moción de censura, subía así con ella a esa misma tribuna.

Lo mismo hizo Lorena Ruiz Huerta, el jueves pasado cuando se presentó como candidata alternativa a Cristina Cifuentes. El feminismo no fue, en los discursos de ambas políticas, un punto y aparte de un debate político general y de la máxima importancia, sino que el feminismo estructuró y recorrió los dos discursos a los que hago referencia. Y esto supone un enorme cambio con respecto a lo que estamos acostumbradas. En ambos casos, pero en el caso de Montero especialmente por su proyección mediática, lo que estas dos políticas han hecho es construir una nueva legitimidad sobre la que sustentar la política general, la legitimidad feminista, de la que, en adelante, no se podrá prescindir con facilidad. Lo que ambas políticas han hecho es utilizar el feminismo como una fuente de legitimación ética más allá de cualquier duda  y así han contribuido a hacer nacer el consenso social imprescindible para que dicha legitimidad no pueda, en adelante, ser contestada con facilidad; o dicho de otro modo, sus discursos han colaborado de manera muy importante en  romper el actual consenso y legitimidad androcéntrica.

El feminismo tiene su propia legitimidad, académica, social, activista, pero nos faltaba romper el androcentrismo de los discursos políticos generales. Nos faltaba un discurso atravesado de feminismo en el que éste no fuera sólo un punto y aparte de cualquier política; nos faltaba escuchar un proyecto de país alternativo al androcéntrico, que es el único que se nos ha permitido hasta ahora escuchar; nos faltaba sentir que se entiende que hay ciudadanas, además de ciudadanos; nos faltaba sentir que somos parte de un “nosotras” y que no tenemos que meternos a disgusto en ese “ellos” omnipresente. Por primera vez, el jueves pasado y ayer mismo, pudimos escuchar un discurso político, un discurso de país (o de región) plagado de referencias feministas, de guiños sentimentales y emocionales a la lucha de las mujeres y de anclajes políticos a las reivindicaciones feministas.

Lo que late debajo de ambos discursos es el reconocimiento explícito y necesario de que la ciudadanía, a la que ambas políticas apelaban,  no está compuesta sólo por hombres, sino por hombres y por mujeres, y que no estamos en la misma situación. El discurso de Montero fue más emocional porque el suyo no era un programa de gobierno; era un discurso desde las ganas, desde el deseo, desde la lucha, desde la denuncia, desde la necesidad de cambio. Y desde ahí mencionó a referentes feministas tantas veces silenciados en esa misma tribuna en la que hace casi 90 años Clara Campoamor defendió el derecho al voto de las mujeres. La mencionó a ella, y mencionó también la lucha de las cigarreras madrileñas, porque la lucha de las mujeres ha sido y es también una lucha colectiva para defender derechos sociales y laborales. Las mujeres hemos estado siempre en todas las luchas pero seguimos siendo en buena medida invisibles. Montero rompió con esto, visibilizó no sólo a las mujeres, sino la lucha de las mujeres como ejemplo de no resignación y de capacidad de resistencia y en ese sentido su discurso marca un antes y un después en la construcción de una nueva legitimidad política dentro de las instituciones.

Lo mismo había hecho el jueves anterior Lorena Ruiz Huerta cuando presentó un programa de gobierno que no sólo contempla medidas feministas, sino que es todo él feminista y así lo reconoció cuando afirmó que “la Comunidad de Madrid en la que viven las mujeres no es la misma que la Comunidad en la que viven los hombres”, toda una declaración de principios. Porque una cosa es que te mencionen como una particularidad más, como si las mujeres fuéramos un grupo sectorial con sus propias reivindicaciones y otra distinta hablar desde un “nosotras” que abarca toda la política. Y después de eso pasó a desglosar los grandes indicadores por sexo: pensiones, paro, trabajo, salario…No hay un ciudadano tipo, ni un salario, ni un índice de desempleo o tasa de actividad, sino que hay un salario para los hombres y otro para las mujeres, una tasa de actividad y precariedad para los hombres y otra para las mujeres; y así con todos los datos y con todas las cifras. Hacer explícita esta situación en un contexto de política general supone un cambio radical en la enunciación política.

De hecho, Pablo Iglesias también habló mucho de feminismo, mucho más de lo habitual en esa tribuna (excepto cuando se han discutido cuestiones relacionadas sólo con las mujeres) Y al decir que hay que hacer un currículo feminista, y al decir que hay que visibilizar a las mujeres en los libros de texto, así como cuando dijo que sin mujeres no hay democracia…lo que ha hecho ha sido dar carta de naturaleza a reivindicaciones feministas evidentes para nosotras pero que sin embargo llevan tiempo siendo objeto de todo tipo de chanzas en las redes. Así es, nuestras reivindicaciones son reivindicaciones políticas de primer orden, no son bromas: sin mujeres hay democracia y es necesario ocuparse de que los libros de texto recojan el mismo número de mujeres que de hombres; y estos son sólo unos pocos ejemplos de lo que escuchamos ayer.

Cifuentes no quiso contestar a Ruiz Huerta sino que se escondió y prefirió lanzar a sus consejeros más machistas a decir cosas relacionadas con “la puesta de largo de una señorita”.  A Montero, en cambio, sí que salió Rajoy a contestarla y le dijo: “tengan la absoluta certeza de que de esta intervención se hablará en la historia” para añadir que no había entendido nada. En ambas cosas tenía razón. La intervención de Montero, en lo que se refiere al feminismo marca un antes y un después, y no me extraña nada que ese señor de Pontevedra, antiguo en el peor sentido de la palabra, no haya entendido nada. Seguramente estaba escuchando algunas cosas por primera vez en su vida. Lo bueno es que no será la última.

 


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