El referéndum, catalán desde el activismo lgtb

15 Sep 2017
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Beatriz Gimeno
Diputada en la asamblea autonómica de la Comunidad de Madrid, grupo parlamentario de Podemos

Para una persona que vivió de cerca la lucha por el matrimonio igualitario, es interesante estar ahora observado desde fuera cómo se desarrolla la cuestión del referéndum catalán. Ambas cuestiones no tienen mucho que ver aparentemente pero ambas han tenido un desarrollo que sí tiene cierto paralelismo en tanto que en ambas el PP se ha comportado más o menos parecido y los resultados también guardan similitudes.  Lo cierto es que la postura del PP y sus consecuencias en este caso, y en aquel, sirven para sacar lecciones políticas generales.

Cuando comenzamos a exigir una ley de parejas de hecho, que garantizase ciertos derechos básicos a las personas lgtb, nos encontramos con la cerrazón absoluta por parte del Partido Popular. Al principio del camino nos conformábamos con una ley que era en sí misma discriminatoria, pero que para el momento en el que estábamos, nos parecía que era a lo más a lo que podíamos aspirar. Nadie hablaba entonces de matrimonio entre personas del mismo sexo, era un tabú; dicho matrimonio no existía más que en dos países en todo el mundo. Parecía un objetivo más que lejano, imposible. Pero seguimos trabajando y luchando por una Ley de Parejas y el Partido Popular seguía diciendo que no a todo y seguía despreciando nuestra lucha con esa prepotencia que le caracteriza y con el absoluto desprecio que muestra hacia las luchas sociales.

Lo cierto es que el tiempo pasó y el inmovilismo del PP no era el nuestro. Nosotros/as sí que nos movimos de sitio porque, en realidad, eso es lo que provoca el inmovilismo del contrario y darse todo el tiempo contra una pared. Lejos de cansar o debilitar, el inmovilismo del contrario te fortalece, te proporciona tiempo, te da argumentos y razón, te deja el campo libre.  El tiempo que nos dio el PP con su silencio hizo que lo que parecía imposible se volviera posible. Desbordar nuestro propio discurso inicial se convirtió una exigencia si es que queríamos mantener el asunto vivo. No pensábamos conseguirlo, pero el camino que estábamos emprendiendo merecía la pena. Nos pasamos años hablando de matrimonio en todo tipo de foros, hasta que al fin, una buena parte de la sociedad y los demás partidos políticos terminaron asumiendo nuestra reivindicación y la sociedad en su conjunto se acostumbró a la palabra; a una palabra que poco antes era impronunciable en el contexto de la homosexualidad.  Seguíamos pensando que el PP se despertaría un día y aceptaría negociar una Ley de Parejas más o menos decente. Pero no lo hizo. Se bunkerizó en sus posiciones más reaccionarias y lo contrario ocurrió en los colectivos, que por incomparecencia del contrario, por su silencio, porque su inmovilismo terminó por parecer impotencia, decidimos que era absurdo pedir una ley que no hacía sino legalizar la desigualdad.

En ese tiempo cambió la sociedad, cambiaron los propios colectivos lgtbi, cambiaron los partidos políticos excepto el PP y pudimos comenzar a imaginar una ley que garantizara la igualdad legal completa. Finalmente, bajo el gobierno de Aznar y en vísperas de una enorme manifestación en la que íbamos a exigir el matrimonio, el PP nos llamó al Palacio de la Moncloa en un gesto inusitado porque jamás habían querido negociar nada. Allí nos propusieron presentar una Ley de Parejas en la que se recogieran todas nuestras exigencias…de 15 años atrás. Demasiado tarde. Pudimos haber dicho que sí porque nadie sabía cuando se aprobaría la ley de matrimonio, pero dijimos que no porque el trabajo ya estaba hecho, porque lo que parecía impensable unos años antes ahora era, por el contrario asumido y exigido por la mayoría. Dijimos que no y la igualdad, efectivamente llegaría poco después.

Supongo que el PP votaría ahora a favor de casi cualquier estatuto. Pero es  demasiado tarde. La sociedad catalana está en otro sitio, después de todos estos años y la española está a punto también de estarlo. El único que está en el mismo sitio que hace 10 años es el PP, y si ahora quisiera moverse ya no tiene hacia donde. Si hace 10 años un referéndum era un objetivo imposible y ni siquiera deseado por la mayoría, ahora mismo la situación se ha invertido y para  la mayoría de la sociedad catalana un referéndum es un objetivo irrenunciable y, además, parece no sólo posible, sino probable y deseable. Todas las dudas se han ido disipando en este tiempo ante la inacción del PP y el crecimiento sostenido en el empeño de las asociaciones de la sociedad civil, partidos y de una buena parte de la sociedad catalana; los que lo han peleado. Hemos llegado a un punto en el que parece que la cuestión está clara: la exigencia de un referéndum es un deseo mayoritario, legítimo y democrático y es, además, la única forma de cerrar políticamente esta cuestión.

Muchas personas que teníamos una opinión contraria, por razones muy diversas, a este referéndum o que éramos críticos con la cuestión independentista hemos cambiado de opinión. Estamos ante un caso de desborde social y político de un marco dado que más bien produce envidia. Resulta insoportable escuchar al Partido Popular apelar a la ley, cuando se trata de un partido que la ha burlado prácticamente de manera sistemática; escucharle hablar de estado de derecho o democracia no resulta mejor ahora que sabemos lo que verdaderamente significa la democracia en esta Europa de los mercados. Es posible que el referéndum exigido por casi el 80% de los catalanes sea uno de los pocos actos verdaderamente democráticos que puedan imaginarse ahora mismo.

Y sí, es posible que el referéndum tenga efectos no deseados por todos los que ahora lo invocan, quién sabe. A veces ocurre que de maneras inesperadas se desatan fuerzas con las que nadie contaba al comienzo. En Cataluña da la impresión de que el Régimen se está descomponiendo ¿Quién sabe si de aquí no sale una operación de limpieza, por fin, del régimen del 78? En Madrid, nada más pasar la Diada, un juez anticatalanista confeso ha prohibido la celebración de un acto político en una clara vulneración de derechos fundamentales. Las costuras le revientan a un estado que se dice democrático pero que no soporta la democracia.

 


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