“El periodismo es un bien público: aporta valor a las personas, lo paguen o no”

26 Ene 2016
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Daniel Martín y Carlos del Castillo
Periodistas miembros de la comunidad editorial del 4º Poder en Red

Dieciséis años dirigiendo uno de los periódicos más importantes del mundo, de tirada global, dejaron una idea clara a Paul Steiger sobre en qué merecía la pena invertir los últimos años de su carrera: Periodismo de investigación. Puro y duro. Indagaciones de meses, incluso años. Siempre buscando su función social y sin prestar atención al ruido que a veces genera la actualidad. Esos son los principios que rigen el proyecto que ahora encabeza Steiger: ProPublica.

Paul Steiger dirigió el Wall Street Journal desde 1991 a 2007. Se refiere a ese tiempo como la última etapa de la “era dorada” del periodismo, cuando había recursos para hacer un periodismo de investigación de calidad. “Hace diez años nos embarcamos en un viaje en el que la única constante en nuestro trabajo es el cambio. Estamos en 2016 y el cambio todavía va a ir a más”, asegura en una conferencia impartida en Madrid, en la ronda de Conversaciones que la Universidad de Navarra lleva promoviendo desde 2013 con el fin de “celebrar el periodismo”.

Bajo su dirección, el Wall Street Journal ganó 18 Premios Pulitzer. Cuando lo dejó, estaba convencido de que, a pesar de las dificultades, “el periodismo de investigación seguía siendo útil e importante”. Así que decidió lanzar ProPublica, una plataforma sin ánimo de lucro dedicada al reporterismo de investigación con valor de “función social”. Según explica el propio Steiger el periodismo de investigación es un “bien público que aporta valor a las personas aunque estas no quieran pagarlo. Como la policía, los bomberos o las asociaciones que acogen animales”.

Para ilustrar esta idea, Steiger cuenta cómo en 2009, el primer año de ProPublica, sus reporteros fueron capaces de mejorar la sanidad del Estado de California, que estaba fallando a la hora de proteger a los pacientes. Varios centros hospitalarios se encontraron con que una parte de su plantel de enfermeras habían convertido la negligencia en el trato al enfermo y el robo de los bienes del hospital en una costumbre. Muchas fueron despedidas, pero las autoridades carecían de los mecanismos y registros necesarios para evitar que fueran contratadas en otros lugares. Esta circunstancia dio lugar a un fenómeno de enfermeras corruptas itinerantes cuya negligencia ponía en serio riesgo la vida de los pacientes de múltiples centros de salud.

Tras el impacto de la serie de reportajes de ProPublica sobre el tema, no sólo se atajó el problema, sino que se instauraron mecanismos para que no pudiera volver a ocurrir. “Los beneficios no fueron sólo para la gente que leía y financiaba el medio, sino para toda la sociedad como potenciales usuarios de un hospital”, explica Steiger.

Este espíritu de servicio público es el que ha llevado a la plataforma que dirige Steiner a ganar dos Premios Pulitzer en menos de diez años de existencia. El primero con un reportaje (que requirió dos años de investigación) sobre cómo algunos hospitales en Nueva Orleans emplearon la eutanasia con el objetivo de aligerar pacientes de los hospitales tras el Katrina y el segundo con informaciones sobre cómo grandes banqueros de Wall Street se habían enriquecido pasando sin piedad por encima de sus clientes y sus corporaciones.

Los éxitos anteriormente mencionados se deben a un modelo de negocio que blinda la independencia del medio. ProPublica es una organización sin ánimo de lucro que no responde ante una cuenta de resultados. Según reza su propio manifiesto, su objetivo es el de “producir información que denuncie la explotación del débil frente al fuerte” y “seguir la tradición del periodismo como servicio público para estimular cambios positivos”. Para conseguirlo, ProPublica se financia a través de las donaciones de fundaciones y filántropos que, según explica Steiger, “esperan resultados, pero no resultados financieros”.

Estas personas, al ser donantes y no accionistas, carecen absolutamente de poder para decirle a los periodistas en plantilla sobre qué o de qué manera deben informar. “Para que esto funcione como queremos que funcione (de una forma no partidista y no sectaria), la decisión no puede estar en sus manos”, advierte Steiger a las personas que muestran interés en aportar su dinero a la causa.

El fundador de ProPublica habla apasionado del “cambio radical que se está produciendo en el sector del periodismo”. A su modo de ver, el periodismo tiende cada vez más a la colaboración. Muchos de los trabajos realizados por su plataforma se han llevado a cabo en estrecha cooperación junto a profesionales de otros medios como la BBC o The Washington Post. En ese tipo de trabajos las dos partes comparten los frutos del esfuerzo compartido y publican las historias de manera simultánea. “Más empresas están dispuestas a colaborar porque pueden acceder más fuentes, más información y llegar a más público”, afirma el periodista.

Steiger niega que este modelo de cooperación esconda una “subcontratación del periodismo de investigación” ya que, a su parecer, las eventuales colaboraciones que puedan surgir con uno u otro medio no generan un volumen de contenidos que pueda convertir a los trabajadores fijos de los medios de comunicación en prescindibles.

En la plataforma que dirige Steiger, al contrario que Obama, se niegan a “hacer exámenes para decidir quién es periodista y quién no”. La única credencial que Steiger dice necesitar para reconocer a alguien como periodista es que esa persona “haga periodismo”, una competencia que no siempre está ligada a la titulación. A su modo de ver, impedir a un periodista hacer su trabajo es “un crimen contra la humanidad que debería ser castigado” ya que “ninguna instictución debería estar exenta de críticas”.

Steiger cree que, a pesar de los problemas, el gremio periodístico vive “tiempos interesantes”. “Como periodistas, tenemos instintos y habilidades que han inspirado a la humanidad durante milenos. Somos contadores de historias, como los que se encargaban de preservar los conocimientos y la memoria de su pueblo de generación en generación. Contar historias y salvaguardarlas es parte de la genética de los seres humanos. Siempre tendremos un papel que desempeñar. Algunos vemos eso como una oportunidad”, sentencia.

 


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