¿Acabará Assange como Manning?

05 Feb 2016
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D. Martín, V. Uzal y C. del Castillo
Comunidad Editorial del 4º Poder en Red

Julian Assange ha estado los últimos tres años “detenido arbitrariamente” en el Reino Unido. Esa es la conclusión a la que ha llegado el Grupo de Trabajo sobre las Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas.

El fundador de Wikileaks es objeto de una investigación preliminar en Suecia (sin acusaciones formales) desde agosto de 2010 por un supuesto delito de violación y otro de acoso. Sobre él pesa desde entonces una orden de detención para ser interrogado en Estocolmo. En mayo de 2012 el Reino Unido dictaminó que Assange debía ser extraditado para prestar declaración en Suecia, por lo que el australiano decidió pedir asilo a Ecuador y refugiarse en la embajada ecuatoriana en Londres, en la que permanece encerrado desde agosto de ese año.

En los seis años que lleva abierta la investigación, la justicia sueca se ha empeñado en negar a Assange la posibilidad de prestar declaración desde Londres. Sólo en enero del presente año -y ante el temor a que el supuesto delito de violación acabase por prescribir como ya hiciera el de acoso- la Fiscalía sueca abrió la puerta a interrogar al fundador de Wikileaks en la embajada de Ecuador en la capital británica.


Julian Assange y Noam Chomski, en la embajada de Ecuador.

A ojos de Assange y de gran parte de la comunidad internacional que ha apoyado su labor, la orden de arresto es solo un trámite previo a una extradición a los Estados Unidos, donde con toda seguridad acabaría ante un tribunal castrense que le aplicaría la ley antiterrorista y lo acusaría de divulgación de secretos.

Los temores de Assange encuentran su mejor sustento en el caso de su colaborador Chelsea Manning (antes Bradley Manning). Infante de Marina de los Estados Unidos, Manning filtró a Wikileaks documentos sobre Irak, Afganistán y las embajadas norteamericanas que revelaban violaciones de derechos humanos que el público desconocía.

Fue detenido en mayo de 2011 y tras pasar once meses en total aislamiento -hecho que fue calificado de tortura por  varias organizaciones humanitarias– en el verano de 2013 pasó a ser juzgado por un tribunal militar que negó que ella tuviera la obligación legal y moral de denunciar las mencionadas vulneraciones de derechos humanos. El resultado: la soldado Manning fue condenada a 35 años de cárcel en un proceso en el que no se admitieron como pruebas de la defensa los documentos que detallaban los crímenes cometidos por el ejército estadounidense.

Recientemente Manning describió en el diario británico The Guardian el calvario que le está suponiendo su encierro en la cárcel de Fort Leavenworth (Kansas). “El abismo entre yo misma y el mundo exterior parece que se hace cada vez más y más grande. Y todo lo que puedo hacer es dejar que ocurra”, asegura Manning tras seis años de privación de libertad.

“Me doy cuenta de que mis amigos y mi familia siguen adelante con sus vidas mientras yo me enfrento a una inactividad impuesta. No voy a las ceremonias de graduación de mis amigos, no voy a sus fiestas de pedida, no voy a sus bodas y no conozco a sus hijos”, prosigue.

Percatarse de la presencia de esos cambios al tiempo que se encuentra encerrada ha provocado que Manning llegue a sentirse como un espectro: “No tengo fotos recientes de mi misma, no tengo selfies. De mis últimos seis años de vida sólo tengo viejas fotografías de Facebook, las instantáneas granuladas de mi expediente y las imágenes de la rueda de reconocimiento. Ahora que todo el mundo está obsesionado con Twitter, Instagram, Snapchat y Whatsapp, empiezo a sentir que no existo en un modo importante, real. En una sociedad que dice ‘si no hay fotos no ha sucedido’ empiezo a preguntarme si yo he sucedido. A veces me siento más que vacía, me siento inexistente.”

A pesar de toda esa apatía, Chelsea Manning se muestra firmemente decidida a no rendirse. Encuentra buenos motivos para no hacerlo en el correo que recibe de gente de fuera de prisión que le recuerda “felizmente” que es “real” y en la lucha por transformar su cuerpo en el de una mujer.

La ausencia de fotos recientes impide comprobarlo, pero ella misma asegura que el tratamiento hormonal que recibe -al que se refiere como un derecho “ganado” y no otorgado- está transformando su apariencia externa. “Tengo la piel más suave y los rasgos faciales menos angulares”, asegura en su artículo en The Guardian.

A sus ojos, el hecho de estar encerrada en Fort Leavenworth -un centro penitenciario para hombres- implica que el Gobierno estadounidense le está negando su “derecho a existir”. “Creo que definirnos a nosotros mismos en nuestros propios términos y en nuestro propio lenguaje es uno de los derechos de mayor poder e importancia que tenemos como seres humanos”, explica Manning, que actualmente, según cuenta en su blog, se encuentra inmersa en una lucha por conseguir que le dejen llevar el pelo largo, en lugar de ser obligada a llevar un corte que se encuentre en el estándar estético habitual en los hombres.

El testimonio de Manning, que asegura “haberse enfrentado a la oscuridad” como consecuencia de destapar crímenes humanitarios, es el mejor aval para la negativa de Assange a ser extraditado. El fundador de WikiLeaks considera que en estos tres años de encierro ha sido privado de sus libertades fundamentales y de derechos tan básicos como el acceso a la luz solar, el aire fresco y las instalaciones médicas adecuadas para preservar sus salud. Ha estado en una ‘prisión’ sin ser juzgado, una situación en la que Londres ha invertido cerca de 20 de millones de dólares en vigilancia.

Ayer, 1.885 días después de entrar en la embajada ecuatoriana, Assange recibía la decisión de la ONU que confirmaba lo que muchos llevamos años diciendo: su detención es arbitraria e ilegal.

Sin embargo, el primer ministro británico, David Cameron, se resiste a dejar en libertad al fundador de Wikileaks. Uno de los portavoces de su Gobierno, aseguró ayer que la decisión de la ONU “no sería legalmente vinculante”  y si Assange sale de la embajada “será arrestado”.

No obstante, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias no tardó en responder, asegurando que su decisión “sí es vinculante”. “Las opiniones del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias son jurídicamente vinculantes en la medida en que están basadas en normas internacionales de derechos humanos, de obligatoria aplicación”.

La ONU exige a Reino Unido y Suecia, tras 1.885 días, que “pongan fin a la privación de libertad” del fundador de WikiLeaks y que también reconozcan su derecho a reclamar una compensación por todos estos años.

Las reacciones no se han hecho esperar, y grandes medios como The Guardian se han posicionado en contra de la decisión de la ONU en su editorial, asegurando que es “errónea” y que debe “enfrentarse a sus presuntos delitos”. Llama la atención que esta posición provenga de uno de los medios que en su día publicó las revelaciones de Edward Snowden sobre el programa de vigilancia de la NSA, de mano del periodista Glenn Greenwald.

Todo apunta a que, como lleva haciendo tres años, el Gobierno británico seguirá vulnerando los derechos fundamentales de Assange obligándole a mantenerse en su prisión de oro si no quiere ser arrestado y deportado. Igual que su socio en el espionaje y en la violación de derechos humanos, EEUU, que castiga a Manning como aviso a navegantes: Airear los trapos sucios de los garantes de la libertad está penado. Todo ello ante la pasividad del resto de gobiernos internacionales que, al igual que con las revelaciones de Assange, Manning y Snowden, conocen lo que está ocurriendo pero no se atreven a importunar a sus poderosos socios.

¿O cabría decir a sus metrópolis?

 


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