Por el camino de la utopía tecnológica

17 Ene 2017
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Javier de Rivera
Profesor coordinador del Máster CCCD, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas y editor en Teknokultura

La discusión sobre las nuevas tecnologías se libra entre aquellos a los que todo les parece fantástico y los que critican sin piedad el curso que está tomando el desarrollo tecnológico. Los primeros campan a sus anchas por los espacios publicitarios y corporativos, así como en investigaciones financiadas y libros de divulgación que parecen más bien medios de promoción que de conocimiento. Los encontramos en las noticias que anuncian con ilusión acrítica la llegada del Internet de las cosas, en los cursos de “robótica para niños”, en los hackatones financiados por Google, y sobre todo, en los anuncios de Telefónica: el deElige todo nos dice que ninguna de las maravillas del mundo se nos escapará si les firmamos un contrato con permanencia, y el de Navidad 2016 nos asegura que disfrutaremos de la familia sin despegarnos del teléfono.

Utopiae insulae forma (editio 1516)

En el segundo grupo se atrincheran los resistentes que desde sus columnas y artículos tratan de despertar conciencias con la crítica del espionaje masivo, las prácticas monopolísticas, la mercantilización de las relaciones. Señalan que nunca se había dado el proceso de acumulación de poder, capital e información que se da en la actualidad. Son académicos como Evgeny Morozov, Douglas Rushkoff, Robert Gehl o Sherry Turkle, o activistas como el colectivo Ippolita o el Comité Invisible. También abunda la crítica desde el arte, como la realizada en la seria Black Mirror que desde un enfoque crítico nos advierte del tipo de sociedad del espectáculo cibernético hacia la que nos encaminamos. En este sentido, se une a la larga tradición de narrativa distópica de novelas como 1984 o Un mundo feliz.

Sin embargo, ante las promesas de éxito y placer que nos venden los filotecnológicos, la conciencia crítica parece una carga pesada propia de cenizos desencantados. Y las historias distópicas se convierten más en un tema de conversación que en material de reflexión, mientras que en nuestro muro de Facebook la actitud crítica sirve como un complemento para parecer inteligente y sofisticado.

Por eso es necesario explorar nuevos caminos, como el de la utopía tecnológica. Esto es lo que nos propone la hactivista ciberfeminista Spideralex, coordinadora del libro Soberanía tecnológica, con un segundo volumen en preparación. En su artículo  “Cuida los datos”, publicado en El Topo Tabernario, nos describe la importancia de imaginar el mundo que queremos crear: “Cada vez que una persona activista se imagina el mundo por el cual lucha … está desarrollando una ficción especulativa, narrativas que nos unen dentro de nuestros círculos de afinidades y de resistencia”.

Esta actividad creativa puede ser mucho poderosa que la constante crítica, oída mil veces, y tan evidente que casi resulta absurdo tener que hacerla. Por el contrario, las ficciones utópicas nos sirven para poner a prueba nuestros deseos y enfrentarnos con el retos de avanzar hacia el mundo que de verdad queremos. En el que nos describe Spideralex las personas piensan qué tecnologías necesitan antes de desarrollarlas:

<<Me levanto por la mañana, mi smartphone ya no duerme a mi lado, casi no hay ondas wifi que atraviesan mi casa. La máquina de café y el frigorífico están libres del internet de las cosas, ya no se conectan al evil_internet para mandar mis datos de consumo de cafeína y queso a Starbucks + Monsanto. Encima de la mesa hay una tablet fabricada para durar toda la vida. Todos los dispositivos están encriptados por defecto y provienen de una fábrica local de tecnologías ubicada a pocos kilómetros. […]

… La sociedad civil consiguió ilegalizar la obsolescencia programada. Los ciclos de guerra, hambre e injusticia generados por la extracción de minerales, así como la producción masiva de tecnologías, se consiguieron matizar. […]

Todos los navegadores son libres y vienen configurados para no mandar información alguna sobre nuestro historial de navegación, puedo configurar mi propio agente algorítmico para que solo comparta mis datos con quien me interesa. Las amigas de mis amigas conforman una red de redes de confianza y afinidades; las ideas, recursos y necesidades se cubren entre todas más a menudo. […]

Activo mis captores de viento, luz, agua para generar toda la energía limpia que puedo. Este estilo de vida requiere de mi presencia frecuente fuera de la pantalla; no estoy siempre conectada. Ya no procrastrino, ni me pregunto qué nueva serie me permitirá escaparme del mundo de mierda en el que vivo. Cuando me conecto, mis conexiones siempre pasan por una VPN que lo cifra todo y me permite esconder mi localización física. Lo hago porque es buena práctica, y si quiero decir quién soy y dónde estoy, también lo puedo hacer.

Todas contribuimos al mantenimiento de infraestructuras tecnológicas según nuestras posibilidades, habilidades, intereses. Atendemos talleres y formaciones para cacharrear, reciclar, saber cuánto consume cada dispositivo y conexión, poner en práctica las cuatro libertades, estudiar nuevas licencias de reciprocidad, imaginar principios de programación o configurar nuestros pequeños sistemas de inteligencia artificial y los algoritmos que necesitamos para nuestras propias vidas.

Ya no hay tecnofóbicas o tecnolofílicas, porque ya nadie da demasiada importancia a las tecnologías, han vuelto al lugar de donde no habrían tenido que salir (y Gaia sonríe).>>

Extractos de “Cuida los datos”

Este ejercicio de creatividad, que mejor si es colectiva y compartida, nos obliga a ponernos en posición de crear el futuro que queremos, y superar la parálisis del miedo y resentimiendo hacia quienes nos dominan:  

<<Lo distópico es fácil y su perversidad radica en su falta de imaginación, así como en su potencial de crear cultura y representaciones del futuro basados en loops negativos: más discriminación, más singularidad de las máquinas, más injusticia basada en algoritmos, estas nuevas armas de destrucción matemática[3]… Lo distópico aburre y nos encierra en un grácil bucle de cinismo y creencia en que las tecnologías son lo que son y que no podemos hacer nada para tener otras tecnologías. Son narrativas autoproféticas, y está más que comprobado que si llamamos a  Terminator[4] este acabará por venir.

Quedan tantos mundos por crear… Algunos incluso llenos de tecnologías producidas, distribuidas y recicladas de manera justa, tecnologías que perduran, contaminan poco y no se basan en centros comerciales gigantes. Para tumbar al capitalismo alienígena tenemos que poder imaginar futuros que no sean distópicos, futuros en los que jugar a construir nuestras tecnologías apropiadas sea común y felizmente banal.>>

Extractos de “Cuida los datos”

Spideralex es hactivista ciberfeminista. Ha coordinado la edición del libro Soberanía Tecnológica y actualmente trabaja en la edición del segundo volumen.

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También en el 4º Poder en Red 

 


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