Las mil caras de los hackers

10 Feb 2017
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Juanma Rodríguez
Alumno del Máster de Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digital. Periodista crítico en busca de una nueva forma de hacer periodismo.

Mr. Robot es la verdad de lo que sucede, y es aterradora”. Rami Malek, actor de Elliot, protagonista de la serie de activismo hacker más reconocida del año pasado, hablaba así de la misma en una entrevista a El Periódico. Su éxito puede guardar relación con el cambio que ha experimentado la imagen del hacker desde su percepción como delincuente informático hasta una figura ligada al activismo social. En este cambio han jugado un papel importante las acciones de Anonymous.

Sin embargo, según Gabriella Coleman, antropóloga  experta en ciberactivismo, los hackers aún acarrean el problema de los estereotipos. Se les ve como tipos blancos antisociales escondidos tras la pantalla de un ordenador, o como individuos siniestros y delirantes, dedicados a cometer delitos informáticos como robar cuentas bancarias. En este sentido, la imagen del personaje de Elliot en Mr. Robot, a pesar de popularizar la imagen del hacker desde una óptica positiva, sigue anclada en este tipo de estereotipos.

En una conferencia organizada por el Master CCCD en MediaLab-Prado, Coleman habló sobre la historia y desarrollo del hacking; el ciberactivismo y su vínculo con el mundo de los hackers. Comenzó explicando el origen del ‘trampeo’ de sistemas electrónicos hace más de 50 años. Para ello, tuvo que remontarse a un aparato menos sofisticado que los actuales soportes informáticos: el teléfono. En 1956, Josef Engressia, un niño ciego de 7 años bastante interesado en estos aparatos, descubrió que podía confundir al sistema telefónico imitando vocalmente los tonos necesarios para realizar una llamada.  Este proceso se denominó “phonefreaking”, y aquellos que se dedicaban a engañar al sistema telefónico para llamar gratuitamente, “phonefreakers”. Al principio, los tonos eran producidos por ellos mismos, posteriormente, empezaron a utilizar unos generadores electrónicos conocidos como “blue boxes” (cajas azules). Esta incursión y trampeo de un sistema tecnológico fue la primera acción de hacking.

En la actualidad, se diferencian varias corrientes de hacking: los llamados white hat hackers, son los expertos en seguridad informática que ponen a prueba los sistemas de seguridad para ver sus debilidades. Trabajan para grandes compañías privadas o para los estados con el fin de proteger el sistema y estar alerta. Por otro lado, los black hat hackers, son los que quiebran los sistemas por otros motivos, que pueden ir desde el interés criminal, al activismo político o simplemente como una vía de escape para demostrar que están por encima. Muestran sus habilidades de muchas maneras, ya sea infectando redes u obteniendo información de cualquier programa. Este último término lo acuñó Richard Stallman, uno de los mayores promotores del software libre y del movimiento GNU Linux, con el fin de diferenciar a los que tienen un propósito malicioso de aquellos que se dedican a explorar y adquirir nuevos conocimientos, característica clave de la cultura y ética hacker.

Hay un tercer tipo, una mezcla de los dos, los llamados grey hat hackers. Estos se dedican a romper las redes de seguridad para hacer un reconocimiento de los problemas que estos sistemas pueden tener y cobrar por su reparación. Según Coleman, entre los grey hat hackers existe cierto rechazo en considerar “hackers” a los programadores de software libre.

Pese a todas las diferencias expuestas, la comunidad hacker comparte similitudes. Por lo general, estos grupos son difícilmente accesibles. Una de las características más importantes que comparten todos los grupos es la protección de su propia identidad. Otra cualidad intrínseca de estos grupos es la filosofía de ‘Hands on’, aprender con las propias manos, poniendo ese conocimiento adquirido al alcance de toda la comunidad.

Coleman también destacó que es más complicado tener contacto con un grey hat hacker que con un black hat hacker, cuando por lógica común tendemos a pensar que es al contrario. Sin embargo, los black hat hackers pueden tener un mayor interés en explicar el motivo de sus acciones, aunque a veces sea únicamente para alimentar su propio ego. Ella misma lo ha experimentado en la investigación que recoge en su libro “Las mil caras de Anonymous”, una publicación imprescindible para quien quiera adentrarse en las profundidades del universo de esta comunidad de hackers.

Coleman utilizó el siguiente vídeo para mostrar cómo se está presentando la imagen del hacker a la sociedad. Consiste en una entrevista telefónica de la CNN a un estudiante de secundaria que había hackeado el correo del director general de la CIA, John Brennan.

El adolescente se presentó como fumador de marihuana y defensor del pueblo palestino. A la periodista le costaba bastante entender cómo alguien era capaz de acceder al ordenador del máximo responsable de la logística de la seguridad de uno de los países más importantes del mundo con relativa facilidad. A la pregunta de por qué lo había hecho, el muchacho contestó con franqueza que “el gobierno norteamericano está matando a mucha gente y está financiando a Israel que también asesina personas”. Sin embargo, todo el contenido político de la noticia se difuminó en el énfasis puesto por los periodistas en llamar la atención sobre el poder que tienen los hackers y el peligro que entrañan.

Es destacable la facilidad de los medios para mostrar la existencia de “ciertos enemigos potenciales” que pueden violar nuestra intimidad y robar nuestra información personal para hacer cosas malignas, como vaciar la cuenta del banco. Sin embargo, lo que queda ahí, que se muestra a veces como anecdótico o simplemente se desvirtúa, es el fin de este joven de querer, a su singular modo, acabar con la guerra en Palestina.

Los hackers no solo tienen porqué perseguir fines oscuros o egoístas, pueden ir mucho más allá. Es una de las herramientas de la sociedad para buscar y exigir una respuesta que los medios y las instituciones no pueden dar a las demandas de la ciudadanía.

En estos tiempos de masificación tecnológica, donde todo está determinado y gestionado por sistemas informáticos, la filosofía hacker de aprender por uno mismo (hands on), es un camino de empoderamiento para una ciudadanía que aspira recuperar el control de los aspectos sociales que la condicionan. La sociedad no puede andar a ciegas en un mundo completamente digitalizado, donde los poderes económicos y políticos marcan el rumbo a seguir. La ética hacker nos invita a que no deleguemos en ellos para que nos enseñen el camino.


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