La Ingobernable: un espacio liberado para el común

17 Jul 2017
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Daniel Suarez Bernal
Ecologista. Estudiante de Ingeniería del Medio Natural en la UPM. Autor del blog Entre tanto

Si hay que escribir sobre acontecimientos verdaderamente importantes en Madrid, Europa y el mundo se hace menester escribir sobre lo que se (auto)gesta en este interesante espacio. El nombre, sin duda muy apropiado, fue propuesto y decidido unánimemente en asamblea para identificar el edificio donde a diario ocurren cosas maravillosas, pero que quede muy claro que “La Ingobernable” es mucho más que mera infraestructura.

Entrada Principal. Foto: DSB

El anterior sábado 24 de junio se inauguró (in)oficialmente como Centro Social. Allí “las puertas siempre están abiertas”, nos dijo Ismael, en la introducción previa al recorrido por las instalaciones como primera actividad inaugural. Posteriormente, todas las asistentes al recorrido y personas que forman parte del centro , nos reunimos en mesa redonda, y conversamos sobre el pasado, presente y futuro de este nuevo espacio liberado para el común. Hubo participación de divers@s representantes de colectivos y movimientos sociales, vecin@s del barrio, antigu@s trabajador@s y demás personas recurrentes del lugar cuando estuvo en funcionamiento antes de su abandono.

Su pasado. La memoria de un territorio a defender.

La historia del edificio oscila entre dignos usos para servicios sociales y patéticas anécdotas de burocracia, corrupción, injusticias laborales y cesiones públicas a dedo por amiguismo. Está ubicado en la Calle Gobernador, esquina con el Paseo del Prado, cerca de la Estación de Atocha, es considerado Patrimonio municipal y administrado oficialmente por el Ayuntamiento de Madrid. Desde su construcción ha tenido varios usos: un centro de Puericultura después de la guerra civil, un Centro de Promoción de la Salud, una Casa del Socorro hasta su desaparición donde se llegó a realizar labores de atención y asistencia a inmigrantes, y sede de la Universidad de Estudios a Distancia (UNED). Irene y Sergio, antigu@s enfermer@s de cuando el lugar fue Centro de Salud, dilucidaron para l@s presentes detalles muy interesantes: en febrero de 2014 se convocó a todas las trabajadoras del centro a una reunión donde se les informó que el sitio ya había sido cedido, por la entonces alcaldesa de Madrid Ana Botella, a la Fundación Ambasz para su demolición y posterior construcción del Museo de las Artes, la Arquitectura, Diseño y Urbanismo (MAADU), por lo que en los próximos meses se cesarían los servicios sanitarios y se procedería al desalojo total de las instalaciones. Para sorpresa de muchos, el desalojo se realizó tan solo 15 días después del aviso. Pero esto no es lo más grave: la cesión fue firmada por la ex-alcaldesa Botella pocos días antes de la finalización de su mandato, sin ningún tipo de concurso público, por un periodo de 75 años a coste cero (0), es decir, gratis, y la principal finalidad del Museo sería crear una exposición permanente de la obra del arquitecto Emilio Ambasz, amigo estrecho del expresidente José María Aznar.

Su presente. Un Centro Social autogestionado para el común.

La gran urbe no está excluida de las estrategias de quienes (des)planifican la ciudad para que los más adinerados saquen mayores beneficios. La lógica del gran capital se rmuestra en la gentrificación y turistificación del centro de Madrid, en el que se reducen los ambientes y espacios residenciales y para el uso común, emigrando al uso para fines turísticos y comerciales. La ola de especulación que se mantiene en crecimiento promete romper en la orilla de la desigualdad obligando a los residentes madrileños a mudarse hacia los barrios periféricos de la ciudad donde el coste de la vida se les hace más accesible. Y como parte de la estrategia está la reducción de servicios sociales en los barrios.

En crítica a este aumento de la desigualdad urbana que se traduce en pérdida del derecho a la ciudad, diversos movimientos sociales se reunieron en febrero de este año (2017) para debatir sobre la posibilidad de lograr una reivindicación a través de alguna acción concreta. Fue en dichas reuniones donde se decidió, bajo la consigna #MadridNoSeVende, ocupar el edificio en cuestión. La ocupación se consolidó el 6 de mayo del año en curso. Desde entonces existe la participación de al menos 30 colectivos fijos y se han realizado más de 135 actividades entre las que destacan: talleres de artes marciales, boxeo, reuniones y asambleas de colectivos, mesas redondas, ponencias, conferencias, proyecciones audiovisuales, poesía y presentaciones de libros.

Durante el recorrido inaugural hemos visitado gran parte de los 3000m² que hacen a este centro: un patio interior al cual se evita el acceso con el fin de no causar molestias a l@s vecin@s; una sala para niñ@s bautizada como “La Pequeña Ingobernable” y acondicionada en su totalidad para la recreación, el aprendizaje y la seguridad de l@s más pequeñ@s; diversos salones para reuniones, asambleas y actividades a disposición de cualquier ciudadan@ o colectivo de desee hacer uso de estos; una sala de proyección de cine donde además se desarrolla un proyecto de CineClub; un laboratorio de informática libre, bautizado como HackLab, donde se gestionan los recursos informáticos del Centro Social y se llevan a cabo talleres gratuitos de Software Libre como GNU/Linux; una zona de estudios.

Espacios para el común. Foto: DSB.

 

Un espacio para el desarrollo del sujeto político.

De entrada los motivos que justifican la ocupación del edificio para el desarrollo de un Centro Social autogestionado representan con claridad un deseo social de cambio en el propio convivir de la ciudadanía. Además, las diversas actividades que allí se desarrollan derivan en, o son en sí mismas, un repensar profundo de la sociedad y del sistema actual en el que vivimos. Difícilmente cualquiera de las actividades que se llevan a cabo no logren, al menos en cierta medida, elevar los niveles de conciencia de l@s participantes. Como seres sociales, somos seres políticos. En la medida en la que nos relacionamos con nuestros semejantes construimos nuestro ser individual y colectivo, y fortalecemos los tejidos sociales. Además, la sinergia y las sensaciones que se generan en un entorno autogestionado facilitan, sin duda alguna, la libertad de expresión, de pensamiento y, por ende, de desarrollo del sujeto como parte de un colectivo capaz de transformar cualquier modo de vida o acontecer establecido en la sociedad. Podemos afirmar que en este lugar se está consolidando un núcleo para la generación, planificación y desarrollo de cambios concretos a nivel social y político para dar continuidad a la construcción de ese mundo mejor vivible que much@s deseamos y merecemos.

Ventana Soleada de La Pequeña Ingobernable. Foto: DSB.

Organización.

Actualmente una Asamblea organiza y gestiona todo lo relacionado con el funcionamiento del centro. Desde un primer momento se decidió establecer comisiones de trabajo para dividir las responsabilidades y velar por que todo marche bien. Estas comisiones son:: Bienvenida y Programación, encargados de elaborar la programación de actividades y coordinar el uso de espacios; Asuntos Legales, para proteger a nivel legal al centro social y diseñar estrategias y propuestas para evitar el desalojo; Infraestructura, responsables de definir los espacios adecuados para cada uso; y Comunicación, quienes desarrollan material audiovisual propio del centro y se encargan de la difusión del proyecto. Cualquiera que lo desee puede incorporarse a dichas comisiones y participar en la Asamblea general.

Su futuro. Fuerza, articulación, cooperación y legitimidad.

No faltaron los comentarios sobre la posibilidad de un inminente desalojo. Y es que en términos legales existen documentos que avalan, justamente o no, la concesión del edificio por un periodo determinado a una fundación privada. Nada aprueba oficialmente la ocupación. Es un acto de desobediencia civil en aras de reivindicar los derechos que progresivamente se le están quitando a l@s ciudadan@s madrileñ@s. Muchos otros centros sociales han sido desalojados antes. Sin embargo, la continuidad de este proyecto de organización social no depende de factores externos. El lugar, el espacio físico, es coyuntural, y lo único que garantiza la permanencia en el tiempo de este acto político, de la movilización y de la organización que hay detrás de esta heroica hazaña, más allá de un desalojo, son la fuerza, la articulación, la cooperación y la legitimidad que l@s ciudadan@s le demos.


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