Desbordando el referéndum

07 Oct 2017
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Víctor Sampedro Blanco
Catedrático de Comunicación Política

Este texto está dedicado a Josep Lluis que el 1-O votó indepe, sin ser nacionalista; a Sara, partidaria del NO, que sintió miedo de ir a votar y, más aún, cuando oyó a Felipe VI; a Xabier, nacionalista gallego residente en BCN, que votó NO… a las multitudes represaliadas por convertir las escuelas en colegios electorales e intentar que Internet fuese canal de expresión de la ciudadanía catalana.

Nadie les representa. Pero han sabido rebasar los diques y tuberías del sistema político y mediático, que estrechan los canales de participación y les silencian. Lo avisábamos hace un par de semanas. Cuando estas gentes se hacen presentes, impugnan las guerras económicas, políticas y culturales que otros dictan desde las alturas. Las oligarquías se han instalado ahí, lejos de la realidad. Ni siquiera guardan memoria de todas las ocasiones que las multitudes les han puesto en entredicho. Sus trenes, preparados para chocar, se estrellan contra ellas.

 

Les recuerdo esta historia negada y me centro en las movilizaciones y los mensajes desplegados en la historia reciente de Catalunya. La voz de los de abajo cuestiona de raíz, radicalmente, a los tribunos oficiales. Por eso, sus amos responden con silencio y mordazas.

 

– Año 2.000, las manifestaciones de repulsa a los atentados de E. Lluch en Barcelona se saldan con una llamada al “diálogo”. Demanda que el Azanarato acusaba de connivencia terrorista. Gemma Nierga tomó la portavocía: “Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar. Ustedes (refiriéndose a los políticos presentes) que pueden, dialoguen, por favor”.

 

– Año 2004, al final de la marcha en repudio de los atentados yihadistas en Madrid, el vicepresidente y ministro de Economía, R. Rato, y el presidente del PP catalán, J. Piquè, abandonan a la carrera la manifestación en BCN. Les increpan quienes denuncian la manipulación electoralista de la masacre. Rato acabaría en la cárcel gracias al trabajo de 15M para Rato. Quincemayismo en estado puro, de ADN catalán e internacionalista.

 

– Año 2006, V de Vivienda arraiga en Catalunya y de su organización heredera, la PAH, surge Ada Colau, futura alcaldesa de BCN y mascarón de proa de las “fuerzas municipalistas por el cambio”. Son las primeras en gestionar las instituciones con otra lógica. Lógico: cuando peleaban por el derecho a techo ligaban corrupción, burbuja inmobiliaria, degradación del territorio y de la democracia.

 

– Año 2011, Aturem el Parlament, en la ola del 15M, es criminalizado y reprimido brutalmente. Los condenados se opusieron a la aprobación de 80 leyes que recortaban derechos sociales de una tacada: sin debate y de una sola vez. La Generalitat compartió acusación de “atentado contra la autoridad” con el “sindicato” ultraderechista Manos Limpias, ante la Audiencia Nacional. Artur Más (al que Manos Limpias habían imputado por sedición) había aterrizado en helicóptero para salvar el cerco quincemayista. Lo dicho, atacan desde las alturas.

 

– Agosto de 2017, atentados de las Ramblas. La ciudadanía catalana genera memes (antes eslóganes) de alcance histórico porque impugnan el motor y la gasolina de la guerra antiterrorista. No tenim por. Vuestros políticos, nuestros muertos. Sin miedo, la gente camina delante de “las autoridades”, les toma la delantera y responde de modo antagónico a como hicieron los norteamericanos (11S), los españoles (11M) o los británicos (7J), también heridos y asesinados por la sinrazón terrorista.

 

– 1 de octubre de 2017, las multitudes desbordan la convocatoria del referéndum. Defienden los centros escolares 48 horas antes de convertirlos en centros de votación, aportan las urnas y las papeletas requisadas por el Estado. Responden con “A por ellas” (vean el vídeo, por favor) a quienes jalearon a los antidisturbios que les reprimieron al grito de “A por ellos” (estos vídeos ya los han visto, seguro). Aunque fuesen la mitad de los dos millones “recontados”, quien niegue el triunfo la desobediencia civil está incapacitado para proporcionar una salida política a la crisis de régimen que vivimos. También quienes suscriben que “el 1-O perdimos todos”.

 

– 3 de octubre de 2017, seguimiento masivo de la huelga general en Catalunya contra la violencia del 1-O. Repudio generalizado a la represión del derecho a decidir, que sostiene una amplia mayoría de la sociedad catalana: el 60% estaba dispuesto a ir a votar el 1-O. Y subiría hasta el 80% en caso de ser “legal”. El rechazo frontal al referéndum pierde apoyo social de forma clara en Catalunya (13%), mientras en España suben hasta el 44,8% los partidarios de este tipo de consulta.

 

El 1-O fue un llamamiento a votar tramposo, fraudulento y oportunista. Adjetivos que no se ajustan, en absoluto, con las redes sociales que hicieron posible el referéndum. Pero las fuerzas políticas convocantes pretendían lanzar peones a una batalla, sin garantizarles reconocimiento institucional en caso de vencer. Y tampoco ofrecían armisticios si perdían.

 

Madrid, por su parte, reprimió lo que calificaba de “picnic” como si se tratase de un “golpe de estado”. Si en lugar de golpear votantes desarmados, los inquilinos de la Moncloa y la Zarzuela les hubieran dejado hacer merendolas en los coles, habrían acudido bastantes menos. El domingo 1 de octubre llovía mucho en Barcelona. Desde Madrid lanzaban truenos y relámpagos.

 

Dialoguem, un imperativo enunciado hace 17 años, está sofocado por la fanfarria del Govern y el ruido de sables del Gobierno. Los medios abanderados meten leña en las calderas de los dos trenes que (dicen) van a chocar. Pero la multitud no se resigna. Pone sus cuerpos e inteligencia colectiva en la vía férrea. A cada problema para ejercer el derecho a decidir el 1-O, aportó una solución que lo hizo posible. Ahora, desde los dos lados del Ebro se reivindica una negociación política para que se celebre una consulta dentro de una legalidad, que (obviamente) ha de ser nueva. La actual fue

desbordada por la desobediencia civil del 1-O.

 

Quienes no permitieron (y afirman que nunca permitirán) votar la autodeterminación se arrogan representar la mayoría silenciosa “oprimida” por el Govern. Escamotean que éste anunció (tras el “recuento” del 1-O) el propósito de convocar un referéndum con “todas las garantías”. Las garantías que Madrid suspendió el 20 de septiembre con medidas de excepcionalidad, recortando los derechos básicos de representación, reunión y expresión.

 

Durante la jornada del 1-O no hubo declaración alguna de los supuestos representantes de la mayoría silenciosa. No se pronunciaron el Jefe del Estado (hasta 48 horas después) ni el de Gobierno (hasta las 8 de la tarde), ni los cabezas de los dos primeros partidos de la oposición (que esperaron a ver cómo discurría la cosa).

 

La mayoría silenciosa está silenciada. La acallan y suplantan políticos y periodistas que incumplen la obligación de dar voz a la ciudadanía y brindarle una plataforma de debate mínimamente racional.

 

Desplegar y mantener miles de efectivos policiales en Catalunya o amenazar con la suspensión del Estado de Derecho, en caso de producirse una DUI, supone legalizar el “A por ellos”. A día de hoy, no he podido saber cuántos policías y guardias civiles se desplazaron para evitar el 1-O, cuántos se mantienen allí después, con qué coste, qué función y objetivos… bajo qué mando. La prensa no pregunta, pero cubre la visita del Ministro de Interior a Catalunya como si se tratase de un Ministro de la Guerra confraternizando con las “tropas de paz” en Afganistán.

 

La mayoría silenciosa, por mucho que les pese a quienes convocaron y reprimieron el 1-O, no se ha  subido a sus vagones militares. En los trenes dispuestos a chocar, tampoco hay billete para  los cargos públicos que se reunieron en Zaragoza a pesar del PP, PSOE y Cs. Los intentos políticos de desbordar el conflicto son invisibilizados por unos medios con líneas editoriales seguidistas de los responsables del caos.

 

A la mayoría silenciosa sólo le queda reinvindicarse, como viene haciendo desde hace décadas. Como sujeto político y comunicativo soberano: con capacidad para desplegar recursos y discursos propios, auto-convocarse, auto-gestionar sus redes de carne y hueso… y digitales. Quien entienda que la soberanía se traduce en fronteras militarizadas es incapaz de entender que la multitud desafía e impugna las verjas eléctricas y las concertinas de los Estados existentes. Desborda con noviolencia las agresiones y amenazas de los uniformados: con traje de político profesional o de la milicia.


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