Galicia emergente

Se tardará mucho en superar la huella de los conservadores en Galicia. Esta ha sido de tal naturaleza, tan honda que, sin lugar a dudas, ha generado una auténtica hegemonía, no sólo política sino también cultural, abundando en la pérdida de valores propios, en la falta de desarrollo y oportunidades, generando un contexto en el que los propios gallegos y gallegas han sido expulsados de su tierra, arrojados a una incesante deriva migratoria.

Deberán pasar muchos años hasta que Galicia se recupere del desastre del PP, a cuya sombra se reforzaron los caciques y sus estructuras clientelares, bajo cuyos mandatos el fuego arrasó una parte importante del patrimonio ambiental de este país. Hará falta mucho esfuerzo y concertación para desandar el lamentable camino que condujo la identidad gallega al reducto del folclorismo más banal. El PP ha golpeado brutalmente y de manera sistemática los derechos sociales y económicos de su población, abriendo territorio para las privatizaciones y rebajando la solidaridad en un patética cadena de beneficencia.

Así las cosas, la alternativa, que solo podrá producirse de manera concertada, deberá, de una vez por todas, estar a la altura. Para ello es imprescindible que tenga en cuenta algunas claves:

1. Galicia es la razón. Tras el errático y fallido periodo del bipartito se hace imprescindible borrar del imaginario colectivo aquella imagen de partidos confrontados dentro de un mismo gobierno. La razón última no es la victoria de unas u otras siglas. La razón fundamental es el cambio en Galicia. El PP de manera muy hábil logró transmitir y fijar como ideas esenciales la descoordinación y el navajeo constante en la pugna por más poder en la Xunta. La sociedad gallega admite la pluralidad, pero detesta la sensación de caos que fue convenientemente amplificada por unos medios de ADN tan azul. Pluralidad y cambio deben ser referencias importantes en una campaña que debe ser sumamente respetuosa. La idea principal no sólo debe ser “todos contra el PP”, sino todos a favor de un futuro que el PP ha cancelado sistemáticamente.

2. Concretar el cambio. Los valores de cambio sólo tienen sentido a través de su desarrollo práctico. Los programas de emergencia social, la recuperación de derechos sociales y políticos en materias fundamentales como la sanidad, la educación, la vivienda, etc., deben ser la demostración empírica del cambio real. La alternativa mestiza debe ganarse la confianza a través de propuestas de cambio concretas y rigurosas, que a diferencia del PP, generen marcos de mayor inclusión y justicia social.

3. Principio de esperanza. Además de criticar a los gobiernos del PP, al ideario neoliberal que ha desembocado en este asalto a lo público y a la consecuente pérdida de derechos y libertades, es imprescindible ilusionar. Un pueblo que no sueña no puede cambiar. Para ello es necesario aunar sensibilidades, no creerse ninguna encuesta, que suelen venir cargadas de pasado y enfatizar las potencialidades de una Galicia cuyo mejor momento esta por llegar. Menos confrontaciones para autoafirmarse y más puentes para comprender que la oportunidad de Galicia está en la acción de muchas manos distintas.