¡A la calle! ¡A la calle!

26 Oct 2016
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Todo es ahora transparente, asesino y deslumbrante. Brutal, cruda e innegable realidad de traición. Como sostiene Tomás, Matemático del Sur, lo del PSOE no ha sido un golpe de estado, ha sido un golpe del estado. Hemos presenciado una operación total de sistema en tiempo real para frenar la posibilidad de que perdieran, así fuera por algún tiempo, el control de sus centros. La aquiescencia de todos los agentes del poder ha enfatizado su dimensión de globalidad, así como la espeluznante eficacia de su coordinación. Además de los partidos de la restauración (PP, C’s…), del gran capital o las amenazas europeas, ha sido imprescindible el concurso de los medios de comunicación adictos al régimen para poner en marcha la orfebrería barroca del crimen. Prensa, televisiones, radios, que desde el comienzo del mandato de las ciudades del cambio ya se habían apuntado a su papel de jauría, se han concentrado en una cruel orgía de persecución y asesinato político. Fueron ellos quienes volvieron dar voz y a vitorear a los dinosaurios socialistas que drogados por la ira exigieron la sangre rápida de quien no había seguido el guion que le habían preparado.

Todos los importantes menos el muerto, ya lo sabían, fíjense sino en el medido distanciamiento de Albert Rivera a propósito de Pedro Sánchez. De cómo el antiguo y “fiel amigo” marcaba una distancia cada vez más agresiva. Por saberlo parece que hasta lo sabía el rey. Quizá algún día un biógrafo no autorizado nos quiera contar lo que al parecer éste le susurró al poco discreto portavoz socialista. Que si hombre que sí, que qué papelón, pero es lo cuesta tener el resto de tu vida resuelta, de una u otra manera.

La vida resuelta es lo que no tienen ni van a tener los desempleados españoles, las mujeres maltratadas cuyas ayudas se han recortado, los dependientes abandonados en el vacío de una ley rota, los desahuciados a los que se les niega el futuro con un gobierno doctorado en grosera insensibilidad y corrupción. A los desesperados nadie les promete tener la vida resuelta a cambio de su alma. Días tristes y terribles. En el PSOE acaban de rematar lo que les restaba de socialismo y el partido político más conservador y corrupto de nuestra historia será nuevamente entronizado. No tendrá ninguna legitimidad. Su futuro dependerá de lo que la ciudadanía sea capaz de construir para desbordarlo.
A propósito de desbordar a los partidos de la restauración, bloque en el que se ha situado sin ambages el PSOE, hay que dejar claras algunas máximas y mínimas:

1. Unidos Podemos es imprescindible, pero no suficiente. Hay que volver a tomar las calles con hambre de democracia sustantiva. La sublimación social de todo lo que significó el 15M, que ha consolidado las posibilidades de Unidos Podemos y otras efervescencias políticas del cambio, no puede, no debe vaciar las calles por más tiempo.

2. La memoria camina despacio, pero llega lejos. Lo que ha pasado, lo que nos está pasando, no caerá en esta ocasión en saco roto. Los que han sido traicionados en primera persona, los que han sido abandonados, los que preferimos equivocarnos haciendo, antes que quedarnos en el estéril campo del confort del reducto, debemos ser conscientes de que o nos salvamos nosotros mismos o seremos enterrados bajo la inmoralidad de su nueva historia.

3. Los frentes amplios abarcan más horizonte. Abramos las orejas para poder escuchar a los que han sido traicionados y no quieren rendirse. Sintamos realmente que la mejor verdad es la que se construye de manera diversa. Abandonemos los sectarismos y démonos el placer de arrostrar de una vez por todas al adversario para disputarle su hegemonía. Cuando su resignación se traduce en muertes, hay que ser tajantes y decir claramente que es preferible la peor de nuestras alternativas a la mejor de sus resignaciones.

4. Las heridas se remiendan con el tierno abrazo de lo colectivo. Soy porque somos, afirmación, resistencia y comunidad. La tristeza nunca movilizó. La energía compartida por la indignación debe generar espacios de esperanza. La acción, la lucha, la solidaridad son el territorio de una esperanza cierta. Si somos capaces de soñarnos mejor es que somos capaces de ser mejores. Pero esto no pueden ser solo palabras, ya no lo son, ya lo estamos haciendo, deben ser significantes de un significado inapelable: la construcción de una alternativa política y social que nos engrane desde la diferencia, desde lo común de nuestras necesidades.

Mañana ¡a la calle! ¡a la calle!, con inteligencia, pacíficamente, a desbordar con democracia real el yermo de su restauración.


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