Libros sin feria III: ‘Músicas Contra el Poder’

Alfonso Serrano se inventó de la nada, el vacío creativo que diría el genio de Peter Brook, una heroica y comprometida editorial: La Oveja Roja. De clara raíz política, este artefacto supera por la calidad de sus textos y lo cuidado de sus ediciones, la típica impresión de reducto. El paisaje bibliográfico que deja tras de sí La Oveja Roja late de pura originalidad y disidencia. Poesía de voces tan distinguibles como la de Riechmann. Alberto García Teresa o Falcón, se relacionan con ensayos sobre ecología, marxismo, o con cómics de la categoría de La Comunidad o Puta Fábrica.  Por ello, es de esperar que un volumen como el de Músicas Contra el Poder encuentre buen reflejo y extraordinaria proyección, precisamente aquí, en este catálogo de obras e incendios.

Músicas Contra el Poder es un libro irrenunciable para quienes quieren saber sobre la cultura de la desobediencia y la construcción de una sociedad alternativa. Valentín Ladrero, su autor, fue expulsado de la industria discográfica debido a su incapacidad congénita para comulgar con la podredumbre más banal de un mercado, el discográfico, que hoy te encumbra y mañana te deshecha. Ladrero, a medio camino entre la cultura de masas, el periodismo y la sociología, extiende ante nuestros ojos un minucioso mapa de la disidencia sonora más popular y política del siglo XX.

Con una prosa poderosísima y un análisis detallado, Valentín Ladrero narra los inicios de las músicas negras de disidencia y ataque; desde  Angola hasta el Poder Negro, desde el blues hasta el hip-hop. Se detiene en la Guerra Civil, donde expande una visión partisana y libertizante de lo que supuso la música de resistencia en las trincheras de la libertad, y profundiza, perdida la contienda a manos del fascismo, en lo que denomina la “música en el vientre de la bestia”.

Le da un repaso a la canción popular desgranando con todo lujo de detalles la fuerza disonante del tango, del flamenco, de la rumba de barrio, armonizándolo con la chanson, con los ritmos partisanos de una Italia sin miedo, para terminar fondeando en la América  latina de Violeta Parra, de las revoluciones, de la insurgencia cultural y sabrosa que resignificó el tropicalismo.

Pero esto solo es la primera parte, luego vienen Jamaica y su eco antirracista, Inglaterra y su  punk, Sudáfrica y su lucha de larga distancia y camino imparable.

¡Cuánta historia y que bien contada! Qué lección de amor a la música y a la desobediencia, de alguien que no cedió al empuje del dinero, la traición y la idiocia. Este libro no es recomendable, es imprescindible.