Opinion · El Imaginario Salvaje

Los cómplices políticos del asesinato de mujeres

El exterminio sistemático de mujeres a manos de la cultura machista, ha ascendido, según el Gobierno,  a 916. Este dato comprende tan sólo el número de mujeres asesinadas en el periodo que va de 2003 a 2017. El dato, siendo sobrecogedor, apenas atestigua aquellos casos que han sido oficialmente confirmados. Entre las personas muertas, se cuentan, a partir de 2013, a los menores.

Estos datos han sido duramente cuestionados por diferentes organizaciones, como por ejemplo Feminicidio.net, que denuncia que los datos que aporta el Gobierno están disgregados, son confusos e incompletos. Para esta organización, el feminicidio se extiende a las asesinadas por padres maltratadores, a las asesinadas como consecuencia de ser esclavas sexuales, a aquellas mujeres asesinadas por su opción sexual, o aquellas otras asesinadas por su procedencia. Para el Gobierno, una víctima del machismo solo es aquella mujer que ha sido asesinada por su pareja o su ex-pareja, lo que a todas luces es una interpretación simplista del terrorismo machista. Esta web cifra las víctimas mortales del machismo en 837 sólo en la última década.

A todo esto, hay que agregar la drástica disminución, por parte del PP, de los presupuestos destinados a combatir la violencia machista y sus consecuencias. Las políticas de igualdad han visto reducidas sus ya paupérrimas partidas económicas, de los 34,3 millones en 2010, a los 25,2 millones en 2016. El incremento de la violencia machista al mismo tiempo que se reducen los medios para combatirla, explicaría fácilmente la falta de transparencia de que ha hecho gala el Gobierno sobre los verdaderos datos de esta lacra. La omisión activa del Gobierno ante una amenaza tan devastadora como el feminicidio, debe considerarse como un acto político de complicidad con el machismo y sus peores consecuencias.

Así las cosas, no es exagerado afirmar que no hay asesino machista sin un contexto cultural que tolere y aliente el machismo. Dicho de otra manera: Cada asesino de mujeres ha funcionado como una célula durmiente del patriarcado, activada cuando el comportamiento de la mujer fue percibido como un cuestionamiento “imperdonable” de una cultura global que a pesar de sus aspavientos sigue aceptando el dominio machista.

Los ejemplos de machismo son múltiples, siendo especialmente lacerantes las muestras protagonizadas por referentes políticos, debido a su carga ejemplificante.

Algunos ejemplos:

Sadat Maraña, un ultra, antiguo líder de Ciudadanos en León, que además de bravatas como que  “no hay mujeres feas, hay copas de menos”, sostuvo que “la violencia machista no existe”. Fue expulsado de este partido a diferencia de Toni Cantó, que por desgracia no ha parado en su cruzada antifeminista y que será recordado por lindezas como esta: “La mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas”. Pero qué se le puede pedir a los acólitos de Ciudadanos, cuando su máximo líder, Albert Rivera, fue denunciado por su antigua jefa de prensa por acoso laboral tras haber tenido una baja por maternidad y, como consecuencia, haber sido relegada de sus funciones. Por cierto ese partido ya ha desembolsado más de 150.000 euros para que el caso no llegue a los tribunales.

“Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”. El autor de la frase es Jose Manuel Castelao , antiguo diputado del PP, que cuando la vomitó ostentaba la presidencia del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior. Por su parte, Ana Botella, desde las filas nacionalcatólicas del PP ponía en valor, ya hace algún tiempo, las lecciones que las niñas deben sacar de un clásico literario: “La cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre”. El investigado Ruiz Gallardón, antiguo presidente de la Comunidad de Madrid, antiguo alcalde de Madrid, antigua promesa del PP español, no tuvo empacho en decir que “La libertad de la maternidad hace a las mujeres auténticamente mujeres”, lo que le sitúa cómo la gran promesa de ese mundo diatópico descrito en El cuento de la criada.  La estigmatización de aquello que no se considera normal o apropiado ha sido fuertemente recriminado por diferentes sectores del PP. El antiguo presidente del PP de Fuerteventura fijó su inquisitorial mirada en la antigua alcaldesa de La Oliva afirmando que: “La corporación es otra cosa y hay que trabajar mucho, ser mucho más serio y mucho más consecuente, y no ir al ayuntamiento con minifalda y pantalones ajustados”.

El PSOE, también cuenta con un nutrido ejemplo de cultura machista. El que fuera portavoz del PSOE en Alcobendas, Rafael Sánchez-Acera fue denunciado por una concejala de UPyD por, según ella, haber vociferado que “muchas has tenido que chupar para estar donde estas”. Muy en la línea de lo anterior se expresó Matías Llorente, en aquel entonces viceportavoz del PSOE de León, cuando dijo aquello de que “en nuestro grupo nadie ha dedicado un euro a arreglarse el felpudo”. El propio Alfonso Guerra fue sumamente claro cuando sentenció que “Hay que convivir con la economía sumergida como con algunas mujeres. No se las puede eliminar”. 

Como ya dijimos en otro momento, un machista es un fascista, y el fascismo, por desgracia, desborda siglas.