El detonador

Un blog sobre música

The Shaggs, el primer grupo punk

25 dic 2009
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Es Navidad. Estoy en el curro. Hace frío ahí afuera, en la oscuridad. No pasa nada, salvo que Vic Chesnutt está en coma y tengo que quedarme aquí, por si acaso.

Me subo a lomos de YouTube y cabalgo de vídeo en vídeo… lo mismo de siempre: ‘indies’ que han descubierto África, raperos enfadados y enjoyados, post-cumbia, los momentos de oro de Rocío Jurado en Nochevieja… ¿Terminaré viendo otra vez los mejores goles de Messi?

De repente, me encuentro con esto. Atención:

El impacto es inmediato. ¿Qué diablos es esto? Se llamaron The Shaggs, sólo publicaron un disco en 1969 y su historia es todavía mejor que sus canciones (que a mí, con ese aparatoso desequilibrio y ese pulso de infantil primariedad, me gustan mucho).

The Shaggs son tres hermanas: Dorothy “Dot” Wiggin (voz y guitarra solista), Betty Wiggin (voz y guitarra rítmica) y Helen Wiggin (batería), a las que más tarde se unió una cuarta, Rachel Wiggin (bajo).

Viendo la foto (que es real, muy real), a nadie se le escapa que no fue su cara bonita la que las llevó a subirse a un escenario. Tras comprobar su poca destreza como instrumentistas en la canción ‘Philosophy of the world’, os preguntaréis, ¿por qué formaron un grupo? Yo también lo hice.

El culpable (maravilloso culpable, visionario culpable) de todo esto fue su padre, Austin Wiggin Jr., un vecino cualquiera de Fremont, un pueblo cualquiera del estado de New Hampshire. Nuestro querido Austin se fio de una vieja predicción que una pitonisa le hizo a su madre cuando él era joven: “Tu hijo se casará con una mujer pelirroja, tendrá dos hijos antes de que mueras y sus hijas formarán un famoso grupo musical”.

Como las dos primeras predicciones se cumplieron, Austin creyó a ciegas que sus hijas se harían famosas y terminarían con su aburrida vida de clase media de Fremont. No sabían cantar, no eran guapas y, en definitiva, no tenían ni pajolera idea de música, pero… ¿y si la pitonista tenía razón y él no lo intentaba?

Así que Austin comenzó a escribir la historia del punk cuando los Sex Pistols eran todavía unos mocosos, unos  gamberretes de instituto.

Sacó a sus hijas del colegio, les compró unos instrumentos, contrató a una profesora de canto (sin mucho éxito, visto el resultado) y las puso a tocar. Pocas semanas después, The Shaggs ya tocaban un concierto semanal los sábados por la noche en el Ayuntamiento de Fremont.

Como si fuera el padre de los Jackson, Austin se convirtió en un educador firme y autoritario cuya disciplina acataban sin pensárselo dos veces las cuatro hermanas (no hay que olvidar que así se escaqueaban del colegio, donde se supone que no eran las primeras de la clase). “El dirigía, nosotras obedecíamos”, dijo en una ocasión Dot Wiggin.

Grabaron su primer y único disco, ‘Philosophy of the world’, en 1969. Su repercusión, evidentemente, fue nula. Se equivocaron de tiempo: diez años más tarde y hubieran llegado al Top 10, seguro.

Las hermanas siguieron tocando como una banda local más hasta 1975, año en que Austin, poseído por su febril visión, volvió a meterlas en un estudio de grabación, donde registraron alguna canción más.

Al parecer, las Shaggs eran muy perfeccionistas y paraban la grabación cada vez que cometían el más mínimo fallo. Los técnicos de sonido del estudio se quedaban mirando atónitos, incapaces de descubrir cuál de los fallos les había hecho detenerse.

Meses más tarde, Austin moría de un ataque al corazón y el grupo se disolvió sin alcanzar la fama.

Sin embargo, años después, cuando el punk ya estaba asimilado por la industria y dejaba, por tanto, de ser punk, alguien redescubrió esta joya perdida en el tiempo: sus voces desafinadas, sus ritmos deslavazados, las guitarras deshilachadas y malsonantes, su absoluto descaro…

En 1980 se reeditó su disco y Rolling Stone lo nombró “El regreso del año”. A partir de entonces, artistas como Kurt Cobain o Frank Zappa se declararon fans de las Shaggs. Zappa incluso lo nombró el tercer mejor disco de la historia en una lista que hizo para una revista en 1988.

The Shaggs lograron un sonido único y adelantado cuya huella se intuye hoy en día en los discos de The Magnetic Fields, Kimya Dawson o nuestro polémico ‘tontipop’ (¿Y no oís a los Strokes en el final de ‘Philosophy of the world’?).

Al final lo lograron, Austin, lo lograron.