El detonador

Un blog sobre música

Ana Curra, estafada pero contenta

15 May 2010
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5_ana_curra_.jpgHoy se publica en Público, valga la redundancia, la entrevista que le hice a Ana Curra (leyenda de la Movida en Pegamoides y Parálisis Permanente) el jueves sobre su regreso a los escenarios. Por motivos de espacio, se quedaron en el tintero muchas cosas interesantes que me confesó en la cocina de su casa en el barrio de Salamanca de Madrid. Además de averiguar que Curra friega los platos mirando a Iggy Pop (un poster gigante de la portada de ‘American Caesar’ cuelga justo encima del fregadero), la cantante, encantadora, habló largo y tendido sobre los motivos de su retiro, sus alumnos de piano, la Movida, la relación entre Carlos Berlanga y Eduardo Benavente, el día que conoció a este último, la frustración de su primer disco en solitario, las estafas de los sellos discográficos, la vocación de Alaska, etc. Suficientemente interesante para colgar aquí la conversación íntegra, en la que también estaba presente Miguel de Digital 21, el músico con el que vuelve a los escenarios.

¿Por qué el regreso, ahora?
No es que sea ahora. Miguel y yo llevamos hablando de esto cuatro años. Para nosotros no es inesperado, aunque sí para la gente de fuera. Queríamos hacer algo juntos y cuando ha cuajado, él ha tenido tiempo y yo he estado con la cabeza clara para volverme a meter en algo así, pues ha salido ya de forma fluida, sin nada forzado, sin agentes externos de presión. Sale con naturalidad, pero ha sido muy meditado. A nivel personal hemos tenido momentos duros que hemos compartido y te hace estar cómodo para luego en el día a día podamos hacer música, que es lo que realmente nos une y nos pone las pilas. Porque cuando encuentras a alguien lo más difícil es que te respete tu situación personal y emocional y nosotros lo hemos conseguido. Yo siempre he buscado ese tipo de personas en mi vida y hasta que no he encontrado a Miguel no me he lanzado. En los últimos años he estado viviendo, sufriendo, riendo… La vida es lo que te va dando. Y yo lo del regreso no es algo premeditado, ni nada pensado. Yo vivo y en el camino voy eligiendo las sendas. Yo no soy de autopista.

En una entrevista en los años 80, hablando de tu relación con Alaska, Nacho Canut, Eduardo Benavente… decías que creías firmemente en el refrán “Dios los cría y ellos se juntan”. ¿Ha pasado algo parecido ahora con Miguel?
Siempre. Los encuentros en la vida, si tú estás con disposición y receptividad, son así. Yo soy muy intuitiva y a la primera conversación con Miguel, en la que terminé llorando, ya supe que para mí esa persona era importante. Miguel es una persona muy generosa, muy cariñosa, pero donde me flipó fue en su parte animal en el directo, su parte más emocional.
Dos personas con mucha personalidad pueden chocar, pero lo nuestro ha sido como una bola que se engorda.

¿Quizás fue esa falta de tener alguien a tu lado la que provocó que tus discos en solitario pasaran algo desapercibidos?
No pasaron desapercibidos. El último disco que hice estuvo tres semanas número 1 en Los 40. ‘Una noche sin ti’, luego la versión que hice de Edith Piaf, luego ‘En esta tarde gris’… Ese disco sonó muchísimo, una barbaridad.

¿Tenías mano derecha o estabas sola?
Estaba sola y cambiando de músicos continuamente. Fue agotador, con una multinacional detrás que imponía el sonido, el productor, un sonido con el que nunca estuve contenta. Eran grandes canciones y grandes letras, pero la producción se me fue de las manos. Querían hacer de mí la Madonna española, cuando yo no tengo nada que ver. Era producciones muy pop y muy americanas. Las canciones en el local no eran así. Yo decía, ¿pero por qué voy a ser Madonna? Si no he mamado de ella, si salí antes que ella y no tengo nada que ver con ella. Y ahí empezó el primer choque y ese disco es una espina que tengo clavada, porque tú te estás currando las canciones y las letras y yo siempre intento hacerlo lo mejor que puedo, no meto paja, para mí todas las canciones eran buenas. Y luego no suenan como tú quieres…

Se dice que entre la generación de la Movida y lo que luego fue el indie hubo un vacío, pero escuchando tus discos en solitario de los 80 encuentro cierta relación entre las dos escenas (algunas de tus canciones me recuerdan a lo que posteriormente hicieron Surfin’ Bichos, por ejemplo). ¿Te ves como ese puente de unión?
Pues no lo sé. Quizás eso lo ves tú desde fuera, pero no lo sé. Yo hice lo que sentía y como me salía y nada más.

¿Por qué desapareciste a finales de los 80?
Empiezo más a fondo en el conservatorio, me involucro más en la enseñanza. Empiezo a tener alumnos muy interesantes, me vuelco más en el mundo clásico, algo fascinante, y me volqué en eso. Y saqué alumnos para adelante toda la carrera, del primer curso al 14. Y saqué algunos brillantísimos, ue hoy están tocando por todo el mundo.

¿Tú tenías la carrera de piano?
Sí, yo era la única que sabía tocar [en la Movida]. Aunque no lo parezca, porque yo me adaptaba perfectamente a lo que es el rock y el punk. Esa es una de mis grandes virtudes, el adaptarme. Aunque el punk también conecta con mi parte animal.

¿Te ha servido tu trabajo como profesora para tus propias creaciones?
Yo creo que siempre se nota, pero con Miguel no voy de profesora, sino de compartir. Él capta cosas de mí y yo de él, pero no es como cuando tienes un alumno pequeño al que tienes que transmitir muchas más cosas aparte de la música. Yo cuando doy clase me lo impongo como una obligación y una responsabilidad súperfuerte, porque le transmites tu forma de escuchar, tu forma de ver la vida, de mirar, de ser autocrítico, de evaluar todo y de sentir y transmitir.

¿Qué te parece cómo ha evolucionado la percepción de la Movida a lo largo de los años?
Se han dicho muchas tonterías. En la Movida hubo tres años muy interesantes. El resto ha sido un poco bluf. Ha habido mucha morralla, mucha gente que se ha apuntado al carro, gente que lo ha engordado y por eso se vino abajo. Yo aborrecí durante mucho tiempo el término Movida porque se institucionalizó. Fue un momento muy electrizante para los que estuvimos allí, que en el momento no éramos conscientes, pensábamos que la vida era así. A ti te pilla a los 19 años y te crees que el mundo es jauja. Luego cuando pasan los años y se instaura el PP 12 años te das cuenta de la suerte que tuviste. Fue un momento muy divertido. Para mí la Movida es la transición: estaba todo por hacer, no había normas. Era un caos donde todo el mundo podía expresarse. Un caos maravilloso, como todos los caos. Un momento muy nutritivo. Y hubo una mezcla de generaciones muy interesante. Todos los hermanos mayores que les había tocado luchar contra la represión y que se supieron quitar luego el lastre del franquismo y no se cayeron en el desencanto político, sino que dijeron “toca vivir”. Eran nuestros maestros, los que habían luchado, peleado… Nosotros llegamos un poco después y les dimos toda la alegría y supieron pillarla. Y hubi gente que se reconvirtió y fue una mezcla fantástica.

¿Se ha mitificado?
Hay gente que sí. Me cuesta mucho teorizar sobre la Movida porque fue como una clase práctica de vida. Yo creo que el tiempo la ha puesto en su sitio.

¿Has tenido ganas de hablar en algún momento ante lo que decían otros protagonistas?
Yo nunca me apunto a homenajes. A lo mejor me puedo apuntar cuando me llaman de una universidad para hablar de Sexo, drogas y rock and roll. De esas he hecho varias. Pero cosas que monta una institución y te mezclan con gente que ni conoces, que ni vivió la Movida, que se apuntó al carro. Y yo sé quién estaba, porque éramos 200. Entonces pues paso, porque no me aporta nada.

Una cosa que me sorprende mucho de los grupos de la Movida es la vocación popular. Es decir, hacíais música muy personal y de calidad, pero a la vez capaz de conectar con el gran público. Algo así no se ha visto desde entonces en España…
Era música muy simple. El lema era decir: aquí nadie nos ha enseñado nada, no sabemos tocar nada. Entonces, da igual, tú sube a un escenario y si de verdad quieres ser músico, ponte a tocar y ponte a decir lo que sepas. Surgió de manera muy clara y muy llana, muy simple y muy directa. Y entonces es cuando empiezas a llegar a la gente.

¿‘Rien de rien’ puede ser el himno de defunción de la Movida?
Sí, totalmente. Se trataba de hacer un himno a la Movida muerta. Estaba hasta las narices de hablar de la Movida, que estaba más caduca ya. Y era premonitorio de lo que nos venía. La gente no lo entendió, se me criticó muchísimo. Claro, porque en plena euforia de la Movida empiezo yo con que la Movida está acabada.

¿Y has seguido haciendo canciones pop?
No.

¿Es cierto que no recibes royalties de tus discos? ¿Y eso de que nadie te informó de los recopilatorios de Parálisis Permanente?
Es verdad. Estas cosas que pasan en esta España nuestra, que te ocurren cosas alucinantes. Un grupo que hice con Eduardo, que salgo en todas las portadas, que toqué en todos los conciertos, que las letras son todas mías y las músicas algunas, pues no cobras royalties. Porque Parálisis es un grupo que se lo han ido vendiendo entre las discográficas y bueno, nunca me he metido a pleitearlo, porque no me apetece perder el tiempo en eso. Siempre he tenido en la cabeza que es una injusticia, me ha jodido mucho, porque también lees cosas como que Ana era una artista invitada en Parálisis Permanente, y lo hacen para no declarar royalties.

Pero autores sí cobras, ¿no?
Sí, de SGAE sí cobro como compositora. Lo que demuestra que soy la autora de las canciones, por otra parte. Y por ahí es por donde me entero de todas las reediciones que se hacen de Parálisis. DRO, hasta que se lo vendió a Warner, estaba viviendo de Parálisis: cada cierto tiempo sacaba una reedición, y a mí no me llegaba nada de eso. Nosotros hicimos el primer sello independiente de España, Tres Cipreses, para sacar ‘El acto’. La gente se piensa que fue DRO, pero fue Tres Cipreses, lo que pasa es que se lo dimos a DRO para distribuirlo. Al morir Eduardo, DRO empezó a hacer su carrera con aquello, empezó a venderlo, y cuando yo les dije que me tenían que declarar algo me dijeron que tenían algo firmado por mí. ¿Y yo podía haber firmado que les iba a regalar eso? He intentado arreglarlo hablando en un par de ocasiones, no lo he conseguido, dicen que les denuncie, y bueno, tampoco me voy a meter en eso. Lo que jode no es el dinero, es que te dejen al margen de una cosa que es tuya, que te la curraste tú y la creaste tú.

¿Tú podrías sacar ahora un recopilatorio de Parálisis?
No es que podría, es que el nombre es mío, lo tengo yo registrado. Ellos me lo tendrían que devolver todo y pagarme. Hasta Íñigo, de Munster, me ha hecho la gran faena. Saca la reedición en vinilo del disco y ni siquiera me lo envían.
¿Pero tú no tienes que dar el permiso?
Sí, claro, pero nadie me lo ha pedido. Lo sacan y listo. Todos se agarran a una anécdota de la época. Yo en aquel entonces tenía contrato con Hispavox, donde estuve dos veces, con Alaska y los Pegamoides y luego como Ana Curra. Cuando hicimos Parálisis y se disolvieron los Pegamoides, hicimos una idea de portada en la que yo salía de espaldas para que no se me reconociera, porque tenía contrato con Hispavox. Por eso pusimos “con la colaboración especial de Ana Curra”, y siempre dijimos que yo no era esa chica, que era una modelo, aunque todo el mundo sabía que era yo. Pero bueno, nosotros no lo reconocíamos públicamente porque yo tenía contrato, igual que Olvido y Carlos Berlanga. Nacho Canut y Eduardo no lo tenían.

¿Y por qué?
Porque nos quisieron fichar a nosotros… y los otros dos pasaban también. Cuando se disuelven los Pegamoides, Eduardo ya tenía la idea de Parálisis Permanente y yo empecé con él, desde el principio. ‘Quiero ser santa’ fue uno de los singles y esa canción es mía entera, música y letra. Aprovecharon la anécdota de la portada, porque Munster la conoce y los de DRO igual, porque se la he contado yo mil veces, y dicen que soy solo una colaboradora.

¿Dónde imaginas que hubiera llegado Eduardo Benavente como artista?
Nunca lo sabremos, pero por lo que yo tuve el privilegio de conocerle, hubiera llegado a algo muy bestia, porque era una persona absolutamente voraz, inquieta, tremendamente fuerte, energético, vigoroso. Era una personalidad arrolladora. Hubiera llegado lejos. Es una de esas personas que conoces, y mira que he tenido alumnos y he ido a conciertos, y ves a un tipo con una capacidad musical asombrosa. Una capacidad para aprender a tocar los instrumentos en diez días, una batería o una guitarra, y hacerlos suyos.

Porque él en Pegamoides empezó con la batería, ¿no?
Sí, el venía de un grupo, Plástico, donde él cantaba. Tenía 14 años o así. Vino un día a Tablada con Toti, el batería de su grupo, y entraron en nuestro local y se quedaron un poco flipados, porque teníamos una imagen mucho más punki y colorista, algo totalmente inédito en España. Porque luego nos volvimos más oscuros, pero al principio con carlos Berlanga y Nacho Canut éramos más coloristas, un rollo de romper con lo que ya había aquí. Y como aquí lo que había era el gris, había que romper con color.  Y Eduardo nos vio y se quedó flipado, había algo en la atmósfera y él notó que tiene que entrar ahí. Entonces nosotros estábamos buscando batería, porque hasta entonces tocábamos con una caja de ritmos mía. A la semana siguiente se presentó él diciendo que él sabía tocar la batería. Luego nos contó que había aprendido en una semana.

¿Y qué tal tocaba?
Muy bien. Y en otra de esas se pilló un resfriado y vino aquí a casa de César y en unos días aprendió a tocar la guitarra. Compaginaba tres grupos: Pegamoides donde tocaba la batería, Paralisis donde tocaba y cantaba y luego Escaparates, donde tocaba el bajo.

¿Y con ese grabó algo?
Una maqueta muy, muy buena.

¿Qué te parecen las trayectorias de los otros Pegamoides: Fangoria, los discos de Carlos Berlanga?
No lo he seguido mucho, pero bien, a mí Carlos siempre me pareció un excelente compositor de canciones. Yo con él en la época de los Pegamoides me lo pasaba muy bien, porque musicalmente era tan genial… Yo entiendo también que luego chocase y le diera miedo la presencia de Eduardo, porque veía ahí un rival a nivel musical. Antes de que llegara Eduardo era él el que llevaba el peso del grupo y los demás ni nos atrevíamos a componer ni nada. Ellos habían estado en Kaka Deluxe y tenían un núcleo hecho y nosotros intentábamos meter nuestra parte. Pero conmigo desde el pirncipio conectó muy bien. Yo de hecho entré en los Pegamoides por Carlos Berlanga, le hizo mucha gracia mi forma de vestir cuando me vio. Y luego en el local de ensayo conectábamos mucho, porque éramos los dos a los que el rollo musical nos iba más. Porque Olvido tenía otras miras en su vida, y me parecen superloables y yo no voy a entrar a decir ni sí ni no. Simplemente, yo siempre he sido más músico, siempre me ha gustado más la música que a Olvido. Y luego, Carlos Berlanga era muy músico y disfrutaba mucho haciendo música. Era un gran compositor de canciones. Fangoria es otra cosa. No sé, yo les adoro y les quiero a los dos, otra cosa es que yo me sienta identificada con lo que hacen, pero su trayectoria la respeto. Y Olvido siempre ha buscado ser un personaje que trascienda la música, la música ha sido una excusa en su vida. Y eso es algo coherente con lo que yo la conozco a ella, que siempre desde pequeña tenía eso claro.

¿Y cómo encajaba Carlos Berlanga, que era de gustos más refinados, con Eduardo, que era más bestia?
Pues ahí vino el choque. Y de hecho se rompió el grupo. Encajaban mal. Pero fue una decisión de Carlos, que fue el que se marchó. Eduardo estaba dispuesto a seguir haciendo en los Pegamoides lo que fluyese, porque él se adaptaba perfectamente y le gustaba lo que hacíamos con Carlos. Y por eso formó el grupo paralelo, Parálisis. Carlos necesitaba infraestructura a su alrededor. Era un gran compositor, pero nos necesitaba a los demás para sacar adelante las canciones. Que era lo interesante del grupo: cada uno aportaba y la mezcla era muy graciosa, muy explosiva.

Sorprende que todo eso lo hiciérais con menos de 20 años, que Eduardo tuviera 14 cuando os conoció.
Precisamente porque teníamos esa edad teníamos ese morro, esas ganas y ese aliciente de romper con todo. Y si no lo haces a esa edad, ¿cuándo lo haces?
¿Erais conscientes de los riesgos?
¡Qué va! ¿Qué riesgos?
Los inherentes a la vida del rock…
Que va, pero si nosotros nos creíamos que un porro era lo mismo que un chute de heroína. ¿Qué información había? Tampoco a esa edad ves riesgos de nada. Te crees que estás en una nube y vas a degüello. Pero tampoco lo hacía todo el mundo. En esta vida hay actores y espectadores. Y eso es siempre así. Nosotros éramos cuatro: Radio Futura… Te pones a mirar grupos de esa época y éramos cuatro. Los que vienen después ya es una cosa más prefabricada donde todo el mundo se pone a sacar discos, las discográficas empezaron a fichar… Pero realmente de los de después, ¿qué ha quedado?

¿Y cómo es posible que aparecierais en los medios más importantes, si tampoco teníais tanto público?
Eso fue un contagio de todos los gremios. Tú tenías tu sala donde ir a tocar, aquí y en todas las ciudades de España. Tenías tu rinconcito en el Diario 16, El País, ABC… No había otra cosa que hablar.

Bueno, estaban fenómenos populares como Los Pecos, ¿no?
Sí, pero estaba Radio 3, que empezaba a nacer con un rollo familiar muy guay. Cuando las cosas nacen tienen mucha verdad y no están sucias y con mal rollo, contagiaba. Y se contagió toda la infraestructura. Surgían sellos, salas, tocábamos en el Escalón, luego el Rockola… Todo eso fue surgiendo en paralelo a los grupos y las radios: estaba Radiocadena del váter, que hacían unos radioaficionados. Y Paloma Chamorro que hacía ‘La edad de oro’, brutal, un programa así en televisión.

¿Y estabais preparados para el éxito que tuvisteis?
Pero si no vendimos mucho. No ganamos nada, yo nunca gané dinero con eso. Nunca me creí nada porque no hubo nada. Sonó mucho, pero no ganamos nada.

Pero luego Dinarama vendió muchísimo.
Dinarama sí, pero yo desde luego no. El de Pegamoides no vendió. Yo siempre he tenido mucho más nombre que lo que luego realmente había.

¿Qué te pareció la evolución de la música española a partir de que tú lo dejaste? ¿Seguiste escuchando música?
A ratos sí y a ratos no. Últimamente escucho flamenco. Me siguen gustando los mismos grupos de siempre. Sí que voy a menudo a conciertos, pero vamos, tampoco hay nada que me sorprenda demasiado. Cuando empiezas a escuchar música de joven, lo que te impacta en ese momento, lo que te conmueve y te cambia, aunque no sea música de ese momento, porque pueden descubrírtela gente mayor que tú, llega un momento en que te vuelves muy selectivo y muy crítico y en esa época de tu vida es cuando más te impresionan las cosas y es difícil que nuevos grupos te vayan a causar lo mismo que en ese momento de tu vida, cuando estás tierno y un disco te cambia la vida. Ves grupazos como Rage Against the Machine, con esa energía, y te pone como una moto, pero lo que realmente te conmueve es a esa edad, cuando descubres la vida, te enamoras por primera vez… Los descubrimientos de la vida, lo que te hace cambiar.


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