Una guitarra, una batería, un bajo y un tecladito, todo pequeñito ¿para qué más? Y luego un juego de coros sintético, preciso y rítmico que da el contrapunto a la voz de Baxter Dury, aguardentosa, rugosa y con un eco hooligan, como recién levantado de la cama. Con qué poco se consigue tanto. Y luego ves a otros subiendo por las escarpadas laderas de la orquestación progresiva… ¡Ay…! ¿Dónde vais? Mirad a Baxter y ¡aprended!
El año pasado, la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco (PP), gastó 62.000 euros en dietas de gastos y viajes de la entidad financiera Caja España. ¿Qué ha hecho para generar semejante volumen de gasto en un año? Sobre todo, sabiendo que ostenta otros diez cargos más, aparte de la presidencia de la Diputación y el cargo de consejera de la entidad. El próximo que vuelva a hacer una pancarta con el lema “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, que estampe la cara de Carrasco a un lado. Además, es las dos cosas.
La tierra es nuestro origen, de ahí viene todo. No hay nada sin tierra, por eso hay que recuperarla y cuidarla, que sea el centro de todo y no algo de lo que el ser humano se vale para su consumo voraz. Esta canción alza la voz por esa lucha en la que un día participó Woody Guthrie, pero que muchos otros libraron antes (y otros librarán después). La tierra es lo primero y es de todos. Es nuestra.
A muchos Erik Satie les produce placidez, tranquilidad, una mullida sensación de recogimiento. A mí, nada de eso. Incluso en sus piezas más deliciosamente delicadas, como esta desarmante ‘Gnossienne 5′, hay algo que me inquieta, una extraña tensión que me hace escuchar con precaución, tratando de desentrañar algo que está pasando y que por un motivo u otro Satie no nos enseña. Como si esta melodiosa y evocadora piecita de piano la estuviera tocando alguien que acaba de cometer un asesinato y se sentara al instrumento con el cadáver todavía desangrándose, a sólo unos metros, en el suelo.
Tocando mal, cantando peor, como si se acabaran de levantar de la siesta y todo fuera una gran montaña de sonido de la desgana, Pavement eran una refrescante, chirriante y acogedora burbuja de emoción. Luego Stephen Malkmus quiso desintoxicarse y ya nada sonó como sonaba. Aquello parecía… rock! Años y años después, todavía vivo, se guardaba un puñado de pólvora en el bolsillo. Este ‘Tigers’, las guitarras juguetonas, el estribillo coreable, el final desquiciante… Estarán en el Primavera Club. Quizás es el momento de un dulce y ruidoso reencuentro.
Incluida en: ‘Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbage: 1982- 2011, the definitive R.E.M. greatest hits collection’ (Warner, 2011)
Hay cosas que se resisten a morir y otras que nunca mueren. Lo que se resiste a morir está ya muerto y nos mata a nosotros, un poco, cada día, casi sin darnos cuenta. No sabemos desprendernos de eso porque ya se ha hecho parte nuestra. Tendría que ser una especie de pequeño suicidio, pero más difícil porque el apéndice sin vida a amputar es ilocalizable. Está en todas partes. Algo de eso le pasó a Michael Stipe con R.E.M., una banda que tardó demasiado en romperse y que arrastró su pequeña muerte a la vista de todos. Por eso Stipe dice que el final de R.E.M. es una liberación. Y le entendemos. Se atrevió a acabar con ella.
El otro día me decía una amiga que el público generalista solo quiere canciones accesibles, que las masas solo se alimentan de hamburguesas musicales, que lo raro, anguloso y exigente siempre será para unos pocos. No siempre, no siempre: Björk es un ejemplo, Radiohead otro, por no hablar de los U2 del ‘Zooropa’… Alguien dirá que antes de hacer sus discos más obtusos alimentaron a su público con discos más permeables, pero en cualquier caso, lo cierto es que 367.000 personas han visto esta pequeña joya de Björk en YouTube. Las masas, al final, pueden con esto y con más. Si la filosofía dura de ‘Ser y tiempo’, de Martin Heidegger, fue un bombazo en Alemania en 1927, ¿qué no podrá pasar un siglo después?
‘Molinos turcos’ es una pequeña apisonadora. Un ritmo marcial repetitivo de baterías y cuerdas cosido con solos delirantes de violines y flautas. Zoobazar, grupo compuesto por músicos de Radio Tarifa, Eliseo Parra y las Musgaña, han encapsulado en esta canción una alucinación. Como un sueño narcótico del que no quieres, ni puedes, despertar.
Fracasar no es nada fácil. Quién pudiera fracasar una y otra vez, y seguir como si nada, ¿verdad? En principio, la música pop y el fracaso no parecen tener nada en común, hasta que llega Anntona con su antipop de tonadas descacharradas sobre ser un patán, o un salido, o un cobarde, o un raro, o demasiado normal… Miserias y bajas pasiones hilvanadas con melodías contagiosas y coreables y una instrumentación de dormitorio que lo hacen todo tan acogedor como delirante. Pero lo mejor es que, como en‘Arruino todo lo que encuentro’, te cuenta sentimientos complicados y profundos con letras llanas y simples. Eso debería ser siempre el pop. En este caso, el antipop.
Incluida en: ‘Peores cosas pasan en el mar’ (Gran Derby, 2011)
Buenas nuevas desde el planeta The Secret Society, proyecto musical de nombre desafortunado y canciones afortunadas tras el que se esconde Pepo M., inquieto personaje de las catacumbas del indie español. ‘Las pistas falsas conducen al desamor’ (pincha aquí para escucharla), recién lanzada, sintetiza en tres minutos las secuelas de una relación sentimental descontrolada. Un drama asfixiante que pone los pelos de punta por lo bien que está contado, con imágenes certeras y las palabras exactas. Encapsulada en un rocoso cascarón de guitarras poderosas y baterías matemáticas, el tema alcanza cotas de intensidad bastante serias y te deja pidiendo una segunda escucha. O más. Eso sí: no la escuches con tu novia delante.
Hablar sobre música es como comer pipas: empiezas y ya no puedes parar.
El detonador va por ahí: un lugar para hablar sobre música.
¿Qué música? La que no sale en la radio ni en la tele, pero sí en la Red. Internet es una bomba musical y el detonador la hará estallar. De entre los restos, sacaremos las mejores piezas que encontremos (y alguna de las peores, por supuesto).
Lo haremos entre todos, vosotros y yo. Si no puedes vivir sin música, activa El detonador.