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El detonador

Un blog sobre música

Canción de la semana (93)

26 sep 2011
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Título: ‘Money’

Artista: The Drums

Incluida en: ‘Portamento’ (Moshi Moshi, 2011)

El pop, la melodía, el estribillo y las estrofas adictivas pueden ser también fríos, robóticos e irradiar un espectro fantasmal. Es lo decisivo en The Drums, herederos de grandes maestros en ese arte que es congelar el pop y teñirlo de negro, como Joy Division, The Cure o The Smiths. De fondo se nota su pasión por Kraftwerk, los inventores del pop sintético y cerebral, que The Drums actualizan con un gusto intuitivo y atrevido. Esta se llama ‘Money’ y no es de lo mejor de ‘Portamento’, un disco plagado de hits.

FlyLo, el final del verano

13 sep 2011
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Descendiente de familia de músicos (su abuela era cantautora y su tía abuela se casó con John Coltrane, ahí es nada), veinteañero y amigo de Thom Yorke (como se puede comprobar en el vídeo ahí arriba) Steven Ellison me ha dado muchas alegrías este verano. Más en concreto, 17 alegrías contenidas en su disco ‘Los Ángeles’, publicado bajo el nombre por el que todos le conocen: Flying Lotus (Flylo para los amigos). Lo publicó en 2008, pero este agosto sonaba igual de bien en Madrid que en León que en Pamplona. Y eso que se hizo en California.

Con solo 24 años y quizás por ese motivo, FlyLo fabricó un artefacto sonoro explosivo, descarado y extraño. Se atrevió a tanto que cuesta encasillarlo: ¿es hip hop? ¿Es soul futurista? ¿Es electrónica experimental? ¿Es ambient concreto? ¿Es folktrónica psicodélica? Quizás todo eso y nada de eso: si lo intentas encerrar en el puño, te abrasas.

‘Los Ángeles’ exige inmersión, nada de largos a crol. En el descenso, sintetizadores abisales, ruidos esquivos, capas sonoras siderales, bajos voluptuosos, coros robóticos y ritmos almohadillados. Si eso es ‘Los Ángeles’, no parece el mejor sitio para vivir, pero sí para recorrerlo de noche, en coche, con los seguros de las puertas cerrados.

Amante del minimalismo, de los sintetizadores y los ruiditos, FlyLo es un manitas de la electrónica. Escrupuloso y metódico, funde ritmos y empasta capas sonoras con un gusto infinito. Además, pese a lo que las descripciones anteriores pudieran hacer sospechar, se aleja de la frialdad matemática de grades popes de las maquinitas obsesionados por la materia gris y conecta con el pálpito visceral de la emoción sanguínea a base de coros soul, percusiones tribales y algún ritmo sudoroso. Ahí están ‘Camel’ o ‘Melt!’ para atestiguarlo.

Comparte con su amigo Gonjasufi, que aparece en el álbum poniendo voz a la espectral ‘Testament’, la excentricidad psicodélica y el regusto ‘vintage’ que retrotrae la imaginación a leyendas como Silver Apples. Sus ecos se oyen en ‘Riot’ y ‘Golden Diva’, en la que funde el ambient y el hip hop con una argamasa de texturas crujientes y porosas sin fondo. Tiras dentro una piedra y no escuchas el golpe al caer.

El sonido es maleable, de plastilina: se retuerce sobre sí mismo y da lugar a nuevas formas, espectros inesperados que van entrando y saliendo de la canción sin que te enteres. Escuchad la fulgurante ‘Parisian goldfish’ para entender lo que digo.

Su capacidad de sorpresa y de captar la atención permanece intacta durante las 17 canciones de un disco que no se hace lago y que tiene un extraño poder adictivo. Quizás el misterio reside en que se trata de temas cortos que no repiten patrones y que encierran una suerte de espíritu pop, sólo perceptible tras varias escuchas.

Esto es riqueza. Si se entera Merkel igual le despluma.

Detengan al exhibicionista: Cass McCombs

26 ago 2011
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Cass McCombs se hizo indispensable un verano de hace dos años con canciones como esta. Su nuevo disco, ‘Wit’s end’, es igualmente desarmante. Saca su rifle, arriba las manos y uno solo puede entregarse y suplicar clemencia para que siga cantando. Canciones como esta:

Lo de McCombs es puro exhibicionismo, casi porno. Anclado en lo clásico, es pura fuente de placer, un desnudo integral con una voz 90-60-90. “Es como vaselina”, me decía ayer Remate sobre su concierto en Madrid. Por ahí van los tiros.

Piensas que te quiere mecer en una cuna, pero en realidad es pura seducción. Suaves letanías, baladas de almidón con filo, instrumentos delicados y llorosos, melodías sobrias y punzantes… Cass McCombs canta y todo se para.

Y cuidado porque la calma no es tan apacible cuando hay amenaza de tormenta. Los giros dramáticos de ‘Buried alive’ y ‘Saturday song’ advierten del peligro: dos pasadizos oscuros, casi fantasmales, nada inofensivos.

Gusto exquisito y romanticismo desbordante, creíble y cantado desde el borde del precipicio. Folk, country, canciones de cuna y música clásica. McCombs canta como un hombre y disfruta como un niño. Al final, todo parece un juego.

En el camerino con Enrique Iglesias

20 ago 2011
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El eslogan ‘segundas partes nunca fueron buenas’ cobra todo su sentido en la familia Iglesias: Enrique es una chinita en el zapato al lado de su padre, don Yulio. Por no hablar del otro hermano, Julió José (o como se llame…).

Lo mismo en la música que en las entrevistas. Mientras Julio Iglesias se destapaba como analista político-social, a su manera, en una entrevista con Público este verano, simpatizando con el movimiento de los indignados, su hijo Enrique declaraba esta semana no saber lo que era el 15-M.

La vida en las alturas de las mansiones de Miami, las zonas VIP y los clubs selectos tiene sus peajes.

Hace unos años, en 2002, Enrique Iglesias actuó tres noches consecutivas en el Royal Albert Hall de Londres. Iba a decir “tocó”, pero aparte de que él no tocaba nada, había tanto sonido enlatado que no podría asegurar que algún instrumento sonaba realmente.

Tras el concierto, los responsables de prensa de su sello discográfico nos llevaron a varios periodistas al camerino, para conocer en persona a Enrique. En la puerta estaba Isabel Preysler, con sus hijas, y dentro nos esperaba el cantante sentado en un taburete.

Nos acompañaban dos personas de traje y corbata que identifiqué como directivos de su discográfica en España. Parecían gente importante: rompieron el hielo felicitando a Enrique por el concierto y alabando sus dotes escénicas. “Te los has comido, Enrique, te lo has comido”, recuerdo que dijo uno, que más que de música parecía hablar de ciclismo: “Has empezado fuerte, has mantenido el ritmo y en la última parte has dado el tirón final”.

Enrique escuchaba y asentía debajo de una gorra de béisbol con timidez, sentado en su taburete. El hombre de traje concluyó:

- Vamos, que si les pides Gibraltar, te lo entregan hoy mismo.

Enrique, que no había abierto la boca, levantó la cabeza y preguntó:

- ¿Si les pido qué?

El silencio en el camerino se podía cortar. El directivo, o quién fuera, repitió “Gibraltar” para, acto seguido, cambiar rápidamente de tema.

“¿Te has dado cuenta? No sabía lo que era Gibraltar”, me dijo entre dientes una locutora de ‘Los 40 principales’ nada más salir de allí.

No debe ser fácil ser hijo de Julio Iglesias, pero hombre, Enrique…

Bon Iver, el supermán de la calma

08 ago 2011
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Yo pensaba que no, pero el verano también puede ser el momento de escuchar a Bon Iver. El sol de las canciones de su nuevo disco se está poniendo, flota un cálido aire húmedo y las melodías te acarician como la arena fresca. No hay prisa, el tiempo se detiene y la mente vuela. Como estar de vacaciones, vaya. Despertarte sin saber qué día es. Pocas sensaciones como esa. ¿Cuánto tiempo podría uno aguantar así? Hasta despertarte sin saber quién eres, que supongo que es lo que acabaría ocurriendo.

Dicen que Bon Iver (el grupo del canadiense Justin Vernon) hacen folk, o incluso indie-folk, pero escuchad bien, porque en realidad es soul, casi baladas R&B recubiertas de guitarras acústicas, voces susurrantes, aterciopeladas slide-guitars y camas mullidas de cuerdas y vientos. Una mezcla entre Antony, Tim Buckley, Jason Molina y Erykah Badu.

Hay que estar preparado para su sofisticación, porque lo que a alguno le parecerá un disco-bostezo contiene sin embargo mil y una maniobras milimétricas para capturar al que le escucha. Es necesario dejarse hipnotizar por sus canciones-bucle, repetitivas y delicadamente obsesivas, para luego paladear las pinceladas de color, siempre mate, de Vernon.

Primero un punteo de guitarra, el mismo punteo de guitarra, una y otra vez, y luego su voz deslizándose aquí, la batería rebotando con eco allá, una trompeta que se eleva… Con un gusto desarmante, te acaba matando.

Dicen que hace folk, pero Vernon compone como si hiciera electrónica: una capa, otra capa y luego a jugar por encima. No hay un solo segundo de este disco que no esté pensado: las canciones no te enseñan quiénes son hasta que acaban.

A veces se le ve, eso sí, el plumero progresivo, con arreglos de brocha gorda ochenteros (el inicio de ‘Beth/rest’) que echán para atrás: baterías machaconas, sintetizadores límpidos y solos de guitarra de estudio. Pero como ocurre en todo lo que es esencialmente bueno: hasta lo que roza lo cutre acaba, simplemente, rozándolo.

La viril ‘Perth’ es solo un entremés antes de la magistral ‘Minnesota, WI’, una joya con un inicio de guitarras espeluznante y una estructura cambiante que te va llevando de un callejón sórdido a un luminoso clímax de coros y vientos emotivos. Sin épica, todo a media voz, pero el vuelo es de altura.

Otro momento importante es ‘Holocene’, un mar de olas deshaciéndose en la orilla como un lamento sin fin, con una interpretación vocal alucinante y unas bellísimas armonías vocales: suave pero no inofensivo, con la suficiente carga de dramatismo como para hacerlo real.

Otra cumbre del disco es ‘Towers’, canción que se inicia con una guitarra eléctrica y una voz aguda adornadas con alguna distorsión y leves percusiones, que de repente pasa a convertirse en un efusivo medio tiempo country-folk amasado por violines y trompetas. En ‘Hinnon, TX’ parecen otro grupo, sin guitarras, sólo con sintetizadores y arreglos electrónicos, sin perder la clase y con arrebatadores estribillos soul.

No conviene despistarse al final, porque la antepenúltima canción es ‘Calgary’, una balada-crescendo que se encuentra entre lo más accesible del álbum, con un puente intermedio áspero y ruidoso que recuerda a Brian Eno y Talking Heads.

Bon Iver, mucho más que un grupo folk: distinto y emocionante. Justin Vernon: un pequeño gigante canadiense.

Canción de la semana (92)

06 ago 2011
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Título: ‘Desire’

Artista: Anna Calvi

Incluida en: ‘Anna Calvi’ (Domino, 2011)

Escuché el concierto de Anna Calvi en el FIB. Digo bien escuché: escribía una crónica a toda mecha, semiautomáticamente, mientras en el escenario más próximo retumbaba una voz dolomítica, pétrea y oscura, propulsada por una banda rocosa y de una contundencia marmólea. Era Anna Calvi. Sonaba, sí, a gloria, pero sólo sonaba (para mí). Anna Calvi es la nueva América. Aunque sea inglesa de ascendencia italiana, Patti Smith la acogería gustosamente como hija adoptiva. Rock grueso, adictivo como el pop, acogedor como el folk y expansivo como una carretera en el desierto.

Destripando a Amy

30 jul 2011
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Amy Winehouse era quien era y podía hacer con su vida lo que libremente quisiera. Sin embargo, como tantas otras veces, los medios de comunicación, especialmente los tabloides británicos, pero no solo ellos, exprimieron al máximo los descalabros vitales y emocionales de la cantante sin ningún tipo de pudor durante toda su carrera.

Recuerdo una entrevista en la que Jeff Tweedy, cantante de Wilco, criticaba el tratamiento de los medios de la drogadicción y los episodios de delincuencia de Pete Doherty. Estoy de acuerdo con él: en casi todas esas informaciones, hay una ausencia dolorosa de la tragedia que puede esconderse detrás del personaje, una banalización de los hechos y las situaciones que solo puede tolerarse desde la información-espectáculo.

Tanto Winehouse como Doherty (sobre todo este último) le deben su popularidad, en gran parte, a aparecer una y otra vez en los periódicos protagonizando su penúltima penosa aventura (en el caso de Amy, ya no habrá penúltima). Dos artistas sobresalientes, pero cuya fama se debía a otros motivos. Dudo mucho que un periódico le diera una página a Pete Doherty con motivo de su gira española si no fuera por su continua exposición extramusical.

El día de la muerte de Winehouse, un colega de profesión dijo que esperaba que los medios no trataran el tema como una tragedia mayor que cualquier otra muerte. Yo opino justamente lo contrario: morir con 27 años, tras padecer varias depresiones, enganchada al alcohol y a las drogas y encima sufriendo el escarnio público cada vez que salía de casa es claramente una tragedia mayor que otras muertes.

Al final, la tragedia de una vida es no vivir en libertad, lo que uno decide vivir. Sólo hay que ver las imágenes del concierto de Belgrado para comprobar que Winehouse no debía estar sobre el escenario en ese momento.

Alimentar el morbo de la audiencia explotando la intimidad y la desgracia ajena es una actividad denigrante a la que, por desgracia, ya nos hemos acostumbrado. Yo no veo la tele desde hace diez años, pero hace dos semanas vi unos minutos de ‘La noria’ y de ‘Mujeres, hombres y viceversa’ y me revolvieron el estómago, por no decir que sentí asco, vergüenza ajena y, sobre todo, pena.

¿Es teatro? A veces, no. A la gente le divertirá, pero, ¿a costa de qué?

Canción de la semana (91)

24 jul 2011
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Título: ‘Swastika sweetheart’

Artista: Lüger

Incluida en: ‘Lüger’ (Giradiscos, 2010)

El adjetivo bombástico debió acuñarse para esta canción. Esto es un ataque de artillería pesada, dispuesto a arrasar la ciudad y luego engullir el suelo sobre el que se asienta. No dejar un ser con vida. O si alguno sobrevive, que quede desquiciado. No hay tregua: psicodelia atómica. Tan bruto que mete miedo, claro. Lüger son de Madrid pero bien podrían haber nacido en un pueblo del norte de Alemania que vive de una fábrica siderúrgica. Primitivo y esquizofrénico. Lo que viene siendo un pepino, vamos.

Los guitarrazos del marido de Kate Moss

23 jul 2011
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Publicaron su primer disco en 2003, después de cartearse vía mail pistas de canciones que iban fraguándose a 8.000 kilómetros de distancia: Él, Jamie Hince, en Europa y ella, Alison Mosshart, en Estados Unidos. Así nació The Kills.

Ese año les entrevisté en la oficina madrileña de Everlasting, ahora Pop Stock!, en una desordenada sala de reuniones que daba la sensación de no haber albergado ninguna reunión en mucho tiempo. Ella, alta, guapa, sencilla y con el flequillo colgándole sobre el labio. Él, derrengado en un viejo sofá, tocaba una desvencijada guitarra española a la que le faltaba una cuerda.

Saludaron con afecto y, tras la primera pregunta, Hince comenzó a pasar páginas en un bloc de notas hasta que dio con lo que buscaba. “Como muchas preguntas son las mismas, hemos escrito nuestros comentarios y así vamos más rápido”, soltó, entre elegante y sarcástico, tras acabar de leer la respuesta.

El método era práctico, pero le sugerí que si en algún momento se le ocurría algo nuevo que no hubiera dicho antes, no dudara en añadirlo. Afortunadamente, no necesitó volver a consultar su cuaderno.

Lo más curioso llegó después. Uno no suele cuestionar a los grupos por cosas tan precisas, pero en mitad de la conversación les comenté que molaba mucho el sonido de la guitarra que abría la canción ‘Wait’. “¿Sí? Es esta”, dijo Hince señalando la antigualla que tenía entre las manos. Sin la tercera cuerda, rasgueó el inicio. “Suena increíble. La compré en una tienda de segunda mano de Londres”. Creo que me dijo que por diez libras. Me empecé a interesar un poco más por ellos.

Ocho años y cuatro discos después, la carrera de The Kills sigue pasando bastante desapercibida. En abril publicaron ‘Blood pressures’ y el eco, al menos aquí en España, ha sido bastante tímido. Se habló más de ellos por la relación de Hince con Kate Moss que por sus intensas, vigorosas, electrizantes y contagiosas canciones.

Sin inventar nada nuevo, merece la pena escuchar sus discos, especialmente este último, donde uno puede encontrar jugosas raciones de blues-rock oscuro, enérgico, elegante y con pulso actual. Tan sencillo que parece que cualquiera podría hacerlo, pero sólo es apariencia: no todas las cantantes interpretan con la incisividad y sensualidad de Mosshart, ni todos los grupos tienen el gusto tan afinado como para arreglar su repertorio con tal exquisitez.

Música de club de carretera para bailar (sí, bailar) a altas horas de la madrugada. ‘Blood pressures’ huele a alcohol y tiene cara de mala leche. Hits no le faltan. La tríada inicial es dura: ‘Future starts slow’, ‘Satellite’ y ‘Heart is a beating drum’. Huyen de los desarrollos obvios y canciones como ‘Nail in my coffin’ parecen tener vida propia, como debe ser. No pierden tensión, no flojean, suenan crudas, te mantienen en vilo…

Y de repente, te sueltan un baladón a lo Marianne Faithfull que te pone la carne de gallina: ‘The last goodbye’.

Bastante serio. Un buen disco para recuperar en verano.

Canción de la semana (90)

20 jun 2011
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Título: ‘La explicación’

Artista: Combo Dinamo

Incluida en: ‘Quieto, muere, resucita!!!’ (2011)

La escena musical gallega brilla. Triángulo de Amor Bizarro acaban de triunfar en los Premios Ufi. Hace unos días, Jane Joyd ganó el Proyecto Demo del FIB. Gracias a la información confidencial del núcleo gallego de ‘Público’, he encontrado esta canción, bastante chula, de Combo Dinamo, grupo de la resistencia sixtie coruñesa con una buena ristra de hits contagiosos y regusto psicodélico. Otra demostración de que, si sus políticos la dejan en paz, Galicia podría conquistar el mundo.