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El detonador

Un blog sobre música

Rapidshare, ¿los días contados?

29 abr 2009
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rapidshare-tools-for-free-premium-u.jpgEl nuevo dolor de cabeza de Teddy Bautista tiene nombre y un grave problema: se llama Rapidshare y los días de vacas gordas se le están acabando. Al parecer, la compañía se ha visto obligada a entregar “a discográficas datos de usuarios acusados de compartir, a través del sitio, álbumes antes del lanzamiento de los mismos”. La sombra de Teddy es alargada y le puede cubrir a cualquiera en cualquier momento.

Y ya estaba tardando. Desde hace tiempo, la mejor forma de conseguir música en Internet eran páginas como Rapidshare o Megaupload.

¿Por qué? En primer lugar, por la rapidez. Si en Emule, Soulseek o las tradicionales redes de P2P la descarga de un disco tarda, siendo afortunado, un cuarto de hora, en Rapidshare el proceso se reduce a tres minutos. Además, con las canciones el usuario suele colgar también la portada del disco.

La comodidad de este servicio añade otro factor: no te tienes que descargar un programa al ordenador. Con teclear en Google el nombre del disco y la palabra Rapidshare, rápidamente aparecen numerosos enlaces desde donde descargar el álbum. Para la gente que se conecta a Internet desde el trabajo esto es fundamental, ya que en sus ordenadores de empresa no pueden descargarse programas informáticos, pero sí navegar por la Red.

¿Inconvenientes? Que el servicio gratuito de Rapidshare sólo te permite descargar los discos de uno en uno. Para descargar un segundo álbum es necesario esperar, hasta hora y media y dos horas, en ocasiones.

Así que usuarios de Rapidshare, cuidad vuestros movimientos que después de Emule vais vosotros.

Por otro lado, no sé hasta qué punto es legal, como dice la información de Aliado Digital, que Rapidshare entregue información de sus usuarios a las discográficas. Vamos, estoy seguro de que es totalmente ilegal (e inmoral, añadiría). Veremos en qué termina el asunto.

¿Por qué no hay música en la tele?

27 abr 2009
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(Publicado en ‘Público’ el 24/04/2009)

pianista.jpgGran pregunta. ¿Por qué no hay un buen programa de música en la televisión? Se me ocurren muchas respuestas y todas apuntan en la misma dirección: la televisión pública (que en una cadena privada se produzca un programa de música con calidad ya ni se plantea). Televisión Española, como si de una empresa más se tratara, históricamente ha priorizado la audiencia y la rentabilidad comercial a atreverse a hacer un programa musical serio, crítico y con fundamento.

El último ejemplo fue iPop, que no cumplió un año. ¿A nadie se le ocurrió pensar que hay contenidos que necesitan tiempo para crecer, para encontrarse en su esencia? Más allá de que el modelo de programa fuera acertado o no, lo que más indigna es que los proyectos en Televisión Española sean tan endebles, que se crea tan poco en ellos, que se vendan como la panacea de lo cultural para salir en la foto y luego se los ventilen como quién apaga una cerilla. Cuando se habla de música, parece que en TVE se olvidan de qué va la vida: va de plantar la mejor semilla que uno encuentre, y a partir de ahí regarla, cuidarla y mimarla. Todos los días. Pisarla es feo, ¿no?

La canción de la semana (9)

26 abr 2009
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Título: ‘Rave on’

Artista: M. Ward

Incluida en: ‘Hold time’ (4AD / Pop Stock!, 2009)

Cuando oigo una canción de M. Ward siempre pienso: “La de música regulera que se anda haciendo por ahí en comparación con esto”. El tipo, con cinco discos a sus espaldas, es el culmen del buen gusto. Sus canciones, que en su esqueleto repiten patrones de baladas oldies, rock and roll, blues y country, están arregladas de tal forma que suenan totalmente actuales. Hay que estar atentos para percatarse de la huella de Ward, porque todo lo que hace lo hace con exquisita meticulosidad. Como en este ‘Rave on’, segundo single de su último disco. Todo fluye en su música con docilidad y armonía, parece que no pasa nada y al mismo tiempo la canción te atrapa irremediablemente. Luego te das cuenta de que el francotirador Ward está medio escondido, disparando ráfagas medio invisibles (fijaos en ese ruido que acompaña el inicio del tema, en la textura aterciopelada de los coros, los detalles de guitarra -con dos notas hace lo que otros no consiguen ni con todo un solo-…). Como veréis, nuestro amigo tiene buen gusto hasta para el vídeo.

Mola y no mola: la caja de Calamaro

24 abr 2009
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Andrés Calamaro, el ínclito hiperautor hispano-argentino, hombre de egos y excesos, varón de corazón esponjoso, muy amigo de sus amigos y más todavía de sí mismo, músico brutal y genial, alumno de la escuela del riesgo -luego profesor y doctor honoris-, velocista de la droga, buscador ciego y hambriento, ser humano, en definitiva, ser humano que vivió muchas vidas en una sola y casi se salió de la pista, Andrés, la voz del millón de dólares, acaba de publicar una caja negra, voluminosa, brillante, bien empaquetada y que huele a nuevo, titulada ‘Obras incompletas’ (seis CDs y 2 DVDs).

Mola y no mola.

Mola porque trae medio centenar de canciones inéditas.

No mola porque de ese medio centenar hay una quincena de versiones que hace Calamaro de otros artistas (le prefiero cuando se canta a él mismo).

Mola porque rescata verdaderas joyas de las sesiones de grabación de la trilogía de diamantes: ‘Alta suciedad’ -’De la lluvia’ es un single clarísimo-, ‘Honestidad Brutal’ -espeluznante ‘Mal en mí’- y ‘El salmón’ (drum ‘n’ bass, spoken word, hip hop…).

No mola porque -y aquí sí que voy a ser exigente- trae tres CDs con éxitos que ya hemos escuchado y tenemos en sus discos originales. Incomprensible, sabiendo que esta caja es principalmente para fans. Dudo mucho que un neófito calamariense la compre. Empezará, lógicamente, por otro disco. Entonces, ¿por qué esos tres CDs inservibles?

Mola porque viene con un libreto bastante chulo con todas las letras, ilustraciones y los datos técnicos de las grabaciones (aunque en algunas canciones se olvidan estos detalles, con lo que se hace difícil identificar la época). Qué decir de los textos que acompañan cada canción, del propio Andrés y con firmas invitadas como Loquillo, Iván Ferreiro o nuestro amigo Coti Sorokin.

No mola la versión de estudio de ‘Revolución turra’ (vaya sobreproducción chunga). La versión casera que aparece en ‘El Salmón’ gana por goleada.

Pero mola que la hayan incluido en esta caja y así las podemos comparar (y dar la razón al Calamar argentino frente a su casa de discos, que querían publicar la otra para poder ponerla en la radio).

No mola que haya tantos temas de la banda sonora de ‘El delantal de Lili’. A mí me aburren.

Mola una de las actuaciones del DVD: los cinco temas en Buenos Aires en 1999 (ver los dos vídeos). Algo portentoso. Si alguien me pregunta alguna vez qué es una banda de rock, me pensaré muy mucho si ponerle el dvd de Springsteen en Londres en 1975 o esto. Depende de quién me lo pida, haré una cosa u otra. Son seis tíos totalmente entregados a lo que hacen, una máquina de rock tóxico, creyentes de la religión de Mick Jagger, una apisonadora de decibelios, una panda de locos insobornables camino de la locura.

No molan los videoclips de tus canciones. ¡Si ya están en YouTube!

Molan los vídeos de las grabaciones post-Salmón, auténticos delirios psicotrópicos no aptos para menores. Ese momento en que se le ve en una angosta habitación, vestido con un batín azul, rodeado de sintetizadores y luces de discoteca, y sentado en una silla dando cabezadas mientras se oye un siniestro zumbido, eso es algo terrorífico. Un auténtico científico loco del sonido.

No mola que se haya dejado tantas canciones sin publicar. Sacar una treintena de canciones, de las 300 que decía que había compuesto en tres meses, es muy poco. Y las otras 270, ¿dónde están? (sólo para los que sufran de calamaritis, of course)

Mola (y asusta) ‘Rivothriller’, una canción en la que se dedica a leer la receta del Rivotril. Cosa dura.

Y bueno, si alguien quiere seguir el juego del Mola y no mola, pues en los comentarios. Y no os paséis con las gracietas, que os conozco.

La verdadera muerte del disco

22 abr 2009
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La industria discográfica está K.O., muerta, finita, out. Y una vez más: ni el top manta ni las descargas por internet son los culpables. Es que su propio nombre está muerto: dis-co-grá-fi-ca. No es que no se vendan CDs, señores, ¡es que ya nadie escucha música en CDs! El problema no es Internet, el problema es el soporte.

Y que nadie venga con el regreso del vinilo, porque eso es una moda muy pasajera y muy marginal que le servirá a alguna discográfica para maquillar el balance a fin de mes y poco más. No, señores, el disco y el CD han muerto. Los que quedan son sólo cadáveres vivientes: fiambres con cara de zombie.

No siento pena ni por los unos ni por los otros. Nunca entendí esa adoración por los vinilos, tampoco echaré de menos al CD. A mí lo que me gusta es la música. Es más, que nos liberemos del objeto me parece una derrota del materialismo e incluso del consumismo desaforado.

Hace unos meses fui a un festival en el extranjero y uno de los periodistas españoles se tiró una mañana comprando CDs. Serían más de treinta. El último día, mientras comíamos, nos los fue enseñando uno a uno. Se gastó una pasta. Yo pensaba: ¡pero si todo eso me lo puedo bajar desde casa!

Pero por debajo de la desaparición física del disco, está la verdadera muerte del disco: la muerte del concepto de álbum. Esto es más preocupante.

Los hábitos de consumo de música han cambiado. Antes, y cuando digo antes me refiero a los últimos 60 años, la única manera de acceder a la música era, aparte de escuchar la radio, comprarla, ya fuera en forma de disco de vinilo, casette o compacto.

Los soportes fijaban el límite a la música: había sitio para 70 minutos, más o menos. Así nació el álbum de canciones y más tarde lo que se denominó álbum conceptual, que no era sino un conjunto de canciones que tenían un nexo en común. Uno de los álbumes conceptuales más famosos de la historia es ‘The Wall’, de Pink Floyd, que más tarde se adaptaría al cine.

¿Ahora cómo se accede a la música? Básicamente, te metes en Internet y te descargas canciones. Alguien podrá decir: “Sí, pero te descargas discos”. Bueno, te descargas las canciones de docena en docena porque el formato CD todavía es el estandar, pero… ¿qué ocurrirá dentro de diez años?

Antes no había manera de almacenar más de 15 canciones juntas. Ahora puedes meter 15.000 en un reproductor de MP3. ¿Cómo será el futuro? ¿Cómo es hoy?

A mí, personalmente, me inquietaría que desaparecieran los álbumes conceptuales. Algunos de mis discos favoritos de todos los tiempos son conceptuales (diré uno: el imprescindible ‘Death of a ladies’ man’, de Leonard Cohen), ya sea por el tema o por el sonido.

Por otro lado, sin los discos tal y como los conocemos nos libraríamos de las malditas canciones de relleno, uno de los peores y más extendidos males del Long-play.

No sé, ¿qué pensáis? ¿Seguirán publicando los músicos canciones de diez en diez o harán otra cosa? ¿Empezarán a colgar una canción cada mes? Yo no lo sé, vosotros quizás sí.

Capitalismo musical

21 abr 2009
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roto.jpg

A Andrés Rábago sólo le faltó la dedicatoria. La añado yo: para Kiss FM.

La canción de la semana (8)

19 abr 2009
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Título: ‘Sea within a sea’

Artista: The Horrors

Incluida en: ‘Primary Colours’ (XL / Pop Stock!, 2009) A la venta el 4 de mayo

The Horrors surgieron en 2007 como un grupo segundón del último rock británico, un ‘hype’ elevado a los altares por la New Musical Express cuando ni siquiera habían publicado su disco de debut. Olía a pastiche que tiraba para atrás, sobre todo cuando lo más relevante que se decía de ellos era que destrozaron parte del mobiliario de la sala Moby Dick a su paso por Madrid el año pasado (causando heridos). Luego escuchabas su disco de debut, ‘Strange house’, y, la verdad, su rock siniestro con influencias del garage de los sesenta convencía. Pero comparado con esto que veis a la izquierda, su nuevo single, era un inofensivo juego de niños. ‘Sea within a sea’ es el adelanto de ‘Primary colours’, el acongojante segundo álbum de The Horrors, producido por el Geoff Barrows (Portishead) y que presenta un giro bastante radical a su sonido. Oscuridad abisal, ritmos marciales y densidad hipnótica en un álbum que sintetiza con valiente maestría el rock más claustrofóbico de los últimos cuarenta años. Y sí, lo de la derecha son ocho minutos y pico, pero os aseguro que merecen la pena y no será tiempo perdido. Pasen y vean.

Elle Belga, el pálpito astur

17 abr 2009
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elle-belga.jpg¿Se puede hacer un disco elegante y emocionante, actual y enraizado en la tradición, delicado y tenso? Difícil, pero posible. ¿Y se puede hacer en España? Sí, se puede. En Gijón, más concretamente. Se llaman Elle Belga, son dos (pareja, para más datos) y ’1971′ es el título de su exquisito disco de debut.

Hagamos las presentaciones. Elle Belga son José Luis García y Fany Álvarez. De esta última poco se sabe, pero García os sonará porque cantaba, tocaba la guitarra y componía las canciones de Manta Ray, grupo de rock vanguardista de los años noventa en el que también militó Nacho Vegas.

Pues bien, ha dejado a un lado las aventuras sonoras avanzadas (“Lo simple puede serte fiel sin dudar”, canta aquí en ‘Todas las cosas’) y se empeña, junto a su pareja, en labrar, sí, labrar, diez nanas lluviosas y palpitantes que entroncan con la música tradicional y a la vez parecen abrir caminos con dirección a excitantes destinos. Los mineros, de haberlos, cantarían hoy en día canciones de Elle Belga. Las mujeres de los mineros se las cantarían a sus bebés.

Hay drama y calor suficiente para ello: “El tiempo está muerto y de nada sirve mi amor sin ti”, canta Fany Álvarez en ‘El tiempo’.

Yo me lo pondría todo el día, pero lamentablemente tengo demasiadas cosas que hacer, así que me he visto obligado a desearlo durante las dos o tres últimas semanas, observarlo entre la pila de cd’s amontonados con apetito, esperar ansioso ese momento en que terminas lo que hay que terminar y, finalmente, anhelante y tembloroso, introducirlo en el reproductor y sumergirme en él.

Porque en ’1971′ te sumerges. Es el Cantábrico, envolviéndote compasivo. Curioso, quizás admirable, cómo diez canciones pueden capturar una instantánea tan certera del lugar donde fueron creadas. La tierra y el mar, penetrando entre las notas y los silencios. Melodías borrascosas, letras nubosas, guitarras cristalinas y trompetas frondosas. Es Asturias, no otro lugar.

Pero ’1971′ es más que una foto. Es un trozo de belleza, robada y ahí plantada. No preguntes de dónde viene.

Los ingredientes están a la vista, pero priman sus dos voces: susurrantes y misteriosas, muy trabajadas, húmedas y frágiles, diálogos desnudos entre ellos y también con ellos, sobre soledad, huidas, tentaciones y dolores.

Hay dos pastelitos -’Todas las cosas’ y ‘Dulce niña’-, pero el secreto hay que encontrarlo en la densidad de ‘La nana de la Mora’ o en la repetición hipnótica de ‘Cada día’, una especie de haiku medieval asturiano.

Es la belleza de lo simple: para llegar a ella hay que complicarse mucho la vida con anterioridad.

PD: Peleado con la tecnología estoy. Esta noche intentaré subir un par de MP3. Por ahora, podéis escuchar a Elle Belga en su Myspace.

Coti, el rockero más generoso

14 abr 2009
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Es curioso lo de Coti Sorokin. Un enigma. No lo acabo de comprender. ¿El qué? Que un músico que participó en las sesiones del catedralicio ‘Honestidad brutal’, de Andrés Calamaro, y que co-escribió algunos de los mejores temas de los últimos discos de Julieta Venegas -la mexicana, como ya he dicho en algún post anterior, me parece de lo poco salvable de la radiofórmula en el siglo XXI-, luego haga discos tan malos. Sólo se me ocurre una cosa: es un tipo muy generoso y da lo mejor de sí en los discos de otros.

Coti Sorokin es un artista de cuatro canciones y poco más, aunque se nos intente vender como alguien que está labrándose una carrera discográfica con sentido y en crecimiento. Es más, intuyo que su éxito será pasajero, fruto de una canción resultona como ‘Nada de esto fue un error’. No calará en el público, como les ha ocurrido a tantos otros (me viene a la mente un concierto de Jarabe de Palo en 2003, con la sala La Riviera de Madrid medio vacía, todo bastante triste).

Luego, su visión de lo musical me parece tibia. En una entrevista dijo que su álbum en directo lo había grabado en un plató con público para poder repetir las tomas que salieran mal. ¿Y eso se puede considerar un directo? Por no hablar de sus comentarios sobre la piratería: “Yo creo que la piratería sí es un delito, es como robar un coche. Yo no le doy más valor a un coche que a un disco; yo un coche me lo paso por el culo”. Así, con delicadeza.

Su nuevo disco se llama ‘Malditas canciones’. Es duro decirlo, pero también obligado: esto no hay quién lo salve. Lo escucho por segunda vez y me doy cuenta del error en el título de este post: Coti no es el rockero más generoso, sino el POPERO más generoso. ‘Ya pasó’, el segundo tema, parece escrito para Paulina Rubio, mientras que ‘Nunca tendré’, primer single del disco, le pegaría más a El Sueño de Morfeo (que, por cierto, amenazan con nuevo disco para mayo).

Una vez reconocido el corazón popero del rockero Coti, hay que ser justos: atina a la hora de fabricar algún que otro estribillo agraciado (sobre todo para sonar a todas horas en la radio, aunque él niegue la mayor).

Pero un par de melodías pegadizas no sostienen un álbum entero, sobre todo al lado de medianías como ‘Perdóname’ o ‘Tanta magia’, dos baladas con textos inofensivos, interpretación plana y melodías bastante pastelosas.

En ‘Jugando con vos’, cantada a pachas con Pereza y Sidonie, uno se entera que Coti no tuvo suficiente con saquear el estilo de Andrés Calamaro. Ahora le mete mano a otro Rodríguez: Ariel Rot.

‘Comer tu boca’ tiene un cálido ritmo country, pero la letra y las ganas de echar a correr llegan al mismo tiempo:

“Pero pienso, pienso, pienso, pienso
y pienso en el momento de comer tu boca,
y todo este tiempo toda espera me parece poca”.

Toma ya. No es la única rima fácil: poco antes unió “espera” con “desespera”. ¿Para qué esforzarse, verdad? Al menos, Calamaro reconoció que algunas canciones las compuso con un diccionario en la mano.

Todo esto no hará que nos libremos de Coti en las próximas semanas. Quizás en esta ocasión no llegue al verano, pero será difícil evitar la onda expansiva de sus tonadas descafeinadas. Como dijo su compatriota Juana Molina: “Sálvese quién pueda”.

La canción de la semana (7)

12 abr 2009
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Título: ‘Made in the dark’

Artista: Hot Chip & Robert Wyatt

Incluida en: ‘Made in the dark EP’ (EMI, 2009)

No se me ocurre ninguna canción más apropiada para regresar al curro con cierta cordura después de las vacaciones. ¿Sientes el impulso de acelerarte? Pues espera un momento. No le des a tu empresa más energías de las que merece. Pulsa el ‘play’ al YouTube de la izquierda y escucha la apabullante letanía que te sirven, mano a mano, los exquisitos Hot Chip -los últimos reyes del pop bailable, autores de un tema tan excitante como ‘Ready for the floor’, a la altura de muy pocos- y el legendario Robert Wyatt, armado con sus trompetas celestiales y sus voces fantasmales. La colaboración surgió después de que Hot Chip remezclara un tema de Wyatt, ‘This summer night’. Al viejo componente de Soft Machine le gustó tanto que decidió devolverles el favor y grabó con el grupo londinense otras tres canciones, esta vez de los propios Hot Chip y elegidas personalmente por Wyatt. En la web de Hot Chip te puedes descargar dos de ellas.

PD: Por cierto, el bodegón que aparece en el YouTube no se debe a que la persona que lo colgó sea un fanático de Caravaggio: se trata de la portada del EP.