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El detonador

Un blog sobre música

Amanda Palmer quiere que su sello la eche

08 abr 2009
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Así de simple. Amanda Palmer, cantante de The Dresden Dolls que ha publicado su primer disco en solitario, quiere que su casa de discos la despida. ¿Cómo? No sabe, pero de momento le ha compuesto una terrorífica declaración de desamor a Roadrunner, como se llama su discográfica (la podéis escuchar a la izquierda).

Lo que ha conseguido Pedro Solbes con un poco de paciencia, a Amanda Palmer le está costando el sudor de su frente.

No es un buen momento para las relaciones entre artistas y sellos discográficos, eso está claro. Y alguno se preguntará: ¿Y por qué no se pira? Pues porque no puede. Sólo hay que escuchar lo que dicen los chicos de La Excepción.

Al parecer, Amanda Palmer está bastante harta del trato que recibe desde el sello, una queja que se está empezando a convertir en una coletilla cuando hablas con un artista. Pero mientras gente como Radiohead directamente sacan el álbum por su cuenta y otros como Patrick Wolfe hacen colectas para grabar su disco, Amanda Palmer se dedica a lanzarles recaditos con forma de lo que mejor sabe hacer, canciones.

La de ahí arriba, titulada ‘Please drop me’ (Por favor, echadme), la tocó en uno de sus conciertos de esta gira. En realidad, la música es ‘Moon river’, con la letra de Palmer adaptada. No se sabe si había alguien del sello en la sala, al parecer no, pero a buen seguro que vía Internet se habrán enterado. Incluso tenemos la letra (en inglés, eso sí):

Please drop me
I don’t fit on your roster
I’m tired of this pointless shit
Please drop me
What do I have to do
I’m tired of sucking corporate dick
You don’t get me
You won’t let me
Continue my career in peace and it’s making me sad
Too late now to fix this fucking mess
So please just let me go
I swear you won’t miss me
You don’t love me
I’m not making you any money
Plus you’ll still have Slipknot
And Annihilator and Machine Head
And Cradle of Filth and Megadeth
And 3 Inches of Blood and Life of Agony
And Mutiny Within and Hatebreed
And Killswitch Engage and Nickelback

Para los que no sepan inglés: la Palmer viene a decir que la dejen pirarse, que está cansada de “chupar pollas corporativas” (así de simple y llano) y que en realidad tampoco les está haciendo ganar mucho dinero. Que para eso tienen a… (y ahí enumera a unas cuantas bandas del sello, bastante exitosas, por cierto).

Y es que Amanda Palmer se ha dado cuenta de que se las puede arreglar ella solita. Como cuenta en esta entrada de su completísimo blog (sin duda, el blog de artista más exhibicionista que conozco; además, traducido al español por un tal Dani Barrio, una labor bastante impresionante), durante su gira australiana una noche lanzó un mensaje en su twitter proponiendo una quedada para el día siguiente: a las tres de la tarde en un parque de la ciudad de Auckland.

Pues bien, allí aparecieron decenas de fans, como se ve en esta foto.

palmer.jpg

“¿Quién necesita un sello teniendo una cuenta de Twitter?”, se está planteando la Palmer.

Y es que el Twitter, ese ‘Facebook esmirriado’ cuya utilidad yo no acabo de entender (por favor, si alguien se anima…), está calando entre la comunidad de artistas. Flipad con esta página, aquí.

¿Qué creéis vosotros? ¿Puede un artista arreglárselas sin su sello? ¿Ha llegado Internet a dar tanto de sí? ¿Eres artista y lo has intentado? (Y si alguien se anima y me dice para qué sirve Twitter cuando no te llamas Amanda Palmer, que me eche una mano).

La canción de la semana (6)

05 abr 2009
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Título: ‘I am goodbye’

Artista: Bonnie ‘Prince’ Billy

Incluida en: ‘Beware’ (Drag City / Pias Spain, 2009)

Parece un loco que se acaba de escapar del manicomio de Louisville (Kentucky) y vagabundea por la calle tarareando una canción, pero no, ese señor de peinado esquizofrénico, barba bíblica y andar heterodoxo no es otro que Bonnie ‘Prince’ Billy. Ataviado con una camiseta de… ¡Turquía!… el barbudo más inspirado y hondo del folk estadounidense recorre las calles en lo que podríamos denominar una versión lo-fi del vídeo de ‘Bittersweet symphony’. La canción en cuestión se llama ‘I am goodbye’ y es una magnífica tonada country-folk, rural, soleada y con un estribillo coreable y festivo. Está tan bien interpretada -nunca está de más recordar la calidez y gravedad de la voz de Billy- y arreglada -esos violines-, que sólo es necesario abrir bien los oídos -y en este caso, como va con vídeo, los ojos-, para disfrutarla.

El último freak (2)

04 abr 2009
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carlos_santana.jpgCarlos Santana urge a Barack Obama a legalizar los porros. Su receta: “Legalizar la marihuana, coger todo ese dinero e invertirlo en profesores y educación”.

Visto aquí.

Angus Young es una bestia parda

03 abr 2009
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Confieso que si tuviera que irme a vivir a una isla desierta (en ocasiones, cuando hago el trasbordo de metro en Nuevos Ministerios lo suplico) y me viera obligado a llevarme sólo tres discos, ninguno sería de AC/DC. Si en lugar de tres fueran veinte, lo mismo.

Por eso fui al concierto del Palacio de Deportes de Madrid en plan ‘voyeur’. Sí, en plan crítico. La gente estaba enloquecida y ya se sabe que la masa adormece el espíritu crítico. La masa entregada de antemano (como debe ser, son parte del espectáculo).

Luego, quizás demasiado tarde, me di cuenta de que en un concierto de AC/DC tampoco entran en juego demasiados factores a analizar. ¿El sonido? Bien. ¿La escenografía? Muy currada. ¿El estado de forma del grupo? Notable. ¿La entrega? Absoluta.

Dos horas de apisonadora. Sin matices. Sólo apisonar. Hubo altibajos, algún minuto de la basura y una excesiva linealidad, muy propia de un repertorio en sí mismo lineal. El encefalograma de cuatro rectas paralelas: batería, guitarra, bajo y voz. Un show que se saben de memoria. Una coreografía.

Por ponerme quisquilloso, me pareció ver a un Brian Johnson con una expresividad bastante limitada. Dos contorneos de cadera, la cara de víbora, el movimiento del brazo en plan chamán y poco más.

AC/DC me dejaron sordo. El volumen fue brutal. Pero reconozco que una vez me hice con el sonido, vi todos los artilugios que había en el escenario (una locomotora, una pared de Marshalls, una pasarela que se introducía hasta el centro del público, una muñeca hinchable gigante de una streaper tetona…) y disfruté de los primeros clásicos (‘Back in black’, ‘Thunderstruck’…), la repetición de patrones me hizo perder la atención (¿quién lo diría?, a ese volumen).

Hasta que llegó ‘Let there be rock’, donde descubrí cara a cara (los vídeos no cuentan) al tercer miembro de la Santísima Trinidad del show-rock: Angus Young (los otros dos podrían ser Springsteen y Jagger, pero allá cada uno…). Vaya bestialidad: quince minutos de circo guitarrero que por sí solos valen el precio de la entrada, que en esos instantes parecía barata.

Verle tocar, subido a una plataforma de cuatro metros por encima del público en mitad del pabellón, fue algo así como ver una aparición. Todo cobró sentido. El rock, en su máxima expresión. Ellos lo crearon (o lo reinventaron).

Por ese camino, más no hay.

Pelea de gallos: Coldplay vs. The Killers

02 abr 2009
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coldplay.jpg the_killers.jpg

Yo pensaba que los nuevos U2 eran Coldplay. Parece ser que no. Ahora, tras su huracanado paso por España de hace unos días, los nuevos U2 son The Killers. ¿En qué quedamos?

Parece que el único criterio que entra en juego es que llenan Palacios de Deportes. Para mí, ninguno de los dos son los nuevos U2. Cada cual, eso sí, por un motivo distinto. Coldplay, porque desean tanto ser los nuevos U2 -y cada vez los copian más, productor incluido- que se descalifican ellos mismos. Y The Killers, porque a sus canciones todavía les falta la riqueza de matices y el doblez imprevisible de los mejores U2.

Sin embargo, no hay nada malo en no ser los nuevos U2. Es más: conociendo los últimos años de su trayectoria -y salvando el reconfortante ‘No line on the horizon’-, ¿quién quiere convertirse en semejante monstruo? En realidad, el único grupo que pudo ser U2 fue Radiohead, pero cuando les tocó dar el salto al estadio publicaron una cosa tan rara como ‘Kid A’ y ahí se quedaron.

Más allá de encontrar a los sucesores de Bono y compañía, pongamos en la balanza a los dos últimos grupos de pop-rock que han logrado arrastrar masas detrás de ellos y que han engatusado tanto al público indie como al mainstream. Pelea de gallos: Coldplay vs. The Killers. Comienza el partido:

1-0. Coldplay. Los discos de los de Chris Martin son más sólidos. A veces su pose erudita resulta un poco cargante, pero hay que reconocer que, en ciertos pasajes, huyen de los patrones obvios del rock y despliegan un sonido elaborado y refinado.

1-1. The Killers. Son más honestos. Son simples, pero al menos no tienen esa pose ‘arty’ pseudo-intelectual de Coldplay. Van a por el ‘hit’ directo sin maquillarlo con destellos vanguardistas.

1-2. Atención que marca de nuevo The Killers. Con toda su extravagancia y su vestuario hortera, prefiero a Brandon Flowers de ‘frontman’ antes que al soso y amanerado de Chris Martin. Este último me parece un timo en el escenario: no se hace con el espacio, no dosifica sus movimientos, le sobra languidez y le falta dominio de los tiempos del concierto. No tiene peso. Que conste que Flowers no es Mick Jagger, pero al menos hace algo distinto que intentar copiar a Bono (por cierto, en su forma de andar… ¿no os recuerda Flowers un poco a Ian Curtis, cantante de Joy Division? Sin insultos en los comentarios, por favor, que los borro).

2-2. Empata Coldplay. Estéticamente hay un abismo, pero más que por el gusto de Coldplay, por el carnaval abigarrado de The Killers. Para mí, hay algo definitivo: la estética falla cuando te da la impresión de que los miembros del grupo van disfrazados. Por ejemplo, Robert Smith me parece totalmente él mismo con sus pelos y el maquillaje (me lo imagino así yendo a la compra, tan natural). Los Killers, en cambio, parecen sacados del bastidor de ‘Menudas estrellas’ de Televisión Española.

2-3. The Killers vuelven a adelantarse. Se ha dicho (y creo que no fue Ansón) que The Killers son un grupo de una sola canción (por ‘Human’). Me parece injusto y falso. Dejando de lado temas de gran solvencia de sus anteriores discos (empezando por la fenomenal ‘All the things that I’ve done’), su último disco contiene, aparte de ‘Human’, no menos de cinco canciones notables y las digo: ‘Losing touch’, ‘Spaceman’, ‘Joy ride’, una balada tan conseguida y con un estribillo tan delicioso como ‘I can’t stay’ e incluso la discotequera ‘The world we live in’ tiene su aquél. A singles ganan al último de coldplay (la canción ‘Viva la vida’ me parece que está sobrevalorada, tampoco es para tanto).

3-3. Coldplay fuerzan la prórroga. Tienen una sensibilidad especial para dar matices a su repertorio. En general, su música es mucho más elegante y profunda. The Killers se pasan de, cómo diría, estridentes. A veces, a Brandon Flowers se le va la fuerza por la boca.

3-4. The Killers. Saben elegir muy bien sus versiones. En su día hicieron el ‘Why don’t you find out for yourself?’ de Morrissey y recientemente han grabado ‘Four Winds’, de Bright Eyes.

Increíble pero cierto. Todavía quedan diez minutos de partido y The Killers están a un paso de la victoria. ¿Algún gol más?