Se llama Ana López y es de Málaga, aunque, como se suele decir en estos casos, podría llamarse Jenny Smith y venir de Boston. Es parte de la onda expansiva generada por la explosión Russian Red. No pasa nada, no gana la que llega primero, no gana nadie, en realidad. ‘Motorway’, primer single de su disco de debut, es una más que digna carta de presentación. Melodía cálida, producción deliciosa y estribillo pegadizo. Simple y efectiva. Un pastelito, rico y crujiente, que no se pasa de azúcar (para mí). Y como buena canción pop, sus efectos son inmediatos: placidez, buen rollo, efervescencia y calidez. Como un beso. La escuchas y el mundo se convierte en un lugar, quizás no mejor, pero sí más acogedor. No es poco, aunque tampoco es todo.
El intercambio de SMS en los festivales es un clásico. Esto es lo mejor que entró en mi móvil (musicalmente hablando) durante los tres días del Primavera Sound, cuyo desarrollo ha cubierto Público y se puede leer aquí y aquí. Vamos con el Top 10:
10. “¡DJ Rupture está pinchando a Julieta Venegas!”
9. “Neil Young empieza con ‘Mansion on the hill’. A mi lado hay un señor con su hijo de cinco años en los brazos. Se sabe la letra de la canción (el niño)”.
8. “No sabía que Elton John tocaba este año” (durante el concierto de Joe Henry).
7. “En el Auditori están My Bloody Valentine. En el escenario ATP tocan al mismo tiempo los Sun O))). Tengo miedo”.
6. “Yo La Tengo han empezado con una instrumental. Llevan quince minutos y no paran. ¿Seguirán así una hora entera?”.
5. “Jarvis Cocker dice que es un héroe de la clase media. Yo diría héroe del bostezo”.
4. “No oigo nada” (después de los quince minutos de ruido estruendoso de My Bloody Valentine en la canción ‘You made me realise’).
3. “La tía de Bat for Lashes ha escuchado demasiado a Björk. Me piro a Vivian Girls. Al menos están buenas’.
2. “Si habías pensado en venir a Jesu, ¡no vengas! Vaya peñazo”.
1. “Ha empezado Aphex Twin. Creo que ese tío no es el de Aphex Twin’.
Si alguno habéis asistido y tenéis mensajes sustanciosos, en comentarios, please.
Lo de Wilco empieza a ser una religión. Cada vez que vienen de gira, sobrevuela un comentario unánime que los eleva a condición de dioses. Cuidado.
Wilco es un grupo con una obra maestra, un disco sobresaliente y otros cuatro álbumes dignos (sin contar los ‘Mermaid Avenue’ con Billy Bragg). Si sus tres primeros discos pasaron desapercibidos no fue por casualidad, sino porque eran discos convencionales, quizá rozando el notable, pero no lo suficientemente potentes para saltar el Atlántico y mucho menos para destacar entre el pelotón de bandas que pusieron de moda el alt-country.
Pero llegó ‘Yankee Hotel Foxtrot’ y, ahí sí, Jeff Tweedy y el malogrado Jay Bennett -no conviene olvidar a este último- le dieron una vuelta de tuerca al sonido del grupo y elevaron su propuesta a un lugar distinto. Hicieron un disco de rock de espaldas al rock, sin sus herramientas tradicionales, buscando espacios a base de vaciar las canciones.
El salto, arriesgado, funcionó. A la producción, exquisita y sofisticada, se le unió su mejor colección de canciones. Un disco de 9. Una joya que aguantará el paso del tiempo.
Sin ese disco, Wilco no estarían donde ayer estuvieron, llenando el teatro Calderón de Madrid a 70 euros la butaca, con todas las localidades agotadas desde hace semanas. Un buen pellizco.
Fue un gran concierto de rock, dos horas intensas, con su ración de píldoras melódicas y coloridas -cada vez más ecos de los Beatles-, ramalazos dosificados de experimentación y, al final, descargas de sudor.
Sin embargo, en dos horas de concierto Wilco enseña rotos, que los tienen, que están ahí, a la vista de todos. Estos son algunos:
Muchas de sus canciones son buenas, pero no brillantes. Hay mucha medianía en su repertorio, empezando por su nuevo single, ‘Wilco (the song)’, y terminando por temas como la insulsa ‘Handshake drugs’ o la anacrónica ‘Walken’. Incluso canciones consideradas como ‘hits’, como ‘A shot in the arm’, resultan más efectistas que sustanciosas.
No han sabido llevar sus canciones más experimentales al directo. La versión en vivo de ‘War on war’, que ayer no tocaron, nunca estuvo a la altura del disco, mientras que con ‘Kamera’ ni se atreven (les he visto seis veces y nunca la han tocado). Una de las pocas que funcionan es ‘Spiders’, aunque la coda final es un poco verbenera y cuando la tocaban con el sampler del disco sonaba más hipnótica, penetraba más. El resto de descargas de ruido y el empleo de cachivaches, me parecen pastiches que más que expandir el sonido del grupo lo embarullan (lo de ‘Via Chicago’ es un incomprensible asesinato).
Su intención de hacer un concierto en crescendo me parece desacertada: empezar lentos a base de medios tiempos y baladas y terminar con su repertorio más rockero hace que al concierto le falte dinamismo, matices, quiebros. Y la primera parte puede llegar a aburrir.
Por último, se echó de menos más riesgo en el repertorio. Sólo tocaron tres canciones de su nuevo disco, que se pone a la venta a finales de junio, pero que ya hemos escuchado todos (bien sea a través de su web o descargando una copia de las que circulan por la Red). El resto de canciones era material bastante escuchado en sus anteriores visitas a España. Muy manido.
Si a alguien se le ocurre alguna otra crítica, que hable ahora o calle para siempre. ¿O estoy solo en medio del desierto?
Yo me voy al Primavera Sound. El domingo prometo un balance.
Incluida en: ‘Wilco (the album)’ (Nonesuch / Warner, 2009)
Queda un mes para que salga a la venta el nuevo disco de Wilco, pero ya lo hemos escuchado todos (principalmente porque ellos mismos lo colgaron de su página web, igual que hicieron con su obra cumbre, aún por sobrepasar, ‘Yankee Hotel Foxtrot’). A dos días de verlos en el Teatro Calderón de Madrid -a ver qué tal funciona un show de Wilco visto desde un patio de butacas- me he encaprichado con este medio tiempo titulado ‘You & I’, cantado a medias entre Jeff Tweedy y Feist (la canadiense, en su segunda aparición en ‘Las canciones de la semana’, y otra vez en compañía). De no ponerla en contexto, colaría como un clásico de principios de los 70 de los que pasaban por M80. Algodón sedoso y melodías tiernas. Ahora que empieza el calor, esto tiene que sonar de muerte al caer la tarde, en un chiringuito de una playa semi-virgen, mirando al mar. Y uno aquí, a 100 metros de la Gran Vía madrileña, respirando tubo de escape.
Ya la está liando EMI otra vez. No tengo nada personal en contra de la insigne multinacional que publica los discos de Richard Hawley y Marisa Monte, pero es que últimamente no deja de meterse en líos. Es como el chico travieso de la clase.
Y es que EMI es la responsable de que uno de los mejores discos de este año se publique, atención, ¡en CD-R! !Y un CD-R en blanco! Sí, virgen e inmaculado.
Se trata de un disco grabado a medias entre Danger Mouse -el 50 por ciento de Gnarls Barkley- y el ínclito líder de Sparklehorse, Mark Linkous. Los dos son tan buenos haciendo lo que hacen en sus respectivos grupos que sobra decirlo: juntos pueden liar una buena.
Por si fuera poco, por si alguien no tuviera suficiente, la tercera pata del proyecto es David Lynch, que iba a completar el trabajo de los dos músicos con un libro de fotografías.
Pues bien: disputas legales con EMI han provocado que el disco-libro no se publique finalmente. Un disco que -ya lo digo ahora, porque lo he escuchado- es espléndido. Se titula ‘Dark night of the soul’ (en homenaje a un español, San Juan de la Cruz, ahí es nada) y baña las desarmantes canciones de rock de autor de Linkous con una producción heterodoxa de atmósferas oscuras, pasajes ruidistas y electrónica minimalista.
Sobresalen, por encima de todo, las personalísimas canciones de Linkous, auténticos lienzos de blues del siglo XXI.
Pero Danger Mouse no se quedó parado. No se atrevió a publicar el disco por su cuenta por temor a una demanda de EMI, pero ha hecho algo todavía mejor (y más imaginativo). Ha puesto a la venta un CD-R en blanco y anima a los compradores a que se bajen el disco de Internet.
El CD-R se puede adquirir a través de esta página web en dos modalidades: poster + CD-R a un precio de 10 dólares; o junto al libro de fotografías de Lynch -que es una edición limitada- por 50 dólares.
No sabemos la cara que se le ha quedado a la gente de EMI, discográfica que publicó varios discos de Sparklehorse y una colaboración anterior entre los dos músicos. Mucho menos la de sus abogados, que probablemente ya estarán trabajando en el caso.
Por cierto, tampoco es necesario comprar el CD-R para escuchar este magnífico disco (que cuenta con colaboraciones, ojo, de Suzanne Vega, Iggy Pop, miembros de los Pixies, The Flaming Lips y The Strokes). Yo lo escuché en YouTube, donde están colgadas todas las canciones (podéis ver dos aquí mismo, en el post, dos temazos).
Como todos sabemos, Antonio Vega murió el pasado martes, hace exactamente una semana. Ese mismo día, sólo unas horas después, la discográfica EMI anunciaba la publicación, para ese mismo viernes, 15 de mayo, de un recopilatorio del cantante.
La cuestión es: ¿Estaba previsto que EMI lanzara este recopilatorio el 15 de mayo? No seré yo el que diga que no, pero…
Primera incógnita: ¿Por qué no habían enviado ni un sólo mail a la prensa anunciando el disco en los días o semanas anteriores, como hacen con todos y cada uno de los lanzamientos?
Segunda incógnita: Si todos los lanzamientos discográficos se producen los martes, ¿por qué este se lleva a cabo un viernes?
La verdadera pregunta, entonces, es: ¿Tenía EMI preparado un recopilatorio de Antonio Vega y esperó a su fallecimiento para publicarlo?
Porque está claro que tres días no son suficientes para editar un disco de cero: hay que elegir las canciones, fabricar los cedés, hacer el libreto interior, etc.
Si es así, ¿qué pretendía EMI? ¿Aprovechar el ruido mediático causado por la muerte del músico para intentar sacar tajada económica? ¿Por qué no esperar unos días y evitar quedar como unos sacacuartos? ¿Era necesario comportarse de una forma tan calculadamente fría?
Ayer murió Benedetti. Ninguna editorial ha anunciado la reedición de ninguno de sus libros. Es más, el director de Visor dijo ayer que tenía un poemario del autor pendiente de publicación, pero como Benedetti no lo había corregido, es posible que ni siquiera lo llegue a publicar (gracias Pau, por la información).
¿Por qué EMI hizo todo lo contrario? ¿Tan poca pasta hay en caja?
No sorprende.
Las compañías discográficas no improvisan (salvo para hacer un negocio rápido, como es el caso). Saben cómo actúan los compradores, sobre todo los compradores compulsivos.
Por eso, siempre quieren que las informaciones sobre los lanzamientos o las entrevistas con los artistas se publiquen el mismo día que el disco sale a la venta, para que el mecanismo no se atasque: “La persona lee el periódico y acto seguido va a la tienda a comprarlo”.
Si el artículo de prensa sale publicado antes de que el disco esté en la tienda, el posible comprador se puede olvidar de lo que ha leído y ya nunca comprará el disco.
Así funciona el mercado. Y los medios, más o menos conscientemente, en el ajo.
Por eso, con Antonio Vega EMI actuó sin vacilaciones. ¿Para qué esperar? ¿Para perder pasta?
Triste todo, real también. Y Antonio, ¿que quería? ¿Alguien se lo preguntó?
Incluida en: ‘Por qué no me das tu dinero EP’ (Jabalina, 2009)
Desde hace años desconfío de los dúos cuyos integrantes son pareja. Hay muchos y pocos me gustan. Hay algo en ellos que huele a dormitorio aburrido. Klaus & Kinski son pareja, chico y chica, y de Murcia. Pero lo suyo es otra cosa: pura emoción, diría, lejos de las inanes letanías de otros dúos-matrimonio. Indie-pop que mezcla de forma impecable dulces melodías con oscuras capas de guitarras, distorsionadas pero a poco volumen. No suenan típicos, sino que manipulan tu atención dando giros inesperados a las canciones y facturando estribillos fulminantes. Incluso hay canciones donde mola que sean una pareja porque cuentan sus discusiones de pareja (pocos se han atrevido a eso, escuchad la última del EP ‘Por qué no me das tu dinero’ y veréis lo que es bueno). En este EP se incluye ‘Nunca estás a la altura’, una canción adictiva que ya sonaba en su álbum de debut del año pasado, ‘Tu hoguera está ardiendo’. Ojo a los estribillos (tiene varios) y cuidado con el “Cada día más que pasa…”: se pega que no es normal.
Una contradicción espacio-temporal: ayer tocó Serrat en Madrid mientras el Barça y el Athletic se jugaban la Copa del Rey en Valencia. Muchos pensaban que el músico aligeraría el repertorio para largarse a un bar a ver la final, pero nada de eso: dos horas y media de concierto y tres bises. 66 años y subiendo.
Serrat está en forma. Su pianista también. No había más músicos. Un concierto íntimo en el Circo Price, un recinto muy apañado, con buen sonido y mejor visibilidad. Además, no anda mal de aforo (debe andar entre 1.500 y 2.000 personas), con lo que puede ser un buen sustituto para la inhóspita Riviera.
Con esa pinta entre sacerdote retirado y cantante de ‘Piano Bar’, Serrat conmovió al público, compuesto mayormente por fans de la ‘old school’ (no recuerdo un concierto con tanta gente mayor desde que acompañé a mi madre a ver a Julio Iglesias en los noventa).
También me conmovió a mí. Nunca antes le había visto y he de confesar que me gustó. Mucho. Supe enseguida, casi sin que terminara la primera canción, que estaba ante un experto en hacer lo que estaba haciendo. Eso se ve.
Todo parecía perfectamente milimetrado -excepto cuando le dedicó una canción “a mi compañero Alejandro Vega”- y al mismo tiempo no perdía frescura. No es fácil.
Serrat se carga de un plumazo la posmodernidad entera. Su concierto es un viaje a los setenta, pero con todos más viejos. Todo es amable, cálido, entrañable, sentimental, nostálgico, emotivo y muy afectivo. Abotargados como estamos de mensajes irónicos y escépticos, un poco de positividad y confianza se agradece.
Me costó entrar, me dio pudor escuchar a Serrat contando viejas anécdotas y chascarrillos con su voz de abuelo cebolleta. Pero te va desarmando, enseñando el camino y obligándote a abandonarte.
Sí, me dejé llevar a su mundo de señor mayor con experiencia que ya está de vuelta de todo y se emociona hasta con la sonrisa de su pianista. Era un concierto directo al corazón: la música en un lado, el corazón en el otro y en el medio nada.
Empezó con ese monumento poético-musical que es ‘Caminante no hay camino’, con la cara de Machado colgando de una enorme pantalla circense. Terminaría con ‘Hoy puede ser un gran día’. Pura emotividad, contagio sanguíneo de las ganas de vivir.
Las interpretaciones eran impecables: su voz temblorosa paladea cada frase con exquisito mimo, su rostro se retuerce como queriendo traducir lo que cantan las palabras y su cuerpo se mueve, torpe y espasmódico, pero milagrosamente rítmico (a su ritmo). En ‘Penélope’ sentí un escalofrío.
Por momentos el pudor regresaba: cuando alguien dice cosas como “siempre he adorado a las mujeres” ante 1.500 personas dan ganas de meter la cabeza bajo tierra. Es una cuestión generacional. Si Serrat tuviera hoy 20 años haría electrónica tropical, quiero pensar.
Costumbrismo cantautoril mezclado con club de la comedia. Contó varias historias entre canción y canción, bastante graciosas por cierto. Sobre todo la de su nacimiento, cuando su madre le puso mala cara porque esperaba una niña en lugar de un Serrat.
El público salió encantado, con el tiempo justo para ver la final del partido. Hoy y mañana repite, en el mismo sitio… Pero con todo el papel agotado.
Hablar sobre música es como comer pipas: empiezas y ya no puedes parar.
El detonador va por ahí: un lugar para hablar sobre música.
¿Qué música? La que no sale en la radio ni en la tele, pero sí en la Red. Internet es una bomba musical y el detonador la hará estallar. De entre los restos, sacaremos las mejores piezas que encontremos (y alguna de las peores, por supuesto).
Lo haremos entre todos, vosotros y yo. Si no puedes vivir sin música, activa El detonador.