Publicidad

El detonador

Un blog sobre música

Jacko, entre Superman y Luke Skywalker

30 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

thriller.jpgUna de las cosas que más me llamaban la atención de Michael Jackson era su apabullante imagen (y no hablo aquí de su misteriosa decoloración). Sobre todo en el período que atraviesa ‘Thriller’, ‘Bad’ y ‘Dangerous’: tres Jackos totalmente distintos, pero radicalmente auténticos, atrayentes, creíbles desde su evidente diferencia.

Eran disfraces, pero no lo parecían. A Michael Jackson no te lo imaginabas en pantalón vaquero y camiseta blanca. Era imposible. Jackson desayunaba en su casa vestido con el mono negro y dorado de la gira de ‘Dangerous’. ¿Cuántos cantantes pagarían por conseguir con su vestuario el efecto inquietante y marciano de la chupa roja y negra de ‘Thriller’? Se trataba de vestimentas totalmente estrambóticas, pero en él parecían prendas de andar por casa.

Era hortera a más no poder, pero su efecto trascendía lo estético. ¿No es de un gusto infame el traje de Superman? ¿Y el de Batman? Michael Jackson tenía mucho de superhéroe de cómic. Un personaje con poderes extraordinarios con una misión que cumplir.

michaeljacksonbad.jpgSu condición de artista iba mucho más allá de lo exclusivamente musical, aunque en lo exclusivamente musical fuera un genio. Michael Jackson era rival de Prince y Madonna, pero también de Indiana Jones, Luke Skywalker, los Cazafantasmas y Superman. Incluso de Michael Jordan. Era un ser cálido, luminoso, fantástico, singular, único. Era pura ficción. Proyectabas en él lo que se te antojaba y él servía. Era un personaje vacío esperando a llenarse.

Dio mucho, quizás demasiado, al mundo del espectáculo. Se consagró a ello, por desgracia, sin capacidad de elección. Fue un rehén sin margen de maniobra para huir de su destino. Puede que sus escándalos sólo fueran fugas frustradas.

m-j-dangerous.jpgFue el paradigma de estrella del pop, porque encarnaba todos los rasgos que se esperan de una estrella del pop en un solo sujeto. Cantaba, componía y bailaba a un nivel superior; niño prodigio; una biografía tortuosa; una imagen o varias imágenes brutales; un inventor; un showman sobresaliente; un final trágico.

Jacko fue durante muchos años solo ficción. Su muerte nos ha devuelto una bofetada muy real.

La canción de la semana (18)

28 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Título: ‘Over it’

Artista: Dinosaur Jr.

Incluida en: ‘Farm’ (Jagjaguwar / Pias Spain, 2009)

Las giras de reunión me parecen un rollo. La mayoría. Otra cosa muy distinta es cuando una banda vuelve no sólo con gira, sino también con nuevas canciones. Es el caso de Dinosaur Jr. Los padres o padrinos del indie rock -precursores de Nirvana, por ejemplo, que les citaban como influencia- volvieron hace tres años con un directo explosivo (doy fe de ello, casi me dejan sordo a su paso por el Primavera Sound de Barcelona, ¡qué volumen!). Desde entonces, han publicado dos discos: ‘Beyond’ (2007) y ‘Farm’ (2009). A este último pertenece su nuevo vídeo, ‘Over it’, una divertida historia de deporte urbano con los miembros del grupo como protagonistas. Sólo por ver al cantante y guitarrista J Mascis poniendo cara de flipado sobre su ‘skate’ ya merece la pena. Evidentemente, el que hace las piruetas es un doble. ¿Y la canción? Pues ruidosa, deshilachada e intensa. Un trallazo tan certero como, sí, ochentero (porque ellos lo hicieron en los 80, aunque se pusiera de moda en los 90). Un buen gancho para empezar a descubrirlos, si no los conocías.

Aficionados a la música, una tipología

26 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

He mantenido este diálogo más de 50 y menos de 5.000 veces en mi vida.

El Detonador: ¿Escuchas música?
Otro: Sí, sí. A mí me gusta mucho la música.
E. D.: ¿Ah, sí? ¿Y qué tipo de música?
Otro: La verdad es que me gusta de todo. Yo oigo todo tipo de música.
E. D.: Sí, pero, no sé, ¿cuál es tu grupo favorito?
Otro: Buff… No sé, hay tantos… Eso sí, ninguno de los de OT. A mí la música comercial no me gusta. Ni Los 40.
E. D.: ¿Ah, no?
Otro: No, bueno, de lo que ponen en la radio Amaral sí que me gusta, me parece lo mejor. Y bueno, hay canciones horteras tipo Estopa o el Arrebato que para bailar no están mal.
E. D.: ¡Ah…! Vale. Sólo por curiosidad. ¿Cuántos cedés tienes en casa?
Otro: ¿Cedés? Si ya nadie compra cedés… No sé, tengo quince o veinte.

silent-rave-5.jpgEstamos ante lo que yo llamo un consumidor de música circunstancial. Su vida discurre, probablemente saludable y feliz, sin la necesidad urgente de escuchar música. Más que buscarla, la música se la encuentra: cuando sale a tomar una copa, en la radio del coche, en algún anuncio de la tele o al pasar por delante de una tienda fashion. De sus 20 cedés, la mitad son regalados y cinco o seis grabados. Si le preguntas si le gusta la música, responderá lo dicho: “Sí, sí. A mí me gusta mucho la música”. ¿Seguro? ¿Tanto, tanto?

El consumidor circunstancial es sólo una especie más, aunque muy extendida, de la gente que escucha música. Hay otras, como estas:

- El consumidor habitual: Sin llegar a estar en peligro de extinción, esta especie presenta pocos ejemplares en España. Se trata de aficionados que compran o se descargan discos de forma frecuente, van a varios conciertos al mes, no fallan en determinados festivales, compran revistas especializadas y poseen una digna colección de discos en casa. Pasan desapercibidos: hasta debajo del traje y la corbata de un abogado puede haber un tipo que flipa con Kraftwerk. Son capaces de enumerar la discografía de Dylan y hablar con propiedad de los primeros álbumes de Aphex Twin. Cosa seria.

- El ‘entendidillo’: podría considerarse una subespecie del consumidor habitual. Su peculiaridad es su tendencia a querer y deber conocerlo todo, aunque en no pocas ocasiones hable de oídas por algo que leyó en no sé qué blog. Cuando le mencionas un grupo, él siempre habrá escuchado otro mejor y normalmente más nuevo. Por supuesto, tú no conocerás ese grupo, porque todavía no ha llegado a las 450 visitas en Myspace. Un pedante de cuidado, sobre todo si le pillas con dos copas de más.

- El ‘moderno’: está a la última, pero sólo a la última. Es fan de Devendra Banhart pero tuerce el morro si le hablas de la Incredible String Band. Se pone al día leyendo en diagonal la Rockdelux y convive de forma ansiosa con sus lagunas musicales. Se acaba de comprar un plato para vinilos. Las ‘modernas’ tienen especial predilección por grupos nórdicos con músicos rubios/as, altos y guapos/as, “muy monos”.

- El adicto: a día de hoy, se compra más de cincuenta cedés al mes. No se descarga música de Internet porque se oye mal. Tiene una vastísima colección de cedés que ocupan varias paredes de su casa. Es ordenado y meticuloso, como Jon Cusack en ‘Alta fidelidad’ pero sin tanto sentido del humor. Son como unos Gollum de los discos: afables y majetes hasta que les pides que te dejen uno, su tesoro…

- El ‘freak’: le gusta lo raro. Da igual que sea un arpista ciego de Nigeria que un minimalista alemán de mediados de siglo XX. Cuando das con un ‘freak’, la conversación es frustrante. A los diez minutos tus lagunas se han hecho oceános y te planteas buscar algún disco de “ese monje manco que toca la kora en las montañas de Mali”. Luego, cuando le mencionas que esa noche vas a un concierto de M. Ward y te responde “¿De quién?”, respiras un poco más tranquilo.

- El ‘pureta’: Esta especie de aficionado predomina en el campo de las músicas del mundo. Tiene aversión al inglés y a la guitarra eléctrica (salvo que la toque Caetano Veloso). Le interesa lo étnico, pero siempre que venga de África (o de más de 2.000 kilómetros de distancia). Sabe deletrear el nombre de Omar Faruk Tekbilek pero no ha escuchado nada de Eliseo Parra. También hay ‘puretas’ en el mundo del rock, para los que la historia de la música terminó en 1977.

- El ‘fan’: esta es una especie casi tan peligrosa como la del ‘entendidillo’ y, sin lugar a dudas, la que mayor asombro me causa. Lo más peculiar de esta raza de melómanos es que su comportamiento es muy similar sea cual sea el grupo que veneran. Son, probablemente, la única conexión real entre, por ejemplo, Alejandro Sanz y The Cure. Cada cual con sus particularidades, hay un fondo de vehemencia irracional que los hace a todos primos-hermanos (de sangre, claro). Su grupo es como su equipo: el mejor. No escuchan otra cosa. “¿Para qué, si es el mejor?” es una respuesta que he escuchado en más de una ocasión.

- El ‘adolescente’: el efecto de la música es tan potente sobre los palpitantes sentidos del adolescente que adormece su espíritu crítico. Por eso, hay chavales que conviven entre Extremoduro y La Oreja de Van Gogh sin perder la cordura. Quieren emoción, ya provenga esta de la voz de un tipo arrugado hablando de droga, de la empalagosa historia de un amor truncado por el estallido de un tren del 11-M o de proclamas anarquistas contra el orden establecido.

¿Te reconoces? ¿Eres miembro de alguna de estas especies? ¿Se te ocurre alguna otra? Pues escríbela.

Y M. Ward pisó Madrid, aleluya

23 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Tenía a M. Ward como un cerebrito del estudio de grabación que se desazona cuando tiene que subirse a un escenario. Me lo había dicho él mismo: “No me gustan las giras”. Y aunque ayer salí algo dividido de la sala Heineken de Madrid, el condenado de Ward demostró ser un pequeño huracán en concierto, un torbellino concentrado y sintético capaz de tumbarte en poco más de hora y cuarto.

Los discos de Ward son trabajos muy producidos, muy de estudio. Ahí está una de las claves para que canciones en esencia clásicas suenen tan actuales y vivas. Llevar al directo ese sonido minucioso, exquisito y lleno de matices, esas atmósferas de sala de estar, es algo complicado de resolver. Lo saben bien bandas como Wilco o Mercury Rev, cuyo trabajo de orfebres del pop en el estudio no acaba de redondearse en vivo.

Ward no renunció a expandir su sonido, a soltarlo en bruto y dotarlo de cierto músculo. Persiguió la atmósfera de sus discos y la recreó en crudo, embarullada, ruidosa e inasible, pero certera e incluso masticable. Emocionaron esos medios tiempos, clásicos actuales que parecen importados de los años 50 como ‘Fisher of men’, ‘Never had nobody like you’, ‘Rave on’ o ‘Chinese translation’.

Pero temas como ‘Poison cup’ o ‘To save me’ se resienten, al quitarles la concrección y la riqueza de matices del álbum pierden pegada y fuerza. No suenan tan rotundos y robustos como en el disco, auténticas murallas de emoción, rozando la épica pero no abrazándola. Su voz, personalísima pero con poco volumen, tampoco ayuda a levantarlas.

Todo lo contrario que la sedante lectura de ‘Hold time’ o epidérmicas aproximaciones al country (‘One hundred million years’), preñadas de un romanticismo desarmante.

Sí, cuando el concierto bajó de revoluciones, Ward llegó con más profundidad, aunque en una última pirueta entregó una explosiva versión de ‘Roll over Beethoven’, de Chuck Berry, y la intensa ‘To go home’, su particular homenaje a Daniel Johnnston. Un notable alto.

La canción de la semana (17)

21 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Título: ‘Know your enemy’

Artista: Green Day

Incluida en: ’21st century breakdown’ (Warner, 2009)

¿Cómo se pueden seguir vendiendo millones de discos con los mismos tres acordes? El truco lo inventaron los Beatles y Green Day debería pagar derechos de autor. Ahí siguen montados en el número 1 de medio mundo, como si la tierra fuera un pequeño pony. La fórmula es de manual de Santillana: riff de guitarra machacón, gritos efusivos, estribillo coreable, posturitas agresivas, cuatro gestos ‘punkies’, una letra combativa y un vídeo resultón. ¿Qué estoico adolescente rechazará semejante tentación? Yo en su día no pude. Son flautistas de hamelin para pre-universitarios. Aquí incluso llaman a la revolución violenta. Busca a tu enemigo y lánzale un ladrillo, parecen decir. Las consignas del ‘Mayo del 68′ en el siglo XXI se dictan desde una mansión de Beverly Hills. Lo peor es que: ¡Funciona! Suena como un tiro. Los pabellones arderán al grito de ‘Know your enemy’, aunque sea una baratija al lado de cualquier tema de The Clash. Y es que nos gusta lo que no requiere demasiado esfuerzo. Ya lo decía mi madre: “Vale más lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. Gracias, Mamá.

Bigott: el mañico de oro

18 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Nunca los he contado, pero digamos que me llegan 250 cedés al mes. La mayoría no los escucho. Se quedan ahí amontonados, unos encima de otros. Primero en la mesa; luego, cuando la torre va cogiendo altura, pasan al suelo; y después, algún domingo, los ordeno pacientemente en unas estanterías de Ikea mientras escucho alguno, de fondo.

Por eso las portadas son importantes. No pocos discos entran por la ranura de mi equipo sólo por la portada, algunos incluso por lo fea que es. Así descubrí, por ejemplo, a Fever Ray: vi ese siniestro y horripilante dibujo en blanco y negro de una mujer robótica con gafas de sol, posando de frente y con las manos amenazantes como si fueran garras, y necesité saber a qué sonaba. ¡Semejante envoltorio diabólico...! Pensé en un disco de ópera-metal, y luego me encontré con que era la chica del dúo sueco The knife, en su primer disco en solitario: gélidas canciones electrónicas, profundas como fosas y delicadas como bolas de algodón, muy recomendable.

bigottfincover.jpg

Con Bigott me pasó lo mismo. La portada me dejó estupefacto (ver a la derecha): aparece él -que es él hay que suponerlo, claro- metido en un ataúd junto a la que suponemos que es su novia, rodeado por un colorido jardín de flores y frutas. Como si ya estuviera muerto, pero feliz. Precioso y tétrico.

El único dato real de la hoja de promoción de su disco decía que era de Zaragoza. Escribí a Grabaciones en el Mar, su sello, para preguntar su nombre y su edad y esta fue, literal, la respuesta:

Pues mira que lo conozco hace años y no sé su edad…ni si es de zaragoza seguro…y si se lo pregunto no me lo va a decir… Lo que sí que sé es que es un marciano…marciano de verdad. Es para conocerlo…”.

Al menos sabemos cómo es, porque enseña sus bigotones en el fabuloso e inquietante vídeo de ‘She is my man’, que encabeza este post. Una nana alucinada y flotante que sería la sintonía ideal para los créditos iniciales de una película de David Lynch. Habría que añadir que aunque le cueste dar entrevistas, conciertos sí que hace, y bastantes. Va donde le llaman.

El disco, titulado ‘Fin’, es tremendo, magnético, impactante.

10 canciones y 25 minutos, en una síntesis deliciosa e inspirada de country soleado, pop playero, boogie-folk, canción de feria, ecos tropicales, western y baladas románticas. Pocas veces he visto tanto en tan poco tiempo. Concentrado y efectivo como un bote de detergente Ariel.

Es su tercer disco y suena a obra de madurez: fresco como una lechuga y al mismo tiempo sin cabos sueltos. Domina su estilo, no se quiebra ni cede: entrega un puñado de bellas canciones que se sostienen en su esqueleto, pero que multiplican su efecto con unos arreglos precisos y naturales, como si ya estuvieran allí antes de que la canción se compusiera. Un misterio, como Bigott.

Ved el segundo de los vídeos, ‘Trois je t’aime’, y confirmará todas mis palabras.

Hay deudas (Johnny Cash, Elvis Presley, Tom Waits, Lou Reed…), ¿quién no las tiene? Como dijo Dalí: “Aquellos que no quieren imitar nada no producen nada”.

Dos cosas más:

a) Es un disco muy accesible: salvo un par de temas un poco más oscuros (no iban a ser todo pastelitos), estas canciones le podrían gustar a tu hermana pequeña o a tu madre a poco que tenga las orejas abiertas. Yo lo escucho y digo: ¡esto le gustará a todo el mundo!

y b) Bigott es un cachondo: suena loco, pero no como las mamarracheces de Tarántula o su exitosa escisión Joe Crepúsculo, no hay paranoia por la paranoia. Aquí hay algo grave de fondo, incluso cuando pronuncia las erres como Johnny Rotten en ‘Kinky Merengue’. Y hay ternura, y fragilidad, y un brillo, y vida… Es música religiosa. Y él es un cachondo, claro, pero un cachondo humano.

Son las de Bigott canciones cálidas y amorosas, necesarias en estos tiempos en que los discos se hacen con la frialdad de una calcuradora. Si algo es necesario, sobra lo demás. Es como comer. Yo pagaría por este disco.

Son 25 minutos de infarto, que te ablandan el corazón y hacen que te olvides, por un momento, de que al día siguiente vas a tener que volver a la oficina.

Escuchar a Bigott es descansar.

La canción de la semana (16)

14 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Título: ‘Ahí viene esa mujer’

Artista: Javier Colis y Las Malas Lenguas

Incluida en: ‘Otra nube’ (Nuevos Medios, 2009)

Javier Colis y Las Malas Lenguas ya van por su tercer disco, este último titulado ‘Otra nube’, blues-rock oscuro y esquelético cantado en español que bebe de los discos de la sabiduría de Robert Johnson, Nick Cave o Fred Frith. Bestia y elegante, violento y frágil, Javier Colis se disfraza de Tom Verlaine para constatar la amenaza que llega en forma de mujer. La claustrofobia campestre del vídeo es un sórdido contrapunto a una canción extrema, atravesada por un solo de guitarra neurótico, varias descargas de distorsión, una esencial dosificación de los instrumentos y la voz doliente y agrietada. La letra repulsiva, sucia, detona varios versos-bomba. Ejemplo: “Ahí viene esa mujer con el tiempo en la mano / ahí viene esa mujer con una cruz en las piernas / y mucho amor”. El deseo y el peligro en tres minutos y medio.

Joy Division y la Yenka

12 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

La gente tiene mucho tiempo libre y hace genialidades como esta de la izquierda. Antológico. Quizás el vídeo del año. Gracias, Manuel.

Yo La Tengo y el noise

11 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

james-mcnew1.jpgEsta semana entrevisté a James McNew, el bajista gigantón de Yo La Tengo, que sacan disco a finales de verano. Hablando sobre los inicios del grupo, me soltó lo siguiente:

“Lo de ocultar las voces debajo de capas de distorsión no fue una opción artística. Fue más por timidez“.

Sobre el disco, está bien, pero si Sonic Youth se repiten, estos van por el mismo camino. Nada nuevo bajo el sol. No New York. No Hoboken.

¿De qué demonios hablan las letras de Sonic Youth?

10 jun 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Lo confieso: Sonic Youth nunca me hicieron tilín. Quizás no tuve un hermano mayor que me los descubriera, o quizás llegué tarde -en los discos malos-, o puede que no los entendiera, o que sencillamente no me gustaran, y ya está.

En realidad, no es que no me gusten. Escucho ‘Candle’, ‘Sugar Kane’ o ‘Diamond sea’, por mencionar tres canciones a botepronto, y me convencen: 100% intensidad, 100% fuerza y además se estaban inventando un estilo.

Les veo en concierto y flipo: sonido espectacular en el último Primavera Sound, dos veces más contundente que el del abuelete Neil Young. Pocas veces, en serio, pocas veces he escuchado un sonido tan perfecto en concierto. ¡Parecía un disco! El sonido y la velocidad, convirtiéndose en uno. Pero después… no los vuelvo a escuchar. Lo diré bajo: me aburren, no me tocan.

Lo intenté con el ‘Daydream nation’, con el ‘Dirty’ (este me lo pillé en un FNAC en París), con un recopilatorio… Nada. Incluso ya en este siglo le di una oportunidad a ‘Sonic nurse’… Peor. Además -y esto ya es algo personal, lo reconozco-, nunca me cayeron bien: esa pose arty, esa suficiencia tan ‘cool’, esa pinta de resabidos, las posturitas de ‘guitar heros’ en los conciertos

Y hay más: nuestros héroes del underground son tan fieles a sí mismos que suspendieron cuatro entrevistas promocionales con los principales medios de este país -que se habían arrodillado ante ellos como si fueran dioses recién caídos sobre el Primavera Sound de Barcelona (no les culpemos, hacían su trabajo)- con solo unos minutos de antelación. Al parecer, querían ver a Neil Young.

Lo dijo, muy bien dicho, la misma Kim Gordon, bajista y voz del grupo: “El rock and roll son cuatro tíos encima de un escenario creyendo en sí mismos”. ¿Será eso?

Pues bien, aún así, el otro día, escuchando su nuevo disco, me pregunté: ¿de qué hablarán las letras de estos tíos? Mucho se ha escrito sobre su sonido: inventaron el noise rock, experimentaron con el ruido, pero… También cantan, ¿no? ¿Y qué dicen? Aposté que no mucho. No me equivoqué.

Centrémonos en su nuevo disco, ‘The eternal’, que salió a la venta ayer.

Kim Gordon escribe cuatro letras, Thurston Moore seis y Lee Ranaldo, que en principio parecía el más ducho en la materia -ha publicado algún libro de poesía (con traducción al español, por cierto)-, sólo escribe dos textos.

Uno de los temas fetiche de Kim Gordon es el feminismo. Lo deja claro en el primer tema, ‘Sacred Trickster’ (Sagrado estafador), con versos como estos: “¿Que cómo me siento al ser una chica y formar parte de una banda? / No acabo de entender dónde está lo pintoresco, / me dejas pasmada, querido”. No es el colmo de la militancia (ni del ingenio), está claro.

‘Calming the snake’ habla de una cortina de cadáveres y de bajar al río porque “quiero sentir cómo tiritas”… Ideas abstractas y dispersas sin un ancla al que agarrarse. Se dijo que otra de las canciones de Kim Gordon, ‘Malibu gas station’, hablaba de Britney Spears. Es posible que, de forma bastante críptica, Gordon esté hablando de la estrella del pop, pero su texto es bastante inofensivo.

Thurston Moore tampoco hace daño con las proclamas de ‘Anti-orgasm’, una canción llena de eslóganes que zozobra en un batiburrillo de ideas alrededor de la política, la moral, el sexo y la religión. Para mí, incomprensible. ¿Será este uno de sus famosos collages inspirados en la generación beat?

Moore no le saca partido a la metáfora de ‘Leaky lifeboat’ (Bote salvavidas agujereado), que peca de falta de concrección. Tan críptico que no golpea. Hasta el mismísimo Dylan, rey de la paranoia lírica, le suspendería.

Suena más atrevido en ‘Poison arrow’ (Flecha venenosa), donde deja traslucir una historia de sexo sadomasoquista con versos como “Cada vez que te ato las manos sé que estoy más cerca de la verdad”. Pero luego en ‘No way’ cae en topicazos como ‘Sabes que me hiciste daño una vez, y sabes que no me volverás a hacer daño, porque estoy harto de tus juegos”. Ponedle la voz de Enrique Iglesias. ¿A que cuela?

Como era de esperar, Lee Ranaldo es el que mejor maneja las palabras. Cuenta más cosas y sugiere más. Es también el más luminoso de los tres. Por ejemplo, en ‘Walkin’ blue’ (Caminando triste): “Estoy aquí para hacerte saber / que todo lo que necesitamos hacer es sólo dejar las cosas pasar / Has oído que hemos nacido para perder, lo sé / Pero no empieces a pensar que es verdad”. Un poco beatleliano, incluso.

En resumen: ideas abstractas, imágenes vagas, poco contenido, coqueteo con temas extremos y algún desvarío incomprensible. Vamos, que por ahora y a la espera de que a Steve Shelley (cuarto Sonic Youth, batería) le dé por ponerse a escribir letras, casi que me quedo con su ruido.