Ha llegado a mis manos uno de los primeros ejemplares de la revista ‘Vibraciones’ (no es el que veis a la izquierda), precursora en los años 70 de las publicaciones musicales que existen hoy en España. Me ha llamado la atención una carta de un lector, que firma como Garzia desde Barcelona. Estamos en 1974 y se queja enérgicamente del descuido y la falta de profesionalidad con el que la industria discográfica española edita los álbumes:
“Señores, con este sistema no vamos a ningún lado. O se edita bien o no se edita. La edición de álbumes incompletos (la lista sería interminable) nos deja a dos velas y la omisión de la discografía anterior constituye una clara demostración del afán comercialista que forma la meta de estos manejos“.
Poco después, continúa:
“Me parece cachondísimo editar todo lo que sale, pero me parecería más cachondo aún el situar los precios a un nivel más asequible (jua, jua, oigo las risas desde aquí), porque el bolsillo del honorable miembro de la Joven Generación no da para tanto”.
Y concluye:
“Mañana van a salir sin duda cuatro o cinco novísimas ediciones, el chollo va a seguir funcionando y los precios subiendo; los stocks sobrantes se quemarán (digo yo) para no abaratar el producto. Yo, repito, me resigno y espero que algún día “pete” este sistema de vender música“.
Todo esto ocurría en 1974, época en la que una pueblerina industria discográfica española empezaba su meteórico y avaricioso camino hacia el éxito. Como se suele decir, quién mal empieza, mal acaba.
Hay oscuridad, también luz. La oscuridad está dentro, la luz fuera. Alguien tiene que venir e iluminar los angostos y cavernosos pasillos de esta alma nuestra, pobre y rica a la vez, pero sobre todo débil y necesitada. El dúo Corazón -Carlos (voz) y Nando (voz, guitarra y programaciones)- lo sabe bien y lo cuenta en ‘Nuevo futuro’, el primer single de su segundo disco. Tras debutar en 2005 con ‘Melodrama’, un álbum dedicado a las relaciones sentimentales que sonaba a Vainica Doble y a veces también a Mecano, ahora regresan con esta oda a la esperanza que no desentonaría en el repertorio de su compañero de sello Guille Milkyway. Pop retro con bases electrónicas y apariencia (sólo apariencia) naif. Su música tiene pluma, pero sin petardeo. Podrían ser un clásico en las radios de Chueca, pero probablemente allí ni se han enterado de su existencia. “Sálvame de la oscuridad y del monstruo que hay dentro de mí”, cantan al ritmo bailable de una melodía cristalina. Dicen mucho. Casi demasiado.
El día en que Bunbury fue mujer tomó el nombre de Bichejo24. Fue el 13 de febrero de 2008 y lo inmortalizó en este vídeo que veis a la izquierda. Al principio pensaréis: “No puede ser, esa chica no es Bunbury”. Pero esperad a que cante…. (segundos de espera)…. ¿Eh? ¿Qué decís ahora? ¿Era o no era Bunbury convertido en mujer?
Bien, pues ahora destapemos la verdad: en realidad, no es Bunbury, sino una imitadora que pone la voz como él… sin ser él. Y es que todo el mundo sabe que al que se le va la mano escuchando discos de Héroes del Silencio y de Bunbury acaba cantando como el maño universal (tan universal como el otro maño universal, estoy hablando de José María Escrivá de Balaguer). Bichejo24 no iba a ser una excepción y ahí la tenemos, encarnando todas las virtudes y todos los defectos de su maestro, ‘uooss’ incluidos.
YouTube está lleno de estos espontáneos que armados de una guitarra, casi siempre de palo, se lanzan a la piscina de la emulación de sus ídolos. Los resultados, como todo en la vida, son desiguales.
Boquiabierto me ha dejado Eleponic, una adolescente estadounidense que con una versión dulce, palpitante y tierna del ‘Poison Cup’ de M. Ward ha logrado más visitas… ¡que el propio M. Ward! Más de 9.000 reproducciones y medio centenar de comentarios con peña que se declara fan de la joven. Qué pensará el pobre Matt: después de componer un temazo de esta envergadura llega una mocosa y se lleva la fama. Pero es que la chica tiene madera.
Menos afortunado está el amigo ‘jaccsd’ en su “lectura cowboy” del ‘Rompeolas’ de Loquillo y Trogloditas. Su versión de cocina a la hora de la cena es -seré condescendiente- entrañable. Sí: tiene voz gatuna y no acierta una nota del solo inicial, pero… ¿no da el pego con ese sombrero de vaquero, la camisa de leñador abierta mostrando pecho y sentado de lado para marcar paquete? Y sentimiento no le falta. Rock auténtico al cien por cien. Lo único que no cuadra: ¿es una bandera de España eso que tiene apoyado detrás de él?
Economía de medios es la estrategia de Boyceavenue, que se marcan el ‘Viva la vida’ de Coldplay en versión stadium-home. Dos chavales que utilizando manos, pies y voces logran acercarse, muy seriamente, al original de Chris Martin y compañía (a mí, que soy muy casero, casi me gusta más este). Hay pre-producción, pero vamos, como vea esto Chris Martin, es para pensar en echar a dos del grupo (¿quién lo iba a notar? A ver, por un jamón, ¿cómo se llama el batería de Coldplay?)
Tonibou77 es de lo más sentido. Además, se parece a Fito (del que versiona ‘Soldadito marinero’): un poco más rellenito y menos calvo. Tiene hasta las patillas. ¿No será Fito cuando no está de gira? Porque escuchad esa voz, rasgada por el tabaco y la noche, pero capaz de llegar hasta las notas más altas con una emoción que sólo Fito igualaría. Si no es Fito, es familia. Lo suyo es afección: parece que se va a poner a llorar en cualquier momento, pero un rockero no hace eso y aguanta hasta el final. Bravo.
Hay profesionales de esto. Son como estrellas del YouTube, con sus fans irreductibles y sus groupies entregadas. Es el caso de Juanito Soria, que aquí debajo redondea una espléndida versión del ‘Amiga mía’, de Alejandro Sanz. Mirad si es buena que hasta me ha acabado gustando la canción (no la aguantaba en su día). La verdad: Juanito Soria, pese a su nombre, canta bastante bien. En los comentarios hasta le piden más canciones, eso lo dice todo.
Ya que la pasada semana hablamos largo y tendido de Wilco, les voy a hacer un regalo a sus fans para compensarles por los disgustos. Wilco hicieron un par de discos con letras de Woody Guthrie, de donde salió aquella delicia melódica llamada ‘California Stars’. Pero nunca Jeff Tweedy le puso tanto sentimiento como Juice Brakes, que parece la reencarnación del padre del folk americano. Observad cómo tuerce el gesto de emoción, cómo se encoge de placer… Si no tocara la guitarra como una batidora, superaría la versión de Wilco (es broma).
Y si al principio de este post Bunbury se convertía en mujer, al final Joaquín Sabina se transforma, milagrosamente, en Pablo Milanés. Then64 canta ‘Y sin embargo’ con respeto y rigor (pese a que se le escape algún alarido desacompasado). Menos respeto (o delicadeza) destilan los comentarios, como el de Cristian23c: “Que hijueputa voz que tienes, bien ahí pero primera vez que veo a un dominicano, puerto riqueno o lo que sea q escucha estas canciones”. ¿Algún problema, Cristian?
Termino ya. Si sabéis de algún vídeo chulo de este estilo, incluso si lo habéis grabado vosotros, podéis dejar el enlace aquí debajo. No os de vergüenza. Es por pasarlo bien. Buenas noches.
En España, los premios suelen ser algo bastante problemático. Sólo hay que ver las polémicas, tan poco estéticas pero probablemente necesarias, originadas en el Planeta (Juan Marsé) o en los Goya (Almodóvar). Sin embargo, nada comparado con los premios musicales, auténticos esperpentos edulcorados donde campan a sus anchas y sin careta el amiguismo, el conservadurismo y, en definitiva, el mal gusto.
Y es que en España no teníamos premios musicales, pero como somos así, en 1997 se inauguraron dos: los Premios de la Música y los Premios Amigo. Qué ocurrió para que de no tener nada pasáramos a tener dos ceremonias de premios no lo sé, pero apuesto a que alguien no quería quedarse sin su trozo de tarta.
Por no abundar en detalles: los Premios de la Música los conceden la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes (AIE) y en este artículo se explica con meridiana claridad su funcionamiento. Los Premios Amigo, entregados por las discográficas agrupadas en Promusicae, estaban controlados por las multinacionales y su mismo nombre lo dice todo de ellos.
Sus trayectorias han ido en picado. Los Premios de la Música ya ni se anuncian en directo por televisión (la audiencia es irrisoria), mientras que los Premios Amigo dejaron de entregarse en 2003 (volvieron en 2007 para premiar a Bisbal, como lo oyen).
Los Premios UFI buscan reconocer a los grupos que publican sus discos en compañías de discos independientes, que son nada más y nada menos que el 80% de los discos que se publican en el mercado español cada año.
Basta con echar un vistazo a los candidatos a Mejor Álbum del Año para percatarse de que el sueño de unos premios musicales un poco más serios, rigurosos y conectados con la actualidad es posible. Compiten Klaus & Kinski, Vetusta Morla, El Guincho, Depedro y Manel.
Estos finalistas, como los del resto de categorías, los ha elegido un jurado profesional y… he aquí el primer punto negro: no se ha publicado el listado con los integrantes del jurado. Las bases de los premios dicen que estará formado por miembros de la UFI, periodistas y prescriptores musicales, pero sería necesario conocer los nombres de los que han votado para no perder la siempre necesaria transparencia.
Una vez se han conocido los finalistas de las 26 categorías, el público puede votar a sus elegidos a través de Internet desde el 1 al 15 de junio. La opción por la voluntad popular es signo de generosidad y apertura por parte de los miembros de la UFI, pero creo que de esta forma los premios pierden credibilidad. Sobre todo cuando se permite que una persona vote varias veces, lo que provocará que los grupos con fans más acérrimos tengan más posibilidades de ganar (buscarán métodos para votar repetidamente y conseguir la victoria de su grupo, como si del Barça se tratase) y los criterios musicales pierdan peso en la elección.
Otro error, bastante extendido en cualquier manifestación de este estilo, es la proliferación de categorías. Nunca entendí el apartado de “Artista del año”. ¿No basta con “Álbum del año”?
Por otra parte, es un alivio comprobar que, con mayor o menor precisión, los grupos encajan en las categorías en las que participan. No como en los Premios de la Música, que en 2006 concedieron a O’ Funk’ Illo el premio al Mejor Álbum de Rock Alternativo.
Y por último, aunque es inevitable por la naturaleza misma de los premios, hay que lamentar que ciertos grupos de los sellos multinacionales no puedan participar. Por mencionar sólo algunos: Andrés Calamaro, Los Planetas, Quique González, La Mala Rodríguez, Deluxe o Fangoria se quedarían fuera.
Es un lastre que los Premios UFI arrastran desde su nacimiento y que sólo soltarán unos premios que engloben a todo el sector. ¿Quién sabe? Quizás algún día tengamos nuestro Mercury Music Prize.
Los Premios UFI podrían ser mejores, pero menos da una piedra. Por cierto, yo a Mejor Álbum del Año estoy entre Klaus & Kinski y El Guincho. ¿Vosotros? ¿Y qué os parecen estos premios? Ala, a teclear se ha dicho.
(Actualización: jueves 4 de junio, 22.06 horas) Merece la pena ver este vídeo:
Hablar sobre música es como comer pipas: empiezas y ya no puedes parar.
El detonador va por ahí: un lugar para hablar sobre música.
¿Qué música? La que no sale en la radio ni en la tele, pero sí en la Red. Internet es una bomba musical y el detonador la hará estallar. De entre los restos, sacaremos las mejores piezas que encontremos (y alguna de las peores, por supuesto).
Lo haremos entre todos, vosotros y yo. Si no puedes vivir sin música, activa El detonador.