Simian Mobile Disco son unos rompepistas de cuidado. Sus canciones convierten el suelo en una minipimer: no puedes pararte quieto. Tras poner la sintonía al fin de fiesta de innumerables festivales de todo el planeta, ahora empaquetan sus canciones en un nuevo disco que se publica a mediados de agosto bajo el título de ‘Temporary pleasure’. El single de adelanto es este ‘hit’ ochentero, ‘negroide’ y correoso que habla de esa experiencia tan común como penosa que es el hecho de enamorarte de alguien que no está enamorado de ti. La vida misma. Para eso están los “placeres temporales” de Simian Mobile Disco, para sobrellevarla.
A todos nos cae bastante mal Rosa Díez (o han hecho que nos caiga mal, no voy a entrar ahí), aunque luego lamentamos el anodino bipartidismo español y su patética pero inevitable lucha por el centro. Iba a romper una lanza por la jefa de UPyD mientras escucho el Myspace de Antonna -que cada vez me gusta más (qué tontorrón es, pero qué buenas canciones y, en el fondo, qué sensibilidad)-, pero en ese instante pensé: vaya, si este blog es de música…
Necesitaba una excusa para lavar la mancillada imagen de la ‘lideresa B’ y recordé el último número de la revista Rolling Stone, que vende en portada el reportaje ‘El rock del Congreso’, un amplio dossier sobre los gustos musicales de nuestros queridos (es un decir) políticos.
Abrí la revista, pasé las hojas de forma compulsiva y allí estaba ella, recostada sonriente en un sofá de escay rojo-diablo, dispuesta a hablar de música. Fantaseé con que fuera una melómana de amplia cultura musical y así poder echarla un cable en estos duros momentos en que su partido zozobra. Imaginé: ¿No será fan de los Sex Pistols? Tenía 26 años en el 77. ¿Por qué no?
Pues porque no. Ya me lo decía mi padre: “No le pidas peras al olmo”. Díez va de tópico en tópico: que si Dylan, que si Elvis, que si U2… Utiliza hasta el último comodín de todo aquel que habla de música cuando pasa de la música: Diego El Cigala (al que entrevisté el otro día, por cierto, y con el que me partí de risa. Recomiendo: no os perdáis la contraportada de ‘Público’ durante el mes de agosto).
Apuesto a que si le preguntan a Rosa Díez el título de un disco de Dylan diría ‘Blowin’ in the wind’ (ninguno se llama así, claro).
Lo peor es que se declara fan de Scorpions (Aggghhhhrrrgg!!!). Y no sólo eso, sino que utiliza ‘Wind of change’ en algunos de sus mítines y lo hace, y cito textutalmente, “sin que se entere la SGAE. La pusimos el día de la presentación del partido como música de entrada, por ejemplo“. Teddy Bautista: ¿habría que detenerla?
Por si fuera poco, reconoce que no se descarga música, que compra discos (a saber cuántos…), pero a continuación dice que es su hijo, su propio hijo, el pirata: “A veces mi hijo me carga cosas en el iPod, pero no descargo”. Qué malvada. Ahora que lo pienso, ¿no tiene un aire a Gargamel?
Adentrándonos en las páginas del jugoso reportaje horneado por Josu Lapresa, confirmamos, muy a nuestro pesar, que el PP sigue instalado en la mentira.
Sí, amigos, siguiendo la mejor escuela del ínclito José Mari Aznar, ahora sabemos que no sólo Camps miente, no sólo Bárcenas miente, no sólo Trillo miente, no sólo Acebes miente (paro, que me canso); también los jóvenes engañan. Nacho Uriarte, que lleva en su muñeca una pulsera azul desgastada que reza “Rajoy presidente”, confiesa que su concierto favorito fue uno de Bruce Springsteen, un 28 de junio en Sevilla.
Desconozco qué se había tomado aquel día nuestro aspirante a político de postín (a sus 29 añitos, vaya purazos que se fuma) o si el calor de la capital andaluza le provocó visiones, pero que yo sepa, el ‘jefe’ nunca ha actuado en Sevilla, ni un 28 de junio ni nunca (lo hará por primera vez dentro de unos días, pero dudo que Uriarte tenga la capacidad de viajar por el tiempo). Si es que así no se puede…
Lo peor de los políticos cuando hablan de música es que lo hacen con la misma seguridad que cuando hablan de cualquier otro tema. ¿Quiere decir esto que cuando hablan de lo que tienen que hablar tampoco tienen ni idea? Dejo la pregunta en el aire.
Por supuesto, hay excepciones. Y sí, son del PSOE (luego nos llamarán tendenciosos, pero no lo digo yo, sale en Rolling Stone, leñe). Si Patxi López me cae la mar de bien desde que un día habló de The Magnetic Fields en su blog (y no digamos cuando vi el vídeo de la izquierda -sí, me creo a este tío, ¿qué pasa?-), su compatriota -pelín polémica la expresión- Eduardo Madina sabe tanto de música que me voy a hacer su fan desde ya.
¿Por qué? Porque suena honesto y verdadero, aunque parezca mentira viniendo de alguien que se debe a la disciplina de partido. No es sólo que el último disco que se ha comprado sea uno del grupo de culto Television Personalities -los habrá conocido por Los Planetas, de los que también es muy fan-, sino que se atreve a criticar sin remilgos a vacas sagradas del pop nacional -”A Duncan Dhu o El Último de la Fila no los reivindicaría”- e incluso internacional: “Springsteen me gustó un tiempo, pero ahora me aburre”.
Cuando califica de “increíble” un concierto de Explosions in the sky, dan ganas de clonarle y poner otros 349 como él en las sillitas móviles del hemiciclo. Hasta dice que Nacho Vegas podría hacer un trabajo estupendo en algunas comisiones. “Y hasta ahí puedo leer”, subraya el muy pillín. ¿En qué pensabas, eh, granuja?
Por último, El Detonador quiere suspender y suspende a Josu Erkoreka, diputado del PNV. Aunque tiene buen gusto musical -un poco viejuno, todo sea dicho-, critica a Patxi López por hablar de música en su blog. ¿Y ahora tú sales en la Rolling Stone? Vamos hombre… Yo estoy contigo, Patxi. Primero te querían quitar de enmedio y ahora esto… No les dejes, ¡no les dejes!
¿Y por qué no puede hablar un político de música? ¿Por qué no pueden mostrarse humanos? ¿Por qué no demostrar, aunque sólo sea de vez en cuando, que su corazón es de carne y no de piedra? ¿Y vosotros, qué pensáis de todo esto?
¿El disco más esperado de 2009? Es posible. Llega en agosto, en pleno verano y con el mercado discográfico parado. Pero el tercer disco de Arctic Monkeys, titulado ‘Humbug’, desatará una tormenta en las tiendas de discos (al menos en el Reino Unido). Por ahí va el título de su primer single, ‘Crying lightning’ (algo así como ‘Relámpago lloroso’), nuestra canción de la semana. Reconozco que la canción me parece bastante floja y si la he elegido ha sido únicamente para que me deis la razón (o no). Esta canción la podía haber hecho Blur en 1992. A mí el pop acelerado y los ritmos quebrados de Alex Turner y compañía ni fu ni fa. Sus dos discos tienen algunas canciones resultonas, pero el asunto Myspace los convirtió en un ’hype’ tan hinchado que todavía siguen planeando por la estratosfera. ‘Humbug’ arrojará luz sobre ese caso.
Fue ayer, fui solo y terminé bailando, saltando y cantando como un poseso. Pasaban las once de la noche, sonaba ‘Fortunate son’ y pensé: ¿Era esta canción tan intensa, tan rápida, tan bestia? (ver izquierda, filmación amateur en un concierto de Portland del año pasado)
Claro: siempre la había escuchado en un disco en casa, a lo sumo un poco más alto en algún bar. Pero ayer, John Fogerty, el inimitable e inigualable líder de la Creedence Clearwater Revival, descendió sobre la Casa de Campo de Madrid y dijo: esto era. Y eso era, y vimos todos que era bueno.
Amigos y amigas, John Fogerty hizo el milagro: resucitó el viejo repertorio de la Creedence y demostró su inmortalidad. Fue como la multiplicación de los panes y los peces: dos docenas de canciones colmaron a 1.500 personas. ¿Colmaron? No: los hombres, pecadores insaciables, queríamos más. Fogerty llevaba dos horas en el escenario, disparando clásicos tan potentes como truenos y haciéndolos sonar robustos, bravos, electrizantes, vibrantes, como si los hubiera compuesto ayer, y el público, en pie, levantando puños y manos, lanzando alaridos de alegría y placer, todavía pedía más. Y más.
Yo también, enfervorecido y entregado a los pies de San Fogerty y su bestial banda de apóstoles (tres guitarras, un bajo, un batería, un teclista-violinista; sí, siete tíos sobre el escenario). Porque ayer asistí, ojito, al mejor concierto en lo que va de año, y que conste que he visto a Neil Young y David Byrne y Tarántula (esto último es broma, claro). Era una noche cualquiera de un julio cualquiera, pero de repente todo cambió.
Todavía era de día cuando abrió con una ráfaga de cuatro clásicos de la Creedence que ya me dejaron con la lengua fuera: ‘Hey Tonight’, ‘Bad moon rising’, ‘Susie Q’ (originalmente escrita por Dale Hawkins) y ‘Lookin’ out my backdoor’ (a la izquierda, una grabación de este tema en Austin). Imposible no moverse. Sus canciones conviertieron mi esternón en un muellle y mis manos en dos maracas: no podía quedarme quieto. El resto, igual. Pura y contagiosa música de baile.
En cinco minutos Fogerty me dejó boquiabierto. Me hipnotizaba cuando daba saltitos por el escenario dibujando riffs que convertían su cuerpo en sonido. Da igual que se haya estirado la cara porque quiere ser un eterno joven (y bien que se lo merece), que sus camisas sean horteras o que se parezca a Georgie Dann: lo que hizo ayer es más auténtico, emocionante y verdadero que una piedra. Nada es viejo si es bueno.
Bajaré de la nube: a mitad de concierto, cuando aparcó el repertorio de la Creedence y metió mano a su menos conocida etapa en solitario, el pulso desaceleró. Luego, cuando decidió alargar un par de solos dos o tres minutos más de la cuenta, puso a prueba mi capacidad de atención. Pero es que si no hace eso, ¿no me hubiera atragantado con semejante aluvión de clásicos instantáneos? A todos nos gustan las hamburguesas, pero ninguno nos comeríamos cinco seguidas, ¿no? Y eso Fogerty lo sabe, que para eso viene de California.
Y cuando hablo de hamburguesas, no me refiero al McDonald’s.
Ahora me viene a la cabeza la apabullante versión de ‘Midnight special’ (muy parecida a la del vídeo de la izquierda): me sentía John Wayne abandonando un poblado del oeste tras liberarlo de una banda de rufianes. Cabalgando a trote, bajo el sol, sonriendo bajo el sombrero.
Fogerty hasta se reía de nosotros y de sí mismo. “Sois increíbles. Me recordáis al público de Woodstock”, dijo en una pausa, “sólo que en Woodstock estaban desnudos”.
Sus canciones son perfectas, redondas. Parecen sencillas y, qué leches, son sencillas, pero qué difícil es componer algo así. Ayer tocó ‘Have you ever seen the rain?’, ‘Who’ll stop the rain?’, ‘Down on the corner’, ‘Born on the bayou’…
Sencillas, pero de una musicalidad y un dinamismo soberbios. Escuchen ‘Proud Mary’ (a la izquierda, en el concierto de hace cuatro días en Murcia): ¿Cómo se le ocurrió cambiar la segunda estrofa por un solo de guitarra? ¿No os parece genial? Además, su voz es un torrente: sentimiento negro, estilo blanco, registro de tenor.
Con ‘Proud Mary’ terminó el concierto, después de poner a todo el mundo a cantar y saltar con la infalible ‘Rockin’ all over the world’. Fue apoteósico e inolvidable. Como diría Matías Prats, el graderío se venía abajo. Rostros de felicidad.
PD: Como es habitual en todo concierto rockero, por cada diez hombres había una mujer. Por eso me sorprendió lo que me ocurrió tras salir de la Casa de Campo. Cogí el metro en la estación de Lago y a mi lado se sentó una chica. Parecía nerviosa y no dejaba de mirar su móvil. Tenía los bajos del pantalón vaquero embarrados y por un momento pensé que era una yonqui. De repente, le sonó un SMS y no pude evitar mirar a escondidas. El mensaje decía:
- ¿Qué tal ha ido? ¿Te vienes?
Y ella contestó:
- HA SIDO ACOJONANTE. SIN PRECEDENTES. IRÉ SI ME CONFIRMAS QUE TE VIENE BIEN.
La música, como todo, es producto de su época. Por eso, las canciones de los 50 desprenden esa fibra cálida y anestesiante, fruto de un tiempo de calma después de la destrucción. Parecen decir: mejor no despertar, vamos a disfrutar de esta semi-realidad un poquito más. Y no sé por qué, pero los 50 vuelven. Quizás necesitamos anestesiarnos ante los huracanes que nos circundan, amenazantes. Primero fue Richard Hawley, luego Kitty, Daisy and Lewis y más tarde el súper-pelotazo de Glasvegas (que tocan esta semana en el FIB). Cass McCombs, con su sombrero de vaquero, es el siguiente de la lista. ‘Dreams come true girl’, primer single de su nuevo disco, le encantaría a un veterano de la guerra de Corea. Y probablemente también a ti. Romanticismo desarmante, melodía exquisita, voz epidérmica y una parte final sin corsés, derramada como un sentimiento incontrolable pero liviano. Y es que el rythm & blues de los 50, ese que quedó enterrado por la explosión del rock and roll, mola y mucho. Con vosotros, Cass McCombs.
ZP, no busques más. El futuro de la izquierda está aquí, aquí mismo, en El Detonador. Quién te lo iba a decir… Diga lo que diga Cayo Lara, no te dejes engatusar. ¿Paul Krugman? No necesitarás desayunar con él de nuevo. ¿Para qué? No conocen el futuro, ZP. Son sólo conjeturas, cábalas, augurios, azarosas corazonadas. Pregúntale a Solbes… ¿Y el futuro de la izquierda? Menos todavía. Te lo digo yo, porque lo conozco. He visto el futuro de la izquierda y su nombre es exactamente ese: el futuro de la izquierda.
Future of the Left es un trío de bestias pardas con capacidad de apisonar una montaña de hormigón. Probablemente nunca hayan oído hablar de Cayo Lara, pero sí de Sex Pistols, Fugazi y Faith No More. Son de Cardiff (Gales), la ciudad de Ken Follett, y alguna relación tienen, porque su música es tan contundente como un guantazo con la edición en tapa dura de ‘Los pilares de la tierra’.
Se trata del cantante y guitarrista Andy “Falco” Falkous y el batería Jack Egglestone, que antes militaron en la banda McLusky, a los que se ha unido el bajista Kelson Mathias. Acaban de publicar su segundo disco, titulado ‘Travels with myself and another’ (4AD / Pop Stock!, 2009), que incluye títulos tan intrigantes e inquietantes como ‘Arming Eritrea’ (Armando a Eritrea), ‘Throwing bricks at trains’ (Lanzando ladrillos a los trenes), ‘You need Satan more than he needs you’ (Necesitas a Satán más de lo que él te necesita a ti) o, esta es de las mejores, ‘Drink Nike’ (Bebe Nike).
Podría ser un grupo hardcore más: miméticos, burrotes y panfletarios. Pero no. Future of the Left controlan sus instintos primarios, domestican al monstruo que llevan dentro, le afilan los colmillos y lo sueltan cuando ya han decidido cómo y a quién quieren morder. La mordida hace pupa.
Sus canciones, como decía, apisonan, te tumban, son un trallazo, pero su única baza no es la energía desbocada de un caballo pura sangre. Son, por ejemplo, divertidos, como en el primer single, ‘The hope that house built’ (ver el primer vídeo), puro teatro, a medio camino entre la parodia y el esperpento, con esos coros góticos y ese ritmo marcial e hipnótico que parece sacado de un disco de Rammstein.
‘Throwing bricks at trains’ podría ser un tema de Pete Doherty, mientras que en ‘Land of my formers’, donde construyen unos muros de guitarras bastante espectaculares, enlazan con el punk más clásico y sucio (ver último vídeo, donde la tocan, hace pocos días, en una tienda de discos). Fuerza, ruido e imaginación, su receta para conseguir un sonido poderoso.
Pero lo mejor son esas zonas de esquizofrenia donde retuercen sus canciones tomando caminos inesperados sin que se resienta la fluidez, así como la forma en la que construyen canciones a partir de un solo patrón rítmico y melódico donde la voz es lo único que cambia, casi rozando el rapeo. ‘Yin / Post-Yin’ es un buen ejemplo. Y también cómo utilizan el teclado, perfectamente integrado en las montañas orgánicas de guitarras, bajos y baterías, como en ‘Lapsed Catholics’, la última del disco, casi de verbena (de la buena).
Y el pulso: puro músculo. No es que sean veloces, pero someten al oyente a cambios de ritmo básicos y sencillos que aumentan la tensión de la canción como por arte de magia. Lo hacen en el estribillo de ‘Drink Nike’, un auténtico despegue, como el AVE a la salida de Toledo.
En directo tienen que ser la bomba. ¿Se animaría ZP? Tan desesperado no parece estar (todavía).
La primera vez que los escuché supe que los escucharía 30 veces más. Y así fue. El debut de Elle Belga, dúo asturiano con propensión a las tonadas lluviosas e hipnóticas, es uno de los discos del año en España. Acaban de presentar su nuevo vídeo para la canción ‘Todas las cosas’, una delicada nana folk construida a base de susurros mínimos, guitarras nerviosas y llantos de trompeta. Canción otoñal para un mes de julio que, al menos en Madrid, parece querer asfixiarnos. No pasa nada: escuchadla pensando que es una refrescante ducha de agua fría. Quizás en Argentina tengáis un ambiente más propicio para esta delicia. Aprovechadlo también.
Hablar sobre música es como comer pipas: empiezas y ya no puedes parar.
El detonador va por ahí: un lugar para hablar sobre música.
¿Qué música? La que no sale en la radio ni en la tele, pero sí en la Red. Internet es una bomba musical y el detonador la hará estallar. De entre los restos, sacaremos las mejores piezas que encontremos (y alguna de las peores, por supuesto).
Lo haremos entre todos, vosotros y yo. Si no puedes vivir sin música, activa El detonador.