Opinion · El mapa del mundo

Un misil en el corazón de la doctrina Bush

Primero, Obama desmanteló el absurdo y escandaloso aparato que había montado George Bush para su guerra contra el terror, sobre todo el cierre de Guantánamo y la prohibición de la tortura. Ahora, el presidente ha tirado abajo otro pilar de la política exterior de su antecesor que había creado tensiones innecesarias, especialmente con Rusia: el escudo antimisiles.

Polonia y la República Checa se habían ofrecido para albergar las instalaciones para ganar el favor de Washington frente a la Rusia de Putin. Bush usaba a las jóvenes democracias del Este como vasallos en su batalla geopolítica con el Kremlin. Esa estrategia se remonta a la polémica carta de apoyo a la invasión de Irak, redactada por Aznar y firmada por Blair, Berlusconi y varios países del Este. La iniciativa dio lugar a la famosa definición de la “Europa vieja” –léase Francia y Alemania– frente a la “Europa nueva”.

No sorprende que Obama despierte menos entusiasmo en el Este que en el Oeste. Según una encuesta del German Marshall Fund, hace un año el 44% de los polacos apoyaba a Bush, frente al 11% de los españoles y el 12% de los alemanes. Ahora Obama goza del apoyo de sólo el 55% de los polacos, mientras que en España la cota llega al 85% y en Alemania al 92%.

En el esquema del nuevo presidente no encaja el divide et impera de su predecesor. No es un ingenuo. Ha dejado claro que el peligro de Irán persiste, pero invita a rusos, checos, polacos y demás a trabajar conjuntamente en la búsqueda de una solución.

Los enemigos de Obama, dentro y fuera de EEUU, interpretan su decisión sobre el escudo como una señal de debilidad, como muestran las airadas reacciones de los republicanos. Pero para la seguridad del mundo es preferible que Washington haya dejado de intentar imponer su doctrina.

Thilo Schäfer