¿Quién se atreve a seguir este modelo?

El mapa del mundo

La capacidad de salir de los atolladeros más profundos de la Unión Europea es legendaria. Hace poco, el futuro de la UE pintaba muy negro ante la perspectiva del fracaso del Tratado de Lisboa, la gran
–por no decir única– apuesta de futuro de los 27. Pero Bruselas consiguió coaccionar a los irlandeses para que finalmente aprobasen el tratado.

Siguieron unas semanas de negociaciones rocambolescas para nombrar el primer presidente fijo de Europa y un jefe de la diplomacia. La opción de mínimos que presentaron los 27 gobiernos nacionales con las figuras del belga Herman Von Rompuy y la británica Catherine Ashton fue recibido con decepción en muchas capitales europeas y seguramente alguna risita al otro lado del Atlántico. Los dos no fueron elegidos tanto por su capacidad profesional como por cumplir una serie de requisitos, como el tamaño de su país de origen, su afiliación política, ser hombre y mujer, etc.

Igualmente, en la selección de los miembros de la Comisión, el Ejecutivo de la UE, con auténtico poder sobre los ciudadanos, no siempre ha primado la experiencia del candidato, como es el caso del alemán Günther Oettinger, que ocupa la cartera de Energía.

Es cierto que hay algunos comisarios muy hábiles y adecuados para su puesto, entre ellos el español Joaquín Almunia. Pero cualquier empresa privada que seleccionara su personal directivo con los métodos que emplea la UE estaría condenada al fracaso.

Thilo Schäfer