Liberales que defienden los valores progresistas

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Reino Unido es el país más clasista de Europa, con un sistema fiscal injusto y a veces regresivo. La máxima expresión es el council tax, introducido por Thatcher. Todos los hogares –con ligeras variaciones según el tamaño de la casa pero sin tener en cuenta el nivel de renta– pagan una tasa elevada por los servicios municipales, como la recogida de basura pero también los beneficios sociales. Un ministro de Thatcher defendió esta extraña lógica diciendo que un millonario usa los mismos servicios que un taxista. El problema es que el taxista suele vivir en un distrito con muchos más gastos sociales. Y sólo los más desfavorecidos gozan de exenciones.
Así que en un barrio pobre de Londres como Hackney el impuesto es varias veces mayor que en Kensington y Chelsea, donde viven los ricos.
Los laboristas no han cambiado este sistema en sus 13 años en el poder. La brecha entre ricos y pobres ha aumentado en parte debido a la laxa regulación de los mercados financieros de Brown.
Pero los conservadores no piensan corregir los desajustes, como demuestra su plan de bajar el impuesto de herencia. Mientras, el partido laborista insiste en extender los beneficios a los más necesitados sin explicar de dónde piensa sacar este dinero.
Los únicos que piden más sacrificios a los más afortunados son los liberal-demócratas, lo que les hace especialmente atractivos a una amplia capa de la población. El partido de Clegg no encaja en el tradicional esquema izquierda-derecha, pero en muchos aspectos –inmigración, guerra de Irak, no renovar la flota nuclear, medio ambiente– se ha convertido en el auténtico estandarte de los valores progresistas.

Thilo Schäfer