Es importante tener amigos poderosos

El mapa del mundo

En la entrada de la capital kosovar, Pristina, saluda una réplica de la estatua de la Libertad que corona un hotel. En la Avenida Bill Clinton hay una escultura del ex presidente de EEUU, que forzó la intervención de la OTAN para tumbar el régimen de Milosevic, incluido el inaceptable bombardeo aéreo de Belgrado. Washington reconoció en seguida la independencia de Kosovo, arrastrando a la mayoría de los países occidentales, mientras sigue negando el derecho al autogobierno a otros pueblos, como los kurdos. El mismo doble rasero lo aplica Rusia, el principal avalista de Serbia, algo que no le impidió reconocer la secesión de Abjasia y Osetia de Georgia.

En la entrada de la capital kosovar, Pristina, saluda una réplica de la estatua de la Libertad que corona un hotel. En la Avenida Bill Clinton hay una escultura del ex presidente de EEUU, que forzó la intervención de la OTAN para tumbar el régimen de Milosevic, incluido el inaceptable bombardeo aéreo de Belgrado. Washington reconoció en seguida la independencia de Kosovo, arrastrando a la mayoría de los países occidentales, mientras sigue negando el derecho al autogobierno a otros pueblos, como los kurdos. El mismo doble rasero lo aplica Rusia, el principal avalista de Serbia, algo que no le impidió reconocer la secesión de Abjasia y Osetia de Georgia.

El argumento central de la Corte Internacional es que, tras la intervención militar, Belgrado ya no ejercía ningún control sobre la provincia rebelde que se había convertido en un protectorado de la ONU. Los jueces destacan también que los autores de la declaración de independencia actuaron a título personal como “representantes del pueblo” y no en calidad de miembros de las instituciones de autogobierno.

Belgrado basa su reivindicación sobre el territorio, en el que el 90% de la población es albanokosovar, en la importancia histórica del Campo de los Mirlos, donde los serbios ubican el origen de su patria y que está salpicado de antiguos monasterios ortodoxos. Pero los mitos medievales no pueden importar más que la realidad social actual y la voluntad mayoritaria de un pueblo.

Lo que queda claro de esta historia es que cualquier parte del mundo que quiera imitar el ejemplo de Kosovo, si no cuenta con un patrocinador poderoso, se mete en un callejón sin salida.

Thilo Schäfer