En tiempo de recortes, ¡viva el espectáculo!

El mapa del mundo

Nadie gana a la familia Windsor a la hora de montar megaespectáculos que hechizan a todo el mundo. Reunir a Elton John, los Beckham y Mr. Bean junto a centenares de dignatarios –algunos no tan dignos– en la vetusta abadía de Westminster, sin duda justifica una audiencia planetaria que algunos estiman en torno a 2.000 millones de televidentes.

Pese a algunos signos de modernidad –la novia es una plebeya–, la ceremonia de ayer, con los uniformes y himnos de la época imperial, evocaba el pasado del que tanto presumen los súbditos de su Graciosa Majestad. A diferencia de otras monarquías europeas, cuya legitimidad es igualmente discutible, la corona británica es el símbolo de la sociedad más clasista que existe en Europa, donde sigue habiendo anacronismos institucionales y grandes fortunas centenarias frente a una amplia clase obrera que encuentra enormes dificultades para superar su situación.

Cierto que en las últimas décadas se han producido avances pero el enlace real se produce justo en un momento en que el país ha dado marcha atrás debido a los brutales recortes sociales, especialmente en educación y sanidad, auspiciado por el Gobierno de Cameron y Clegg, que, como la mayoría de sus ministros, representan la upper class de toda la vida.

Para evitar problemas, la Policía detuvo de forma preventiva a algunas personas y vetó la presencia en el centro de Londres ayer a otras, algunas de las cuales habían destacado por su conducta violenta durante las protestas estudiantiles contra los recortes en la capital hace unos meses. La medida puede ser justificable, pero no deja de ser elocuente.

Thilo Schäfer