La afirmación de que la Presidencia francesa de la UE no podía empezar peor para Sarzoky es parcialmente falsa. Por exagerada, más que nada. Ante todo, Sarzoky se dedicó durante meses a sobredimensionar su programa de acción presidencial comunitaria. No es cierto que la Presidencia rotatoria de la UE sea muy importante, quién la detenta no es el jefe del Ejecutivo de un sistema político presidencialista, ni siquiera parlamentario: es el relaciones públicas de una organización intergubernamental y se rige por reglas de todos conocidas.
Es hipócrita sacar estadísticas sobre si unos pocos irlandeses pueden decidir del destino de 450 millones de europeos. Pueden, y ya lo sabíamos. Pruebas adicionales de que las élites políticas utilizan el tema de la UE a efectos exclusivamente de política interior tenemos cada día. La penúltima: la República Checa descubre ahora, gracias a Irlanda, que el Tratado de Lisboa está o paralizado o muerto. Simplemente, la población checa, por razones diversas, es euroescéptica y mucho. Y ahora Polonia, su presidente, el gemelo de guardia, dice que no ratificará el tratado, a pesar de que su Gobierno (el actual y el anterior, con su hermano de primer ministro) y su Parlamento lo han aprobado.
¿Por qué? Simplemente, para poner en dificultades al Gobierno ante la opinión pública. La UE, instalada en un Tratado de Niza negociado hace nueve años, se dedicará de momento a capear la crisis internacional. Y Sarkozy hará lo que todos: lo que buenamente pueda.
Pere Vilanova
Acaba de salir en Francia un libro que muchos políticos y dirigentes europeos deberían leer. No hace falta que lo lea Silvio Berlusconi, ni tampoco Nicolas Sarkozy. Inútil es que lo lean Jean-Marie o Marine Le Pen, o Brice Hortefeux. “La Caza de Niños. El Efecto Espejo de la expulsión de los Sin Papeles”* es un libro, no para quienes impulsan la Europa-Fortaleza, sino para aquéllos que, con la esperanza de poder quitar algunos ladrillos a los muros y volver más humana la fortaleza, aceptan entrar en tratos con la Administración Sarkozy.
En la obra, el filósofo y psicólogo infantil Miguel Benasayag, en compañía de Angélique del Rey, dan un paso más en el conocimiento del desaguisado social y humano que es la deportación de niños sin papeles. Los autores, con ayuda de la ya célebre Red Educación Sin Fronteras (RESF), se concentran en algo hasta ahora totalmente desconocido y bastante escalofriante. Se trata del efecto que causa la expulsión de niños sin papeles, su desaparición del cole, en sus pequeños camaradas de clase, en los chavales que se quedan y que observan los pupitres vacíos.
Conocido es el sufrimiento humano y el drama social del extranjero expulsado. Pero, al mismo tiempo, ¿Qué pasa en la cabecita del chaval que se queda? ¿Qué siente el colegial cuando le explican –o no le explican– cómo y por qué ha desaparecido su amigo? ¿Qué ciudadano del futuro se está construyendo con ese clima?
La tesis del psicoanalista, basada en entrevistas exploratorias y en testimonios, nos envía a los fundamentos antropológicos de nuestra sociedad, que siguen existiendo pese a los I-Pod.
“Se considera normal que unos policías vengan a la escuela de nuestros hijos a llevarse a algunos de sus amigos. Para que esa percepción de normalidad sea creada sin recurrir explícitamente a fundamentos racistas, ha hecho falta un auténtico trabajo de insensibilización de la población, que implica la creación progresiva de nuevas normas, un proceso que, por cierto, no es exclusivo de Francia, sino que se observa en muchos Estados de la Unión Europea”
“A través de esas normas, percibimos como normal (…) la separación entre los Sin y los Con , una separación que existe desde que el mundo es mundo, pero que es a priori paradójica en nuestras sociedades modernas, sociedades que siguen afirmando defender los derechos humanos y la igualdad entre todos los humanos independientemente de sus orígenes”.
“Los niños que asisten, de cerca o de lejos, a las expulsiones de sus compañeros del cole se ven sumidos en una situación análoga a la que viven los niños que corren un peligro derivado de su propio círculo familiar”, ya que “ese gesto autófago es el de una sociedad que devora a sus propios niños y se auto-condena a vivir un futuro cada vez más brutal”.
“El expulsado es, por excelencia, la víctima propiciatoria, el cabeza de turco sacrificado para garantizar la unidad del grupo”.
“Permitir que el poder designe de forma definitiva a aquéllos que serán cabezas de turco equivale a pervertir la educación de los niños: en la escuela donde hay víctimas propiciatorias, también se forman los lobos del futuro”.
Tras siete años de poder, desde el ministerio de Interior o la presidencia, Nicolas Sarkozy ha conseguido restaurar una sociedad de Sin y de Con, auténtica regresión social lograda precisamente en el país donde más y con más fuerza los jóvenes black-blanc-beur se consideraban iguales ante la ley. Ahora, para continuar la obra que permite que se considere normal la autofagia, París necesita proseguir el “trabajo de insensibilización de la población, que implica la creación progresiva de nuevas normas”, cosa que implica aval europeo.
Todos los llamados a participar en la creación del Pacto europeo sobre inmigración impulsado actualmente por Nicolas Sarkozy, con apoyo de Silvio Berlusconi, deberían tener presente esa duplicidad ya inscrita en carne y hueso en la realidad francesa.
* Miguel Benasayag, Angélique del Rey y varios militantes de RESF: “La Chasse aux Enfants. L’effet miroir de l’expulsion des Sans Papiers”. Con prólogo de Stéphane Hessel. Ed. La Découverte, coll. Sur le Vif. Paris, abril 2008 // www.educationsansfrontieres.org // www.resfmiroir.org
Andrés Pérez / París
Un año con Sarkozy, desde luego no ha sido aburrido, aunque a estas alturas cerca del 70% de los franceses piensa que su balance es negativo. Incluso entre sus propios votantes cunde el desapego. Si hacerlo todo a la vez y con rapidez fulgurante formaba parte del “estilo Sarkozy”, puede estar satisfecho: ningún presidente de la Vª República ha caído tan rápido en las encuestas, en el primer año de mandato.
¿Qué le pasa a Sarkozy? Hay una legión de analistas y especialistas ocupándose del caso, y la verdad, aunque Francia (como otros países europeos) está atravesando serios problemas estructurales, el problema parece ser él mismo y su carácter. Por un lado, su atracción por ocupar todo el espacio mediático, ya sea prometiendo solucionar todo a todo el mundo a la vez: esto es la esencia del populismo. Por el otro, convirtiendo su vida privada en objeto de atracción para el público, de manera deliberada.
A la tercera vez los franceses le han visto el plumero y no se lo perdonan, aunque sigan encontrando a Carla más guapa que cualquier otra primera dama. Uno no se imagina a De Gaulle haciendo el número de Petra y de las Pirámides, ni a Mitterrand (que no era un prodigio de esposo fiel) haciendo footing por la “zona cero” de Nueva York. Y sin embargo, hace un año, hizo una campaña electoral espectacular, innovando en táctica y en estrategia. Pero no es Napoleon, si acaso su sobrino, Napoleon III, el mediocre y populista emperador francés de mitad del siglo XIX.
Pere Vilanova
Francia ha salvado lo esencial de su proyecto de Unión por el Mediterráneo (UPM). Ese es el mensaje que difunde el equipo de Nicolas Sarkozy para acallar las voces de quienes estiman que, tras el compromiso de Hannover con Angela Merkel el 3 de marzo pasado, poco o nada quedaba del gran designio ideado por el Elíseo.
Tras largas semanas de pugna entre Berlín y París sobre la UPM, Merkel y Sarkozy pudieron presentar una fachada de cuasi-unidad en Bruselas gracias a un compromiso ecléctico.
Por un lado, París salva la idea de una estructura ligera en la que “los mediterráneos vamos a asumir las riendas de nuestro destino”, en palabras del consejero especial del Elíseo, Henri Guaino. Para conservar esa denominación de origen 100% Mediterráneo, París ha obtenido de Berlín que la presidencia de la UPM sea exclusivamente reservada a los países de la cuenca.
Según el último borrador del proyecto, lo previsto era que esa presidencia sea ejercida por un período de dos años conjuntamente por dos países, uno mediterráneo miembro de la UE y otro también mediterráneo no miembro de la UE.
Por su parte, París accedió a que el acompañamiento de la presidencia sea efectuado por dos directores, uno de los cuales será forzosamente miembro de la UE, pero no forzosamente mediterráneo.
Salvados los antepenúltimos obstáculos, Francia intenta a volver a poner por delante que lo que desea ante todo son proyectos reales y no entelequias. Empezando por una descontaminación del Mare Nostrum antes de 2020, la creación de sistemas de irrigación en la orilla sur y la implantación de polos de excelencia agrícola.
La pugna por los fondos ya está abierta, y servía de base a las últimas objeciones de algunos miembros de la UE a la UPM que Nicolas Sarkozy quiere lanzar con todo boato en una megacumbre en París el 13 de julio, al inicio de la presidencia francesa de los 27.
Andrés Pérez / París
Algunos franceses creen que Nicolas Sarkozy y su novia Carla Bruni fueron a Egipto porque el presidente de la República aprovechaba un viaje oficial invitado por Hosni Mubarak. No era así. El vuelo se hizo de París a Luxor en un Falcon 900 propiedad de Vincent Bolloré, un riquísimo amigo de Sarkozy que preside la agencia Havas, sexto grupo de comunicación mundial. Posteriormente, se entrevistó con el presidente egipcio como marca el protocolo de las relaciones entre jefes de Estado. Lo mismo ha sucedido con su viaje a Jordania y su entrevista con el rey Abdalá.
Estos recorridos por Oriente Medio costeados por alguien que tiene importantes intereses en medios de comunicación son vistos con recelo por el francés medio. Demasiada jauría de paparazzis y prensa rosa. Si fuesen viajes oficiales utilizaría un avión de la presidencia de la República. Dar a entender que el Falcon 900 es prestado no significa que no haya que pagar más tarde esos favores o los de vacaciones en Malta y EEUU.
Todo ello hace que la popularidad de Sarkozy esté descendiendo aunque no de manera drástica. El 63% de los franceses se siente defraudado con el comportamiento de su presidente. El anuncio de su boda, quizá el 9 de febrero, es un poco precipitado para algunos conservadores. El ímpetu con el que Sarkozy atacaba las urgentes reformas que necesita Francia, parece haber decaído mientras aumentaba en su divorcio, noviazgo y luna de miel por adelantado.
Enrique Meneses
Hay momentos en que todo va mal. Y entonces hay que saber unir fuerzas, estén donde estén. Bernard Kouchner lo sabe. Bernard Kouchner va mal. Tras el fiasco de la operación Arca de Zoé en el este del Chad, le va a ser muy difícil poder posar para las cámaras llevando ayuda a los refugiados de la región en el marco de una operación militar humanitaria. No tiene consuelo con su mediación en el Líbano, que no parece desembocar en nada de que enorgullecerse. Y sus constantes vaivenes a Palestina e Israel empiezan a parecerse a una noria desconectada de cualquier engranaje.
A veces, acercarse a la vejez es duro para ciertos políticos.
Por eso Bernard Kouchner reunió fuerzas ayer en Berlín. Buscó un desconocido grupo de r’n'b alemán, que a su vez busca de publicidad, y se embarcó con su colega teutón en algo que, más que experiencia de mestizaje musical, se parece a una nueva metástasis de las canciones de borracho en la Fiesta de la Cerveza. La excusa perfecta para Kouchner: un grupo de jóvenes de origen turco que piden demasiada publicidad y una canción supuestamente destinada a facilitar la integración. Como si la juventud europea estuviera esperando a Kouchner para inventar el futuro.
La versión hard de la escena.
Estómagos delicados, por favor opten por la versión proporcionada por Le Figaro.

Quería ser el hiperpresidente, el omnipresidente, el presidente “de todos”, el presidente del “poder adquisitivo”, el presidente de la “reforma de las instituciones de la V República”, el presidente de “la revolución ecológica total”, el presidente del “new deal planetario”, el presidente del “plan marshall 2 de la Banlieue”, el presidente de “las víctimas de la delincuencia”, el presidente de “la reducción de déficits”. Se llamaba Nicolas Sarkozy y ganó las elecciones presidenciales de Francia el 6 de mayo pasado ¿Se acuerdan de él?
Hace exactamente seis meses Nicolas Sarkozy llegaba al poder a la cabeza de una sociología electoral totalmente inédita, en la que se reunían, por primera vez desde la Liberación y el fin de la ocupación nazi, votos que andaban peleados desde hacía medio siglo. El voto de la derecha republicana gaullista, el de la derecha católica reaccionaria y el de los antirrepublicanos petainistas encontraron por fin una cara en que reunirse.
La mayoría fue abrumadora y Sarkozy supo espolvorearla con unas perlas de “minorías visibles” –Rachida Dati, Fadela Amara y Rama Yade– y trofeos de caza mayor abatidos en el coto del Partido Socialista –Bernard Kouchner, Jean-Pierre Jouyet, Eric Besson.
Instalado en el poder con una mayoría inimaginable para cualquiera de sus predecesores y prácticamente sin oposición parlamentaria, el presidente siguió haciendo anuncios e instalando comisiones. Para seguir prometiendo y prometiendo una maraña de planes que escapa al entendimiento humano, una nebulosa con la que pide a los franceses que sigan creyendo en un futuro mejor, como si la vida fuera una campaña electoral permanente.
La realidad de la tarea cumplida por el Gobierno Sarkozy es más simple y palpable. Un “paquete fiscal” que ha reducido los impuestos a los más ricos, sin que haya relanzado la economía. Una desfiscalización de las horas extra tan compleja que los auditores contables, de momento, recomiendan a los empresarios no aplicarla a sus asalariados. Una ley de presupuestos que no cubre déficits y sí limita derechos y prestaciones sociales. Precios de todo por las nubes y salarios bajos mínimos. Cuotas de extranjeros por expulsar, niños incluidos, y cuotas de extranjeros a importar como mano de obra útil. Centrales nucleares para el Magreb y amenazas altisonantes a ridículos dictadores sahelianos que, de todas formas, se suben a las barbas de Sarkozy Imperator. La imagen de Francia, que muchos pueblos del Sur veían como una amiga, vestida de nuevo de traje colonial.
El presidente ya no es hiperactivo; se ha vuelto intangible, insaisissable, como dicen los franceses. Está en todas partes y en ninguna. Se le cree reunido con pescadores bretones para hablar de fuel-oil, pero ya está en el avión para cenar con Bush. Se encuentra en Yamena pero ya pisa suelo español. Se le imagina concentrado en solucionar una huelga, pero en realidad está divorciándose de su esposa para casarse con Bush y prometer al Congreso norteamericano que no cederá ante los huelguistas que preparan un bloqueo de Francia.
Es la estampida de Nicolas Sarkozy: De momento no es un hiperpresidente, es un presidente evanescente.
Andrés Pérez
Hay ofertas que parecen tan atractivas que levantan sospechas. Al presidente Rodríguez Zapatero le acaba de tocar el chollo del mes con la liberación y entrega a domicilio de las azafatas españolas que habían sido detenidas en Chad.
En Moncloa no se lo podían creer: Un domingo en que todo el mundo libra, tu colega del Elíseo coge su avión y se va a Chad para sacar de una mugrienta cárcel a unos paisanos suyos y, de paso, a cuatro ciudadanas españolas.
Y no sólo eso. Encima, a la vuelta, su avión presidencial toma un desvío a Madrid para entregar a las cuatro mujeres en persona, lo cual te permite montar un show completo en la base madrileña de Torrejón, con banderas, cámaras y familiares emocionados, y todo esto en la mejor franja televisiva. Un regalo considerable, puesto que Zapatero ni siquiera comparte los colores políticos con el presidente Nicolas Sarkozy.
El viaje relámpago de Sarko fue una escenificación planeada desde el principio. Resulta impensable que la liberación de los siete presos no hubiera sido pactada anteriormente, porque un político tan calculador como Sarkozy no se arriesgaría a volver de Chad con el avión vacío. En Francia se preguntan ahora qué habrá ofrecido Sarkozy a su homólogo chadiano para que suspenda el sistema judicial del país. En España cabría preguntarse qué deuda ha contraído Zapatero con Sarkozy. ¿Cuánto ha costado el espectáculo de Torrejón?
L’addition, s’il vous plaît.
Thilo Schäfer
El crimen perfecto existe. Es el que cometen los Estados. O casi, porque aunque los asesinos mueran impunes, la infamia queda y sus fantasmas persiguen a sus sucesores.
Y si no que le pregunten a Nicolas Sarkozy. El presidente francés esperaba pasar tres plácidos días en Marruecos vendiendo fragatas y trenes de alta velocidad, y ahora se encuentra con la piedra que el juez Patrick Ramaël le ha metido en el zapato. El caso Ben Barka. Uno de los esqueletos que los servicios secretos franceses y marroquíes comparten en su armario desde hace 42 años.
Mehdi Ben Barka había sido profesor de matemáticas del futuro Hasán II. El mismo que, ya adulto, ordenó casi con toda certeza su asesinato. Uno de los indiviudos que participó en el crimen contó que el rey exigió que le llevaran la cabeza del hombre que había osado plantarle cara para asegurarse de que estaba muerto.
Obviamente, Hasán II no se manchó las manos: para eso tenía a su ministro de Interior, el sanguinario Mohamed Ufkir. Pero los marroquíes no actuaron solos. A Ben Barka lo secuestraron unos sicarios franceses. El Gobierno de Francia sabía seguramente que iban a matar a Ben Barka. Y no hizo nada. Eso si, como se cree, sus servicios secretos no participaron directamente. También la CIA y el Mossad israelí estaban al corriente. No parece una casualidad que la agencia americana tenga 1.800 documentos confidenciales, aún sin desclasificar, que atañen a este caso.
Al régimen marroquí no le faltaron cómplices para eliminarlo- sobre él pesaban ya dos condenas a muerte en Marruecos. En plena guerra fría, el líder izquierdista era demasiado incómodo por su compromiso con la lucha contra el imperialismo.
Tras su exilio de Marruecos, Ben Barka se había entregado a impulsar los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo. En la época de su secuestro, estaba preparando la Conferencia Tricontinental que se celebraría en La Habana en enero de 1966. Ben Barka presidía su comité preparatorio.
Los objetivos que fijó eran de los que, en la época, pintaban una diana en la espalda: ayudar a los movimientos de liberación nacional, sobre todo el palestino, intensificar la lucha contra el imperialismo, eliminar las bases extranjeras, apoyar a Cuba y acabar con el apartheid.
Ahora, el juez Ramaël se ha cansado de que Rabat le impida interrogar a los cinco marroquíes contra los que ha emitido órdenes de detención. Rabat había alegado para ello excusas tan peregrinas como que no conocía sus direcciones. Curioso, sobre todo teniendo en cuenta que uno de ellos es nada menos que el jefe de la Gendarmería Real de Marruecos.
La pelota está en el tejado de Sarkozy. Como se preguntaba hace días el periodista francés Joseph Tual, que investiga este caso desde hace 17 años, queda por ver si el presidente galo optará “por la visión comercial de la diplomacia francesa sobre el régimen de Marruecos o por romper con los asesinos y apoyar a la familia Ben Barka, tras 42 años de amnesia provocada del poder francés”.
Trinidad Deiros
Hubo un tiempo en que políticos y periodistas franceses fruncían el ceño cuando leían las noticias sobre esa combinación tan legendaria que forman la política y el sexo en EEUU. Los devaneos extramaritales de los políticos norteamericanos y la jauría de la prensa husmeando cualquier detalle lúbrico componían una estampa impropia de Francia. “No preguntes, no lo cuentes” era la máxima.
Pero llegó Sarkozy y lo que en Francia llaman su estilo a la americana, sus camisetas con el logo de la Policía de Nueva York para hacer jogging y sus reformas directas y agresivas. Y la prensa no tardó ni segundos en ponerse el mono de la prensa popular, también de Nueva York.
La imagen pública del presidente es, como su propio nombre indica, un asunto público, lo que permite meter el cuchillo hasta tocar hueso. Y al que no le guste que no se presente a las elecciones.
Para terminar de ilustrar la mudanza, nada mejor que la portada de Liberation del miércoles. El diario de izquierdas arrinconó en la parte superior la noticia de la primera gran huelga contra Sarkozy. Su gran foto fue para la pareja presidencial y el titular se inspira en la serie de TV Mujeres desesperadas.
Debajo de los adoquines está la prensa del corazón. El nuevo lema del mayo del 68.
Iñigo Sáenz de Ugarte