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El mapa del mundo

“En época de mentiras, contar la verdad se convierte en un acto revolucionario” (George Orwell)

Es importante tener amigos poderosos

22 jul 2010
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En la entrada de la capital kosovar, Pristina, saluda una réplica de la estatua de la Libertad que corona un hotel. En la Avenida Bill Clinton hay una escultura del ex presidente de EEUU, que forzó la intervención de la OTAN para tumbar el régimen de Milosevic, incluido el inaceptable bombardeo aéreo de Belgrado. Washington reconoció en seguida la independencia de Kosovo, arrastrando a la mayoría de los países occidentales, mientras sigue negando el derecho al autogobierno a otros pueblos, como los kurdos. El mismo doble rasero lo aplica Rusia, el principal avalista de Serbia, algo que no le impidió reconocer la secesión de Abjasia y Osetia de Georgia.

En la entrada de la capital kosovar, Pristina, saluda una réplica de la estatua de la Libertad que corona un hotel. En la Avenida Bill Clinton hay una escultura del ex presidente de EEUU, que forzó la intervención de la OTAN para tumbar el régimen de Milosevic, incluido el inaceptable bombardeo aéreo de Belgrado. Washington reconoció en seguida la independencia de Kosovo, arrastrando a la mayoría de los países occidentales, mientras sigue negando el derecho al autogobierno a otros pueblos, como los kurdos. El mismo doble rasero lo aplica Rusia, el principal avalista de Serbia, algo que no le impidió reconocer la secesión de Abjasia y Osetia de Georgia.

El argumento central de la Corte Internacional es que, tras la intervención militar, Belgrado ya no ejercía ningún control sobre la provincia rebelde que se había convertido en un protectorado de la ONU. Los jueces destacan también que los autores de la declaración de independencia actuaron a título personal como “representantes del pueblo” y no en calidad de miembros de las instituciones de autogobierno.

Belgrado basa su reivindicación sobre el territorio, en el que el 90% de la población es albanokosovar, en la importancia histórica del Campo de los Mirlos, donde los serbios ubican el origen de su patria y que está salpicado de antiguos monasterios ortodoxos. Pero los mitos medievales no pueden importar más que la realidad social actual y la voluntad mayoritaria de un pueblo.

Lo que queda claro de esta historia es que cualquier parte del mundo que quiera imitar el ejemplo de Kosovo, si no cuenta con un patrocinador poderoso, se mete en un callejón sin salida.

Thilo Schäfer

La magia de Merkel ya no funciona

30 jun 2010
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Nadie duda de que la principal virtud política de Angela Merkel siempre ha sido su brillante manejo de las artes maquiavélicas de la lucha del poder. La hija de un sacerdote tiene el mérito de haberse erigido en la líder indiscutible de un partido conservador que siempre había sido dominado por hombres y en el que las mujeres representaban poco más que un guiño a la modernidad. Tras el fin traumático de la era Kohl en 1998, los posibles delfines prefirieron dejar el campo a esa mujer de Alemania del Este.

Desde entonces, el principal objetivo de Merkel ha consistido en manifestar su poder absoluto en la CDU, eliminando uno por uno a sus potenciales rivales. Primero fue la defenestración del rey de Baviera Edmund Stoiber, jefe de la CSU, el partido hermanado con la CDU de Merkel.

Tras la victoria electoral en septiembre pasado, traspasó a Karl-Theodor zu Guttenberg, la joven y flamante estrella del campo conservador, al Ministerio de Defensa, una cartera donde es muy difícil hacer méritos pero que está lleno de trampas, y más con la impopular guerra en Afganistán.

Otras víctimas eran los poderosos barones regionales. El primer ministro de Hesse, Roland Koch, acaba de tirar la toalla y se retira de la política. La inesperada dimisión del presidente Horst Köhler hace un mes, le brindó la oportunidad de deshacerse de Christian Wulff, primer ministro de Baja Sajonia, con una patada hacia arriba. La victoria por los pelos de Wulff ha dañado seriamente la autoridad de la canciller.

Hace tiempo que la magia de Merkel ya no funciona. Ante las cruciales elecciones en Renania del Norte Westfalia en mayo, optó por la indefinición, aparcó las reformas e incluso puso en peligro el rescate europeo de Grecia por miedo a perder. Y perdió no sólo el Gobierno regional sino también su mayoría en la Cámara Alta.

Para recuperar el liderazgo, Merkel decidió encabezar el nuevo rumbo de los recortes sociales. Con esta movida no sólo contrarió a sus aliados en Europa y Washington. Sus socios liberales en el Gobierno tuvieron que aceptar que su principal –por no decir único– reclamo electoral, la bajada de impuestos, se fue al basurero.

Muchos alemanes –también dentro de la CDU– se preguntan hace tiempo qué programa político quiere vender la jefa del Gobierno. Wulff, de alguna manera, era un símbolo de esa estrategia vacía de contenidos. Tras la debacle de ayer, Merkel se ha quedado más sola que nunca y parece que la coalición tiene los días contados.

Thilo Schäfer

Quizás es necesario un embargo contra Israel

03 jun 2010
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Binyamin Netanyahu insistió el miércoles en que los soldados israelíes que abordaron la flotilla de apoyo a Gaza se defendieron contra “extremistas violentos que apoyan el terrorismo”. ¿Si esta gente es tan peligrosa –en un primer momento las autoridades hebreas llegaron a sugerir que se trataba de miembros de Al Qaeda– por qué les deportan ahora sin juicio? Asimismo, el primer ministro dijo que la flotilla pretendía abrir un corredor para hacer llegar armas a Hamás, aunque las imágenes del ejército israelí muestran solo cuchillos, tirachinas y palos. Eso da la falsa idea de que el bloqueo tiene como único fin evitar el rearme de los islamistas.

Israel se resiste a admitir que el embargo que castiga a 1,5 millones de palestinos no funciona. Se lo acaba de recordar la jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton, que ha denunciado que el bloqueo es “inaceptable y contraproducente”. Lamentablemente, estas palabras han sido lo más fuerte que ha pronunciado la UE, en línea con prácticamente todos los gobiernos occidentales. Es evidente que el Gobierno israelí es totalmente inmune a las palabras de condena.

El acto de piratería que ha afectado a ciudadanos comunitarios requiere una respuesta más contundente por parte de Europa. Se podría, por ejemplo, suspender el Acuerdo de Asociación de la UE con Israel o el régimen de liberalización agraria que entró en vigor este año, mientras no se levante el embargo contra Gaza. Por supuesto que esta sanción afectaría a muchos israelíes decentes que no tienen nada que ver con la política errónea de su Gobierno. Pero quizás es la única forma de hacer entender lo absurdo, ineficaz e injusto del bloqueo.

Thilo Schäfer

Liberales que defienden los valores progresistas

05 may 2010
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Reino Unido es el país más clasista de Europa, con un sistema fiscal injusto y a veces regresivo. La máxima expresión es el council tax, introducido por Thatcher. Todos los hogares –con ligeras variaciones según el tamaño de la casa pero sin tener en cuenta el nivel de renta– pagan una tasa elevada por los servicios municipales, como la recogida de basura pero también los beneficios sociales. Un ministro de Thatcher defendió esta extraña lógica diciendo que un millonario usa los mismos servicios que un taxista. El problema es que el taxista suele vivir en un distrito con muchos más gastos sociales. Y sólo los más desfavorecidos gozan de exenciones.
Así que en un barrio pobre de Londres como Hackney el impuesto es varias veces mayor que en Kensington y Chelsea, donde viven los ricos.
Los laboristas no han cambiado este sistema en sus 13 años en el poder. La brecha entre ricos y pobres ha aumentado en parte debido a la laxa regulación de los mercados financieros de Brown.
Pero los conservadores no piensan corregir los desajustes, como demuestra su plan de bajar el impuesto de herencia. Mientras, el partido laborista insiste en extender los beneficios a los más necesitados sin explicar de dónde piensa sacar este dinero.
Los únicos que piden más sacrificios a los más afortunados son los liberal-demócratas, lo que les hace especialmente atractivos a una amplia capa de la población. El partido de Clegg no encaja en el tradicional esquema izquierda-derecha, pero en muchos aspectos –inmigración, guerra de Irak, no renovar la flota nuclear, medio ambiente– se ha convertido en el auténtico estandarte de los valores progresistas.

Thilo Schäfer

Clegg dice la verdad y encima le va bien

23 abr 2010
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Hace unos años, unos jóvenes ingleses blancos con los que jugaba al billar en un pub del East End londinense me dijeron que me iban a machacar igual que su país derrotó a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. A medida que sus bromas de mal gusto sobre Hitler se hacían cada vez más pesadas, un anciano que miraba la escena se levantó y les increpó diciendo que él había luchado en aquella guerra. “Hoy tengo una pensión de mierda mucho peor que la de cualquier alemán. No tenéis derecho a presumir de la guerra. So shut the fuck up“, les espetó. Se acabó la partida.

La prensa de derechas ha desenterrado ahora un artículo que en 2002 escribió Nick Clegg en el que denunciaba ese “sentido erróneo de la superioridad” de su gente para cuestionar las credenciales patrióticas del candidato de los liberales demócratas. Son los mismos elementos que empujaron a David Cameron a sacar a los eurodiputados conservadores del grupo popular para meterlos en una alianza con partidos homófobos y que en algunos casos rozan el fascismo.

Quizás porque piensa que no tiene nada que perder, Clegg se atreve a decirles muchas verdades a los votantes británicos, verdades que los dos grandes partidos prefieren callarse o directamente manipulan. Por ejemplo que la inmigración tiene un impacto positivo para la economía del país. Los liberales demócratas han sido el único de los grandes partidos que ha estado en contra de la guerra de Irak desde el principio frente a la complicidad entre laboristas y conservadores.

Asustados ante el auge del tercer partido del país, los tories han recurrido a otra falacia. Su portavoz de economía ha advertido de que los mercados financieros podrían tomar muy mal la posibilidad de que no salga un Gobierno estable de las urnas. ¿Pretenden delegar el voto directamente a los brokers?

Los británicos llevan mucho tiempo presos del autoengaño de su pasado glorioso y de la arrogancia del establishment político-empresarial. Por fin, parece que quieren dar un golpe en la mesa.

Thilo Schäfer

Manual para disculparse con un país inexistente

24 feb 2010
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En política internacional es malo ser un país pobre, pero es aún peor ser un país inexistente. A los primeros suelen engañarlos únicamente los países más grandes que ellos, mientras que a los segundos acostumbra a engañarlos todo el mundo. A veces, quienes los engañan ni siquiera saben que lo están haciendo.

Es lo que le está ocurriendo al Sáhara Occidental: que la Unión Europea estaba engañando a los pobres saharauis sin saber siquiera que lo hacía. Es verdad que también los engaña Rabat, pero es que Rabat lo hace de oficio, mientras que Bruselas lo hace por pereza, por olvido: porque un país inexistente raramente crea problemas.

Según las leyes internacionales, los beneficios del acuerdo de pesca que los europeos firmaron con Marruecos en 2007 deberían llegar también a los exhaustos bolsillos de los saharauis porque es en los bancos del Sáhara, y no sólo en las aguas marroquíes, donde el acuerdo autoriza a faenar a los barcos de la Unión. Pues bien: ha sido necesaria la tenacidad (no remunerada) de una organización no gubernamental como Western Sahara Resource Watch para que (la bien remunerada) burocracia jurídica de Bruselas haya hecho por fin el maldito trabajo que no hizo tres años atrás, cuando se firmó el convenio, y haya trasladado a la Comisión Europea su sospecha de que los saharauis tal vez no estén obteniendo beneficio alguno de los más de 140 millones de euros que la Unión paga a Rabat por ese acuerdo.

Bruselas no sólo debería asegurarse de que los saharauis cobren lo suyo. Debería también disculparse: aunque sólo sea porque los países inexistentes suelen empezar a existir precisamente cuando alguien se toma la molestia de pedirles disculpas.

Antonio Avendaño

El fin ya no justifica los medios, ¿o sí?

24 feb 2010
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Los civiles no sólo son las víctimas inocentes de la guerra. En la mayoría de las contiendas han sido uno de los objetivos estratégicos de las partes beligerantes que, de esta forma, buscaban socavar el espíritu del enemigo al hostigar a su población. Esta táctica no es algo exclusivo de tiranos sangrientos o regímenes totalitarios. Los bombardeos de Hiroshima, Nagasaki o Dresde fueron obra de estrategas de las grandes democracias que justificaron el sacrificio de decenas de miles de civiles como un precio necesario para vencer al fascismo. El fin justificaba los medios.

Hoy es imposible vender a la opinión pública que sea imprescindible machacar a mujeres y niños para conseguir la victoria. Las guerras de Irak y Afganistán son los primeros conflictos en los que el agresor se preocupa celosamente por minimizar las bajas civiles. Pero a pesar de los avances tecnológicos, la “guerra limpia” es un espejismo, como han demostrado Faluya, Kunduz o la matanza del domingo en Uruzgan. La tarea es aún más complicada cuando el enemigo no forma un ejército convencional.

Mientras el general McChrystal pide disculpas por las víctimas y promete ser más cuidadoso, el general Petraeus augura que la ofensiva se intensificará en los próximos meses. Es obvio que morirán muchos más afganos inocentes. Los responsables políticos de la guerra de Afganistán deberían ser más sinceros y decirnos que la gran ofensiva que acaban de poner en marcha tendrá un alto coste humano. Porque existen serias dudas de que el fin justifique tantos daños colaterales.

Thilo Schäfer

¿Quién se atreve a seguir este modelo?

01 dic 2009
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La capacidad de salir de los atolladeros más profundos de la Unión Europea es legendaria. Hace poco, el futuro de la UE pintaba muy negro ante la perspectiva del fracaso del Tratado de Lisboa, la gran
–por no decir única– apuesta de futuro de los 27. Pero Bruselas consiguió coaccionar a los irlandeses para que finalmente aprobasen el tratado.

Siguieron unas semanas de negociaciones rocambolescas para nombrar el primer presidente fijo de Europa y un jefe de la diplomacia. La opción de mínimos que presentaron los 27 gobiernos nacionales con las figuras del belga Herman Von Rompuy y la británica Catherine Ashton fue recibido con decepción en muchas capitales europeas y seguramente alguna risita al otro lado del Atlántico. Los dos no fueron elegidos tanto por su capacidad profesional como por cumplir una serie de requisitos, como el tamaño de su país de origen, su afiliación política, ser hombre y mujer, etc.

Igualmente, en la selección de los miembros de la Comisión, el Ejecutivo de la UE, con auténtico poder sobre los ciudadanos, no siempre ha primado la experiencia del candidato, como es el caso del alemán Günther Oettinger, que ocupa la cartera de Energía.

Es cierto que hay algunos comisarios muy hábiles y adecuados para su puesto, entre ellos el español Joaquín Almunia. Pero cualquier empresa privada que seleccionara su personal directivo con los métodos que emplea la UE estaría condenada al fracaso.

Thilo Schäfer

¿Vuelve la dama de hierro?

29 sep 2009
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Hace cuatro años muchos comentaristas, sobre todo en la prensa internacional, pusieron a Angela Merkel la etiqueta de ser “la Margaret Thatcher alemana”. En la campaña de 2005, la heredera de Kohl proponía una política de reformas radicales y su objetivo era alcanzar una mayoría para gobernar junto con los liberales. Pero la Unión Democristiana (CDU) cosechó un resultado insuficiente y Merkel se vio obligada a formar una gran coalición con los socialdemócratas (SPD).

En los cuatro años que duró el experimento, la supuesta dama de hierro se olvidó de su agenda liberal hasta el punto de que parecía estar más cerca de las políticas del SPD que del ala conservadora de su
propio partido.

Ahora, Merkel y la CDU han conseguido su objetivo de formar un Gobierno de centroderecha, pero el precio ha sido muy alto. El histórico éxito de los liberales (FDP) se explica porque muchos votantes conservadores han preferido apoyar al FDP, para evitar que Merkel pudiera caer en la tentación de repetir la gran coalición.

También en el electorado de centroizquierda ha primado el deseo de evitar un nuevo Gobierno entre CDU y SPD. Los socialdemócratas han pagado por su grave error estratégico de descartar cualquier pacto con La Izquierda. Frank-Walter Steinmeier se limitó a pedir el voto para que el SPD pudiera evitar una victoria del centroderecha y así volver a gobernar con Merkel. Ante esta falta de ambición, muchos votantes del SPD se quedaron en casa o prefirieron dar su apoyo a La Izquierda.

En la noche electoral, Merkel aseguraba que no cambiaría su estilo. Pero su nuevo socio, el flamante líder liberal Guido Westerwelle, tiene ahora la sartén por el mango. Puede que, finalmente, a Merkel no le quede más opción que asumir el papel de dama de hierro.

Thilo Schäfer

Un misil en el corazón de la doctrina Bush

18 sep 2009
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Primero, Obama desmanteló el absurdo y escandaloso aparato que había montado George Bush para su guerra contra el terror, sobre todo el cierre de Guantánamo y la prohibición de la tortura. Ahora, el presidente ha tirado abajo otro pilar de la política exterior de su antecesor que había creado tensiones innecesarias, especialmente con Rusia: el escudo antimisiles.

Polonia y la República Checa se habían ofrecido para albergar las instalaciones para ganar el favor de Washington frente a la Rusia de Putin. Bush usaba a las jóvenes democracias del Este como vasallos en su batalla geopolítica con el Kremlin. Esa estrategia se remonta a la polémica carta de apoyo a la invasión de Irak, redactada por Aznar y firmada por Blair, Berlusconi y varios países del Este. La iniciativa dio lugar a la famosa definición de la “Europa vieja” –léase Francia y Alemania– frente a la “Europa nueva”.

No sorprende que Obama despierte menos entusiasmo en el Este que en el Oeste. Según una encuesta del German Marshall Fund, hace un año el 44% de los polacos apoyaba a Bush, frente al 11% de los españoles y el 12% de los alemanes. Ahora Obama goza del apoyo de sólo el 55% de los polacos, mientras que en España la cota llega al 85% y en Alemania al 92%.

En el esquema del nuevo presidente no encaja el divide et impera de su predecesor. No es un ingenuo. Ha dejado claro que el peligro de Irán persiste, pero invita a rusos, checos, polacos y demás a trabajar conjuntamente en la búsqueda de una solución.

Los enemigos de Obama, dentro y fuera de EEUU, interpretan su decisión sobre el escudo como una señal de debilidad, como muestran las airadas reacciones de los republicanos. Pero para la seguridad del mundo es preferible que Washington haya dejado de intentar imponer su doctrina.

Thilo Schäfer