Disidencia
Jonathan Littell es un escritor francés que reside en Barcelona y que ha saltado a la fama en Europa con su novela Les Bienveillants, un libro donde se aborda el Holocausto desde un punto de vista nazi. Littell es de familia judía, aunque él no se considera judío. Haaretz publica una entrevista con el escritor de la que cito textualmente una parte (sólo he añadido lo que figura entre paréntesis):
“Personalmente entiendo los argumentos que hablan de una excepcionalidad del Holocausto, pero no estoy de acuerdo. El argumento básico es que los nazis quisieron matar a todos los judíos, pero no veo la diferencia entre esto y una política de exterminio dirigida –y aplicada a gran escala– a otros grupos como los campesinos en la Unión Soviética o en Camboya. Cada genocidio es excepcional”.
Littell dice que uno de sus objetivos (en la novela) es mostrar “cómo ocurrió”. Pero también quiere mostrar que no se trata de un problema entre alemanes y judíos. “Si se reduce a eso, entonces cada cual podría decir ¿por qué nos hemos de preocupar? Esto es lo que encuentro peligroso en la centralidad judía de la conmemoración, que deja a otras muchas víctimas fuera de la ecuación”.
Pero la ideología nazi estaba dirigida explícitamente contra los judíos como raza.
“Creo que la exterminación de los judíos es un problema universal, que afecta a todos. Más allá, pienso que el tema se está usando hoy en Israel con intereses políticos”. Hubo un suceso que “me conmocionó de una manera horrible”, cuenta Littell. “Fui a Birkenau y pasé allí un par de días investigando (para mi novela). Un día me encontraba en la torre de la entrada cuando llegaron varios autobuses con muchachos israelíes de unos dieciséis años. Lo observé todo y fue asombroso. Primero pasaron bajo el arco que hay en la entrada del campo. Luego desenrollaron esas enormes banderas israelíes. Marcharon hacia el lugar donde estaban las cámaras de gas, donde permanecieron tres minutos. El profesor probablemente les explicó algo sobre ese lugar. Después regresaron por el mismo camino enarbolando sus banderas, y bajo el arco de entrada las doblaron. Los muchachos comenzaron a fumar cigarrillos y a palmear el trasero de las chicas, y se marcharon. Esa ceremonia no tuvo nada que ver con lo que realmente ocurrió en Auschwitz. Tiene más que ver con ‘Escuchad, futuros soldados israelíes, vais a luchar por esto’. Es algo político, es un mecanismo que no guarda ninguna relación con lo que ocurrió realmente. Creo que el Holocausto se está explotando políticamente de la misma manera que la política de exterminio nazi contra otros grupos –rusos, homosexuales, gitanos– no se está explotando”.
Cuando se le pregunta si cree que el Holocausto define las acciones de Israel hoy, Littell responde: “Por otra parte, Israel es un país que experimentó un grave trauma, y el Holocausto creó un estado paranoico. Pero también nos encontramos con la codicia, con el robo de la tierra y con toda esa porquería. Eso no tiene excusa. Lo siento, pero eso no puede excusarse con cosas que ocurrieron hace sesenta años”.
Littell admite que “existe claramente un nervio de miedo”, pero añade inmediatamente, “Yo no lo tengo. No tengo miedo. Es extraño, pero Israel, que fue creado para ser un lugar seguro para los judíos, se ha convertido en el lugar más peligroso del mundo para los judíos. Y ha hecho también que ser judío sea más peligroso en otros países”.
Littell dice que Israel usa el Holocausto para justificar acciones “inexcusables”, en referencia a los territorios (ocupados), y compara las acciones del Ejército con el comportamiento de los nazis en el periodo anterior a la toma de poder.
¿Crees que se pueden comparar?
“No, no podemos compararlo. No existe genocidio en los territorios (ocupados), pero se están cometiendo acciones atroces. Si el gobierno permitiera que los soldados hicieran cosas peores, las harían. Todos dicen ‘Mira cómo los alemanes trataron a los judíos antes del Holocausto: les cortaban la barba, les humillaban en público, les obligaban a limpiar las calles’. Esta clase de cosas ocurren en los territorios (ocupados) a diario. Cada puñetero día. Y ahora tenéis a una entera generación de rusos locos que no se preocupan por nada y son de extrema derecha”.
(…)
¿El hecho de que la novela se haya publicado en hebreo tiene alguna significación especial para usted?
“Creo que los israelíes deberían mirarse a ellos mismos. Cuando lean un libro como el mío no deberían mirar simplemente al lado judío de las cosas. Lo que importa es alcanzar un cierto nivel de comprensión y aplicarlo a lo que está ocurriendo ahora, y tal vez usarlo para corregir las cosas. Sentarse y hablar con historiadores sobre lo que ocurrió hace sesenta años no es muy interesante si no se aplica a lo que está sucediendo hoy”.
¿Por ejemplo?
“Por ejemplo, lo que los americanos están haciendo en Iraq es inaceptable. No me refiero a la guerra sino a la tortura y cosas como las de Abu Ghraib. Comprender a los alemanes de hace sesenta años puede servir para que sientas que tú no estás demasiado alejado de aquello, como americano o como israelí. Quizás es posible reforzar nuestros mecanismos sociales para evitar que nuestras sociedades, por lo menos, se salgan de madre”.
¿Qué deberían hace los lectores israelíes?
“Creo que, en lugar de golpearse el pecho, lo que los israelíes deberían hacer es mirar detenida y seriamente lo que están haciendo ahora. No estoy diciendo que la sociedad israelí de hoy sea comparable con la sociedad nazi de la Segunda Guerra Mundial, pero definitivamente es una de las sociedades occidentales más dementes”.











