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El mapa del mundo

“En época de mentiras, contar la verdad se convierte en un acto revolucionario” (George Orwell)

La palabra escrita en Cuba

22 feb 2008
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No es habitual que los dictadores abandonen el cargo para dedicarse al columnismo, ni siquiera de boquilla y por problemas de salud. Pero Castro no es un dictador cualquiera. Para mantener el poder durante medio siglo se necesita algo más que represión y talento para estas cosas: se necesita, sobre todo, un buen contexto. Uno que permita apelar constantemente a amenazas exteriores. Y si las amenazas fueron reales, tanto mejor; aunque desaparecieran hace treinta años.

La oratoria siempre ha sido el mejor aliado del ex presidente de Cuba. Más que la URSS en su momento. Porque la URSS salvó una situación y desde luego financió la sanidad pública, el sistema educativo y hasta el medallero olímpico de la isla. Sin embargo, la vida da muchas vueltas, los amigos se marchan y un buen día pueden reconvertirse en otro contexto. Moscú como culpable de los defectos del régimen. EEUU como justificación de lo que sea. El imperialismo. La patria. Las condiciones objetivas. Emociones en boca de un actor.

La decisión de Castro llega tarde para los cubanos, a quienes se niega el derecho a vivir en libertad, y tal vez para él mismo. Ahora, desde su tribuna en el diario Granma, está a punto de descubrir que nada traiciona más que la palabra escrita. La mayoría de los políticos son muñecos de cámara de televisión y palabrería. Carecen de ideas; o quedan tan desnudas y burdas en un folio en blanco, que no las salva ningún contexto. Nadie moriría o mataría por ellas.

Jesús Gómez

Colombia necesita un buen traductor para entenderse

11 ene 2008
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Emmanueles hay miles en Colombia. Uno de ellos, afortunadamente, verá hoy a su madre. Pero hay miles que no pueden. Colombia vive atormentada en medio de la diabólica encrucijada que marcan cuatro décadas de violencia atroz. La mentira y la desconfianza han echado demasiadas raíces.

“Necesitamos un traductor con más urgencia que nunca”. La frase es de Guillermo Cortés, ex director editorial de Hora Cero, el informativo televisivo nocturno que transmite el Canal A en Bogotá, y que en 2000 pasó siete meses secuestrado por las FARC. Pocos analistas se atreven a aventurar el futuro mientras medio país continúe dando la espalda a la realidad del resto.

Sin duda, la liberación de Clara Rojas y Consuelo Fernández, en manos de las FARC desde 2002 es, de momento, un ejemplo de buenas intenciones para un país donde el odio nacido de las injusticias corre hondo y los atropellos por la propiedad de la tierra se siguen cometiendo con toda impunidad.

Constanza Vieira, periodista de la agencia global de noticias Inter Press Service (IPS), asegura que “lo único claro de este último capítulo es que todos mintieron. Las FARC, con el tema del niño, y el Gobierno de Álvaro Uribe con la vaina de las operaciones militares de fin de año. Vivimos una enorme mentira sobre la guerra”.

La situación política en Colombia vuelve a cobrar interés internacional. Vieira cree que sólo la presión internacional podría ablandar a las partes en conflicto y abrir definitivamente “un proceso que desemboque en un canje humanitario que será el preámbulo de la paz y la reconciliación nacional verdadera”.

La mayoría de las fuentes consultadas opina de idéntica forma pero nadie sabe qué mecanismo usar. Quizá el primer paso sería aceptar la existencia de un conflicto político, algo que el Gobierno niega. Las atrocidades cometidas por las FARC y la extraordinaria campaña de relaciones públicas desplegada por el Ejecutivo de Uribe metieron a la guerrilla colombiana en la lista negra de las organizaciones terroristas del mundo en 2002. “Apelando al derecho y la legitimidad del Gobierno democrático, Bogotá no deja un solo resquicio para admitir la existencia de una lucha armada con raíces políticas. No se ve la solución”, admite Ivan Briscoe, experto en América Latina de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), un think tank  europeo con sede en Madrid.

Pero mientras los políticos juegan su partida, más de 700 personas continúan encerradas por las FARC en la hostilidad de la selva y cientos de ciudadanos aguardan un juicio con garantías en cárceles infames del Estado.

En la prisión de El Buen Pastor de Bogotá hay 63 reclusas acusadas de rebelión pero sólo 25 reconocen formar parte de las FARC. Las demás fueron criminalizadas por vivir en un área de influencia guerrillera. “Es una práctica habitual en las zonas rurales. Las razones que esgrime la guerrilla para mantener rehenes en su poder”, explica la periodista Vieira.

Una paradoja sorprendente es que cuando se pide a familiares de secuestrados que enumeren responsabilidades por su drama personal suelen empezar cargando contra el Gobierno colombiano. Eso sucede con los Betancourt, una familia conservadora como Álvaro Uribe pero al que siempre censuran su falta de compasión para los asuntos humanitarios y su nula cintura con los problemas políticos del país.

Su promesa de arrasar a la guerrilla colombiana lo llevó a la presidencia en 2002 y 2006 por abrumadora mayoría. Pero los años pasan y la guerra sigue, y la pobreza lacera a casi la mitad de la población del país.

Gorka Castillo 

Marcos de referencia

11 ene 2008
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Los días 16 y 17 de mayo se celebrará en Lima la V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y la Unión Europea. 44 mandatarios que hablarán de desarrollo sostenible y otras cuestiones con su correspondiente reunión empresarial paralela y las contracumbres de rigor. En principio no habrá nada nuevo. Pequeños avances, referencias al famoso TLC bilateral y, en lo tocante al universo alternativo, defensas a ultranza de Castro y Chávez o del presidente iraní, según toque.

Como siempre, la realidad es más rápida que nosotros. La caída del muro de Berlín despejó el panorama en un sentido indiscutible: no hay solución para ninguno de los grandes problemas si no establecemos leyes y marcos internacionales adecuados. Veinte años después, todas las instituciones supranacionales se enfrentan a un escepticismo lógico, desde la ONU hasta la propia UE. Pero el margen de maniobra será escaso mientras banqueros y empresarios mantengan un proyecto y una visión global más común que la de sindicatos y partidos de izquierda.

Hace unos años, cierto sindicalista latinoamericano me expresaba su alegría por el cierre de una empresa en España y el despido de los trabajadores. Como la trasladaban a un país de gorritos indigenistas, debía ser bueno. Con el tiempo, la empresa se marchó a un lugar de salarios aún más bajos y derechos más inexistentes. No sé qué habrá sido de aquel individuo, típico nacionalista de la región, pero es hora de aprender que no hay norte y sur sino ricos y pobres.

Jesús Gómez 

Las urnas desmienten a la propaganda

04 dic 2007
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Para ser una dictadura, Venezuela es bastante heterodoxa. La oposición ha hecho campaña en la calle por el ‘no’. Ha sido silenciada en la televisión pública, pero ha encontrado el apoyo de la mayoría de la prensa. Sus mítines no han sido interrumpidos por la Policía. El resultado –ajustadísimo y por tanto fácilmente manipulable– le ha dado la victoria por una diferencia inferior a los 190.000 votos sobre nueve millones de votos emitidos. El presidente ha tardado sólo unos minutos en reconocer la derrota, ha felicitado a los vencedores y ha apelado a la reconciliación.

Lo que no ha hecho es rendirse. Democracia no es sinónimo de rendición.

Se acaba así la gran patraña sostenida por la mayor parte de la prensa española, la que decía que Venezuela se encamina de forma inexorable a una dictadura similar a la de Cuba. Quizá cegados por la defensa del honor del rey, los periodistas han preferido creer a sus prejuicios antes que a la realidad.

Venezuela es más libre que el sábado porque uno de los requisitos de la democracia es poder decir no a los gobernantes. Que es justamente lo que los dictadores no suelen permitir. Desgraciadamente, las corrientes autoritarias están muy presentes en Venezuela, tanto entre chavistas como antichavistas. Al igual que en Brasil, México, Argentina y Colombia. Y ninguno de esos países es una dictadura. Todos tienen muy buenas relaciones con EEUU. Supongo que ahí está la diferencia.

Iñigo Sáenz de Ugarte

El orgullo patriótico es un mal consejero

27 nov 2007
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Con vistas a futuras reducciones de la burocracia, los Gobiernos latinoamericanos podrían prescindir de sus ministros de Exteriores. O hacer que los ministros de Defensa se ocupen de la diplomacia. A fin de cuentas, las relaciones entre los países tienen más que ver con el humor con que se levantan sus presidentes y las rencillas personales que con aspectos políticos de más calado.

Colombianos y venezolanos deben de estar preguntándose qué ha ocurrido para que dos dirigentes que se habían estado tratando con respeto, a pesar de sus evidentes diferencias ideológicas, se hayan citado ahora a un duelo. Chávez es un insurgente demagogo, según Uribe. El colombiano es un sicario de EEUU, según el venezolano. ¿Acaban de descubrirlo o querían mantener el secreto por un tiempo?

Las rivalidades entre naciones existen tanto allí como en Europa. La diferencia estriba en que los presidentes de América Latina suelen ser los primeros en hinchar el pecho, elevar el dedo y mentar a la madre del adversario.

En Europa resulta impensable que dos países rompan relaciones diplomáticas. En América, esa posibilidad siempre existe. Cuando llega el momento de enarbolar la bandera del orgullo nacional, no hay historia común, relaciones comerciales o intereses mutuos que puedan interponerse.

Los dirigentes latinoamericanos no son conscientes de que sin unidad todo el continente seguirá jugando un papel secundario en el mundo. Por favor, tengan conversaciones francas y directas. Los usos diplomáticos permiten pegarse patadas por debajo de la mesa, siempre que a la salida todos pongan en su cara una sonrisa de circunstancias.

Iñigo Sáenz de Ugarte 

Exhibicionismo

22 nov 2007
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El gran circo humanitario global, después de los desagradables episodios del Arca de Zoé, los varios escándalos financieros que salpican algunas ONG españolas, y las sombras que se ciernen sobre un nuevo caso en Etiopía, presenta al polifacético y omnipresente Hugo Chávez en su nueva faceta de intermediario en secuestros. Si hace unas semanas se ofrecía para obtener la liberación de Ingrid Betancourt, colombiano-francesa, y otros casi cincuenta prisioneros de las FARC, expectativas multiplicadas por otro gran actor, Nicolas Sarkozy,  a su llegada a París, Hugo Chávez ha admitido que en realidad no traía las prometidas pruebas de que Betancourt seguía con vida, sino que el líder guerrillero Marulanda le había asegurado que tendría pruebas (de que los rehenes siguen vivos) antes de fin de año.

El problema adicional es que el Gobierno de Colombia ha exigido un límite temporal concreto para acabar con ese chantaje, condición que Chavez aceptó. Para exhibir tan magro resultado, Chavez no tenía que detenerse en París después de su exhibición mediática en Irán, a menos que su interés principal sea el de atraer la atención de los medios de comunicación de todo el mundo allá donde vaya. La intermediación para la liberación de rehenes es un tema tan serio como necesitado de la mayor discreción, y Chávez, francamente, discreto no es. Pero que nadie se equivoque, conviene volver a insistir en la ignominia de la industria del secuestro en la que se ha instalado la dirección de las FARC.

Pere Vilanova

Rey de la web

20 nov 2007
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“La razonada respuesta” del rey Juan Carlos al presidente Hugo Chávez, según The Economist, sigue alimentando las páginas de los medios anglosajones. “Chavez ha elegido quizá el objetivo equivocado. España y su monarca son populares en Latinoamérica”, advierte el prestigioso semanario británico.

 En tono más irónico, The Guardian brinda “un saludo” al jefe del Estado español por “su regía grosería”, aunque no le concede ”la corona” como el “más grosero representante de la realeza”. Tras citar una serie de salidas fuera de tono de miembros de la familia real británica, el autor de la columna, Stephen Moss, calcula que tal honor corresponde al Príncipe Felipe, duque de Edimburgo. De acuerdo con el columnista, el marido de Isabel II llamó en alguna ocasión “barrigones” a los húngaros, “ojos rasgados” a los chinos y preguntó a aborígenes australianos si “todavía lanzan flechas”. “Es un hombre que parece que no se ha dado cuenta de que la revolucion francesa sucedió”, concluye.

Pero nada encanta a los medios tanto como “el smash hit” del Why don´t you shut up, versión inglesa del arrebato de cólera de Don Juan Carlos. “Un clásico instantáneo en España”, adelantó en Thomas Catan en The Times a los dos días del incidente. “No pudo imaginar que su abuso del protocolo diplomático se convertiría en un mega éxito”, señaló después Paul Hamilos, nuevo corresponsal en Madrid de The Guardian.

Unos y otros calculan que se han colgado en You Tube y sitios similares de Internet 700 vídeos de las palabras del rey, en versión original, traducciones literales o adaptaciones sarcásticas. “Es una violación del derecho (del rey) a proteger su imagen”, advierte Hamilos citando a un experto en la materia.

La BBC también ha entrado a saco en el foro. En su servicio digital afirma que medio millón de usuarios ha cargado la sintonía en sus móviles, generando un negocio estimado en 1.5 millones de euros. La noticia saltó ayer del ente estatal británico a The New York Times en un titular redondo: De Rey de todos los españoles a rey de la web. 

Lourdes Gómez, Londres.

La cara oculta de la cumbre

19 nov 2007
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Dicen que las relaciones entre Chávez y Lula son complicadas. A fin de cuentas, ambos compiten con estilos muy distintos por el liderazgo de la izquierda latinoamericana. Pero no consta en ningún lado que el presidente brasileño haya mandado callar a Chávez ni que lo considere un personaje paranoico y peligroso al que sólo se puede tratar a golpe de amenazas. Ése es el tratamiento que recibe el mandatario venezolano en la prensa norteamericana y española en los últimos tiempos, y bien que le gusta eso a Chávez, que así puede presentarse ante sus votantes como alguien cuya importancia trasciende las fronteras del país. Evidentemente, Lula sabe algo que nosotros desconocemos en España.

Hugo Chávez adapta al juego político algunas de las enseñanzas de las artes marciales, sobre todo aquella que recomienda utilizar la fuerza que aplica el adversario para derribarle. Cuanta más presión recibe, más a gusto se siente. Ha labrado toda su carrera política en la idea de que su figura resulta indispensable para hacer frente a los enemigos del pueblo. Gracias al petróleo y a la mala salud de Fidel Castro, ha alcanzado un estatus de símbolo al que no va a renunciar.

Eso incluye a esas piezas de teatro que han dado en llamarse cumbres iberoamericanas. Cuando los presidentes y jefes de Gobierno se reúnen lo primero que toca es ponerse la máscara de la hermandad. Deudas y pendencias quedan en la puerta y sólo se acepta hacer gala de las cosas que nos unen. Si hay malas caras, siempre está a mano el rey para dar unas palmaditas en la espalda y resolver algún entuerto que se resiste. En este contexto, resolver significa aplazar.

La cumbre de Chile demostró que las normas de etiqueta han quedado obsoletas. Aunque la gresca del último día acaparó toda la atención, antes se había producido otro incidente significativo. La mediación española creía haber conseguido que el conflicto que mantienen Argentina y Uruguay sobre la papelera Botnia pasara de largo. Gran error. Los uruguayos dieron una bofetada a todos haciendo saber que la polémica planta contaba ya con todas las bendiciones oficiales. Kirchner tiene mucho genio, pero se lo tragó. Otros no disfrutan de tanta paciencia.

Un grupo de países, encabezado por Venezuela, quiere cambiar el estilo de estas reuniones y aprovechar el eco periodístico que puedan generar. Ya no aceptan que los actos giren en torno a España y al país anfitrión. Si tiene algún sentido mantener este tipo de citas, piensan, es para lanzar un mensaje directo y agresivo que sacuda las conciencias. Están en una batalla ideológica y no renuncian a ningún foro.

El discurso paternalista de la madre patria está amortizado. En un genial chiste de Daniel Paz y Rudi en el diario argentino Página 12, se ve a un asesor que le dice a Chávez: “Parece que la corona española está muy enojada”. “¿Por?”, pregunta el venezolano. “Pide que le devolvamos todos los espejitos de colores que nos dieron hace 500 años”.

Todo el mundo tiene derecho a recuperar agravios anteriores. Es cierto que hay una tradición victimista en América Latina, muy rentable para ganar votos y muy poco efectiva para construir el futuro. También sabemos que hay presidentes que desconocen el significado de la palabra ‘vergüenza’. Un caso evidente es el de Daniel Ortega, feroz crítico de las empresas españolas en la cumbre que, tras volver a Nicaragua, pacta con la Iglesia católica para ilegalizar el aborto y condenar a muerte a las mujeres que tendrán que ponerse en manos de un carnicero. Las fuerzas reaccionarias del continente quieren más líderes como Ortega, gente de gesto altivo en las reuniones con España y que agacha la cabeza cuando vuelve a casa.

Resulta mucho más peligroso ignorar el presente. O el pasado no tan lejano. Políticos y periodistas españoles añoran esas cumbres iberoamericanas de hace diez años donde existía ese ambiente de familiaridad. De hecho, un vistazo a la foto oficial te hacía pensar que estabas viendo una cumbre de la Unión Europea. ¿Por qué? Muy sencillo. Todos eran blancos.

Algunos de esos líderes tenían un cartel inmejorable en nuestro país. Y entre todos ellos, pocos destacaban tanto como Carlos Andrés Pérez. En sus visitas a España, era posible oír un clamor: ojalá todos los políticos de allí fueran como Pérez. Socialdemócrata, culto, elegante… lo tenía todo. Mientras aquí nos inclinábamos ante tanta brillantez, en Venezuela la segunda presidencia de CAP administraba un reinado de corrupción, alentado por el petróleo, que provocó tal descrédito hacia la clase política que, cuando irrumpió Chávez, todo un sistema se desmoronó llevándose consigo a los dos partidos que habían gobernado el país durante décadas. Pero como CAP nunca nos amenazó, de eso no nos enteramos.

Acabada la etapa de las dictaduras y las guerras civiles, parecía que el futuro de la región no podía ser mejor. La gente votaba religiosamente cada cuatro años. ¿Qué más podían pedir? Una década más tarde, las encuestas en algunos países revelaban que la gente daba más crediblidad a la televisión que a las instituciones. No se puede caer más bajo.

Las instituciones democráticas han fallado a los latinoamericanos. En muchos de estos países, se han revelado incapaces de reducir la enorme desigualdad que aún perdura. Eso sí que debería preocuparnos. Quizá deberíamos dar más importancia a esa crisis de confianza que a la cuenta de resultados de las multinacionales españolas.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Es hora de hablar, no de callar

13 nov 2007
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No sé cuáles serán los planes del Gobierno y de la Corona de España de cara a las celebraciones del bicentenario de la independencia de las repúblicas latinoamericanas, pero sería conveniente que alguien echara mano del calendario. Más que por nada para saber cuánto tiempo nos queda para reparar los daños sufridos en la cumbre de Chile.

Con independencia de la opinión que tenga cada uno sobre el comportamiento de Chávez –y no creo que pueda ser muy positiva–, la imagen del rey Juan Carlos mandando callar a un presidente elegido por los venezolanos resulta muy poco presentable.

En general, el monarca tiene buena imagen en los países latinoamericanos precisamente por lo contrario, por no hacer distinciones entre ricos y pobres, izquierdistas y derechistas, políticos sumisos y rebeldes. Si se descubre que tiene enfilado a Chávez y que no tolera las críticas a España, muchos latinoamericanos recordarán precisamente contra quién se alzaron en armas para conseguir su independencia.

Algunos políticos y periodistas españoles empiezan a adquirir modales imperiales en sus relaciones con América Latina. Cerramos nuestras fronteras a los americanos que quieren venir a España a trabajar porque ya hay demasiados, pero queremos que ellos abran los suyas para que nuestros capitales no encuentren ningún obstáculo. Nos preocupa el giro nacionalista de algunos de sus Gobiernos, mientras que aquí la bandera y el himno están en boca de todos. En el peor de los casos, algunas críticas, como las que recibió Evo Morales por su famoso jersey de alpaca, apestan a racismo.

Mucho más de lo que a nosotros nos pueda parecer, todo gira en torno a lo que la prensa anglosajona llamó los nuevos conquistadores, las empresas españolas que dominan el sector servicios de algunos países. Ignoramos que cuando el usuario de allí se enfurece con la empresa que le da el teléfono, el agua o la luz en seguida piensa en los españoles.

Un grupo de multinacionales tiene al final más influencia en la idea que esos pueblos tienen de España que lo que puedan hacer la embajada o el Instituto Cervantes, el rey o el presidente del Gobierno.

Tenemos que pensar en ello y escuchar lo que nos tienen que decir. Es decir, no podemos hacerles callar.

Iñigo Sáenz de Ugarte