El Robin Hood marroquí caza policías corruptos
Mohamed VI y su régimen se resisten a evolucionar, pero los marroquíes sí lo hacen. Muchos jóvenes de este país en el que la mayoría de sus habitantes lo es, se están rebelando contra la injusticia y la corrupción. Internet les está siendo un arma preciosa. A la autocracia encabezada por el monarca y su corte hay que reconocerle al menos un mérito: el acceso a Internet es libre y no está sometido a censura, como sí sucede en otros países árabes.
A los cientos de blogs, páginas webs y foros donde los ciudadanos de Marruecos expresan con toda libertad y bajo el anonimato que proporciona la red sus opiniones sobre temas hasta hace poco vedados, hay que sumar ahora las posibilidades que ofrecen los sitios donde se pueden colgar vídeos. Basta con tener un móvil con una rudimentaria cámara instalada y uno ya puede denunciar, si es que se atreve, los muchos abusos que tan difícil hacen la vida cotidiana del marroquí de a pie.
Eso es lo que están haciendo uno o varios jóvenes (no se sabe muy bien cuántos son) de Targuist, una localidad situada al norte de Marruecos, en la región del Rif, entre Alhucemas y Ketama. Allí, el cultivo y el tráfico de hachís son un negocio floreciente y, para muchos de sus lugareños, la única forma de subsistir en una zona abandonada de la mano de Dios y de la Monarquía alaui. Hartos de comprobar cómo los gendarmes destinados en su pueblo se enriquecían gracias a la corrupción, estos chicos se apostaron un día en una colina desde la que se dominaba un control policial.
El vídeo es de mala calidad, pero la evidencia habla. Cada conductor que pasa, casi todos a bordo de furgonetas de las que se utilizan para transportar el hachís, se para para estrechar fugazmente la mano al agente y pagar lo que casi parece un impuesto de paso. El gendarme se mete el dinero directamente en el bolsillo o, sin ningún pudor, reparte las ganancias con sus compañeros a plena luz del día.
A un primer vídeo siguió un segundo, un tercero y finalmente un cuarto. El primero de ellos, en tan sólo una semana, recibió 350.000 visitas.
No se conocen sus identidades. Más les vale que siga siendo así, pero para los marroquíes se han convertido en una especie de héroes…o de heroínas (se cree que al menos una chica forma parte del grupo). Los marroquíes les llaman- o más bien le llaman puesto que lo hacen en singular- con el sobrenombre que aparecía en el primer vídeo: “Qanaass Targuist”, el cazador de Targuist, o el sniper (francotirador) de Targuist. También hay quien le ha bautizado como el Robin Hood marroquí.
El esfuerzo del sniper de Targuist no ha sido vano. Los agentes que aparecen en las grabaciones comparecerán ante la Justicia. Es una medida cosmética, puesto que la corrupción policial en Marruecos es un fenómeno bastante generalizado que no es ajeno a los sueldos de miseria que cobran los policías. Pero la impunidad se ha resquebrajado. Los corruptos miran ahora por encima de sus hombros cuando cobran las mordidas. Saben que, donde menos se lo esperen, puede haber un justiciero, cámara en ristre.
Trinidad Deiros
Los vídeos del Sniper
Vídeo I
Vídeo II
Vídeo III
Vídeo IV









