El mapa del mundo

“En época de mentiras, contar la verdad se convierte en un acto revolucionario” (George Orwell)

¿Qué ocurre si el votante cree que todos se han vuelto locos?

29 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

En estos momentos convulsos en los que la palabra pánico aparece en tantos titulares, no resulta extraño que un reverendo evangelista haya anunciado a sus fieles de Crown Point, una ciudad de Illinois, que votar a Barack Obama es un indicio de sufrir “esquizofrenia moral”.En realidad, se equivoca. Lo que creen los votantes norteamericanos es que todos –políticos, empresarios y financieros– se han vuelto completamente locos.Acostumbrados durante tanto tiempo a escuchar de sus políticos que América, como ellos llaman a Estados Unidos, es el mejor país del planeta, ahora no dan crédito a lo que están viendo. Y por eso, están tremendamente enfurecidos.Es algo que tienen muy presente los miembros de la Cámara de Representantes que han rechazado el plan de rescate de Wall Street. Excepto los que han decidido ya retirarse, todos ellos se juegan el puesto en las elecciones de noviembre, porque la Cámara entera se renueva.Con más razón, Barack Obama y John McCain son conscientes de que no importa ya mucho lo que hayan hecho hasta ahora en la campaña. La victoria en las urnas depende, sobre todo, de lo que ocurra en los 35 días de campaña que aún restan.Sus estrategias no pueden resultar más diferentes. Obama ha apostado por la serenidad, por dejar que sea el sistema el que funcione a través del consenso entre los dos partidos y entre las principales instituciones, la Casa Blanca y el Congreso. El demócrata hizo acto de presencia el viernes en la Casa Blanca, a iniciativa de George Bush. A pesar de sus reticencias ante el plan, no lo descalificó por completo y apoyó los cambios propuestos por los legisladores del Partido Demócrata.Este lunes, en un mitin celebrado en Westminster, Colorado, no se dejó llevar por el pesimismo. Poco después de la votación en la Cámara de Representantes, y tras hablar por teléfono con el secretario del Tesoro y los líderes del Congreso, Obama dijo que confiaba todavía en la aprobación del plan: “La estabilidad de toda nuestra economía está en peligro, así que no nos quedan muchas buenas opciones”.Por el contrario, McCain, fiel a su estilo, ha sido imprevisible y no ha tenido inconveniente en mostrar su ira por todo lo que está ocurriendo. Ha tenido que moverse rápido para intentar que los votantes no se fijen demasiado en algunas revelaciones hechas por los medios de comunicación: por ejemplo, su director de campaña estuvo durante cinco años a sueldo de Fannie Mae y Freddie Mac, los gigantes hipotecarios que se cuentan entre las primeras víctimas de la crisis.Por muy indignado que esté, McCain no puede ocultar que siempre fue un buen aliado de los tiburones de Wall Street que ahora tanto denuesta.En un gesto sin precedentes, McCain suspendió la semana pasada su campaña y viajó a Washington para intervenir en las negociaciones patrocinadas por Bush. En la reunión –otro gesto inesperado– casi no intervino. Cuando vio que no había acuerdo, se fue rápidamente de la Casa Blanca e impidió así cualquier imagen de unidad.Después, sus asesores han extendido la especie de que el acuerdo que hoy se ha votado solo había sido posible gracias a su experiencia parlamentaria y a sus buenos oficios. Sea o no cierto, ahora tendrán que cambiar otra vez de mensaje.En esta época de incertidumbres, el estilo kamikaze de McCain no parece muy recomendable. Sin embargo, medir la temperatura de la furia del votante es uno de los rasgos de un político experimentado en tiempos de crisis. El estilo de frío y razonable estadista que de momento practica Obama sí le está resultando rentable. Los votantes coinciden en que confían más en él que en McCain a la hora de afrontar la situación económica. Le vendría aún mejor que el republicano continúe jugando a la ruleta rusa y que el electorado tema terminar siendo la diana de sus disparos.Iñigo Sáenz de Ugarte

Occidente se hunde en Baviera

29 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

Lo que ha pasado este domingo en Baviera es un terremoto político. “El hundimiento de Occidente”, titula hoy irónicamente un diario de Berlín. La pérdida de la mayoría absoluta de la Unión Social Cristiana (CSU), el partido hermano de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel, que había gobernado casi medio siglo en solitario en ese Land del sur, pasó de casi el 61% de los votos al 43% y necesitará coaligar con otro partido si el primer ministro bávaro, Günther Beckstein, quiere seguir en el poder.

            Algunas reacciones en la CSU retratan al partido. Su secretaria general, Christine Haderthauer, dijo ayer en la primera ronda de reacciones en televisión: “Es un día negro para la CSU y para Baviera”. Con esta frase, Haderthauer puso de relieve el descarado autoritarismo de la CSU y una reticencia casi genética a aprender de los errores. Para la CSU, está claro que el día era muy negro, pero… ¿para Baviera? Que el  Land más grande, rico y católico del país vaya a pasar de ser gobernado en solitario por un “partido de Estado” a un gobierno de coalición es más bien una buena noticia. Equiparar el único bienestar posible del país con el gobierno en solitario del propio partido es un tic bastante extendido entre los partidos conservadores de Europa, pero la arrogancia de Haderthauer no deja de ser alucinante en la misma noche electoral, teniendo en cuenta que ella es la secretaria general del partido y, por tanto, la persona responsable de la campaña electoral. Ya están pidiendo su cabeza. A lo mejor esta señora se da cuenta ahora, de paso, de que la CSU siempre ha sido y sigue siendo un partido de hombres. Hombres que en este medio siglo de gobierno han pinchado y cortado como han querido en Baviera y han metido al partido en toda una serie de escándalos de corrupción que nunca han podido esclarecerse porque la CSU ha vetado con su mayoría las correspondientes comisiones de investigación.

            Otra cosa ha quedado clara en estas elecciones: también el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) sigue en caída libre. Con un 18,7% de los votos, su candidato bávaro, Franz Maget, ha sacado incluso un punto menos que en los comicios anteriores. El SPD no ha sacado tajada en absoluto del desastre de la CSU. Por eso, también resultó de lo más penosa la intervención desde Berlín en la noche electoral del futuro candidato socialdemócrata a la Cancillería, Frank-Walter Steinmeier, que celebró la derrota de la CSU como victoria propia, siendo así que este partido en realidad tendrá que ir acostumbrándose a resultados electorales de alrededor del 25% en todo el país. Desde luego, se lo merece, porque da vergüenza ajena. Después de 200.000 carnés devueltos, el SPD parece querer negar la realidad, igual que la CSU. En el caso del SPD, esa realidad es que durante el gobierno de Gerhard Schröder se recortaron más prestaciones sociales que nunca y sucedió algo inédito en la historia de la Alemania moderna: la clase media se encoge, es decir, cada vez hay más ricos y más pobres en este país. Colocando en su dirección a dos de los principales cocineros de la política de Schröder (Steinmeier como rival de Merkel y Franz Müntefering en la presidencia del partido), el  SPD también se niega a aprender de sus errores.

 

Guillem Sans Mora / Berlín   

             

           

 

Una guerra de todos contra todos

23 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

Estados Unidos y Pakistán son unos aliados realmente singulares. Los norteamericanos atacan objetivos de los talibanes y Al Qaeda en territorio paquistaní sin molestarse en pedir permiso a Islamabad. Al menos en dos ocasiones, los helicópteros de EEUU han sido recibidos con fuego cerrado por sus aliados al atravesar la frontera. Es sólo un aviso o un prólogo de lo que puede venir. Parece cuestión de tiempo que soldados de ambos países terminen combatiendo entre sí.

Un teniente coronel de marines ha confirmado a una revista militar de EEUU lo que había contado antes en varios informes internos: en junio de 2007 helicópteros paquistaníes entraron en territorio afgano para aprovisionar a un campamento talibán situado en la provincia de Nangarhar, al este del país. Hace unas semanas, la CIA filtró a The New York Times que el ISI (los servicios de inteligencia de Pakistán) participó en la preparación del atentado de julio contra la embajada india en Kabul, donde murieron 41 personas.

Los incidentes son demasiado numerosos como para considerarlos hechos aislados. La Administración norteamericana ha pasado todos estos años sosteniendo la ficción de que ambos países trabajaban juntos en la guerra contra Al Qaeda y los talibanes. Pero los matrimonios de conveniencia tienen sus inconvenientes.

Pakistán nunca ha considerado que los talibanes sean una amenaza para toda la zona. Para el Ejército y el ISI, representan una baza de la que no van a prescindir. La necesitan para mantener una cierta estabilidad en las zonas fronterizas, habitadas por unos pastunes tan radicales y rebeldes como los pastunes afganos del otro lado de la frontera, y para conservar su influencia en un Afganistán que, de lo contrario, podría girar hacia la órbita de influencia de la India.

Los uniformados continúan jugando el peligroso rol de aprendiz de brujo. Las nuevas autoridades paquistaníes no ignoran esta realidad ni tampoco la amenaza talibán o la influencia de EEUU. Lo que pocos creen es que tengan poder suficiente como para liberarse de esta presión combinada.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Pánico en las urnas

21 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

Cuando ni siquiera los expertos más cualificados saben qué demonios ocurre en la economía, es normal que los ciudadanos estén dispuestos a creerse cualquier cosa. Los ejemplos han sido numerosos en EEUU esta semana, y no todos tienen que ver con la implosión de Wall Street.

Este viernes, una ciudad como Nashville, capital del Estado de Tennessee con unos 600.000 habitantes, se quedó practicamente sin gasolina. Se extendió el rumor de que se acabaría en cuestión de horas y los coches comenzaron a formar largas colas ante las estaciones de servicio. Al final del día, tres de cada cuatro gasolineras habían tenido que cerrar por falta de combustible. Y nadie sabía de dónde había partido el rumor.

Tampoco nadie con mando en plaza era consciente de hasta qué punto los mercados financieros estaban contaminados por el virus de la insolvencia. Hubo que esperar a que la Administración de George Bush hiciera público su veredicto el viernes: el Armagedón financiero no era una posibilidad sino el desenlace inevitable de la crisis, a menos que se tomaran decisiones extraordinarias, inauditas sólo unos días antes.

Cuando el secretario del Tesoro norteamericano terminó de informar a los principales senadores de los dos partidos de lo que se avecinaba, el silencio se extendió en la sala. Como si hubieran anunciado la destrucción de la flota en Pearl Harbor. “Cuando juntas a veinte políticos y ninguno hace un chiste ya sabes que algo está pasando”, dijo después el senador demócrata Charles Schumer.

Hay un aspecto singular en esta crisis y es que se produce a sólo 45 días de las elecciones norteamericanas. Los políticos no pueden permitirse el lujo de tener paciencia, de esperar a que las medidas de emergencia surtan efecto para considerar después las consecuencias políticas. En el Congreso, republicanos y demócratas trabajan por forjar una imagen de consenso prestando al Gobierno la ayuda necesaria. Pero en la batalla electoral los candidatos van a tener que hacer algo más que escuchar.

John McCain ha estado a la altura de su imagen de político imprevisible que vive en el filo de la navaja. Sólo él es capaz de presentar una posición y la opuesta con unos pocos días de diferencia. Comenzó la semana diciendo que los fundamentos de la economía de EEUU eran sólidos y la acabó rugiendo contra los errores de Wall Street. Primero criticó que se utilizara el dinero del contribuyente en el rescate de la aseguradora AIG y luego lo apoyó. Anunció que si fuera presidente habría destituido al presidente de la SEC (la comisión que regula el mercado de valores) y cuando le dijeron que eso no era legalmente posible, dijo que al menos exigiría su dimisión.

El candidato republicano ha enarbolado la bandera del populismo con una crítica a “la corrupción de Wall Street” que bien podría haber firmado Fidel Castro. No es de extrañar que la ultraconservadora sección de opinión de The Wall Street Journal no esconda ya su malestar y perplejidad.

En buena medida, la alocada ofensiva de McCain forma parte del teatro electoral. A fin de cuentas, él mismo y otros senadores republicanos promovieron una reforma en 1999 que libró a Wall Street de regulaciones que procedían de los años treinta y que ha tenido las consecuencias que todos conocemos. Ese populismo tiene una larga tradición en la política de EEUU e históricamente le ha funcionado a los conservadores mejor que a los progresistas. Pinta una conspiración en la que participan a diferentes niveles el Gobierno en Washington, Wall Street en Nueva York y las élites progresistas de la costa Este con la intención de esquilmar al sufrido americano medio, temeroso de Dios y de los bancos. El que sea una ficción demagógica no significa que no pueda ser efectiva.

Barack Obama ha preferido ponerse el traje de político responsable y no ha intentado rentabilizar rápidamente en su provecho la hecatombe financiera. No ha hecho públicas una batería de medidas, como sí ha hecho su rival, de las que probablemente se tendría que olvidar al entrar en la Casa Blanca. No se ha apuntado, en definitiva, a la carta populista que tan mal les sirvió en el pasado a Al Gore y John Kerry.

En este duelo de OK Corral que es la campaña, Obama ha preferido apuntar antes que disparar y ahorrar balas hasta que tenga más cerca al contendiente. McCain, por el contrario, ha vaciado varios cargadores disparando a todos los lados con la esperanza de que algún proyectil impacte en el demócrata, aunque sea de rebote.

En principio, la actitud de Obama podría rendirle frutos dentro de unas semanas, siempre que se decida a presentar un mensaje económico que no se base sólo en los grandes principios. Pero nadie se ha hecho rico apostando en favor del sentido común del electorado en tiempos de crisis. A veces los votantes prefieren no pensar y salir corriendo con destino a la primera gasolinera que encuentren abierta.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Armas de confabulación masiva

19 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

José Manuel Vivanco, director de la sección americana de Human Rights Watch, declaraba ayer que su expulsión de Venezuela es una táctica para distraer la atención. Lo es, como en tantas ocasiones. Y este caso resulta especialmente clarificador, para aquellos que aún lo necesiten, porque Chávez ha trazado la frontera de su concepto de la libertad: todo es válido mientras no se critique al régimen. Pero sus adeptos pueden estar tranquilos; como ha dicho Carlos Escarrá, diputado oficialista, la expulsión de HRW es justa porque se ajusta a la Constitución bolivariana.

Poco después de que se conociera la noticia, un lector de Público establecía una comparación interesante entre el presidente venezolano y su contraparte necesaria, George Bush. En su opinión, el segundo cimentó su mandato en la búsqueda de las famosas e inexistentes armas de destrucción masiva y el primero lo ha hecho a partir de la confabulación. También es cierto. Si alguien se tomara la molestia de contar el número de conspiraciones, intrigas e intentos de golpes de Estado perfectamente falsos que se han denunciado desde las alturas o los bajíos del régimen, descubriría que casi salen a uno por mes. Es el cuento del lobo sin lobo. La historia de un hombre que quiere sustituir a Fidel Castro en el imaginario latinoamericano.

Desde el punto de vista internacional, los enfados de Chávez no tienen consecuencias más graves que las propias de una farsa, en el sentido literal de pieza cómica; a fin de cuentas, el margen de maniobra de Venezuela equivale al producto que vende, petróleo. Pero si habláramos de la izquierda, la cuestión sería diferente. Los  sectores que dentro y fuera de América se han asociado al neocaudillismo se están cavando la tumba. Y hacen bien. Como reza el dicho, lo viejo debe morir para que nazca lo nuevo.

Jesús Gómez

Barenboim

12 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

            El célebre pianista y director de orquesta Daniel Barenboim tiene problemas. Esta semana ha contratado a un guardaespaldas para que lo escolte al Festival de Música de Cámara de Jerusalén. Recientemente sufrió un ataque físico por parte de algunos judíos cerca de su domicilio en Israel. Barenboim, que nació en Buenos Aires y reside habitualmente en Berlín, tiene los pasaportes de Argentina, España, Israel y Palestina, y es una figura reconocida en el orbe pacifista.

           Dirige una orquesta de la que forman parte niños israelíes y palestinos, algo que no agrada nada en Israel. Todo lo que sea tender puentes hacia la paz o condenar la brutal ocupación de los territorios palestinos, como hace Barenboim, no es bien recibido en Israel. Los energúmenos que le atacaron gritaron consignas a favor de la “unidad de la Tierra de Israel” y le insultaron con el vocablo “traidor”. Además, en Israel no se ve muy bien que Barenboim ejecute de tanto en tanto obras de Richard Wagner pues se identifica al compositor alemán con el nazismo.

Eugenio García Gascón / Jerusalén

El que no sea implacable lo pagará caro

09 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

Acabada la temporada regular (las interminables primarias y su periodo posterior), han llegado por fin los play-off a las elecciones norteamericanas. Como en la NBA, todo lo ocurrido hasta ahora importa poco o nada. El que dude –el que no tenga claro cuál es su estilo, el que no sea implacable al aprovechar las debilidades del rival– lo pagará caro.

Los pronósticos anteriores no valen demasiado porque en realidad la campaña empieza ahora. Es el momento en que mejor se manejan los republicanos. Saben pulsar la tecla sensible del electorado y saben definir a los demócratas en los peores términos posibles. Y no tienen piedad.

Los demócratas son expertos en morir al llegar a la orilla. Sus últimos candidatos (Gore y Kerry) creyeron que ganarían sin sudar la camiseta y sin mancharse las manos en el barro. Para vencer, hay que emplearse a fondo en la defensa sin importar lo que diga el reglamento. El electorado norteamericano es un árbitro muy condescendiente con el juego sucio.

Iñigo Sáenz de Ugarte

No es posible volver a la guerra fría

08 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

Nicolas Sarkozy defendió el acuerdo conseguido ayer por la misión de la Unión Europea a Moscú con la frase más pronunciado por los dirigentes mundiales en las últimas semanas: “No necesitamos una guerra fría”. El fantasma de la confrontación peligrosísima entre los dos grandes bloques que emergieron de la Segunda Guerra Mundial ha sido evocado con intensidad a raíz de la muestra de fuerza del Ejército ruso en Georgia. Putin y Medvédev parecen disfrutar del desconcierto que ha causado su aventura en el Cáucaso en el resto del mundo. El envío de un buque de guerra al Caribe –en respuesta a la presencia de la armada estadounidense en el Mar Negro, según Moscú- es el último gesto de un gobierno que pretende volver a ser visto como una superpotencia.¿Pero es factible una vuelta a los tiempos de Brezhnev y Reagan? Parece poco probable. A diferencia de la antigua URSS, la Rusia de hoy está bastante integrada en el sistema económico mundial y necesita tanto inversiones extranjeras como mercados para la exportación. Muchos países europeos dependen del gas siberiano, pero Europa también es el cliente más importante de Moscú.El sistema político en el país de la bicefalia Putin-Medvédev está lejos de ser una democracia ejemplar. Pero no pretende representar una alternativa al sistema occidental. Los esfuerzos del Kremlin para ejercer influencia entre sus vecinos tienen que ver únicamente con poder geopolítico no con ideología como en la época soviética.

También ha cambiado la relación de fuerzas militares, aunque Rusia conserva un aterrador arsenal nuclear. “Los presupuestos para defensa simplemente no son comparables”, admite el embajador ruso en España, Alexander Kuznetsov. A pesar de la bravuconería de los señores del Kremlin, Moscú no tiene ningún motivo para volver a la guerra fría.

Thilo Schäfer

Atenas y Jerusalén

08 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

            Los hombres han observado desde antiguo la diferencia de los valores que representaban Atenas y Jerusalén. La ciudad griega por excelencia estaba interesada en la filosofía, en la razón, en las ciencias y en la ética, mientras que la Jerusalén semítica encarnaba valores como la fe, la revelación o la santidad. Algunas veces hay viajeros que cuando pisan Jerusalén afirman que se sienten en un lugar espiritual, aunque sería más correcto decir que Jerusalén es una ciudad muy religiosa y poco espiritual.

            Siguiendo la tradición de la Ilustración, el siglo XX ha visto en gran parte del mundo occidental del triunfo de la razón. Pero la cultura occidental desde la remota antigüedad también ha sido testigo constante de la lucha entre Atenas y Jerusalén. Cuando Jerusalén ha triunfado en Occidente, como ocurrió en la Edad Media, por ejemplo, la sociedad ha sido más intolerante y coercitiva que cuando ha triunfado Atenas. La libertad que hoy disfrutan los países occidentales se debe al triunfo de Atenas, aunque nadie debería dar por definitiva esa victoria. La historia nos enseña que el mundo es un ser vivo que se mueve como un péndulo y no se puede descartar que el péndulo haya llegado a un extremo y se dirija ahora hacia el otro.

            En Israel se aprecia esta tendencia, mientras que los países musulmanes, que apenas han estado expuestos lo suficiente a la cultura occidental, nunca han abandonado el otro extremo. En Occidente, los neocon estadounidenses han declarado una guerra a Atenas que les ha proporcionado importantes victorias en Estados Unidos y cuentan con el apoyo de muchos sectores conservadores en Europa que sienten miedo a la libertad o que consideran que un exceso de libertad es negativo para la sociedad. El filósofo Leo Strauss, el padre del movimiento neocon, de quien ya hemos hablado, se cuenta entre éstos últimos. En vida defendió que Occidente atraviesa por una grave crisis social y moral causada por su entrega a los valores que representa Atenas, y de sus enseñanzas muchos de sus seguidores, que hoy detentan el poder, han implicado que es necesario regresar a los valores totalitarios que encierra la Biblia, especialmente el Antiguo Testamento, tan distinto del Nuevo Testamento. Strauss culpa principalmente a Nietzsche del supuesto triunfo del relativismo en el siglo XX. También lo señala responsable del ateísmo, del nihilismo y de la ruptura de los valores familiares, es decir de todo aquello que en su conjunto ha permitido a muchos conservadores hablar de una “catástrofe cultural”.

            Lo que está en juego es un combate entre la lógica y la razón, por un lado, y la fe, por otro. Ahora mismo estamos asistiendo en Occidente a una lucha entre Atenas y Jerusalén que marcará nuestro destino como sociedad en el futuro próximo, una lucha que será más feroz conforme más se vayan alejando entre sí esas dos percepciones de la existencia humana. Y las conclusiones que se alcanzan de una u otra manera son esencialmente distintas y contradictorias. Atenas, y especialmente Sócrates, concibió al hombre como medida de las cosas, mientras que Jerusalén colocó a Dios como referente, y no a un Dios humano como el del Nuevo Testamento, sino a un Dios absoluto y cruel, acostumbrado a exigir del hombre mucho más de lo que éste puede dar.

Eugenio García Gascón / Jerusalén

McCain, preso de los ultras

07 sep 2008
Compartir: facebook twitter meneame

 palin-jaso2.jpg

En la televisión los micrófonos los carga el diablo. Sobre todo en las pausas publicitarias, cuando la gente cree que están apagados. Hace unos días, Peggy Noonan –columnista de The Wall Street Journal y una de las periodistas conservadoras de más prestigio– comentaba durante los anuncios a un contertulio el rumbo equivocado de la campaña de John McCain, en especial por la elección de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia.

Noonan era pesimista. “Esto se ha acabado”, dijo (aunque luego negó que se refiriera a las opciones de victoria de McCain). Además, estaba casi indignada al haber desplazado Palin a mujeres de más experiencia. “¿La candidata más cualificada? No lo es. Creo que han montado, con perdón, esta gilipollez (political bullshit) por su historia personal”.

La heroica narrativa que los republicanos han comenzado a vender en torno a la figura de Palin, repleta de mentiras e hilarantes exageraciones, demuestra que el último intento de McCain por llegar a la Casa Blanca presenta síntomas de estar zozobrando ahora que empieza el duelo definitivo. El cierre de la convención ha rozado cotas poco habituales de desconexión con la realidad. Los republicanos, que han gobernado EEUU en 28 de los últimos 40 años, incluida la Presidencia de Bush que ahora concluye, se presentan ahora como el partido del cambio.

Ya dijo un consultor, que ha trabajado en el pasado tanto para Bush como para McCain, que la experiencia había sido muy diferente. Participar en la campaña de Bush era como estar destinado en un barco de la Armada. Hacerlo con McCain se parecía más a formar parte de la tripulación de los piratas del Mar Caribe. Se puede abordar un galeón con una espada entre los dientes pero para vencer en unas elecciones se necesita una estrategia algo más sofisticada.

Quizá McCain tenía en la mano una botella de ron cuando optó por Palin de forma inesperada y, sobre todo, improvisada. La gobernadora de Alaska no pasó por el escrutinio que acompaña a este tipo de decisiones. La elección tenía su lógica: era un guiño al sector más conservador del partido, que nunca ha sentido una atracción especial por McCain. En parte ese objetivo está conseguido. Los que rechazan el aborto, los que acusan a la industria cultural de corromper a los jóvenes, los que piensan que el cambio climático es una conspiración ecologista, todos ellos tienen motivos para movilizarse en las urnas.

¿Pero es eso suficiente para ganar unas elecciones?

Esa historia personal de la que sospechaba Noonan estuvo a punto de descarrilar cuando se supo que Bristol, la hija mayor de Palin, de 17 años, estaba embarazada. Viniendo de una familia en la que la madre, como gobernadora, había vetado los programas de educación sexual “explícitos” (sic), la noticia tenía un aroma de triste ironía. El partido que se precia de defender los valores familiares tenía que unirse tras una candidata cuyos valores no habían sido muy efectivos dentro de su hogar.

En las campañas electorales de EEUU, sí pillan antes a un cojo que a un mentiroso. La clave es moverse rápido y llevar la iniciativa. Primero, los republicanos denunciaron que los demócratas y los periodistas se estaban inmiscuyendo en un asunto personal que no les concernía. Ya en la convención procedieron a apurar el cáliz hasta las heces. Nada de avergonzarse. Su mensaje más efectivo parecía ser explotar la imagen de la familia Palin y pasarse en brazos al último bebé de Sarah. Hasta invitaron al futuro marido de Bristol a la fiesta. El mismo McCain fue a recibir al aeropuerto a la familia y saludó al joven con un apretón de manos y una palmada en la espalda.

A fin de cuentas, si un joven está dispuesto a casarse sin necesidad de que le apunten con un rifle y la opción del aborto está desde luego descartada, lo de dejar embarazada a una menor de edad, más que una irresponsabilidad, es un servicio a la nación.

Con la misma convicción con que Palin avisó a sus hijas de que los preservativos son un instrumento del demonio, la gobernadora en Alaska dijo en junio que las tropas norteamericanas en Irak están llevando a cabo “una misión de Dios”, un lenguaje que uno esperaría escuchar en Teherán. En ese mismo acto apuntó que la construcción de un oleoducto en Alaska era “voluntad de Dios”. Lógico, el todopoderoso nunca ha estado a favor de las energías renovables.

Dios y petróleo son banderas que no hay que tomarse a broma. Por ellas han muerto 4.000 soldados norteamericanos en Irak. Los votantes independientes, sin los cuales McCain no puede ganar en las urnas, están más interesados en saber sus propuestas sobre la crisis económica. Si permite que la voz de Palin se escuche más que la suya, si deja que le conviertan en un prisionero de guerra de los sectores ultras, va a lamentar haberse ido hasta Alaska a buscar a su nueva socia.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Ilustración: Mikel Jaso