Cucarachas

21 Jun 2011
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Las casas viejas y abandonadas de adobe esconden retales de las vidas de sus dueños. La de Aurelio conservaba en el corral un arado de dos vertederas,  oxidado y cubierto de maleza; un cuadro de bicicleta colgado de un rachón y, apoyado en la pared, lo que parecía un yugo.
La tarde del veinticuatro de junio llovió, por eso no nos  subimos a los restos del Deutz, ni simulamos, entonces, ser los dueños de la finca del Farrán, el terrateniente de Fradejas.  Farrán había sido el cachicán del Ramiro y en pago éste le había dejado cincuenta obradas en el testamento. Esa tarde preferimos entrar en la casa, donde el olor a Zotal  era fuerte y las cucarachas corrían por los suelos desolados.

Era San Juan y mi madre me había dejado encima de la mesa de la cocina, entre dos platos hondos duralex de color miel, una tortilla francesa, rubia, poco cuajada, y un tomate partido por la mitad con sal. Casi me corté al abrir la fabiola…..
Aún estaba caliente el bocadillo cuando Pauli, el de Vicente, comenzó a pisar por encima de los insectos negros. Parecía un loco. El olor era metálico y el ruido atroz. “Hay que matarlas a todas” decía….
Sonaba ya la verbena y dejábamos atras la estancia. Mientras apuraba el currusco donde habían ido concentrándose el huevo poco cuajado y el agua del tomate  vi al Aurelio en el corral cogiendo caracoles y metiéndolos en una bolsa del Pryca.

Salid de ahí, que se os va a caer la casa encima“.

Se agachó de nuevo y siguió a lo suyo, ataviado con unas botas verdes hasta la rodilla y la boina calada. Hacía meses que había enviudado y desde entonces ya no tenía el genio que nos hacía temerle…. Tampoco, esa noche, iría al baile, “no sin la Mercedes” le había dicho a mi madre días antes…


Pauli fue el único de la quinta que se quedó en el pueblo. Abrió un colmado donde vendía de todo un poco: en verano tomates a “puntapala”.También productos de droguería.

 

Letrasjuntas nº3


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