el Bulli: Cooking in progress.

03 Abr 2012
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Si la creatividad es parecido a lo que muestra el documental, entiendo que muchos de los que se dedican a ella en otras disciplinas acaben por, un día u otro, “matar el monstruo”.
No me parece un documental que provoque placer. No creo que sea un documental para el gran público, más bien para iniciados porque lo que en él se contempla es la intimidad de lo que era la vida de aquel monstruo. Sentí agobio, falta de aire, y muy pocas sonrisas. ¿Responsabilidad? Sin duda. ¿Presión? Necesaria. ¿Amabilidad? Muy poca es la que ofrece El Bulli: Cooking in progress.
La más de hora y media de metraje obliga -por lo menos a mí- a prestar atención y a preguntarme por qué es así, por qué se han elegido esas imágenes y no otras más espectaculares. Por qué se muestra ese aparente desorden y no las caras de aprobación de cada concepto o camino positivo.
Me ha faltado ver alegría, aunque fuera contenida. Si ellos hacen lo que les satiface, lo que les gusta y hace, en parte, felices, aquello, lo que se ve, es trabajo de minero, de pico y pala buscando vetas repletas de diamantes en bruto que puedan ser pulidos.
A lo mejor es lo que querían explicar. A lo mejor quieren demostrar que lo que ellos hacen , hacían o volverán a hacer es un trabajo duro, lleno de altibajos, insatifacciones, desesperanza y desgaste. Si es así, sin duda lo han conseguido.
Cuatro imágenes tengo grabadas:
Las miradas de Oriol a la mesa de cocina mientras Adrià come el menú final. Son las mismas de hace casi 12 años; la mesa con el personal del taller comiendo, en silencio; la mirada “casi paternal” hacia Xatruc esbozando una sonrisa; el momento de presentación de equipo y personal de la nueva temporada.


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