Sinde

17 Oct 2009
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Yo tengo predilección por los mercados, las tiendas, los colmados y los ultramarinos. Los puestos de encurtidos me hipnotizan, las pescaderías con el pescado recién colocado me turban. Tengo algún recuerdo de niño en el que ataviado con un abrigo verde y con el gorro de lana atado a la barbilla, recorría el Mercado del Val de la mano de mi madre. Ahora, normalmente, lo hago sólo porque me gusta, incluso, pasear por los pasillos en vez de atravesar la calle por el empedrado.

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Uno de mis puestos es Sinde. Nunca había hecho fotos a las tiendas de mi ciudad, ni a los que pueblan sus mostradores, como Juan, Gonzalo y Bea,  y viven la batalla del día a día con humor, oficio y paciencia.( ¡Gracias por dejarme fotografiar!).

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Es posible que sea la tienda de carne especializada más hermosa que yo haya visto, y he visto unas cuantas. Asomarse al mostrador impoluto, ver trabajar con maestría las canales, comprobar la frescura y la calidad de lo expuesto es, para un gastrochalado de la cocina como servidor, como ir al cine.

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Un día, uno de los pastores que suministran a estos carniceros, me dijo que sólo querían lo mejor, que escogían pieza a pieza, que los lechazos de Sinde eran “especiales” -en Valencia utilizan “de categoría”-.Y no hay duda, como no lo duda mi abuela criada en el Valle del Esgueva, una de las cunas del lechazo churro de calidad, como no lo dudan gentes con restaurantes estrellados, como no lo dudan los “viajeros retornados” que alguna vez pasan por aquí y compran para llevar a los hijos, a parientes o amigos, una “alforja”de carne sonrosada, sin olor a lana, tierna, emocional.

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Quizá sea el camino emprendido por esta carnicería el futuro: la especialización, el uso de la red aplicada a la labor comercial – www.lechazochurro.com -, la calidad en su conjunto. Allí hay canales enteras, riñones,

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lenguas, orejas, callos,

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rabos, sesadas,

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costillares,

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morcillos, solomillos,

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hamburguesas, todo de lechazo. Es, para mí, como la visita de un niño a una tienda de chucherías, todas de color rosa, brillantes, mollares, frescas, …

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Lo sé. Me pierdo, pero quizá el haber tenido un amigo carnicero, Raúl; vecinos pastores en Villaco de Esgueva, Jesús e Isaías; haber tenido una familia que cada día de celebración ponía en la mesa unos cuartos de asado, haya hecho mella en mi subconsciente y me entregue sin freno al deleite de algo tan cotidiano como una tienda de carne. Me da igual. Esa tienda ha proporcionado a mi entorno momentos muy felices comiendo sus productos, y a mí momentos placenteros viendo el oficio.

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Ahora que se habla del entorno, del comercio de lo cercano, de su proyección, ellos lo llevan haciendo años.  Sinde bien merece una visita, aunque sólo sea para ver “cine”, aunque sea para ver cómo hay relevo generacional si las ideas fluyen.


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