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15 Sep 2008
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Soy de la hornada del setenta, de los de parvulitos y E.G.B, de los que para el recreo llevaban unas María Fontaneda envueltas en papel de aluminio o, si se terciaba, un trozo de fabiola atravesado por unas onzas de chocolate.

Cada cocinero tiene su historia: unos que han empezado a cocinar en la mili, otros haciendo comida para su abuelo, otro era boxeador, otro mecánico …
Bueno, yo soy cocinero, amo de casa, profesor, y comencé apasionándome por la cocina por algo tan simple como que me gustaba y me gusta comer. Mi primer recuerdo de una merienda no es el de la Nocilla, no. Mi primer recuerdo es en Villaco de Esgueva, comiendo por la mañana para desayunar, una rebanada de pan bregado frita en aceite de oliva y otra por la tarde, de merienda, ésta untada con vino tinto y azúcar. Al mediodía unos buenos garbanzos y de cena una inconfundible tortilla de patatas, que acompañaba unos tacos de lomo de matanza.

El siguiente recuerdo es decidiendo que dejaba la filosofía y me marchaba a aprender cocina. Ya de cocinero jamás olvidaré y podré agradecer el año que pasé en Cala Montojoi, como tampoco olvidaré la primera vez que escribí un blog. Y es que al final todo se basa en los recuerdos. ¿Qué es, si no, la cocina? Bueno, a veces es un “gastroquilombo”


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