el pingue

 

Agudeza visual: Descubra en pocos segundos a un blogger gastronómico

29 Abr 2009
11:17 
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Siempre me hicieron gracia estos pasatiempos. El gran Forges es un maestro en aplicar a algunas de sus viñetas este plus. Yo, que me considero un bloguero gastronómico -”¡mande!”-, voy cogiendo práctica y descubro a alguno de ellos sólo viendo su actitud en el restaurante.

Lo primero en lo que hay que fijarse es si va cargado con una cámara. ¡Ay amigos! Si va cargado con un réflex hay que temerse lo peor, aunque por lo menos va de cara, sin complejos, preparado para inmortalizar el momento. Atrás quedaron, para él o ella, los tiempos de la cámara para retratar momentos de pareja, de familia, de amigos. También está/estamos los que acudimos con la compacta, escondida en el bolso de “la santa” y que colocamos encima de la mesa, detrás del pan, y que tenemos que mover cada vez que colocan un plato nuevo. Respecto a las fotos, el otro día pude asistir a un despliegue de ráfaga y flash durante una comida. Me temo que el “presunto” bloguero quería inmortalizar el movimiento de la pasta.

Lo segundo en lo que hay que fijarse es en si cuando se sienta comienza a mirar la marca de las copas, la de los platos, la de los manteles…… Hay que fijarse, también, en si pide lo mismo que se recomiendan en los blogs “amigos”.  No descuidar la actitud ante el primer bocado, con mirada al borde del plato o a un punto desenfocado entre él mismo y la loza. Hay que controlar muy bien la cantidad de vueltas que da al vino de la copa, si cada vez que toma un sorbo lo mueve y si, muy dignamente, pide la botella para controlar la contra-etiqueta.

También es posible que porten una libreta y apunten datos de su cata o tan sólo los nombres. Antes de los blogs, si esto sucedía, en las cocinas se sabía y se cuidaba al cliente por si era un “anónimo” de la Michelín.

Un dato a tener en cuenta es si va sólo o acompañado. Si el que tiene enfrente es un amigo al que le gusta comer y no es bloguero, se le verá moverse incómodo, pidiendo un biombo, preguntándose si su amigo era tan friki antes y si va a parar de hacer fotos porque está dando el cante y la comida se queda fría. Ese es el llamado “abnegado amigo de bloguero gastronómico”.

A pesar de todos estos datos, también hay que estar atentos si a la hora de pagar o de saludar al chef o al maître aporta el dato-morcilla “tengo un blog”. Hay quien lo dice para que se le conozca y quien, me consta, lo hace para que le salga por la filo la zampada, eso que algunos critican a los visitadores y que ellos reproducen.

Es posible que nos equivoquemos y quien toma fotos, pregunta, mira el culo del plato, etc, es alguien a quien le gusta comer, charlar con los trabajadores del restaurante, disfrutar de todo lo que le puede ofrecer una visita gastronómica.

¡Atención! Cuidado con el que se infla, se echa para atrás contra el respaldo y pretende dar una clase magistral o intenta que el plato sea de otra manera. Hay que temerse lo peor porque ese sí, ese quiere que le pongan más tajada en el plato, quiere que se le adule y no cejará en su intento hasta que no consiga su objetivo: no pasar inadvertido. Atentos.

P.D: Imprescindible :   Adrià en las Noticias de la Sexta con Cristina Saavedra

Don Giovanni. Madrid

26 Abr 2009
21:52 
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¿Qué es mejor, el viaje o el destino? ¿La búsqueda o el encuentro? ¿Lo imaginado o lo real? ¿Todo? Las expectativas marcan la diferencia. Con Don Giovanni  lo mejor ha sido ir a la aventura, olvidando lo escrito y descrito pero con ánimo de pasar un buen rato dedicados al dolce far niente.

No me imagino el local sin estar lleno, sin alboroto, sin risas… Yo sólo volveré si me aseguran que estará repleto, con vida, como si fuera la plaza de un pueblo en fiestas, sin tiempo para recordar lo que tras la puerta y la despedida espera.

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Me parece un sitio para compartir, para colocar la excepcional burrata al lado de la no menos mollar focaccia y untar mirándonos a los ojos para ver como los cerramos.

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Es un sitio para pedir una carbonara original, terminada en la mesa por “el que cocina” -le escuché decirlo y es difícil no oírle a Andrea Tumbarello-. Lo segundo fue un ravioli gigante, acompañado con nueces y una pequeña galleta de almendra que complementaba, para hacer de un plato rico sin más, un plato delicioso.

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De postre un tiramisú, una panna cotta; finalizamos con una infusión y una sonrisa, la que no dejaron de ofrecer cada uno de los camareros y camareras que forman la abundante plantilla del restaurante.

Así imagino, porque no conozco, las trattorias italianas de barrio, donde se acumula gente de diverso pelaje medidos por la misma vara: la amabilidad y la utenticidad del rincón.

Sólo por eso, porque me parece que es un sitio recomendable, sin demasiadas pretensiones, lleno de historias comunes, de sinceridad en los platos, “perdono” ……, lo “fresca” que llegaba la loza y que no permitía levantar la cara del plato o la pasta se apelmazaba.

En franquicias donde se abren “tupers” y se desembolsan pizzas, cobran diez euros menos.  Sin duda volveré.

P.D: No puedo por menos sentirme inquieto ante la gripe porcina. Ya no sólo tengo miedo de que afecte al sector del marrano, del gocho,  de nuestro país, al de blanco y al de ibérico, sino que tengo mis sospechas -infundadas seguramente- sobre si alguna farmaceútica va a tener ingresos extras con esta calamidad.  Espero que sea, como la mayoría, una gripe pasajera y que las autoridades sanitarias, para variar, informen clara y fehacientemente de cuáles son las causas, los porqué, las medidas preventivas a tomar y si es un signo de los tiempos.

Restaurante in itinere

25 Abr 2009
22:07 
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La única mirada que recuerdo del viaje en metro es siempre la misma, la que me dedican quienes han de retroceder para dejarte paso. Siempre, con la cabeza gacha, dirigen la mirada a los tobillos, agarrando con furia la argolla y empujando con el pie la bolsa de deporte para apretarla junto a la otra pierna. Con la mano libre, abren de nuevo el libro forrado en papel de periódico y sujetan el tocho abrazándolo con cuatro dedos,  mientras el pulgar presiona con fuerza la intersección de las dos páginas que están leyendo. Cuando el metro se detiene en la siguiente parada cierran el libro, se encorvan hacia adelante, agarran con decisión el bulto y envisten a la salida dejando lánguidos los hombros, para no hacerse daño y así adaptarse a la puerta, a esa gatera que a veces es la corredera.

La linea uno nos llevó a destino. Nuestra mesa es la del rincón. Detrás de mí la cocina, el ruído de los platos, de los pasos, de los fastos, sí, porque me siento inmerso en un día festivo, un día para pasarlo bien, para abandonar la rutina y reír. Quien nos atiende no lo hace, tan sólo nos agradece el entrar a su casa y nos “conmina” a sentirnos a gusto, sin pretensiones. Nos solicita, sin pedirlo, que abandonemos las expectativas y disfrutemos de un día, tan sólo, tanto….

En la mesa de al lado, dos mujeres saborean unos lingüini con trufa mientras la otra huele los raviolis de espinacas. A la mitad del plato, mientras bebo agua y repaso la carta, una de ellas saca una guía de ocio y revisa las fechas y horas para el teatro. Imagino que  son actrices que vuelven a la ciudad para ver la obra que algún día representaron, montadas en un bus, compartiendo ruta con titiriteros, faquires y charlatanes de crecepelos. Comparten postre y cuenta.

Enfrente, cuatro mujeres excelentemente vestidas y peinadas apoyan sus gafas de vista cansada y colores pastel como si fueran diademas sobre su cabellera, adquiriendo un estilo desenfadado. Piden comida para compartir y ríen, como en  una reunión de antiguas alumnas de las monjas teresianas, la misma situación que cuando salen de cena con sus maridos y estos ocupan un ala de la mesa; como en misa de domingo, mientras ellas se abanican dentro del templo encalado y ellos se atusan el pelo y estiran su corbata, como dos mundos tan sólo conocidos, tan sólo compañeros de actividades, tan sólo un beso en la mejilla para desearse paz.

Al lado, una pareja habla casi susurrándose, con complicidad. Él lleva un fular de seda y estampados de flores, su compañero, otro de gasa anudado. Apenas se agachan sobre el plato para comer, sus manos angulosas agarran el tenedor y el cuchillo acariciándolos, casi ni  se nota la fuerza con la que cortan la pizza. Cuando termina la sobremesa, uno de ellos, mientras su pareja se levanta a pagar, saca de su bolsillo una cajita y se coloca los braquets, evitando que quien le acompaña vea su pequeño secreto. De inmediato, quien se había ido llega, le recoge, mira a un lado y al otro y me descubre.

Llega el maître.

La sombra entreverada del “poder”

21 Abr 2009
11:00 
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El viernes me entregué al cine y a las series. El cine en pantalla grande, en butacón,  en sesión de las cuatro de la tarde, la mejor hora para huir de palomiteros, adolescentes bravucones que hacen chistes a cada instante y de parejas que comentan la película. La elegida fue La sombra del poder. Las series en casa, en streaming y en pantalla pequeña.

No voy a destripar el argumento pero los primeros minutos, entre otras cosas, se habla de blogs. En una de las conversaciones entre los protagonistas, el periodista le dice a la bloguera-periodista de forma irónica:

“Tendré que leer cuatro o cinco blogs para crearme opinión”

¿Somos los blogs líderes de opinión?¿Es esto detentar un poder?¿Hasta dónde llega nuestra influencia?¿Qué peligros tiene?. De las tres primeras pregutas que me planteo desconozco la respuesta pero de la última conozco los resultados.

Hace unos días, en el Facebook, alguien se mostraba decepcionado con los blogs, no con todos pero sí apuntaba un punto de recelo. ¿Qué ha podido pasar para que alguien que ha participado en blogs  reniegue y se sienta defraudado?

Hipotesis A:

Alguno de nosostros, de los blogueros, se ha presentado en su restaurante al grito de “usted no sabe quién soy yo”, con la intención de ser tratado mejor, incluso de que la cuenta le saliera por la filo. Ante esta actitud, el cocinero o el jefe de sala le ha mirado con cara de sorpresa y le ha dedicado el mismo tiempo que a los demás comensales anónimos, algo que el bloguero no ha entendido porque el es “un líder de opinión”, tiene un blog.

Hipótesis B:

El bloguero ha entrado en el resturante, ha pedido un menú, no ha hecho gala de “galones” y le ha decepcionado en parte lo degustado. Quizá porque las expectativas eran enormes y no se han cumplido, porque el comensal de al lado ha sido mejor tratado o el menú ha sido distinto y más apetecible que el suyo. También es posible que el precio se le hay disparado  y la sangre que rezuma la tarjeta le haga pensar en que no ha sido un decisión acertada el ir a este restaurante.

Hipotesis C:

Simplemente no le ha gustado. Tiene criterio, no comparte gustos con quienes hablan bien del sitio, y no considera que sea para tanto. Sí reconoce el esfuerzo pero  el resultado final no le termina de llenar.

Al llegar a casa han tomado el teclado con las dos manos, se han colocado en posición erguida, sin cambiarse de ropa, sin apoyar la espalda al respaldo, y han escrito desde la víscera.

Los blogueros somos consumidores, opinamos, podemos tener criterio mejor o peor formado pero, en el caso de la gastronomía, no se puede jugar. Un restaurante no es una macroempresa. Son centros laborales en los que hay un empresario jugándose, quizá, el patrimonio dando de comer y de beber lo mejor que sabe y con la responsabilidad de pagar una nómina a sus empleados.

¿Qué es mejor ante el fracaso de nuestra visita?¿En un arranque de ira bloguera echar por tierra el trabajo de cocina y sala?

Creo que hay que cuidar el estilo, demostrar que las cosas se pueden contar con humor y sosiego o simplemente no hacer mención. ¿O es que vamos a los restaurantes para tener algo que contar, para copiar la actitud del mal crítico?

Los blogs gastronómicos estamos en la adolescencia, nos salen granos muy a nuestro pesar, la chica o el chico que queremos conocer no nos ha hecho ni caso, el grandullón de turno nos desprecia y nos ningunea por empezar a ser competencia, y el día que preparamos el momento ideal para la conquista, el día que nuestros padres y madres han salido de casa, todo resulta un desastre: la comida no está buena, a ella o a él no le gustan los ahumados, y el vino que hemos comprado está avinagrado porque no tenemos ni idea y el dependiente nos ha engañado. Somos adolescentes porque en vez de disfrutar del momento, de la compañía, en vez de fijarnos en los ojos, en las sonrisas, en el pelo, en vez de sentir cada día que el más fugaz beso es un momento mágico, inesperado, lo que queremos es que nos vean con el premio a nuestra insistencia.

El tiempo lo cura todo, incluso las llagas más profundas, aunque las no ganadas en el campo de batalla son las más dolorosas, por injustas, por no merecidas.

P.D:

Repaso la lista de los mejores restaurantes y no puedo por menos de alegrarme por  ver allí, en lo más alto, a los hermanos Roca como fruto del tesón y del esfuerzo; a todos los demás, empezando por Adrià porque desde un primer momento ha/han hecho partícipes a todos sus colegas, ya sea el de un chiringuito de playa con enjundia hasta al estudiante de cocina y sala que hace prácticas y está en plena formación. Esto sí es un factor diferenciador con respecto a los demas, la generosidad innata de los grandes.

No sé si tendría que haber más, si la lista es una más, un meme, ……….. Lo que sí lamento es que hayan salido de ella restaurantes cuyas plantillas, estoy seguro, dan cada día lo mejor de sí………….. En tiempos de crisis, y no soy experto, cualquier estímulo para llenar nuestros restaurantes ha de ser bienvenido. Mi más sincera enhorabuena a todos.

“La razón del gourmet”, Michel Onfray. Y otras lecturas.

20 Abr 2009
13:03 
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Hace tiempo que tengo este libro. Me lo regaló un compañero, Sergio Navarro, cuando me marché de La Broche de Sergi Arola. Me regaló este y otro más, Química Culinaria de A. Coenders. Aquel día fue muy emocionante porque dejaba atrás a gente buena -Ibón, Raúl, Ángel, Ibán, Koldo, Josetxu, Juanito, Sergio, Fran, Manolo,…- grandes compañeros que hoy son figuras de la cocina y que dentro de aquella eran más que compañeros. Para mí, la mejor plantilla que jamás ha tenido Arola.

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Mi relación con este libro es la del viajante: visitas esporádicas y concertadas. A veces lo miraba de reojo al pasar por la estantería, otras me lo llevaba a la cama,  lo dejaba encima de la mesilla, y esta última he decidido leerlo. No es un libro fácil……

Hace unos días, en uno de esos artículos sesudos y bien desarrollados Jorge, El Gourmet de Provincias,  se preguntaba por la cocina y el arte. Dice Onfray en el capítulo Estética de lo Efímero, Elegía para Fillia:

Pues la cocina es un arte del tiempo. Del tiempo y del aderezo aplicado al alimento, a los materiales comestibles, susceptibles de ser ingeridos. Arte del tiempo y de los colores, de los volúmenes y los materiales, se emparenta con aquellas bellas artes que, justamente, tratan de esos aspectos: música y pintura, arquitectura y escultura.  Duración en el tiempo: Las cocciones; aspecto en el espectro luminoso: colores; formas desarrolladas en un espacio en tres dimensiones, conquista de los volúmenes desplegados en una dimensión espacial, presentación en el plato; inscripción en un pliegue y despliegue de texturas, lisas, estriadas, fibrosas, largas o cortas: arquitectura y escultura……..

Sólo este capítulo sería de obligada lectura en las clases de cocina y de filosofía. Eso creo. También sería bueno que lo leyeran quienes renuncian a dudar de sí mismos cuando, en una actitud petulante hablan de sí  como representantes del arte, y ven en la cocina un intruso-producto de la moda.

La segunda lectura es un editorial escrito por Raimundo García del Moral**** en el que se pregunta:  “El fenómeno Diverxo: ¿la fusión es creación?. “. En esta reflexión el autor no niega un ápice de talento a David Muñoz  pero sí se pregunta si su cocina, su manera de expresar un estilo propio,  es de notable o de sobresaliente. No puedo estar más en desacuerdo, lo mismo que está él “en acuerdo” con Rafael García Santos cuando hace unos meses escribió en El Correo sobre Diverxo.

Creo que David Muñoz hace una cocina singular, aplicando, sí, técnicas milenarias y jugando al mar y montaña,  a la fusión, ¿y?. ¿Es acaso de menos valor el que se utilicen productos, técnicas y recursos de aquí y de acullá para imprimir un factor diferenciador a la labor creativa de este cocinero? Yo no lo veo así. ¿O es que quienes son considerados grandes cocineros, creadores, trasgresores, no se valen de los mismos “recursos” que Muñoz? Yo quiero que siga haciendo lo que crea conveniente, con su estilo, o con otro, eso sí, sin abandonar sus dosis de ilusión y coraje. ¿O está hablando de que no es vanguardia?¿Seguro?

Me sorprende la segunda parte del párrafo extraído del texto de Raimundo García del Moral publicado en la web Lo Mejor de la Gastronomía:

“Y entiéndase bien, lo que yo discuto para la cocina de David Muñoz es el sobresaliente, no una sólida notabilidad. Y si lo hago es porque firmemente creo que un cocinero de su sensibilidad e innatas dotes culinarias alguna vez debería comenzar a caminar firmemente por el alambre sin red ni empleando milenarias técnicas de cocina oriental; aunque para ello tenga que desoír los aduladores cantos de sirena que le proponen para los máximos galardones en cocina, todo ello sin haber salido aún de la cocina de fusión por mucha actualización que de ella se haga”

Cuando nos ponemos, incluso yo alguna vez, a orientar a los cocineros en uno u otro sentido,  dependiendo de nuestros gustos, lo que hacemos es convertirnos en censores, en jurados, en prescriptores de bálsamos que creemos serán remedio para el mal que acecha a una u otra manera de entender la cocina. Creo que nos equivocamos. Los que comemos y no estamos en una sala o en una cocina  somos espectadores que interactuamos y cuando esto sucede no sólo influyen los gustos, que también, influyen las expectativas y la sugestión, factores no medibles.

¿A quién le importan los “máximos galardones” en cocina? A mí cada vez menos pues estoy convencido de que cada uno hace de lo efímero de su arte una manera de vivir y de entender la cocina. ¿Quién es el radical que quiere cambiar esto?

****Lean este artículo y los demás de este autor. No tiene ninguno desperdicio, aunque no esté de acuerdo con todos ellos, como es el caso.

El día a día.

16 Abr 2009
13:34 
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A las siete de la mañana suena todos los días, salvo el fin de semana, el despertador de Ikea. Levanto las persianas, me froto los ojos, bostezo, me miro en el espejo del baño y me asusto. El tipo de enfrente es el mismo de ayer, y de anteayer,….., vamos,  yo pero con un día más.

La cafetera emite ruído  al llenar de presión su depósito, me corteja. Abro el bote del café, tomo el dosificador, lo introduzco en el porta y aprieto. Coloco dos tazas de loza blanca bajo el chorro marrón y espumoso mientras el aroma inunda la casa. Del frutero tomo cuatro naranjas salustianas de zumo, las exprimo y lleno dos vasos. A l mismo tiempo, las dos rebanadas de pan del día anterior se tuestan. ¡Clac!. El tostador me avisa. Echo la leche en el café, el aceite en el pan y coloco todo en una bandeja…..

La puerta se cierra y ella coge el ascensor. Saboreo el último beso, recojo el frutero, los platos, los vasos y enciendo el lavavajillas. Comienza un día más.

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Me pregunto por qué libros como este no se hacen en versión bolsillo. Leo, también, que Karles ha colaborado en un bonito libro y me alegro

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Salgo a la terraza y veo que las cerezas empiezan a tomar forma gracias al agua de estas últimas lluvias.

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La planta de fresa florece entre la avasalladora melisa.

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La hierba luisa rebrota de un palo en apariencia seco.

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Enciendo el horno y aso una pata de lechazo churro a 150ºC, con agua y sal. En otra bandeja de barro aso verduras.

Reviso blogs que no leía hace tiempo. Uno habla de lo bueno del fracaso, el otro lo vindica. Pienso un rato sobre el tema y rápidamente reinicio mi actividad. Hoy no se puden poner lavadoras pero se puede planchar. Enciendo la radio y suena Cat Power como parte de la banda sonora de Los Abrazos Rotos. El olor a ropa recién planchada me gusta.

Guardo la tabla y con cuidado arrincono la plancha para no quemarme. Pongo la mesa, saco el lavavajillas y enciendo la televisión. Arguiñano hace una ensaladilla con perlas de aceituna usando alginatos y xantana. ¿Se estará acabando el mundo? No, evoluciona, juega con nosotros.

Esta tarde hablaré con mi abuela sobre la receta. Ella no se pierde un programa,  un homenaje al cocinero. Leí una historia sobre él -creo cierta pero lo desconozco- que relataba cómo había sido capaz de sobreponerse a un fracaso justo en el momento en el que apareció una oferta para hacer el programa de cocina.

Me viene a la memoria que en las casas de mi infancia siempre hubo cerezos, uno en el majuelo y otro en la era, los dos plantados por mi abuelo Aurelio , panadero, labrador.

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Y así el círculo se cierra. Ella llama a la puerta, sonríe, me da un beso, cierra sus ojos,  sonríe de nuevo, me dice que huele muy bien. Me lavo las manos antes de comer, me miro en el espejo, sonrío feliz y veo al de ayer, y al de anteayer, una tarde más.

Lluvia, mermelada, café y Bach. “Urracast”

10 Abr 2009
13:14 
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Hay cosas que un amo de casa, como yo, ha de hacer y son poco reconocidas. Una de ellas es limpiar las ventanas y los cristales, algo que hice el martes. La “chaqueta” que me di fue de campeonato, hasta el punto que, como no me quité la camiseta al estilo Fama, tengo  moreno tetris,  ese que tienes que complementar en verano, tapando brazos y cuello para adquirir un tono más uniforme. ¡Otro año más que no podré hacerme el “chulopiscinas”!.

Sin embargo, hay cosas impagables en los días nublados y es ver cómo tropiezan las gotas en las ventanas y se escurren lentamente hacia el suelo. Amo la lluvia, el olor barro húmedo de después, las nubes gris ceniza y el primer rayo de sol que se hace un hueco y sólo ilumina un trozo del campo donde empiezan a verdear los brotes de cebadas y trigos.  A veces, al escampar, se posan en la terraza una pareja de gorriones, canturrean sin descaso hasta que tras un pequeño brinco callan, encogen sus patas y vuelan hacia otro alero de la casa. Me ven espiarles, comprobar cómo su plumaje está seco e inflado. Son amantes.

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El año pasado, ellos u otros, tenían su nido en una picea que Sabino me regaló. Este año desplacé el arbusto y creo que no han encontrado la puerta de su casa. Diferente este sentimiento al de mi adolescencia cuando, carabina en mano, abatíamos pajaritos y tordos para luego comerlos en la bodega.

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Untaba y untaba en pan la mermelada de Del Monte de Tabuyo, al ritmo de Bach y de sus 6 Suites a Violoncello Solo Senza Basso mientras, de reojo, he visto una urraca, posada en la mesa de la terraza, sóla, amenazante, haciéndose dueña del espacio, sacudiéndose la humedad de su plumaje y echando un ojo a mi cerezo. Sé que espía la floración,  sabe que, tarde o temprano, el garrafal de Toro dará frutos  y, ella o él,  estará allí para dar buena cuenta de las guindas. Son como trolls, blancos en apariencia, oscuros en intención, que vagan entre arbustos, árboles y parques, buscando sorprender, con la única intención de sobrevivir a su pena: el rechazo general.

Dice Eduardo Nogueras Ocaña:

“El reclamo  de la urraca es un sonido alarmante, un repetitivo “chak-ak-ak-ak-ak”, aunque realiza otros sonidos parecidos, todos son algo estridentes. Tienen habilidad para reproducir voces humanas, aunque esto es más habitual en individuos que están domesticados.

Ahora escucho jazz en la  radio de Spotify. (Gracias Juan A.G)

Me fío de Ángel Gabilondo

08 Abr 2009
10:19 
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Desde ya lo digo, por si nadie sabe de mis intenciones, que un día de estos voy a emprender una cruzada y, carrito del “carrefur” en mano,  me voy a plantar a la puerta de esos restaurantes que tienen un ninot con la figura de un cocinero obeso y voy a secuestrar a cada uno de ellos. No voy a llevarles a Corporación Dermoestética ni al programa Saber Vivir, no, voy a recolectarlos para San Juan y sus hogueras. ¿Es esa la imagen de los cocineros y cocineras en este país? Pues a la hoguera con ellos y ellas. ¡Renovemos nuestra “figura”!. (esto me ha quedado como un anuncio de tele-tienda nocturna)

Me fio de  Ángel Gabilondo porque “le gusta comer y beber,  tiene un gran apetito”, ha dicho su hermano. Ya os digo, queridos lectores, que eso es un marchamo de calidad. Puede que lo haga bien, mal o regular pero alguien que aprecia la comida es “persona” a tener en cuenta. Si a esto le sumas que, según una pequeña reseña biográfica, “se ocupa de aspectos relacionados con el problema del lenguaje y la posibilidad de pensar de otra manera y de procurar espacios concretos para ello”, el ministro de educación es el mejor de los posibles porque diálogo es lo que falta.

Imagino que saldrán más datos y hará unas primeras declaraciones. Espero que, cuando tenga que hablar de educación en nutrición,  lo haga con los arrestos suficientes como para llevar esta asignatura a los planes de estudio en las escuelas e institutos y no sea sólo una actividad extraescolar el día del “niño”. Podría dar el nombre de asignaturas que me parece que sí deberían  estar fuera de los centros de estudio pero este blog es, creo, gastronómico. Creo en él porque cree en lo público y en la educación como derecho.

¿Y de Ángeles González-Sinde? ¿Me fio? Ni idea. Sólo espero que sus discursos sean menos soporíferos que los que ofrece en las galas de los Goya. Espero y deseo que tenga suerte, que tenga la sensibilidad suficiente para considerar a la enogastronomía como un hecho cultural a tener en cuenta, que no emita juicios de valor a lo Touriño, como cuando se le ocurrió decir que” había abandonado los restaurantes de lujo“. (lean a los blogogastrónomos galegos y verán)

Confío en que, además de al cine y al mundo de “las músicas” , apoye iniciativas y favorezca sinergias con otros ministerios como agricultura, industria, educación, para que como ciudadanos tomemos conciencia de la riqueza cultural que supone para un pueblo el mantener una tradición enoculinaria y lo que significa que ésta conviva con la vanguardia,  algo en lo que no hemos sido, por complejo de inferioridad, nunca nada fuera de las fronteras.

Este país exporta literatura, cine, música, …… ¿No es hora de que se le haga un hueco a la enogastromía? Yo creo que sí y eso es lo que espero del nuevo ministro y de la nueva ministra. Suerte.

¿”Se nos rompió el amor”?

05 Abr 2009
22:45 
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Mis vecinos se han despertado tarde y lo han hecho al son de la Jurado, “la más grande”. A voz en grito él,  más atiplada ella, han ido desgranando esta canción, estrofa a estrofa. Mis vecinos son de los que disponen de un home cinema, ese arma de destrucción masiva que ha inundado nuestros edificios de papel.

¿Y si la canción tuviera algo de similitud con lo que está sucediendo? ¿Y si esta canción fue una premonición? ¿Y si es ese el momento en el que se encuentra la cocina de vanguardia?

Se nos rompió el amor
de tanto usarlo.
De tanto loco abrazo
sin medida.

 ¿Y si se refería, en el último estribillo, a la loca vanguardia sin medida, copia tras copia, humo tras humo?

De darnos por completo a cada paso,
se nos quedó en las manos un buen día.

Se nos rompió el amor
de tan grandioso.

Jamás pudo existir tanta belleza.
Las cosas tan hermosas duran poco
jamás duró una flor dos primaveras.

 

 Tanto desear y sufrir para conseguir que nuestra cocina esté entre las más grandes del mundo y, ahora que ya estamos ahí, nos quedamos vacíos por no saber si sólo fue hermoso, si esto va a tener continuidad, si toca refugiarse y volver al pueblo tras haber estado con la cabaretera o el galán desplumado.

Me alimenté de tí
por mucho tiempo,
nos devoramos vivos
como fieras.

Jamás pensamos nunca
en el invierno,
pero el invierno llega,
aunque no quieras.

 

Nos hemos tirado unos cuantos años buscando sitios nuevos, nuevas técnicas, nuevos avances tecnológicos y ahora nos damos cuenta que, mirando hacia atrás, no hemos  disfrutado todo lo posible y nos hemos dejado arrastrar por la impaciencia, por ser los primeros……

 

Y una mañana gris
al abrazarnos,
sentimos un crujido
frío y seco,
cerramos nuestros ojos
y pensamos:
Se nos rompió el amor
de tanto usarlo.

 Hace años Dani García se preguntaba por qué no disfrutábamos de lo creado hasta entonces o  entraríamos, si no,  en una espiral que podría desilusionar al más aguerrido.  La crisis, entre otros motivos, ha ayudado a no ver en la buena  vanguardia un referente, una  nueva manera de entender la cocina, creadora de nuevos “espacios” de disfrute. Por no sé qué influjo se comienza a hablar de la” cocina de verdad”, “la que no engaña”, contrapuesta a la que junto a la tradicional nos ha puesto en el mapa mundi.

 Es posible que “se nos haya roto el amor “pero quizá la reconciliación sea mejor y, lo que hoy nos parece no tener arreglo, dé paso a nuevas emociones, nuevas maneras de entender la cocina, mejores productos, un mundo más justo,  en definitiva, una nueva vanguardia.

 

“Teacast”

03 Abr 2009
12:14 
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A media tarde, cada día, Hussein preparaba el té para toda la clase, siempre después de rezar en la sala de al lado.  Sacaba de su pequeña mochila una tetera, hierbabuena y unos pequeños vasos de cristal fino y de colores. Apenas hablaba castellano ni cualquier otro idioma de España, pero aprendía cada día unas cuantas palabras. “¿Tú quieres té?” es una de las primeras frases que le oí.

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Entre los quince alumnos él lograba hacerse un hueco para poner a hervir el agua. Al principio, alguna mirada se cruzaba con la mía, de esas que casi recriminan sin palabras, pidiendo seriedad, orden y disciplina. Pasaron los días, dos, y ya todo el mundo solicitaba té a Hussein, ante la sonrisa de éste y  la casi vidriada mirada que me dirigía,  mientras yo le guiñaba un ojo y esbozaba media sonrisa.

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Él fue quien me consiguió este té, de un sabor excepcional y de olor potente que, junto a la menta de mi huertobalcón, me acompaña muchas de estas mañanas entre lecturas gastronómicas y discos como el que traigo a colación:1, 2, 3 soleils.

Lo dicho, subid el volumen, abrid la ventana si hay sol, salid a la terraza con el vaso en la mano y danzad.  Los vecinos te mirarán pero, como en el caso de Hussein, terminarán pidiéndote una copia a espaldas de la sgae. ¡Anda que no!

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