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Cerveceros en campaña electoral

13 abr 2010
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Es una propuesta de Fuller’s, la casa de London Pride, la cerveza londinsense por excelencia, para promocionar sus sabores aprovechando las elecciones.

Es curioso que utilicen la imagen de los políticos en sus grifos sabiendo que todos ellos están a favor de subir los impuestos de la cerveza.

El chico de la siguiente imagen no parece tenerlo claro todavía pese a trabajar, precisamente, en la fábrica de London Pride. Mira a Cameron pero lo que en realidad está pensando es: “Probé este sabor o quizá fue el de Brown”.

Dibujos animados y madres guapas

13 abr 2010
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Dos maneras de atraer al electorado:

Dárselo todo mascadito al estilo laborista y con dibujos animados:

O dárselo con ejemplos de la vida real por medio de una madre conservadora guapa:


¿Qué puede pasar? Que en una campaña como ésta, te salgan vídeos de burla a las pocas horas:


O que algún visionario ya supiera que ibas a utilizar a una madre guapa.

El comienzo de la campaña

06 abr 2010
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Así da ánimos David Cameron a sus tropas en la sede del partido.

En la serie “The Thick of It” era más divertido. Pero allí sí que podían utilizar la palabra Fuck en todas sus variantes.

La mujer de Cameron se queda con los titulares

22 mar 2010
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La’batalla de las esposa’ de los tres principales líderes británicos ha quedado desequilibrada antes de empezar. Los conservadores han anunciado hoy que Samantha Cameron está embarazada. La esposa de Cameron tendrá el niño/a en septiembre.

Ayer un periódico mostró unas fotos de Samantha hechas a mediados de los 90 para echar una mano a una amiga diseñadora. Nada de lo que deba avergonzarse, aunque es de suponer que algunos de los más venerables votantes del partido hayan elevado ligeramente una ceja, o las dos. Para no tener problemas, David Cameron ha dicho que ellos no esperaban que se dieran a conocer. Vamos, que confiaban en que siguieran encerradas en algún cuarto oscuro. Por si acaso.

Hoy se ha sabido la noticia del embarazo, que tiene una curiosa repercusión política. El líder tory había anunciado que su esposa tendría una participación relevante en la inminente campaña electoral. La prensa –la seria, de la otra ya ni hablamos– no necesitaba muchas más excusas para dar más colorido a las páginas de política. Por muchos artículos que le dediquen a ello, nadie ha podido demostrar nunca que las esposas de los líderes (porque suelen ser hombres) tienen alguna repercusión en las urnas.

Ahora existe la duda de si la señora Cameron se prodigará en actos públicos, aunque si su embarazo no le da complicaciones, podría hacerlo.

Además de una cachonda portada de Private Eye, el tema de las esposas y las campañas ha dado lugar a la respuesta más inteligente, que proviene de la mujer del líder de los liberales demócratas, Nick Clegg. Miriam González Durántez, que por cierto es española, ha dicho que le gustaría desde luego que a su marido le vaya bien en las urnas y que le apoyará en lo que pueda, pero sus hijos, primero, y su trabajo, después, son mucho más importantes.  No está para hacer de animadora del esposo y The Independent le ha elogiado por eso en un editorial.

El dinero de los sindicatos

16 mar 2010
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Es el último anuncio de la campaña de los conservadores para denunciar el matrimonio financiero entre los laboristas y los sindicatos. Unite es uno de ellos y es también el convocante de la huelga de las tripulaciones de cabina de British Airways. El paro llega en muy mal momento para el Gobierno a mes y medio de la celebración de elecciones.

Hasta la época de Blair, los sindicatos eran una de las principales fuentes de financiación del Partido Laborista. El entonces primer ministro se aplicó en la tarea de diversificar los fondos y liberar al partido de la influencia sindical.

El trasvase de fondos no vino gratis. Fueron los años de donaciones procedentes de millonarios con excelentes relaciones con el Nuevo Laborismo y credenciales izquierdistas casi inexistentes. El maridaje trajo sus consecuencias: el escándalo de los títulos nobiliarios a cambio de dinero. Varios millonarios fueron nombrados lores por servicios que tenían más que ver con la financiación laborista que con los beneficios obtenidos por la sociedad.

Ya con Blair fuera de la foto y los conservadores atrayendo la mayor parte del apoyo de la comunidad financiera, los laboristas se ven obligados a regresar a su fuente tradicional de fondos.  La prensa conservadora se apresura a señalar que aumenta el número de sindicalistas en las listas electorales del partido de Gordon Brown. Es una forma de decir que vuelve el viejo laborismo de los 70, asociado a la peor crisis económica que vivieron los británicos desde la guerra.

Los conservadores ya tuvieron que soportar lo suyo con las revelaciones sobre el ventajoso tratamiento fiscal que disfruta Lord Aschcroft. El multimillonario residente en Belize es también vicepresidente del partido y generoso donante de las arcas tories. Y ni siquiera paga todos sus impuestos en el Reino Unido, a pesar de que es miembro de la Cámara de los Lores.

En ambos partidos, el dinero nunca proviene de donaciones desinteresadas. La factura siempre llega con obligaciones.

Iñigo Sáenz de Ugarte

David Cameron

11 mar 2010
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“Cameron Uncovered” es un reportaje de Andrew Rawnsley hecho para Channel 4. Rawnsley es el periodista de moda en Gran Bretaña por su libro “The End of the Party”, una crónica de las dos últimas legislaturas de Gobierno laborista. En este reportaje, ofrece un perfil de David Cameron y explica cómo puede ser un futuro Gobierno conservador en el caso de que ganen las elecciones.

El reportaje de 48 minutos puede verse aquí.

Cameron se queda seco en los sondeos

28 feb 2010
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David Cameron  apela al “deber patriótico” de los conservadores para ganar las próximas elecciones en un desesperado intento por cambiar la tendencia de los sondeos. La conferencia de primavera de los tories ha reunido en Brighton a un partido que no da crédito a lo que está ocurriendo. Hace tres meses, creían tener ganadas las elecciones. Ahora, ven alarmados que se les pueden escapar.

El último sondeo, publicado ayer por The Sunday Times, reduce a sólo dos puntos, dentro del margen de error, la ventaja de los tories sobre el partido de Gordon Brown, 37% a 35%.  El titular elegido por el periódico para su primera página –“Brown, en camino de ganar las elecciones– no es exagerado. Por las características del sistema electoral británico, una derrota por dos puntos supondría una victoria en escaños para los laboristas.

La estimación del dominical es que esos porcentajes concederían 317 diputados a Brown y 263 a Cameron. Los laboristas se quedarían a nueve escaños de la mayoría absoluta y podrían gobernar en minoría.

Otros sondeos anteriores dejaban la ventaja conservadora en cinco o seis puntos. En todos, la tendencia del voto a Cameron es a la baja.

Con la intención de detener esta hemorragia, Cameron ha elegido para su discurso propuestas que pudieran ser bien recibidas por el sector duro del partido, no muy satisfecho con las intenciones modernizadoras de su líder. Eso se traduce en un plan de emergencia para reducir el déficit presupuestario, apoyo fiscal a los matrimonios y un mayor control de la inmigración.

“Si no hacemos nada (con el déficit), tendremos tipos de interés más altos, hipotecas más altas y menos confianza en nuestra economía, y el país caerá en una recesión más profunda y oscura”, ha dicho en un discurso pronunciado sin notas.
Sin embargo, el FMI y el primer ministro, Gordon Brown, coinciden en que la retirada de los estímulos con fondos públicos puede cortar de raíz la recuperación económica.

Los conservadores han presentado en Brighton su nuevo eslogan para la campaña, y se supone que ya definitivo. “Vota por el cambio” es un mensaje simple y sencillo, alejado de los tonos pesimistas de otros lemas (“No podemos seguir así”) con los que es más difícil movilizar a un electorado desengañado con los políticos.

En otras palabras, los tories han ido perdiendo apoyos al dedicarse a decir a los votantes algo que estos ya saben.

No parece que las revelaciones aparecidas en el libro ‘The End of the Party’ sobre el carácter colérico e insoportable de Brown hayan hecho mella en los votantes. Sin embargo, en los poco más de dos meses que quedan para la probable fecha electoral, el 6 de mayo, los conservadores pretenden mantener las críticas al primer ministro como uno de sus principales activos.

“Creo que todos saben que otros cinco años de Gordon Brown serían un desastre para este país. Otros cinco años de un Gobierno tan débil y dividido que los ministros ni pueden trabajar con él ni librarse de él”, dijo ayer Cameron.

Cameron debería preguntarse por qué, con un primer ministro descrito en esos términos, su ventaja se ha diluido hasta quedarse casi en nada. Si los conservadores ni siquiera llegan al 40% de los votos, la culpa no puede ser de Brown.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Ya llueve menos para los laboristas

23 feb 2010
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Durante dos años, David Cameron ha navegado con el viento a favor de las encuestas. La prensa británica se había apuntado a la idea de que la victoria de los conservadores era un hecho irreversible. La única incógnita era el número de escaños con el que superarían la mayoría absoluta.

Ya no. En los últimos tres días, dos sondeos diferentes han estrechado la diferencia entre laboristas y tories hasta el punto de que el resultado más comentado en estos momentos es que las urnas ofrezcan un Parlamento sin mayoría absoluta para ningún partido.

The Guardian ha anunciado en su sondeo de hoy que la distancia es ya de sólo siete puntos, 37%-30%, a favor de los tories. Es el punto más bajo de apoyo popular para los conservadores desde febrero de 2008. Cualquier resultado por debajo del 40% le pone las cosas muy difíciles al partido de Cameron en un Parlamento en el que las dos principales formaciones obtendrían menos diputados que nunca.

El sondeo de The Times, publicado el domingo, arrojó resultados similares con una ventaja de seis puntos para los tories (39%-33%). Si bien el partido de Gordon Brown ha mejorado algo sus porcentajes en los últimos seis meses, cuando se arriesgaban a tener el peor resultado electoral desde los años 30, la clave de estos números está en el descenso de los tories.

Cameron ha tenido que concretar su programa electoral y ha elegido una descripción tan dramática de la situación económica y de la necesidad de aplicar con carácter de urgencia un drástico recorte del gasto público que ha terminado por asustar a la opinión pública.

Uno de los lemas más utilizados por los tories (“No podemos seguir así”) ha terminado por volverse contra ellos. A partir de ese momento,  la prensa y el electorado han prestado más atención a sus propuestas. Algunas contradicciones y el uso de estadísticas que se han revelado falsas o manipuladas no han contribuido precisamente a tranquilizar a los votantes.

Mientras tanto, Gordon Brown insiste en que una reducción exagerada del déficit presupuestario pondría en peligro la recuperación económica. Las últimas conclusiones del FMI, difundidas hoy, han confirmado la cautela de Brown y los laboristas se han apresurado a utilizarlas. “El informe del FMI es una prueba más de que David Cameron y George Osborne no tienen la experiencia ni el juicio necesarios para ocuparse de la economía. El informe confirma que lo que Cameron propone hundirá la recuperación”, ha dicho el ministro de Hacienda, Alistair Darling.

Cameron confía en que las últimas informaciones sobre el carácter iracundo de Gordon Brown tengan alguna influencia. Por desgracia para él, los votantes están ahora más preocupados por su futuro económico que por los gritos del primer ministro.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Los tories tienen problemas con las sumas

15 feb 2010
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Los tories necesitan urgentemente una calculadora. En su empeño por pintar una imagen tétrica de la Gran Bretaña gobernada por los laboristas, han cogido la mala costumbre de tropezar con las estadísticas. Y lo malo es que les pillan muy rápido.

Los conservadores han denunciado la decadencia social del país y el fracaso de las promesas laboristas de conseguir una nación más igualitaria. Como muestra, han presentado un informe con, entre otros datos, el escandaloso número de embarazos adolescentes.

En diez de las zonas más deprimidas de Gran Bretaña, dicen, el porcentaje de chicas embarazadas de 15 a 17 años es ya del 54%, mientras que en las zonas más ricas ‘sólo’ es del 19%.  En el prólogo del documento, el líder conservador, David Cameron, es contundente: “Este informe revela la verdad: después de 13 años de Gobierno, el partido que alardea de trabajar por la igualdad ha ofrecido lo contrario. Los laboristas han dejado tirados a los más pobres”.

¿La verdad? A la cifra de embarazos le falta una coma, porque la real es 5,4%. La errata se repite tres veces en el documento. Pero también se equivocan con el 19%. Aquí la realidad también es diez veces menos dramática. De hecho, los embarazos de jóvenes han descendido un 10,5% desde 1998, según los laboristas, aunque en 2009 hubo un leve aumento sobre el año anterior.

Si fuera la primera vez, se podría achacar todo a un error producto de las urgencias de la precampaña. Pero hay ya unos cuantos precedentes. En febrero, el partido envió a sus sedes locales estadísticas de inseguridad ciudadana que ponían los pelos de punta. Los tories no se habían dado cuenta, o sí pero prefirieron obviarlo, de que la forma de registrar las denuncias había cambiado en 2002. Los policías estaban obligados a computar cualquier denuncia, incluso si se refería a un perro paseando sin correa.

En una intervención poco habitual, el presidente del Instituto de Estadística acusó a los conservadores de “engañar a la opinión pública” al hacer un uso equivocado de las cifras.

Algo peor que fallar con los números es la demagogia. El portavoz conservador de Interior, Chris Grayling, se convirtió en agosto en el hazmerreír de la prensa cuando comparó la violenta Baltimore que se ve en la serie televisiva The Wire con lo que ocurre en algunas ciudades británicas. Grayling no sabía de lo que hablaba. Baltimore tuvo 36 asesinatos por 100.000 habitantes en 2008. En el Reino Unido, la tasa fue de 1,5 crímenes por 100.000, y en todo EEUU de 5,5.

En cierto modo, los laboristas se lo tienen merecido por su intento de congraciarse con la prensa sensacionalista prometiendo mano dura no sólo lógicamente contra los delitos sino también contra lo que llaman “conductas antisociales”. Es un concepto tan amplio que puede abarcarlo todo e incluye comportamientos difíciles de solucionar a corto plazo.

Los laboristas no pueden presumir de haber conseguido una sociedad más justa que la que recibieron cuando Tony Blair ganó las elecciones de 1997. Al menos tienen a su favor las estadísticas del crimen. Aunque no siempre son fáciles de interpretar, revelan un claro descenso, un 45%, en el número de delitos, según The Economist, desde que en 1995 llegaron a su punto más alto. La tendencia es similar con los delitos más graves, como homicidios y robos con violencia.

Sin embargo, la inseguridad ciudadana es también un asunto de percepción. Los ciudadanos creen que ha aumentado en todo el país, aunque se da la paradoja de que si les preguntan sobre lo que conocen, su ciudad o condado, responden en los sondeos que ha descendido o que no es un problema serio.

En lo que coinciden es en el pesimismo sobre la situación actual del Reino Unido. Un 70% opina que vive en una sociedad “rota”, perseguida por profundos problemas sociales, según una encuesta reciente de The Times.

Es precisamente uno de los lemas más empleados por los conservadores. El partido de Cameron juega con el viento a favor. Sólo tiene que aprender a no hacer el ridículo con los números.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Boris Johnson nunca decepciona

12 feb 2010
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Todos los partidos deberían tener a un Boris Johnson. En esta época en que los políticos repiten como robots las consignas que llegan del cuartel general, se agradece que algunos se salgan de la partitura. Y el alcalde de Londres es experto en sacar a pasear la lengua siempre que le apetece. Se ha perdido la cuenta de las veces que ha prometido a la plana mayor de los tories que se controlará, que no se saldrá de la línea oficial del partido. No importa. A las pocas semanas, Johnson vuelve a reincidir.

La última tiene que ver con los pronósticos electorales de los conservadores. Como todo partido que va por delante en las encuestas, no quieren que parezca que dan por ganadas las elecciones. En primer lugar, porque todo puede ocurrir y de hecho la ventaja se ha ido reduciendo, muy poco a poco eso sí, en los últimos meses. En segundo lugar, porque daría una imagen de arrogancia que es precisamente algo que pretenden evitar.

Y en tercer lugar, nadie quiere desmovilizar a sus propios votantes con la idea de que la victoria está en el bolsillo y no hay que asumir grandes sacrificios para obtenerla. Por ejemplo, si llueve en el día de las votaciones.

Pero un micrófono delante de la cara de Boris Johnson es una tentación irresistible. Le han preguntado si cree que los tories ganarán en las urnas. Desde luego. ¿Con qué diferencia de escaños sobre la mayoría absoluta? ¿20, 30, 40,  50? Por ahí arriba, ha dicho, 40 al menos.

Y David Cameron vuelve a pegarse cabezazos contra la pared. ¿No le habíamos dicho que no dijera eso? Es posible, ¿pero cuándo ha hecho caso Boris?

Johnson es un caso típico de político Teflón. Le resbala todo. Cuando ha parecido que su carrera estaba tocada, volvía a reaparecer, y con más fuerza. Empezó su carrera periodística en The Times (igual lo de bocazas le viene por haber sido periodista) y le pillaron inventándose la cita de un historiador. Otro habría muerto antes de empezar, pero él no. Fue trasladado de puesto y conservó el empleo. Labró una carrera más sólida como corresponsal del Daily Telegraph en Bruselas, dando pábulo a cualquier noticia, por mínima que fuera su veracidad, que pudiera dejar en ridículo a las instituciones europeas para solaz de los lectores euroescépticos del diario (casi todos). Ahí jugaba en casa. Aunque al Gobierno de John Major le hubiera gustado que otra persona ocupara la corresponsalía, tenía el apoyo de la empresa.

Volvió a Londres para dirigir la revista Spectator y, tiempo después, entró en política haciéndose con un escaño tory en el Parlamento. Mantuvo los dos puestos en una bicefalia que seguro que le iba a dar problemas, y vaya si se los dio. El Spectator es una revista por cuyas venas corre sangre tory, pero hay que decir que a Johnson no le importaba que en ella aparecieran artículos críticos con la dirección de los conservadores.

Para terminar de arreglarlo, tuvo una relación extramarital con otra periodista, aireada como si fuera un romance de Beckham (de entonces procede la portada de Private Eye), que tendría que haber enterrado su futuro político para siempre. Pues no. Lo único que los líos de cama y de la revista  consiguieron es que tuviera que dejar el ‘Gobierno en la sombra’ de los tories.

El principal efecto, que entonces parecía definitivo, es que los escándalos que le rodeaban hicieron que perdiera el primer puesto potencial en la carrera por el imprescindible relevo generacional en los tories. Se le adelantó David Cameron, casi coetáneo suyo, con el que había coincidido en Eton y Oxford.

Ya está. Fin de la carrera. Boris, acostúmbrate a ocupar un escaño durante décadas sin más satisfacción que un puesto menor de viceministro cuando ganen los conservadores en las urnas. Tampoco. Ganó las elecciones a la alcaldía de Londres, un puesto que no parecía interesar mucho a los principales dirigentes del partido, que de hecho tenían previsto presentar a un candidato diferente a Johnson.

Lo más importante ahora es que no importa el puesto que ocupe Johnson, si está o no en un futuro Gobierno tory. Las bases más conservadores de los tories le tienen como a su líder predilecto. No es que quieran que desbanque a Cameron precisamente cuando parecen a punto de volver al poder. Pero es el dirigente con más carisma, el que mejor comunica con las bases, el más requerido para dar charlas en las reuniones del partido que se celebran fuera de Londres. Y es mucho más divertido que los demás.

Si Cameron llega al poder y la cosa no funciona, si el país no se recupera de la crisis económica y Cameron termina siendo tan impopular como Gordon Brown, allí estará esperando Boris Johnson.

Iñigo Sáenz de Ugarte