¿En qué se parece un ministro de Economía a Tiger Woods?

La particular lectura de la presentación del presupuesto del año que viene en The Sun.
(La elevación de ceja es obra de un señor llamado Photoshop)
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La particular lectura de la presentación del presupuesto del año que viene en The Sun.
(La elevación de ceja es obra de un señor llamado Photoshop)

Puede que sea el último presupuesto que presenta, pero Alistair Darling ha estado a la altura de lo esperado. Con el tono de profesor de universidad que le caracteriza, el ministro de Finanzas británico ha dado toda una clase magistral de cómo presentar unas cuentas a seis semanas de las elecciones.
Explicar al electorado -que no al Parlamento- que hay que recortar gastos y subir los impuestos después de la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, es sencillo según el método Darling. Porque hay dos tipos de medidas económicas: las que matan y las que sólo las sufren los ricos y alegran.
Ejemplo número 1. A partir de mañana las personas que quieran comprar su primera vivienda no tendrán que pagar el Stamp Duty – un impuesto que se aplica desde 2003 en este tipo de operaciones- siempre que el precio de la casa no supere las 250.000 libras. Pero si el valor de la casa supera el millón de libras, pagarán un 5% más por dicho impuesto que el resto de los mortales.
Ejemplo número 2. “Los bancos tienen que empezar a devolver a los contribuyentes el dinero que les prestaron para salvarse”. Dicho y hecho. Darling ha obligado a Lloyds y RBS a comprometer 98.000 millones de libras en préstamos para los pequeños y medianos empresarios entre 2010 y 2011.
De hecho, los bancos han formado parte de uno de los puntos principales de su exposición. Después de introducir el denominado bonus tax en diciembre, Darling tuvo el placer de anunciar al público que el Estado ha ingresado 2.000 millones de libras desde entonces. Justo el doble de lo previsto. Ese dinero será empleado como otra partida para ayudar a las pequeñas empresas.
Ejemplo número 3. Como por arte de magia, Darling se sacó de la chistera el mayor éxito del día. El Gobierno británico ha llegado a un acuerdo sobre política fiscal con tres islitas del Caribe – a saber: Belice, Dominica y Granada-. Puede resultar raro, pero no es otra cosa que un torpedo en la línea de flotación de los Tories. Lord Ashcroft, el vicepresidente del Partido Conservador, resulta ser un ‘non-dom’. Es decir, un británico cuyos intereses económicos en países extranjeros -como Belice- le permiten estar exento de pagar impuestos en el Reino Unido.
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Después de revisar a la baja la previsión de crecimiento en los dos próximos años – Un 1,25% en el periodo 2009/2010 y y 3,25% en el 2010/2011-, Darling equilibró la balanza anunciando la subida de una serie de impuestos que, al fin y al cabo, afectan a todo el mundo.
La cerveza, el vino y los licores suben un 2% a partir del domingo. El tabaco un 1% a partir de esta noche. La gasolina 3 peniques: uno en abril, otro en octubre y otro en enero de 2011. Y por último la sidra. Esa bebida alcohólica cuya graduación – en algunos casos- merece un empujoncito extra. El Gobierno piensa subir un 10% el precio.
Como suele pasar cada vez que sucede algo en el mundo, Facebook ha hablado – que diría Mercedes Milá, pero con “el público” en vez de Facebook-. A eso de las tres de la tarde nació el grupo Save Cider. Darling puede estar tranquilo. En tres horas y media sólo tiene 42 admiradores. Si el nombre hubiera sido ‘señoras que quieren salvar la sidra’, la cosa seguro que iba mejor.
Tras exprimir los vicios del personal, el ministro pasó a hablar de cosas mas serias. La deuda del Reino Unido asciende a 178.000 millones de libras. Darling pretende rebajarla hasta los 167.000 durante 2010 y dejarla en 74.000 para 2014.
¿Cómo? Congelando el impuesto de sucesiones durante dos años; las rentas más altas no tendrán derecho a cobrar el housing benefit por sus viviendas -lo que reportará 250 millones de libras-; Se congela el sueldo de los funcionarios; los departamentos del Gobierno tendrán que conseguir reducir su presupuesto en 5.000 millones; las pensiones no subirán en 2011; “el 60% de lo recaudado con los impuestos lo pagarán las rentas más altas”; y 15.000 funcionarios dejarán de trabajar en Londres y serán reubicados en otras circunscripciones.
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Darling es bueno pero no un mago. El único sitio del que podría sacar dinero para sanear las cuentas públicas en serio es de la Seguridad Social. Pero eso es sagrado y no se atreverán a tocarlo.
Los laboristas aún quieren diferenciarse de los Tories en algo. Tendrán la oportunidad si ganan las elecciones.
Si no, los conservadores tienen 15 días para presentar un nuevo presupuesto. Y ahí se demostrará si son tan distintos los unos de los otros.
Daniel del Pino
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Actualización: Leo en The Guardian que hay otro grupo en Facebook de más éxito: ‘Leave our cider alone’, con 4.534 miembros a las 19.26 hora londinense y subiendo. Lo de las señoras está sobrevalorado.
El Reino Unido ha salido arrastrándose de la recesión. 18 meses después de entrar en números rojos, el PIB británico creció un 0,1% en el último trimestre de 2009. La cifra es escuálida y permite pocas alegrías. Gordon Brown dijo en el Parlamento que la economía británica era la que estaba mejor preparada entre los grandes potencias mundiales para abandonar la crisis. La frase le perseguirá hasta la próxima campaña electoral. La opinión pública no entiende de matices en los asuntos económicos, pero las grandes cifras las tiene claras. Y al final los británicos son los que van en el furgón de cola en el G-7.
Una vez más, las cifras oficiales quedaron lejos de las previsiones más optimistas del Gobierno y los analistas privados, que esperaban un crecimiento de tres o cuatro décimas. ¿Aciertan alguna vez los economistas? Es posible que la revisión del dato dentro de unas semanas aporte alguna décima más. El descenso del PIB en el conjunto de 2009 fue del 4,8%, el mayor desde la depresión de los años 30. A falta de una, aquí se hacen dos revisiones del dato de crecimiento, la primera a finales de febrero.
Diciembre fue el último mes en que estaba en vigor la reducción temporal del IVA, que desde entonces ha vuelto al 17,5%. La producción de automóviles aumentó de forma espectacular ese mes, un 58% con respecto a noviembre, gracias al programa de ayudas públicas para sustituir los vehículos de más de diez años.
Son factores que no tendrán ya el mismo impacto en el primer trimestre del 2010, lo que aumenta el peligro de una nueva caída del PIB o de un crecimiento tan bajo que sea incapaz de detener la destrucción de empleo. El siguiente dato se conocerá en abril, sólo 11 días antes del 6 de mayo, la fecha más probable de las elecciones generales. En caso de recaída, será otro clavo en el ataúd electoral de los laboristas.
El Gobierno confía en que los nuevos datos hagan que el Banco de Inglaterra mantenga los tipos de interés en el 0,5%, el nivel más bajo de la historia, a pesar de que la inflación superará en enero con claridad el 2%, que es el objetivo declarado del banco central. Pero no tendrá efectos muy llamativos si los consumidores continúan utilizando estos meses para reducir su deuda.
Los turistas españoles están de enhorabuena (los que tengan dinero para viajar). La libra perdió valor frente al dólar y el euro nada más conocerse la noticia del PIB. No se espera que se recupere de forma sustancial en los próximos meses. Con la que está cayendo, la ventaja comparativa que da una moneda depreciada a las exportaciones es una de las pocas esperanzas a las que el Gobierno puede agarrarse.
Y lo mismo se puede decir de las empresas españolas del sector servicios a las que la recesión en España está afectando su nivel de ventas y tienen planes para ampliar su presencia en el Reino Unido. Zara, Massimo Dutti, Desigual y Mango son algunas de las compañías que ya están haciendo números.
Iñigo Sáenz de Ugarte
Los periódicos sensacionalistas se apuntan a las campañas como los borrachos a los bares. Si no hay una cerca, la montan ellos. El Daily Express, prototipo del tabloide que niega el cambio climático y se inventa cada semana curaciones milagrosas contra la cáncer, se moviliza para “salvar nuestro chocolate”. La empresa norteamericana Kraft ha comprado a la británica Cadbury, una compañía fundada en el siglo XIX y que los habitantes del Reino Unido asocian con su identidad. Ya en 1845 eran proveedores de la familia real, y por el peso que fue adquiriendo la reina Victoria hay que suponer que era una gran consumidora de sus productos.
La prensa seria no se une a las cruzadas nacionalistas. A fin de cuentas, decenas de grandes empresas del país han sido vendidas a extranjeros en los últimos años sin que nadie se haya escandalizado. Hace unos días, el Santander borró el nombre de los bancos británicos de los que es propietario para poner el suyo. La mayoría de los comentarios fueron favorables. La marca Santander cuenta con más prestigio que las fichas bancarias que engulló.
¿Pero entonces qué queda del sector industrial británico, otrora gloria del imperio? La modernización de la economía, calurosamente alentada en los años de Thatcher y sus dos herederos laboristas, Blair y Brown, ha volcado todos los favores sobre el sector servicios, en especial la industria financiera, y ahora se aprecian las consecuencias. Hablar de política industrial se consideraba anatema. A diferencia de esos malvados estatalistas franceses, Gran Bretaña era un gran sitio para hacer negocios sin interferencias del Estado.
¿Y qué queda de los empleos? Ahí, la prensa seria sí que tiene algo que decir, y los sindicatos, aún más. Kraft compra la empresa endeudándose en 8.000 millones de euros y tendrá que acometer una reducción de costes para que los fondos de inversión que están entre sus accionistas no pierdan la paciencia. Miles de empleos de Cadbury están en peligro. Gordon Brown ha dicho rápidamente que el Gobierno exigirá que no haya pérdida de puestos de trabajo en la compañía (ahora tiene unos 5.500 trabajadores y llegaron a ser 12.000) y todo el mundo sabe que en realidad no podrá hacer nada al respecto. De hecho, Kraft ya ha comprado en el pasado otras empresas británicas que han sufrido después la correspondiente oleada de finiquitos.
Como explica Larry Elliott en The Guardian, es otra consecuencia de la apuesta todo o nada del país en favor de la City, la industria financiera. Y en los tiempos que corre, eso significa que vas a perder.
¿Y quiénes son los primeros beneficiarios directos de la venta de Cadbury? Esta sí que es una pregunta tonta. Los bancos, evidentemente. 390 millones de dólares es la cantidad estimada que recibirán por su intervención en la compra, incluido los créditos a Kraft que la hacen posible. Otro detalle irónico, por decirlo de alguna manera. Goldman Sachs, Morgan Stanley y UBS, contratados por Cadbury para que le ayudaran en la defensa de la independencia de la compañía frente a la oferta hostil de Kraft, inicialmente rechazada, recibirán más dinero ahora que si la venta no se hubiera producido.
Cuando las reglas del juego están hechas para que los bancos ganen más dinero, las empresas grandes se coman a las pequeñas y miles de trabajadores sean despedidos, ¿cómo nos puede sorprender que ése sea el resultado habitual?
Evidentemente, no está previsto que el Gobierno británico cambie esas reglas. Se limitará a hacer declaraciones.
Iñigo Sáenz de Ugarte
A British Airways le ha salvado la campana de los tribunales. Han decidido que la huelga de las tripulaciones de cabina convocada para estas navidades es ilegal porque los sindicatos no respetaron las normas en vigor para las votaciones de convocatorias de paro. Si solventan esos problemas, la huelga puede repetirse pero no en las fechas previstas.
Cerca de un millón de pasajeros ha recuperado sus vacaciones. En estas fechas, las demás compañías aéreas no podían absorber a todos esos pasajeros que de repente se habían quedado sin vuelos. De hecho, algunas de ellas ya iban llenas porque muchas personas, alertadas por las noticias de un previsible paro, ya habían decidido comprar el billete en una línea aérea que no fuera BA.
Para una compañía que piede un millón y medio de libras cada día, éste es un alivio pasajero. Robert Peston, jefe de economía de la BBC, apunta además que su mayor problema continúa siendo el agujero del fondo de pensiones, que no para de crecer. El déficit es de 3.700 millones de libras, y subiendo (ya es superior al valor total de la compañía). Es el único obstáculo que puede poner en peligro la anunciada fusión con Iberia. La empresa española incluyó en el acuerdo la cláusula que le permite abandonar la fusión si el agujero está por encima de las previsiones anunciadas en su momento.
En su momento, la prensa británica no dejó de comentar que la calidad del servicio de BA es mayor que la de Iberia, lo que planteaba algunas dudas sobre los beneficios de la fusión. Bien, es cierto, pero al final puede ocurrir que BA sea el pariente pobre del matrimonio. Y si Iberia deja plantada a la novia en el altar, ¿quedará algún pretendiente dispuesto a tomar el relevo? Improbable.
Iñigo Sáenz de Ugarte
¿Quién son los que más cobran en Gran Bretaña? No es una sorpresa que la cúspide de la pirámide tenga forma de trono. Por debajo, según el Datablog de The Guardian, están la banca y la televisión. Banqueros y directivos de la BBC ocupan los escalones inmediatos. Sí, la BBC. La calidad en televisión sale a unos precios astronómicos.
El anuncio de la fusión de British Airways e Iberia no ha dejado muy contentos a algunos de los usuarios de la compañía aérea británica. Es más fácil escribir un comentario en una web que sacar a BA de las pérdidas: 325 millones de euros en números rojos desde abril a septiembre. La prensa lo ha llamado “matrimonio de conveniencia”. Lo cierto es que en el baile de fin de curso las novias se habían acabado y BA sólo podía sacar a bailar a Iberia. Las demás ya estaban comprometidas.
Al menos, algunos de los lectores de la web de The Times fueron ingeniosos, tampoco mucho, para definir en términos peyorativos, a la nueva pareja. Uno llamó a Iberia “Easyjet sin sonrisas” (de azafatas). Otros repartían a ambos lados, como el que dijo que era como una fusión entre el Titanic y la Armada Invencible, con pocas posibilidad para las dos empresas de mantenerse a flote. Hay que recordar que en Gran Bretaña no le llaman la Armada Invencible, sino ‘the Spanish Armada’. Lógico, muy invencible no fue.
Los analistas no van de graciosos, pero sí dicen que la diferencia en la calidad de servicio entre BA e Iberia es muy grande. BA recibe aún elogios por el nivel de su servicio. Su puntualidad continúa siendo alto, el peso máximo del equipaje que permite al pasajero de la clase turista es de los mayores del mercado (23 kilos) y aún no carga el precio del billete con innumerables extras. En la coyuntura actual, esa calidad oculta un panorama mucho más oscuro. Este verano, BA perdió 18,3 euros por cada uno de los pasajeros de sus vuelos.
Es una oportunidad para que Iberia aumente la calidad de su servicio. No para que BA baje el suyo.
Iñigo Sáenz de Ugarte

Han pasado siete meses y medio desde la cumbre del G-20 en Londres, pero mientras las economías de Francia y Alemania continúan su recuperación, la crisis económica en el Reino Unido parece no tener fin. Muchos siguen culpando a los banqueros. La imagen de arriba es una muestra de ello. La tomé hace más o menos dos semanas en el Millenium Bridge. Sí, son pingüinos. Pero el sitio en el que están colgados es una señal de que detrás de esta expresión artística callejera hay algo más.
Al otro lado de la pasarela se entra de lleno en la City, el club privado de los banqueros londinenses. Allí, durante las protestas de abril, los manifestantes ya propusieron comérselos. No a los pingüinos, sino a los banqueros.
Disfrazaron a un maniquí con el atuendo típico (traje y corbata negros y camisa blanca), le colgaron un cartel que decía “Eat the bankers” y lo pasearon hasta la muerte, simbólica, eso sí.
Vida y muerte de un banquero
Buceando por varios blogs y Flickr he conseguido hacer una reconstrucción de los hechos. El protagonista de esta historia empezó la jornada así, paseando por las calles de Londres tan tranquilo. Después llegó hasta el Banco de Inglaterra, donde participó como el que más de los cánticos contra la banca. La cosa se calentó unas horas más tarde y decidió quedarse a descansar en este semáforo. Lo último que se supo de él fue esto.
El Eurostat anunció esta mañana que el PIB de los 16 países de la eurozona ha crecido en el tercer trimestre del año un 0,4%, justo la cifra que se contrajo el británico en el mismo período.
Y mientras la economía del resto de países europeos siga recuperándose del modo en el que lo está haciendo, siempre va a haber una buena excusa en Londres para colgar de donde sea a cualquier cosa con un traje negro.
Daniel del Pino
Qué menos que en la primera entrada de este blog, que se llama precisamente El Pub, hagamos una referencia a Save the Pub. No, no van a ser ilegalizados ni van a ser sustituidos por los deprimentes Starbucks. Sin embargo, los pubs británicos se quejan de que el Gobierno les está exprimiendo a impuestos con el inevitable descenso en el número de establecimientos. En el año 2000, había 60.800 pubs en el Reino Unido. Ahora son 53.466.
Muchos pequeños establecimientos han desaparecido en este país y en otros muchos. ¿Es una tendencia irreversible o algo que hay que evitar? Los que viven en ciudades grandes pueden tener pocos motivos para lamentarse. Siempre hay una gran superficie comercial que le ofrece lo mismo y a veces a un precio inferior (Un momento. ¿Estamos seguros de esto último?) Aquellos que residen en pueblos o ciudades pequeñas sienten que pierden algo que tiene que ver con su estilo de vida, con el paisaje urbano con el que han crecido.
El consumo de alcohol de forma desaforada es algo que no tiene buena prensa por razones enteramente comprensibles. Y es un problema bastante grave en Gran Bretaña. No siempre tiene lugar en el pub. Ni al pub se va sólo a beber, de la misma forma que en España la gente no va a los bares simplemente a emborracharse.
Pero de eso iremos hablando más adelante.
La foto de la cabecera de este blog pertenece a un pub que se encuentra en Essex Road, en Londres. Iremos cambiándola para ofrecer otros ilustres establecimientos londinenses.
Iñigo Sáenz de Ugarte