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Unos números tan rojos como la camiseta

05 ene 2010
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Después de rescatar a los bancos, ¿ha llegado el momento de que el Gobierno británico reserve dinero para librar a algunos clubes de fútbol de la bancarrota?

No tan rápido, pero el jefe de economía de la BBC, Robert Peston, ha hecho un alto en sus crónicas sobre la recesión para centrarse en las finanzas del Manchester United, prototipo del club de éxito en los campos y capaz de generar cada año centenares de millones en ingresos. Lo ha hecho porque el equipo de Ferguson acaba de ser eliminado en la tercera ronda de la Copa inglesa, una decepción que, según Peston, han tenido que sentir tanto los que llevan las cuentas como los apasionados hinchas.

Peston sostiene que la gigantesca deuda del club sólo es sostenible si el equipo continúa ganando y generando ingresos. Sencillamente, no se puede permitir caer eliminado en la primera ronda de la Liga de Campeones (lo que no ha ocurrido) y tampoco perderse las últimas rondas de la Copa. Hasta ese nivel, vive al límite.

No es una excepción. El Liverpool sí se ha quedado esta temporada sin más ingresos de la Liga de Campeones y se tiene que conformar con la modesta aportación de la Liga Europa (antigua Copa de la UEFA). Incluso aunque los hinchas ‘reds’ continúen llenando Anfield, no todo se reduce a la taquilla. La capacidad del club de generar recursos a través de publicidad y patrocinios depende de que aparezca en las televisiones de medio mundo cada martes o miércoles. Los jueves no dan tanto dinero.

Por eso, Rafael Benítez se quedó compuesto y casi sin fichajes este verano. Contrató a Aquilani por 28 millones de euros y creía tener dinero para seguir gastando. Los dueños le dijeron que el fondo se había acabado porque de ahí también salieron las renovaciones de varios jugadores a los que se prolongó contrato.

Volviendo al Manchester, las cuentas no cuadran demasiado bien. Paga 70 millones de libras al año con unos beneficios antes de impuestos de unos 88 millones. La diferencia no da para esos fichajes desmesurados que se estilan ahora en el fútbol, lo que entre otras cosas ha hecho que Ferguson no haya destinado el dinero que recibió del Real Madrid por Ronaldo para una contratación multimillonaria. El club tiene previsto lanzar una emisión de bonos por valor de hasta 600 millones, según las fuentes de Peston, una alternativa más atractiva que seguir pidiendo créditos a los bancos.

Al igual que empresas y consumidores, los clubes de fútbol pueden soportar altos niveles de deuda gracias a que los tipos de interés están en niveles históricamente muy bajos. ¿Qué ocurrirá si en uno o dos años aumenta el precio del dinero? Muy sencillo. Algunos clubes desaparecerán, bajarán de categoría si no pueden pagar los inflados salarios de la plantilla o entrarán en suspensión de pagos, como le ocurrió en España al Atlético de Madrid.

La alternativa de la ayuda directa del Estado no es tan fácil como en España, donde los políticos y sus brazos armados financieros (las cajas de ahorros) son tan comprensivos con el fútbol. Y si se dice de los bancos que muchos son “too big to fail” (demasiado grandes como para que el Estado pueda rescatarlos a todos), algo parecido se podría comentar de un club como el Manchester United.

Lo que nos lleva a pensar que los banqueros estarán rezando para que Rooney continúe marcando goles.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Terry también cobra los bonus

20 dic 2009
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El semanario sensacionalista News of the World la tiene tomada con la familia Terry. Es cierto que el defensa del Chelsea y sus padres son unas piezas de mucho cuidado, y en el caso del futbolista hablamos de una pieza de caza mayor.

El dominical ha cazado a Terry dedicándose a un negocio cuestionable: cobrar 10.000 libras por una visita guiada a las instalaciones del club, incluidas aquellas zonas privadas donde los jugadores reciben masajes y matan el tiempo en un jacuzzi.

Los desmentidos habituales en estos casos son inútiles. Hay un vídeo en el que se ve al socio de Terry guardarse un sobre con el dinero mientras el jugador contempla sonriente la transacción. Se supone que las 8.000 libras que se lleva Terry acabarán en una organización benéfica, pero será difícil comprobarlo. Hacienda estará muy interesada en hacer algunas preguntas sobre estos ingresos atípicos.

El padre de Terry ya tuvo su minuto de gloria por culpa del News of the World. Le pillaron hace un mes pasando tres gramos de cocaína en los baños de un bar. Tampoco es que sea un traficante. Sólo se llevaba una comisión para poder pagarse un gramo. Nadie trabaja gratis.

Terry tendrá que dar algunas explicaciones a Carlo Ancelotti y a sus compañeros, que han descubierto que forman parte del atrezzo con el que el defensa impresiona a sus clientes. Habrá quien piense que Terry no necesita más dinero que las 160.000 libras semanales que cobra en el Chelsea. En la época que vivimos, eso es un error. Si los directivos de la banca de inversiones cobran un bonus por un trabajo que no reporta ningún beneficio a la sociedad, Terry pensará que también tiene derecho a sacarse un dinerillo extra.

Ancelotti tiene motivos para sentirse estafado. Al llegar al club, dijo que Terry era “el símbolo del equipo” y que continuaría siendo el capitán para siempre. El club le subió el sueldo cuando el Manchester City amagó con ficharlo. Y ahora el símbolo les paga poniendo a todos en ridículo. Tras empatar ayer con el West Ham y confirmar el liderato con cuatro puntos de ventaja sobre el Manchester, lo menos que necesita el club es despertar la atención de la prensa sensacionalista.

Es lo que tiene contar con multimillonarios como empleados. Nunca tienen suficiente. El Tottenham va a sancionar a 16 jugadores por haber dejado en evidencia al entrenador. En una conferencia de prensa, Harry Redknapp dijo que estaba en contra de las fiestas de Navidad que suelen montar los jugadores. Los suyos nunca “se tomarían la libertad” de celebrar una sin contar con su permiso.

Faltaría más. Sólo dos días antes, la plantilla en pleno se había ido de incógnito a Dublín, y no porque los villancicos irlandeses sean los más emotivos. No habrían pasado desapercibidos en una discoteca de Londres y probaron en la capital irlandesa, donde se supone que nunca han visto a un futbolista de la Premier. Muy listos no son, ¿no?

Iñigo Sáenz de Ugarte

El valor del dinero del jeque

06 dic 2009
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 ¿Le dijo su agente a Cristiano Ronaldo que se quitara la camiseta si marcaba un gol e hiciera ostentación de pectorales y abdominales? ¿Qué es una tarjeta amarilla a cambio de mantener el producto en la primera posición del marketing planetario? Esto es una maldad de tal calibre que casi me estoy arrepintiendo de haberla escrito –bueno, sólo un poco–, pero hay cifras que llaman la atención.

Entre octubre de 2008 y septiembre de este año, los clubes de la Premier se han gastado 78 millones de euros en pagar a agentes e intermediarios en los fichajes de jugadores. Podemos interpretar que la locura de traspasos de los últimos seis meses se debe a las necesidades deportivas de los equipos. En ese caso, estaríamos siendo demasiado inocentes. Hay mucho dinero en juego y algunos intentan que el carrusel no se pare.

En la peor recesión en décadas, el fútbol mira a otro lado y continúa su loca carrera de gastos. La burbuja es su estado natural.

Inevitablemente, el equipo que más gasta en comisiones en Inglaterra ha sido el Manchester City: 14,2 millones en el último año.  Hasta ahora, el retorno de su ola de fichajes ha sido algo escuálido, y si miramos a su defensa el balance cobra aires de estafa. Se gastó 58 millones en el fichaje de tres defensas (Lescott, Kolo Toure y Bridge). La retaguardia es precisamente su línea más débil, a pesar de contar con un buen portero, y sus errores adquieren en algunas jornadas un carácter casi cómico.

La millonada gastada por el dueño del equipo, el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, se había cobrado siete empates consecutivos en la Premier –varios de ellos frente a rivales de medio pelo– antes de la visita este sábado del imperial Chelsea. Y sin embargo, el equipo se llevó la victoria por 2-1 con el mérito añadido de la remontada.

Jugar, lo que se dice jugar, el City juega poco. El entrenador no tiene claro cuál es el plan. El exceso de delanteros en la plantilla provoca alineaciones singulares. Ante el Chelsea, jugaron cuatro delanteros y aún así se quedaron fuera otros tres que serían titulares en otros equipos.

La diferencia con la confusión habitual en el City es que esta vez Carlos Tévez justificó su traición al Manchester United. Robinho regresó tras una larga lesión pero su ímpetu sólo duró unos 20 minutos. Fue el argentino el que desestabilizó a la coriácea zaga del Chelsea con su movilidad y su capacidad de lucha. Los rivales recibieron seis amonestaciones y la mitad fue por entradas a Tévez. Señal de que los estaba volviendo locos.

En realidad, el Chelsea podía haber ganado. Lampard desperdició un penalti y Drogba falló solo ante el portero cerca del final. Pero a veces un grupo de avispas enloquecidas puede terminar volviendo loco a un elefante.

El City está ahora sexto a tres puntos de los puestos de Liga de Campeones. Nada de lo que presumir mucho. Por eso, algunos agentes, como el del azulgrana Yaya Toure, están haciendo ruido para propiciar su salto al City. Hay mucho dinero en comisiones y unos cuantos clubes a los que se puede engañar.

Iñigo Sáenz de Ugarte

El Arsenal se muere de frío

29 nov 2009
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El calentamiento climático no llega lo bastante rápido para el Arsenal. Por alguna razón, el talento desbordante de su plantilla se congela con rapidez cuando se presentan las bajas temperaturas.

El carácter imprevisible del tiempo en Gran Bretaña –puede ser malo, muy malo o insufrible– confunde a los meteorólogos televisivos, que apenas pueden hacer un pronóstico fiable a 24 horas vista. Pero con el equipo de Arsène Wenger lo tienen fácil. Los datos de los últimos años demuestran que su media de puntos de noviembre a febrero es inferior a la de los primeros meses de la temporada y al tramo final de la Liga.

Aún peor lo tienen después de que se confirmara que el paripé de la placenta no sirvió de mucho. Van Persie viajó hasta Belgrado con los ligamentos del tobillo rotos. Los médicos de la selección holandesa debieron de conseguir su título en el mismo rastrillo zen de la curandera serbia, y pensaron que lo de la lesión sería cuestión de semanas. En Londres, el delantero descubrió que estará cuatro o cinco meses sin jugar.

Para cuando vuelva, hará mejor tiempo, pero ya será demasiado tarde para su equipo. Ayer, el Chelsea les dejó tiritando tras ganar 0-3 en el campo del Arsenal. Hay pocas verdades inmutables en el fútbol, y una de ellas parece ser que nadie entra por el centro de la defensa del Chelsea con paredes y toques de alta escuela. El equipo de Wenger no tiene extremos que se pasen el partido pegados a la cal y eso se paga ante el Chelsea.

Los azules han tardado 14 jornadas en dejar a 10 puntos al tercer clasificado y a 11 al cuarto (el Arsenal). Sólo el Manchester mantiene el ritmo –está a cinco– y no debe ser descartado. La única diferencia entre ambos equipos reside en el partido que jugaron y que ganó el Chelsea con un 60% de buena suerte y un 40% de ayuda arbitral.

El Arsenal se asemeja cada vez más a esa selección portuguesa que jugaba con un portero, diez medias puntas y un delantero. O algo así. La calidad de su centro del campo es indiscutible, así como su capacidad para producir goles. Sin embargo, en las grandes citas de la temporada ha demostrado que varios de sus jugadores están muy verdes para hacer frente al colmillo retorcido que se gastan en el Chelsea y el Manchester.

La perenne fortaleza defensiva del equipo de Ancelotti no debe engañar. Su equipo es el único de la Premier que ha marcado en todos los partidos. Dos delanteros aparentemente incompatibles como Drogba y Anelka están (como se dice ahora en el fútbol) mezclando muy bien. Droga ya no está peleado contra el mundo y la evolución de Anelka es sorprendente.

El francés pasó por ocho equipos antes de llegar al Chelsea. Puso a prueba la paciencia de casi todos sus entrenadores. Ahora con 30 años, marca unos cuantos goles y cumple con esmero las tareas que le encomiendan. La madurez a veces se toma su tiempo para aparecer.

Iñigo Sáenz de Ugarte

La placenta salvadora

22 nov 2009
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En los muy escasos momentos en que la prensa inglesa no se dedicó la semana pasada a crucificar a Thierry Henry, la palabra de moda ha sido placenta. Los detalles son algo oscuros como corresponde a los métodos extravagantes con los que se prodigan curanderos y charlatanes, pero por lo que se sabe una fisioterapeuta serbia ha conseguido resultados espectaculares al tratar lesiones musculares de futbolistas.

No hablamos de hierbas tropicales ni de conjuros realizados a la luz de la luna llena. Su remedio mágico consiste en inyectar placenta de yegua en la zona afectada.

Antes de que la gente piense que este periódico está dispuesto a publicar cualquier cosa con tal de que sea divertida, deben saber que al menos los nombres de los pacientes están confirmados.

El que inició la ruta terapéutica hacia Lourdes, perdón Belgrado, fue el delantero del Arsenal Van Persie, con una lesión lo bastante grave como para dejarle en teoría seis semanas sin jugar. Si un tipo tan respetado como Arsène Wenger dio el visto bueno, la cosa no podía ser mala.

En esta temporada, no hay club más perseguido por los percances físicos que el Liverpool, así que no debe extrañarnos que los reds enviaran una auténtica expedición a la consulta de Marijana Kovacevic. Allá se fueron Benayoun, Riera, Fabio Aurelio y Johnson. Es de suponer que les harían descuento por viajar en grupo.

El caso es que algo tiene la placenta cuando la bendicen. Benayoun pudo jugar unos minutos el sábado y hasta anotó el gol del empate ante el Manchester City (ese equipo que se gastó 110 millones de euros en fichajes y que lleva seis empates consecutivos). Quizá su lesión no fuera tan grave o quizá en Liverpool están demasiado desesperados como para esperar.

Hay cosas que ni los curanderos pueden solucionar. Al equipo de Rafael Benítez le ha visto un batallón de tuertos de mirada aviesa. No hay jornada sin desgracias. Esta vez, fueron Agger y Babel los que se retiraron lesionados antes del descanso. En ambos casos, por golpes con los que no sirve de mucho sacar fluidos de las entrañas de un caballo, lo que en este caso debe considerarse otra desgracia más.

Supongo que en Liverpool ya se habrán enterado de que inspectores de sanidad y agentes de policía serbios han visitado la consulta de Kovacevic alertados por su repentina fama. Y por el pequeño inconveniente de que esta doctora en farmacología no tiene licencia para trabajar como fisioterapeuta.

Kovacevic no estaba para recibirlos y desde entonces no se sabe nada de ella. Como no aparezca, en Liverpool se van a comenzar a preocupar de verdad.

Quien no necesita ungüentos milagrosos es el Chelsea. Le faltaban cuatro titulares este fin de semana y aun así ganó 4-0. Aunque los demás equipos vayan a ritmo de galope, el equipo de Carlo Ancelotti lleva la marcha de una locomotora.

Iñigo Sáenz de Ugarte