Los tories tratan de cercar el Parlamento con su publicidad, colocando banderolas a escasos metros de Westminster. Pero sigue sin estar muy claro si conseguirán asaltarlo.
Las encuestas estos últimos días son de todos los colores. Algunas llegan a dar a los conservadores de David Cameron un 40% de los votos, la cifra mágica con la que sueñan los tories para gobernar en mayoría a partir del 7 de mayo.
Esta semana, los más optimistas, como el último de Yougov, les otorgan un 39%. Ésa es la cifra a partir de la cual Cameron podría convertirse en primer ministro. Pero todo lo que acabe siendo inferior a eso puede llevarle al fiasco. Desde un gobierno en minoría a la perdición total.
La conclusión inicial es que a tres semanas de las elecciones no hay nada decidido. La encuesta de Yougov a nivel regional muestra cómo partidos minoritarios como el anti Unión Europea UKIP y el ultra BNP van acumulando apoyos a medida que pasan los días.
Con los debates televisados por venir se espera, además, que el líder de los Liberal Demócratas, Nick Clegg, gane en confianza. El caso de Clegg es muy especial puesto que dirige el tercer partido más importante del Reino Unido pero casi nadie le conoce. Dichos debates pueden suponer una catapulta mediática para él que iría en contra de Conservadores y Laboristas.
Con este panorama, Patrick Dunleavy, profesor de la London School of Economics (LSE), explica, basándose en lo que pasó en las anteriores elecciones, que estos dos últimos partidos acabarán repartiéndose un 68% de los votos.
La forma en que se repartan ese porcentaje puede significar una victoria aplastante o una derrota histórica con tan sólo un par de puntos de diferencia.
Las últimas encuestas de la LSE hablan toavía de un 69% de los votos a repartirse. Los conservadores obtendrían un 37% por el 32% de los laboristas. Teniendo en cuenta que con el actual sistema de votos británico las papeletas que van a los laboristas cuentan más que las que van para los tories, Cameron estaría a 3 puntos de la victoria final, pero también a 3 puntos del desastre. Los laboristas sólo tendrían que ganar 2 puntos más para gobernar tranquilamente por cuarta legislatura consecutiva.
Si el porcentaje a repartir fuera finalmente el 68% de los votos, entonces la cosa estará todavía más ajustada.
Es una propuesta de Fuller’s, la casa de London Pride, la cerveza londinsense por excelencia, para promocionar sus sabores aprovechando las elecciones.
Es curioso que utilicen la imagen de los políticos en sus grifos sabiendo que todos ellos están a favor de subir los impuestos de la cerveza.
El chico de la siguiente imagen no parece tenerlo claro todavía pese a trabajar, precisamente, en la fábrica de London Pride. Mira a Cameron pero lo que en realidad está pensando es: “Probé este sabor o quizá fue el de Brown”.
Puede que sea el último presupuesto que presenta, pero Alistair Darling ha estado a la altura de lo esperado. Con el tono de profesor de universidad que le caracteriza, el ministro de Finanzas británico ha dado toda una clase magistral de cómo presentar unas cuentas a seis semanas de las elecciones.
Explicar al electorado -que no al Parlamento- que hay que recortar gastos y subir los impuestos después de la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, es sencillo según el método Darling. Porque hay dos tipos de medidas económicas: las que matan y las que sólo las sufren los ricos y alegran.
Ejemplo número 1. A partir de mañana las personas que quieran comprar su primera vivienda no tendrán que pagar el Stamp Duty – un impuesto que se aplica desde 2003 en este tipo de operaciones- siempre que el precio de la casa no supere las 250.000 libras. Pero si el valor de la casa supera el millón de libras, pagarán un 5% más por dicho impuesto que el resto de los mortales.
Ejemplo número 2. “Los bancos tienen que empezar a devolver a los contribuyentes el dinero que les prestaron para salvarse”. Dicho y hecho. Darling ha obligado a Lloyds y RBS a comprometer 98.000 millones de libras en préstamos para los pequeños y medianos empresarios entre 2010 y 2011.
De hecho, los bancos han formado parte de uno de los puntos principales de su exposición. Después de introducir el denominado bonus tax en diciembre, Darling tuvo el placer de anunciar al público que el Estado ha ingresado 2.000 millones de libras desde entonces. Justo el doble de lo previsto. Ese dinero será empleado como otra partida para ayudar a las pequeñas empresas.
Ejemplo número 3. Como por arte de magia, Darling se sacó de la chistera el mayor éxito del día. El Gobierno británico ha llegado a un acuerdo sobre política fiscal con tres islitas del Caribe – a saber: Belice, Dominica y Granada-. Puede resultar raro, pero no es otra cosa que un torpedo en la línea de flotación de los Tories. Lord Ashcroft, el vicepresidente del Partido Conservador, resulta ser un ‘non-dom’. Es decir, un británico cuyos intereses económicos en países extranjeros -como Belice- le permiten estar exento de pagar impuestos en el Reino Unido.
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Después de revisar a la baja la previsión de crecimiento en los dos próximos años – Un 1,25% en el periodo 2009/2010 y y 3,25% en el 2010/2011-, Darling equilibró la balanza anunciando la subida de una serie de impuestos que, al fin y al cabo, afectan a todo el mundo.
La cerveza, el vino y los licores suben un 2% a partir del domingo. El tabaco un 1% a partir de esta noche. La gasolina 3 peniques: uno en abril, otro en octubre y otro en enero de 2011. Y por último la sidra. Esa bebida alcohólica cuya graduación – en algunos casos- merece un empujoncito extra. El Gobierno piensa subir un 10% el precio.
Como suele pasar cada vez que sucede algo en el mundo, Facebook ha hablado – que diría Mercedes Milá, pero con “el público” en vez de Facebook-. A eso de las tres de la tarde nació el grupo Save Cider. Darling puede estar tranquilo. En tres horas y media sólo tiene 42 admiradores. Si el nombre hubiera sido ‘señoras que quieren salvar la sidra’, la cosa seguro que iba mejor.
Tras exprimir los vicios del personal, el ministro pasó a hablar de cosas mas serias. La deuda del Reino Unido asciende a 178.000 millones de libras. Darling pretende rebajarla hasta los 167.000 durante 2010 y dejarla en 74.000 para 2014.
¿Cómo? Congelando el impuesto de sucesiones durante dos años; las rentas más altas no tendrán derecho a cobrar el housing benefit por sus viviendas -lo que reportará 250 millones de libras-; Se congela el sueldo de los funcionarios; los departamentos del Gobierno tendrán que conseguir reducir su presupuesto en 5.000 millones; las pensiones no subirán en 2011; “el 60% de lo recaudado con los impuestos lo pagarán las rentas más altas”; y 15.000 funcionarios dejarán de trabajar en Londres y serán reubicados en otras circunscripciones.
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Darling es bueno pero no un mago. El único sitio del que podría sacar dinero para sanear las cuentas públicas en serio es de la Seguridad Social. Pero eso es sagrado y no se atreverán a tocarlo.
Los laboristas aún quieren diferenciarse de los Tories en algo. Tendrán la oportunidad si ganan las elecciones.
Si no, los conservadores tienen 15 días para presentar un nuevo presupuesto. Y ahí se demostrará si son tan distintos los unos de los otros.
Daniel del Pino
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Actualización: Leo en The Guardian que hay otro grupo en Facebook de más éxito: ‘Leave our cider alone’, con 4.534 miembros a las 19.26 hora londinense y subiendo. Lo de las señoras está sobrevalorado.
Pero uno de ellos no ha podido evitar la tentación de mentar al niño muerto de la pareja el año pasado.
Lo mejor es el subtítulo: “Cualquier padre estará encantado con la idea de que esta familia ha dado un paso más para curar su dolor después de la muerte de Ivan”. Éxito seguro. Ya ha empezado el show.
El Daily Mail es el que más grande lo da. Para el Daily Express, el notición del día son esas familias de rumanos que se aprovechan de que te vas a trabajar para robarte la casa (y quedarse a vivir en ella).
“Soy como un taxi que se puede contratar”. Así es como se definía el ex ministro de Transportes, Stephen Byers, antes de ser pillado por The Sunday Times y Channel 4, con su negocio particular de asesor de empresas privadas a tiempo parcial entre sesión y sesión en el Parlamento.
Los laboristas siguen echándose tierra encima. Cada ve dan más motivos al electorado para pensar que aquello de “limpiar la política” después del escándalo de las cuentas de gastos del año pasado, no es más que una frase hecha.
Esos estatutos incluyen la obligación de oponerse a cualquier tipo de “integración o asimilación” que perjudique a los “británicos indígenas”, así como el requerimiento de apoyar “el mantenimiento y la existencia de la unidad e integridad de los indígenas británicos”.
Algunos os preguntaréis, ¿Indígenas británicos? El BNP es un partido de extrema derecha que defiendeentre otras cosas, la prevalencia de los derechos de los descendientes de los primeros ciudadanos que poblaron las islas por encima de los de cualquier otro. Hablando claro, los derechos de los blancos primero.
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¿Pero qué primeros blancos? El término indígena ha causado bastante controversia y cachondeo. Nada mejor que volver a la participación del líder del BNP Nick Griffin en el programa de la BBC Question Time en octubre del año pasado.
La intervención de Bonnie Greer, directora del British Museum, es para ser recordada durante muchos años [minuto 5.03 del vídeo]:
“On his site he starts his history largely in 700 AD; where’s the rest of British history? Where’s the Romans? There’s a reason the Romans aren’t there, because they were a multicultural society. Anybody could be a Roman citizen, and there were armies here of Africans and Asians and Europeans and when Rome left they were left behind. Now what happened with them? Do you think they hooked up with your indigenous Ice Age Britons, Nick?”
No sabemos si aquellos romanos abandonados se enrollaron con los indígenas de la Edad de Hielo que Nick Griffin defiende, como dice Greer. Pero sí es una manera más de desmontar la constante necesidad de protagonismo de este partido de ultras.
Herederos del Frente Nacional, el BNP ha estado desde 1982 marginado de la política generalista hasta las pasadas elecciones al Parlamento Europeo. Consiguieron hacerse con nada menos que dos asientos en Bruselas.
Su ascenso fue analizado como la victoria de un sector radical de la sociedad castigado por la crisis económica y escandalizado por el tejemaneje de los diputados británicos con el dinero público a espaldas del contribuyente.
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Explotando la imagen de Churchill hasta la saciedad, utilizando eslóganes como ‘British jobs for british workers‘ (que curiosamente fue empleado por el primer ministro Gordon Brown hace un par de años) y atacando constantemente a la comunidad muslumana y a los inmigrantes, se aprovecharon del momento más confuso de la política del Reino Unido en un siglo.
En una sociedad como la británica hablar de racismo causa gastroenteritis aguda. Y que un partido racista se te cuele hasta la cocina es una salmonella que bien se tienen que aplicar en curar en las próximas elecciones Gobierno y oposición.
Aquí no son muy de ilegalizar partidos, pero si los laboristas piensan que maquillando los estatutos del BNP se les va a curar la ideología, andan mal orientados.
El de la viñeta de Dave Brown en The Independent es el ministro de Educación Ed Balls. Los laboristas han preparado una nueva ley sobre educación sexual en la escuela pública -que contará en el expediente- para explicar a los niños la importancia de los contraceptivos, la idoneidad de mantener relaciones con parejas estables, la existencia de los matrimonios civiles y lo reprobable de la homofobia.
Hasta aquí todo bien. Lo que pasa es que Balls presentó una enmienda para el texto final que da vía libre a los colegios religiosos públicos -que también los hay- para explicar a su manera lo de los contraceptivos. Hoy, el Parlamento la ha aprobado.
¿Cuál es el sentido de una nueva ley de educación sexual si en algunos centros van a poder contar a los niños lo que quieran? Eso se pregunta David Laws, diputado liberal-demócrata.
“The issue is, in the 21st century, are we going to have a school system which is going to be tolerant of intolerance in the name of religious freedom? Or should we say in the 21st century that it is right that all state-funded schools should be teaching tolerance and respect for diversity?”
Es decir, Laws quiere saber si se va a optar por un sistema escolar que permita vetar los contraceptivos y criticar la homosexualidad en nombre de la libertad religiosa, o sí se quiere un sistema escolar más acorde con los tiempos que corren.
Y tiene razón. Es de suponer que en algunos centros, bien sean católicos, musulmanes o ultra ortodoxos, temas como la homofobia o los contraceptivos no van a ser enseñados en el modo que el Estado quiere que se haga.
Balls ha recurrido a la excusa típica de los políticos: Esto es mejor que lo que había antes. Claro, antes, o hasta ahora, las escuelas religiosa podían obviar directamente hablar a sus niños sobre educación sexual. De ahí que, por ejemplo, los británicos tengan ciertos problemas con las enfermedades de transmisión sexual. Los casos de herpes genital subieron un 10% el año pasado, y los jóvenes de entre 15 y 24 años acapararon el 65% de los casos de Clamidia. Con las juergas que se corren no es de extrañar.
El pasado verano, el DJ de la BBC Greg James se dio un paseo por Magaluf, en Mallorca, para estudiar el comportamiento estival de los británicos. Resulta que al final de las vacaciones la mayoría pasa por la farmacia de turno para que les den una “pastilla mágica” -así la llaman- que supuestamente les limpia de cualquier infección.
Pero esta es otra historia. Balls dijo ayer que los colegios con la antigua ley “podían elegir entre no informar sobre contraceptivos o criticar la homosexualidad”. Con la nueva, al menos les explicarán que existen los condones, aunque usarlos sea malo con chicos o con chicas.
Después de Brick Lane, toca un paseo desde la Tate Modern hasta St. Paul’s Cathedral, pasando por Millenium Bridge. El montaje dura esta vez -un poco más de- cuatro minutos.
Más fotos que el anterior, 740. La canción se llama He Africa y es de AM Roots Feat. Fred Mthembu.
Iñigo Sáenz de Ugarte es corresponsal de Público en Londres.
Vive en Hackney pero pasa más tiempo en Islington. Siente una gran atracción por la Newcastle y la London Pride
pero a veces les engaña con una cerveza normal.
Daniel del Pino
Daniel del Pino es un periodista en apuros, pero quién no lo es hoy en día.
Sobrevive en el temido Hackney a base de Stella, conocida en la calle como wifebeater por sus
efectos secundarios en el comportamiento de las personas. Él no engaña a los autóctonos, que prefieren sabores más suaves para ahorrarse el dolor de cabeza y la somnolencia asegurados.