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Camaradas, ahora responderé a las preguntas de la prensa

12 abr 2010
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Algunos actos políticos parecen pensados para que salgan mal. Los laboristas presentan su programa electoral ante una audiencia formada por políticos y seguidores del partido. Perfecto. Después, el primer ministro responde a las preguntas de los periodistas. No hay problema. Pero los dos actos se realizan en la misma sala. A la primera pregunta de un periodista de la BBC, el público responde con unos cuantos abucheos. Más tarde, pregunta uno de The Sun y se oyen risas (bueno, el periodista también se ríe).

Las respuestas de Gordon Brown son recibidas con aplausos, como si fuera un programa de televisión. En su twitter, Paul Waugh, del diario Evening Standard, lo compara con un acto en Corea del Norte. Seguro que en Private Eye se ponen las botas.

No ayuda mucho para la retransmisión televisiva que la pantalla situada detrás de Brown no deje de parpadear. Eso que llaman en televisión “ruido visual” obliga al realizador de BBC News a pinchar otras cámaras laterales para enfocar al primer ministro, planos mucho menos favorecedores.

¿Hay algo que les salga bien a los laboristas?

Gordon Brown prefiere no mirar

08 abr 2010
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Las campañas, esa época política en la que los votantes pueden cantarle las cuarenta a los políticos. Aprovechen mientras dura.

¿Irak? Cosas de Tony y de los norteamericanos

05 mar 2010
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Gordon Brown se ha aplicado en un difícil juego de equilibrios ante la comisión de investigación de la guerra de Irak: defender la invasión pero sin la frialdad y el belicismo mostrados ante la misma audiencia por Tony Blair.

El primer ministro también se ha distanciado de la posición de su viejo amigo y rival al dirigir la responsabilidad sobre el caos de la posguerra a Washington. “Nunca he apoyado lo que podríamos llamar la propuesta neoconservadora que dice que puedes alcanzar la libertad y la democracia de un día para otro con la ayuda del cañón de un arma”.

Era la forma de absolver a Londres de todos los pecados de la ocupación, a pesar del desastre que fue también la presencia británica en Basora y el sur de Irak.

El único error claro que ha admitido ha sido precisamente no haber convencido a Washington de preparar mejor el día después del fin de los combates. “Estaba convencido –y debo decir que lamento mucho no haber podido insistir a los norteamericanos en este asunto– de que la planificación de la reconstrucción era tan esencial como la planificación de la guerra”.

Su prioridad era no admitir ninguna culpa a poco más de dos meses de la celebración de las elecciones. Irak fue la guerra de Tony Blair y Brown no tiene ningún interés en reclamar derechos de autor.

El primer ministro ha hecho un ejercicio de reescritura de la historia al prestar poca atención a las armas de destrucción masiva, la principal razón para invadir Irak, según Blair. Dice que la invasión fue “la decisión correcta tomada por las razones correctas”.

¿Cuáles fueron esas razones? “Imponer la voluntad de la comunidad internacional”, en palabras de Brown, sobre Sadam Hussein, que se había negado a cumplir las resoluciones de Naciones Unidas.

Brown ha mantenido la ficción de que hasta el último fin de semana anterior a la invasión tenía esperanzas de que la crisis se resolviera por cauces diplomáticos. Al igual que Blair, culpa de todo a Francia y su anuncio de veto a una segunda resolución que justificara la guerra.

Cuando la comisión le ha recordado que los franceses sólo querían más tiempo para que los inspectores hicieran su trabajo, Brown se ha limitado a responder que no lo sabía porque no era el ministro de Exteriores.

De cara al futuro, Brown ha venido a decir de forma sutil que ciertos países (que en su visión del mundo sólo pueden ser EEUU y el Reino Unido) tienen derecho a derrocar gobiernos de países enemigos, con independencia de la legalidad internacional y siempre que tengan preparada la reconstrucción del país atacado.

“Habrá otros estados, estados rebeldes, que tendrán que cambiar, y nosotros tendremos que asegurarnos que haya el apoyo civil y militar necesarios cuando sea necesario reconstruir el país destrozado”, dijo.

En otras palabras, la doctrina intervencionista de Blair pero aplicada con el pragmatismo de Brown.

Pero más que las cuestiones de estrategia internacional, al líder laborista le interesaba más dejar claro una y otra vez que las tropas británicas no fueron al combate sin los medios necesarios, a pesar de las numerosas denuncias de los antiguos altos mandos del Ejército.

Por eso, ha dicho que antes de la guerra comunicó a Blair que las cuestiones presupuestarias nunca supondrían un obstáculo si había que enviar a las tropas. Como muestra, ha recordado que las guerras de Irak y Afganistán han costado a los británicos 20.000 millones de euros. Cuando los mandos militares pidieron más dinero, se les concedió, ha explicado Brown.

Al comprobar que los Land Rover eran vulnerables a los ataques de los insurgentes, se ordenó gastar 100 millones de euros en vehículos de blindaje más resistente, y la compra se efectuó “a los pocos meses”.

No es eso lo que dicen los generales retirados. El jefe del Ejército de 1997 a 2001, general Guthrie, contó ayer a The Times que “la falta de fondos para el Ejército indudablemente costó vidas de soldados”. Lo mismo dijo el general Graeme Lamb, que denunció que se negó a las Fuerzas Especiales material de la época de la guerra de Vietnam para los helicópteros que podría haber salvado vidas tanto en Irak como en Afganistán.

Iñigo Sáenz de Ugarte

La viñeta es de Steve Bell.

Brown y la recesión

27 feb 2010
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“Aquí llega la Caba…”, dice Brown. ¿Llega el fin de la recesión demasiado tarde para Gordon Brown? Las encuestas dicen que quizá no, siempre que consiga impedir que le caigan encima todas las flechas.

La viñeta es de The Times.

La ira de Gordon Brown

22 feb 2010
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¿Qué es mejor? ¿Tener a un primer ministro educado pero incompetente o a otro paranoico e iracundo pero que sepa hacer su trabajo? ¿Se puede elegir? ¿Qué ocurre si es incompetente y paranoico?

Los informativos de TV echan humo con las revelaciones del libro “The End of the Party”, del periodista Andrew Rawnsley. Es la historia de las dos últimas legislaturas con Gobierno laborista. Los extractos publicados este domingo por The Observer estaban centrados en su mayoría en el temperamento volcánico de Gordon Brown.

Algunas de las escenas descritas son casi cómicas, por patéticas, pero perderían toda la gracia si uno tuviera que sufrirlas en su centro de trabajo. Brown es un hombre perseguido por sus inseguridades personales, su timidez, su incapacidad para comunicarse con la gente (un defecto mucho más extendido entre políticos de lo que la gente cree) y sus ataques de ira.

Más allá de la mala educación, lo más preocupante del retrato que hace del Gobierno de Brown el libro es la descripción del ambiente de trabajo en Downing Street, un lugar en el que todo sale mal desde que el primer ministro amagó con convocar elecciones anticipadas al poco de llegar al poder. Perdió esa oportunidad y desde entonces Brown va cuesta abajo. Es lo que pasa cuando persiguen de verdad a la gente con mentalidad paranoica. Se suelen poner peor.

La directora de un servicio de ayuda a víctimas de acoso laboral ha aparecido hoy en todas las pantallas denunciando que varias personas que trabajaban en Downing Street llamaron por teléfono para solicitar asesoramiento, aunque en ningún caso se refirieron directamente a Brown. Hay serias dudas sobre la entidad de su testimonio. El servicio no es un organismo público y sus responsables tienen relaciones personales con el Partido Conservador. Pero sus palabras sirven para mantener viva la historia.

El libro también incluye el papel brillante de Brown al salvar el sistema financiero. En un fin de semana en que el ministro de Hacienda y el gobernador del Banco de Inglaterra estaban fuera del país, varios de los principales bancos estuvieron a punto de caer en la bancarrota porque la retirada de depósitos había llegado a tal punto que temían que no podrían abrir sus puertas el lunes y mantener operativos los cajeros automáticos. Brown y su equipo rescataron a los bancos del abismo, pero las medallas que brillaban en su pechera se desgastaron muy rápido.

A fin de cuentas, Brown se había resistido siempre a mejorar la regulación del sistema financiero y había sido un adalid de la (falsa) fortaleza de los bancos. El estallido de la cruda realidad se llevó por delante una parte de su reputación de gestor.

Curiosamente, The Sunday Times publicó ayer una encuesta que pone a los laboristas a sólo seis puntos de los tories, la distancia más corta en ese sondeo en el último año. Si consigue superar esta tormenta, quizá le mejore un poco el carácter.

Es poco probable.

Iñigo Sáenz de Ugarte

La rebelión contra Brown en viñetas

07 ene 2010
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Steve Bell en The Guardian

Dave Brown en The Independent

Garland en The Daily Telegraph

Peter Brookes en The Times

Soportando a Gordon Brown

06 ene 2010
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Esta niña se da un aire a los dirigentes y votantes del Partido Laborista. Tiene que soportar la presencia de Gordon Brown pero eso no le hace muy feliz. A estas alturas, no le quedan más opciones.

El ‘día de la marmota’ de Brown consiste en recibir el ataque de una nueva rebelión interna, pasar unas horas de incertidumbre, y al final recibir la confirmación de que la asonada ha fracasado. Al precio de debilitar aún más la posición de un primer ministro que es menos popular que su propio partido. En estos tiempos presidencialistas de las democracias parlamentarias, eso no es algo muy habitual.

La rebelión que tocaba este miércoles estaba protagonizada por dos ex ministros, que solicitaban una votación secreta en el grupo parlamentario para decidir el futuro de Brown. Tras el fracaso de intentos anteriores, éste no parecía tener mucho futuro. Sin embargo, todo dependía una vez más de lo que dijeran los pesos pesados del Gobierno: Mandelson, los hermanos Miliband, Darling y Straw. Y el caso es que han tardado bastante en pinchar la burbuja.

La noticia se supo a las 12.30. Hacia las tres de la tarde, Mandelson emitió un comunicado con el que apoyaba a Brown pero a su manera. Sin promesas de amor eterno ni grandes elogios al primer ministro. Sencillamente, diciendo que no había que sobredimensionar la noticia. A las 17.30 aparecieron en televisión Ed Miliband y Straw, ahí sí declarando sin ambigüedad su apoyo a Brown. Darling y David Miliband se conformaron con sendos comunicados.

Ahora que los laboristas habían comenzado a remontar en los sondeos (no mucho, pero ya están a unos diez puntos de los tories), la última crisis demuestra que amplios sectores del partido no quieren a Brown (sobre todo, los más cercanos a Tony Blair), mientras que los ministros más importantes del Gobierno, el ala izquierda del partido y los sindicatos sólo parecen resignados a que encabece el cartel electoral en los comicios que se celebrarán probablemente en mayo.

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La historia más dramática del día en el Reino Unido (las rebeliones contra Brown son ya como capítulos sucesivos de un ‘reality’ televisivo) se ha producido en el Ulster. Se ha sabido que la esposa del primer ministro del Gobierno autónomo del Ulster, Peter Robinson, tuvo una aventura e intentó suicidarse. Robinson ha dado la noticia en una serie de entrevistas en las que parecía a punto de derrumbarse.

La mujer, Iris Robinson, que era hasta hace poco parlamentaria del partido unionista que dirige su marido, la armó hace unos meses con unas declaraciones en las que dijo que la homosexualidad es una abominación que podía curarse con un tratamiento psicológico.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Brown felicita las navidades desde el aire

18 dic 2009
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Un psiquiatra se pondría las botas con Gordon Brown. La imagen es del christma que ha enviado para felicitar las fiestas navideñas. Una reproducción del 10 de Downing Street en un abeto. Colgada del vacío, por tanto. Cualquiera que salga por la puerta cae en un precipicio, que es lo que le puede ocurrir cualquier día al propio Brown.

Tiene más gracia la felicitación enviada por Nick Clegg, líder de los liberales demócratas. Es un dibujo de la familia pintado por dos de sus hijos, Antonio y Alberto. Así se llaman porque la esposa de Clegg es española.

El hijo de Brown se pasa con el Twitter

09 dic 2009
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 Twitter de Sarah Brown

Tiene sólo tres años, pero ha sido capaz de meter en un nuevo lío a su papá, el primer ministro del Reino Unido. Aunque esta vez, Brown no tendrá que pedir disculpas puesto que el fallo ha sido infantil.

La semana pasada, el Twitter de Sarah Brown, la mujer del ‘premier’ británico, envió a su millón de ‘followers’ el siguiente mensaje:  fvdfzsrsazxzzxcvbnmadgfhjjkqwrtyuuuiop. No se trataba de ningún código encriptado de los servicios secretos o de la transcripción del estado de ánimo de su esposa. El pequeño de los Brown se había colado en el ordenador de mamá.

El mensaje de Downing Street conmocionó a los periodistas, que pensaron que la sede del Gobierno estaba siendo atacada por algún pirata informático malicioso. Después de varios días de misterio, Brown reconoció el error ayer: “La semana pasada, los seguidores de mi mujer Sarah en Twitter recibieron un mensaje incomprensible que mi hijo pequeño envió desde su ordenador cuando mi esposa no estaba en la habitación”.

“Bien entendido, es un error por no vigilar Internet”, dijo. La broma del infante le sirvió al primer ministro para hacer un guiño al nuevo programa escolar que el Gobierno va a instaurar a partir de 2011. Los niños de primaria cursarán una asignatura sobre Internet que les servirá para conocer cómo manejarse por la red de una manera segura. Las calificaciones contarán para su currículum.

Pese a su todavía primario control del teclado, parece que el hijo de los Brown sacará buenas notas.