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¿Irak? Cosas de Tony y de los norteamericanos

05 mar 2010
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Gordon Brown se ha aplicado en un difícil juego de equilibrios ante la comisión de investigación de la guerra de Irak: defender la invasión pero sin la frialdad y el belicismo mostrados ante la misma audiencia por Tony Blair.

El primer ministro también se ha distanciado de la posición de su viejo amigo y rival al dirigir la responsabilidad sobre el caos de la posguerra a Washington. “Nunca he apoyado lo que podríamos llamar la propuesta neoconservadora que dice que puedes alcanzar la libertad y la democracia de un día para otro con la ayuda del cañón de un arma”.

Era la forma de absolver a Londres de todos los pecados de la ocupación, a pesar del desastre que fue también la presencia británica en Basora y el sur de Irak.

El único error claro que ha admitido ha sido precisamente no haber convencido a Washington de preparar mejor el día después del fin de los combates. “Estaba convencido –y debo decir que lamento mucho no haber podido insistir a los norteamericanos en este asunto– de que la planificación de la reconstrucción era tan esencial como la planificación de la guerra”.

Su prioridad era no admitir ninguna culpa a poco más de dos meses de la celebración de las elecciones. Irak fue la guerra de Tony Blair y Brown no tiene ningún interés en reclamar derechos de autor.

El primer ministro ha hecho un ejercicio de reescritura de la historia al prestar poca atención a las armas de destrucción masiva, la principal razón para invadir Irak, según Blair. Dice que la invasión fue “la decisión correcta tomada por las razones correctas”.

¿Cuáles fueron esas razones? “Imponer la voluntad de la comunidad internacional”, en palabras de Brown, sobre Sadam Hussein, que se había negado a cumplir las resoluciones de Naciones Unidas.

Brown ha mantenido la ficción de que hasta el último fin de semana anterior a la invasión tenía esperanzas de que la crisis se resolviera por cauces diplomáticos. Al igual que Blair, culpa de todo a Francia y su anuncio de veto a una segunda resolución que justificara la guerra.

Cuando la comisión le ha recordado que los franceses sólo querían más tiempo para que los inspectores hicieran su trabajo, Brown se ha limitado a responder que no lo sabía porque no era el ministro de Exteriores.

De cara al futuro, Brown ha venido a decir de forma sutil que ciertos países (que en su visión del mundo sólo pueden ser EEUU y el Reino Unido) tienen derecho a derrocar gobiernos de países enemigos, con independencia de la legalidad internacional y siempre que tengan preparada la reconstrucción del país atacado.

“Habrá otros estados, estados rebeldes, que tendrán que cambiar, y nosotros tendremos que asegurarnos que haya el apoyo civil y militar necesarios cuando sea necesario reconstruir el país destrozado”, dijo.

En otras palabras, la doctrina intervencionista de Blair pero aplicada con el pragmatismo de Brown.

Pero más que las cuestiones de estrategia internacional, al líder laborista le interesaba más dejar claro una y otra vez que las tropas británicas no fueron al combate sin los medios necesarios, a pesar de las numerosas denuncias de los antiguos altos mandos del Ejército.

Por eso, ha dicho que antes de la guerra comunicó a Blair que las cuestiones presupuestarias nunca supondrían un obstáculo si había que enviar a las tropas. Como muestra, ha recordado que las guerras de Irak y Afganistán han costado a los británicos 20.000 millones de euros. Cuando los mandos militares pidieron más dinero, se les concedió, ha explicado Brown.

Al comprobar que los Land Rover eran vulnerables a los ataques de los insurgentes, se ordenó gastar 100 millones de euros en vehículos de blindaje más resistente, y la compra se efectuó “a los pocos meses”.

No es eso lo que dicen los generales retirados. El jefe del Ejército de 1997 a 2001, general Guthrie, contó ayer a The Times que “la falta de fondos para el Ejército indudablemente costó vidas de soldados”. Lo mismo dijo el general Graeme Lamb, que denunció que se negó a las Fuerzas Especiales material de la época de la guerra de Vietnam para los helicópteros que podría haber salvado vidas tanto en Irak como en Afganistán.

Iñigo Sáenz de Ugarte

La viñeta es de Steve Bell.

Tony Blair, ante la comisión de Irak

29 ene 2010
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17.15

La comisión consume sus últimos momentos en una discusión sobre los errores de la postguerra. Se nota que dos de sus cinco miembros son historiadores. El interés es reducido porque no obliga a mucho a Blair. A fin de cuentas, la mayor responsabilidad en ese apartado es norteamericana, no británica. Como los interrogadores son tan torpes, insisten en referirse a decisiones que se tomaron mucho después del derrocamiento de Sadam cuando la guerra era un hecho evidente. Y tanto en Irak como en Afganistán ha quedado demostrado que cualquier esfuerzo de reconstrucción es una tarea tan imposible como la de Sísifo. Las líneas eléctricas que se tienden por la mañana se destruyen por la noche. Guerra y reconstrucción son incompatibles.

16.55

En su intento por no asumir responsabilidades de calado, Blair tampoco ha aceptado una culpa excesiva en el desastre de la ocupación de Irak. Sí ha reconocido algunos errores genéricos por parte norteamericana, sin señalar a nadie desde luego. Pero la carga de la culpa ha recaído en Sadam Hussein y en Al Qaeda. ¿En Sadam Hussein que ya había sido derrocado? También en eso. Ha dicho que pensaban que los cargos medios de la Administración iraquí continuarían en sus puestos, no así los responsables, como es lógico. Muchos de esos cargos medios eran militantes del Baas, el partido único iraquí, o incluso ocupaban pequeños cargos a los que estaban obligados. Había que tener mucho valor para negarse a ello.

La ‘desbasificación’ forzada que impuso el virrey norteamericano, Paul Bremer, hizo que muchos también fueran retirados de cargos medios, que eran los que hacían funcionar la maquinaria administrativa. Además, en una dictadura de décadas de trayectoria los funcionarios raramente tienen capacidad de iniciativa. Siempre esperan a las órdenes que les llegan de arriba. Como durante demasiado tiempo no hubo ningún Gobierno, el Estado dejó de funcionar, haciendo aún más difícil la ocupación.

Eso supondría entrar en detalles que Blair prefiere no tocar. Y la comisión no le va a presionar. Ni en eso ni en nada.

En el último descanso, que ha terminado hace unos pocos minutos, Sky News ya ha dejado caer algunas críticas a la incapacidad de los miembros de la comisión para realizar un interrogatorio en condiciones. Ese será probablemente uno de los temas centrales de la cobertura que hagan mañana los periódicos.

16.10

Ahora hablan de la preparación de los militares para la invasión. Blair admite que la “visibilidad” de esos preparativos podía crear problemas a todo el proceso de negociaciones en la ONU. Pero tiene la excusa perfecta: el jefe de las Fuerzas Armadas le dijo que estaban perfectamente preparados para la guerra. La coartada es imbatible porque, si eso es falso, al final la culpa será del mando militar, no de Blair.

16.00

En el asunto de la legalidad de la guerra, hemos visto uno de los pocos momentos en que Blair ha elevado la voz (sin perder las formas) al explicar su opinión. Es un asunto delicado en el que el testimonio de los consejeros jurídicos del Foreign Office había dejado al Gobierno de Blair en una posición vulnerable. Pero una vez más la comisión no ha presionado a Blair y éste ha salido bien del aprieto. No ha entrado en las sutilezas jurídicas por las que discurrió el fiscal general, pero ha corroborado su explicación con el añadido de decir que la 1441, la única resolución que se aprobó, era una forma de decirle a Sadam que estaba ante su última oportunidad. La duda entonces es por qué el Reino Unido trabajó con tanta intensidad por conseguir una segunda resolución.

15.55

¿Qué conversaciones tuvo con el fiscal general entre el 7 y el 17 de marzo? No recuerdo haber tenido ninguna, dice Blair. Desmiente así que presionara a Goldsmith para que diera la luz verde jurídica a la invasión.  Lo más probable es que en marzo Blair ya diera por hecho que Goldsmith no iba a ser un problema.

15.45

Blair: si el fiscal general hubiera dicho que la guerra era ilegal, no se habría puesto en marcha la operación militar.

15.40

El fiscal general, Lord Goldmith, dijo ante la comisión que hubiera sido mejor haber estado implicado desde el principio en toda la crisis iraquí, y no sólo en las semanas finales. Evidentemente, no lo hizo porque no le dejaron. Blair niega la mayor. Dice que sí fue consultado y que el fiscal general le envió un informe en julio de 2002. Cuando le preguntan por qué no le consultó hasta el final sobre la resolución 1441 y si justificaba la invasión (por ejemplo a finales de 2002 o comienzos de 2003), Blair responde que la situación era muy complicada y que aún restaba mucho tiempo para el desenlace. Una respuesta poco convincente, pero de ahí no lo van a sacar.

15.25

No me lo puedo creer. Lyne lleva más de cinco minutos haciendo una pregunta que no lleva a ninguna parte sobre el tema de la legalidad de la invasión y el uso de la fuerza. ¡Está dando una conferencia! Blair debería responder: ¿y cuál es la pregunta? No lo hará, porque después de este larguísimo parlamento, podrá responder lo que quiera.

15.18

Están hablando ahora de las negociaciones en la ONU de la segunda resolución del Consejo de Seguridad, la que terminó siendo imposible. Está por ver que se diga si era o no fundamental para justificar legalmente la invasión. ¿O sólo la necesitaba Blair para recibir cobertura política en el Reino Unido, en concreto dentro del Partido Laborista?

15.10

La duda de la tarde es si los miembros de la comisión permitirán que Blair continúe dando respuestas genéricas a preguntas concretas. Muy pocas veces, insisten en un punto que Blair no ha respondido. No es que tengan que faltarle al respeto (todo es muy británico en esta sala), pero nunca le recuerdan que no ha respondido a lo que se le ha preguntado.

15.05

Se reanuda la comparecencia de Blair.

13.40

Descanso para comer.

13.38

Nick Robinson, de la BBC, está en la sala y, como otros periodistas, ha visto cómo las manos de Blair temblaban claramente cuando se servía agua.  No se puede decir que los miembros de la comisión le estén acorralando con sus preguntas, pero la tensión es difícil de soportar incluso para un político tan experimentado.

13.30

Blair reescribe la historia hacia adelante. “Si no hubiéramos actuado, Sadam podría haber desarrollado armas de destrucción masiva y podría haber matado a un millón de personas”. El millón se refiere al número de bajas estimado en la guerra de Irán e Irak. Esa fue una guerra que inició Sadam Hussein en 1979 en unas circunstancias políticas completamente diferentes a las de 2003. Entonces, Irán acababa de derrocar al sha, parte del alto mando militar iraní había sido ejecutado o apartado por el régimen de Jomeini y por tanto Sadam confiaba en que la invasión del sur de Irán resultaría impune. Además, Irán no contaba con aliados de Occidente y nadie iba a movilizarse en contra de Irak.

13.20

Blair: es cierto que el despliegue militar condicionó al proceso diplomático en la ONU. Pero Sadam no habría admitido a los inspectores de la ONU si no hubiera habido 250.000 soldados amenazando a Irak. Y luego nunca demostró una intención de cooperar realmente con los inspectores.

13.05

La resolución 1441 era “muy clara”, dice Blair. Esto sí que es nuevo. Las resoluciones del Consejo de Seguridad suelen ser un prodigio de sutileza diplomática hasta convertirse en casi ininteligibles para el ciudadano. Algunas tienen puntos que son un prodigio de ambigüedad y de jerga diplomática. Al fiscal general Goldsmith, le costó meses saber en qué consistía en términos de autorizar el uso de la fuerza, como dijo el otro día a la comisión.

12.55
“Si había alguna posibilidad de que desarrollara armas de destrucción masiva, teníamos que detenerlo”. Esa es la decisión que Blair tomó entonces y que, según él, volvería a tomar.

12.45
Aquí hay un problema de comunicación. La comisión pregunta por la relevancia de las pruebas que indican que existía un programa iraquí de armas de destrucción masiva y Blair dice que lo que había que probar, y resultaba difícil hacerlo, era lo contrario. Blair sencillamente daba por hecho que Irak tenía armas de destrucción masiva.

12.40
Sobre el famoso titular de varios periódicos británicos que decía que Irak estaba a 45 minutos de poder lanzar un ataque contra territorio británico, Blair admite que debería haberse corregido esa impresión (falsa) pero lo considera irrelevante porque el Gobierno no lo utilizó en la información que daba en el Parlamento y en comparecencias públicas. Según él, la relevancia que ha adquirido es posterior a la guerra.

12.30
“Gran parte de la desestabilización de Oriente Medio venía de Irak”. Blair compra aquí por completo uno de los presupuestos ideológicos básicos de los neoconservadores, que nunca se creyeron que Al Qaeda por sí sola podía iniciar una ofensiva general contra Occidente. Como sostenía Wolfowitz, tenía que haber contactos con Estados. Blair se refiere a los “fuertes lazos de organizaciones terroristas con Estados” después de haber citado de pasada la presencia de Al Zarqaui en Irak antes de la invasión. Eso sí, antes había desmentido que hubiera contactos entre Al Qaeda y Sadam Hussein.

12.20
A la primera incursión en la información de los servicios de inteligencia sobre armas de destrucción masiva, Blair responde citando los precedentes de la guerra de Irán e Irak, el ataque a los kurdos con armas químicas… Blair no suele responder a la pregunta concreta que se le hace. Ha venido a decir lo que quiere decir, no a lo que se le pregunta. De momento, es como si hubiera venido a dar una conferencia.12.10

Blair sí ha sugerido que fue un error su entrevista reciente en la BBC en la que dijo que sin las armas de destrucción masiva, hubiera encontrado otro argumento para derrocar a Sadam Hussein. Evidentemente, esa entrevista desmiente la línea que está llevando en su declaración, de relacionar la amenaza de Irak con el 11-S, es decir, con la capacidad de Al Qaeda de provocar un número masivo de bajas.

11.50

Chilcot anuncia el primer descanso del día. Hasta el momento, Blair puede estar satisfecho. Ha podido lanzar su mensaje e insistir en él cuantas veces ha querido. Son en momentos como éste cuando se nota que no hay abogados entre los miembros de la comisión. Excepto la cronológica, no siguen una estructura muy clara en su interrogatorio, aunque habrá quien diga que tampoco es un interrogatorio, porque no se trata de un tribunal.

Hay que recordar que Blair no está obligado a dar un titular sorprendente. Ha hablado de este asunto miles de veces y es improbable que vaya a revelar nada nuevo. La comisión debería ser lo bastante hábil para arrancarle algo de información nueva, o información poco conocida que pueda ser relevante. De eso, hasta ahora no ha habido prácticamente nada. A estas altura, nadie va a quedar muy impresionado con el argumento, repetido hasta la exasperación, de que “el 11-S lo cambió todo”. ¿Pero justificaba la invasión de Irak? Para eso, habrá que esperar al resto de la comparecencia.

11.45

Se ha sabido que el Gobierno británico no desclasificará las cartas que Blair envió a Bush, y de las que se ha hablado mucho en la comisión. Los miembros de la comisión no están muy satisfechos con el escaso número de documentos públicos difundidos por el Gobierno. Me refiero a los documentos realmente importantes.

11.35

Sobre los mensajes de apoyo a Bush y la reunión del rancho de Crawford, en Texas, Blair no entra en muchos detalles. “Es una alianza. Creía en ella firmemente”. Para él, era lo normal y cita su colaboración con Clinton en la guerra de Kosovo, a pesar de que Clinton atravesaba un momento difícil (traducción: Monica Lewinsky) y de que era un asunto que quedaba muy lejos de las prioridades norteamericanas. Lo que para otros (la relación Bush-Blair) es un problema, Blair intenta venderlo como una continuación de la política británica de máxima colaboración con EEUU. Y de nuevo el 11-S. “Yo no consideraba el 11-S como un ataque contra América. Era un ataque contra nosotros”.

11.26

Blair sostiene que no vio tan clara esa idea de que todo había cambiado de forma dramática tras el 11-S en otros líderes europeos. Por eso, hizo todo lo posible desde el principio para construir una coalición internacional. “No quería que EEUU pensara que la única opción viable era ir solos” (a la guerra en Afganistán).

11.22

Insiste en el argumento de la tolerancia cero con las dictaduras y sus programas de armamento: no se puede permitir que un Estado brutal tenga armas de destrucción masiva.

11.11

Blair se refiere al discurso de Bush en la universidad de Texas para desmentir que la idea de cambio de régimen estuviera desde el principio entre las prioridades de EEUU. El elemento básico, según Blair, era el asunto de las armas de destrucción masiva. “A partir de ese momento (el 11-S), no puedes desafiar a la comunidad internacional con las armas de destrucción masiva”, y los precedentes de Sadam Hussein jugaban en su contra. En otras palabras, Sadam era el sospechoso habitual.

11.02

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Las diez preguntas que Blair debería responder, según The Guardian.

11.00

Segundo argumento clave de Blair: la contención del régimen iraquí estaba dejando de funcionar, “se estaba erosionando”. Sadam disponía de miles de millones para gastarlos “de forma ilícita”, las zonas de exlusión aérea daban problemas, las sanciones para impedir que reconstruyera su programa de armamento estaban siendo cuestionadas.

10.55

Blair se refiere a un documento y se disculpa por si la comisión no ha tenido acceso a él. Uno de los miembros dice que se trata de un documento que está en el dominio público, porque puede encontrarse en Internet, pero no está seguro de que se haya desclasificado. Risas en la sala. Con Internet, los amantes del secreto lo tienen más difícil.

10.50

Muy rápidamente, Blair intenta conjurar la imagen que de él se ha dado tantas veces, la que se encarnaba en las viñetas cómicas que le pintaban como el perrito faldero de EEUU. “Este punto de vista (sobre el impacto del 11-S) no era el punto de vista norteamericano. Era el mío”.

10.45

El primer argumento que utiliza Blair: el 11-S. “Si el 11-S no hubiera sucedido, la valoración del riesgo que suponía la amenaza de Sadam Hussein no hubiera sido la misma. Después del 11-S, nuestra posición, la posición de EEUU, cambió de forma dramática”. Es un punto de vista que también utilizaron ante la comisión sus dos asesores más cercanos, el ex portavoz Alastair Campbell y el ex jefe de gabinete Jonathan Powell.

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Unas 200 personas se están manifestando frente al edificio donde la comisión celebra sus sesiones. No ha habido incidentes y hay una gran presencia policial. No han visto a Blair. El ex primer ministro ha entrado dos horas antes del comienzo por una puerta lateral.

10.33

El presidente de la comisión, John Chilcot, lee un texto preparado para recordar lo que está permitido y lo que no en la sala. También comenta que, al igual que otros testigos, Blair podría volver a la comisión para una segunda declaración si fuera necesario.

10.30

La retransmisión de la comparecencia no empezará a las 10.30 en punto, sino probablemente unos diez minutos después. Como mínimo, hay una diferencia de un minuto entre la realidad y la retransmisión. Se supone que es por si a alguien se le escapa un secreto y tienen que cortar la retransmisión. Hasta ahora eso no ha ocurrido. Ya tenemos la primera imagen en directo. En la web de la comisión, se puede seguir en directo la señal de vídeo.

10.18

40 parientes de soldados británicos muertos en la guerra de Irak seguirán la declaración desde la sala. Los asistentes tienen prohibido hacer cualquier tipo de manifestación pública de apoyo o rechazo, y así se ha respetado a lo largo de todas las sesiones. Sólo hubo un breve momento en que no ocurrió. Cuando surgió un espontáneo y breve aplauso al final de la declaración de Elizabeth Wilmshurst, consejera jurídica del Foreign Office, que dimitió en marzo de 2003 en protesta por la decisión de invadir Irak.

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A partir de la 10.30 (hora española), seguiremos desde aquí la comparecencia de Tony Blair en la comisión de investigación de la guerra de Irak.

Una investigación de la guerra de Irak

25 nov 2009
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La primera jornada de la comisión de investigación de la guerra de Irak no ha dado para muchos titulares (aquí está la crónica que he escrito para el periódico). Ocurrirá con frecuencia. Este tipo de comisiones raramente producen revelaciones espectaculares porque muchos de los testigos tampoco están muy interesados en que se indague en los rincones oscuros de un Gobierno.

La sesión estaba dedicada a desvelar la política británica hacia Irak en 2001. Hemos sabido que en sus primeros contactos con la recién estrenada Administración de Bush, los altos cargos británicos descubrieron que algunos de sus aliados ya estaban hablando de la imperiosa necesidad de propiciar un cambio de régimen en Irak, aunque todavía no existían propuestas concretas ni planes definidos. Después, del 11-S, la presión se hizo mayor, como ya sabemos.

En ese momento, la política oficial del Gobierno británico, nos han dicho, no pasaba por el derrocamiento de Sadam, sino por acentuar la presión a través de una estrategia de contención que supuestamente no había dado hasta entonces los resultados deseados. Traducción: Sadam seguía en el poder, lo que no era una buena noticia para los iraquíes ciertamente, pero estaba fuera del alcance de Washington y Londres.

Veremos si alguien se atreve a decir finalmente que el cumplimiento de los objetivos de los dos países tenía que pasar por la invasión. Lo dudo porque me da que la mayoría de los testigos harán lo posible para sostener que el Gobierno británico se vio obligado a dar ese paso. Y la culpa será de Sadam.

Gran Bretaña tiene una tradición de comisiones de investigación más fecunda que España (aquí estoy poniendo el listón muy bajo) pero no nos engañemos. La mayoría de ellas están formadas por miembros del establishment, sobre todo ex altos funcionarios que nunca van a cuestionar el proceso de decisiones en el que ellos estuvieron inmersos.

Los miembros de esa comisión cumplen ese perfil. Hay dos historiadores, es cierto, y son formalmente independientes y prestigiosos. Ambos apoyaron la invasión de Irak y uno de ellos, Lawrence Freeman, colaboró en la redacción de un discurso que Tony Blair dio en 1999 para justificar las bondades de la intervención armada por motivos humanitarios. Y creo que no fue el único discurso de Blair en el que hizo de ‘ghostwriter’. Otro detalle: recibió el encargo de realizar la historia oficial de la guerra de las Malvinas.

Martin Gilbert es el otro historiador. Ha hecho algunas preguntas muy buenas en la primera sesión. En cualquier caso, es de confianza. Fue el biógrafo oficial de Winston Churchill.

Ninguno de los cinco integrantes de la comisión se posicionó públicamente en contra de la guerra de Irak.

La comisión tiene 19 personas asignadas para las tareas administrativas que sean necesarias. 17 de ellos son funcionarios.

Los tres testigos del martes ocupaban altos cargos en los Ministerios de Exteriores y Defensa en los años de la guerra. Actualmente, ocupan otros puestos relevantes en la Administración. Forman parte del Civil Service, el alto funcionariado que se ocupa, con la ayuda de los políticos, de que nunca cambie nada en Gran Bretaña.

Un detalle de infraestructura. Las sesiones se retransmiten en directo a través de una página web, lo que es un gesto de transparencia elogiable. El sancta sanctorum es inviolable. La sala es tan pequeña que sólo caben seis periodistas y 20 personas del público. Es una forma de decir a la gente que no se moleste en acudir y de impedir que algunos familiares de soldados muertos en Irak se salten el protocolo y tengan algunas palabras no amables con los comparecientes.

Iñigo Sáenz de Ugarte

“Nos trataban como a los portugueses”

23 nov 2009
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Es otro de los mitos destrozados por la guerra de Irak: la ‘relación especial’ entre EEUU y Gran Bretaña. Fue el argumento básico empleado por Tony Blair cuando sus compañeros de partido y de Gobierno mostraban sus dudas sobre la decisión de acompañar a los norteamericanos en la invasión de Irak. Era necesario que Washington no se quedara solo. Los británicos podían ser más útiles, y relevantes, apoyando a George Bush y su Administración de neoconservadores.

Sobre el terreno, en el mundo real, las cosas eran muy diferentes. The Sunday Telegraph ha difundido varios informes de esa época. Incluyen las declaraciones de mandos militares enviados a Irak en 2003 y 2004, que pintan un panorama entre cómico y patético de las relaciones entre los uniformados de los dos países.

La coordinación era imprescindible. Los británicos estaban en el sur del país, pero esa zona incluía Nayaf, ciudad venerada por los chiíes y por tanto muy influida por todo lo que ocurriera en Bagdad. Sin embargo, las normas más elementales de la incompetencia militar obligaban a adoptar una actitud diferente. Los norteamericanos ninguneaban a sus presuntos aliados hasta niveles humillantes. “A pesar de nuestra supuesta relación especial, nos trataban igual que a los portugueses”, dijo en un informe el coronel J.K. Tanner.

Supongo que eso para un británico es una afrenta difícil de tragar. O igual sólo estaba dando un ejemplo. Podía haber dicho, por ejemplo, los españoles.

El jefe del destacamento británico en 2003, el general Andrew Stewart, reconoce que en numerosas ocasiones desobedeció órdenes de los norteamericanos por ser absurdas. Pero es Tanner quien tiene las mejores frases.

He said: “The whole system was appalling. We experienced real difficulty in dealing with American military and civilian organisations who, partly through arrogance and partly through bureaucracy, dictate that there is only one way: the American way.

“I now realise that I am a European, not an American. We managed to get on better…with our European partners and at times with the Arabs than with the Americans. Europeans chat to each other, whereas dialogue is alien to the US military… dealing with them corporately is akin to dealing with a group of Martians.

“If it isn’t on the PowerPoint slide, then it doesn’t happen.”

“Lo que no está en un PowerPoint no existe”. Podría servir como un buen titular para resumir el fracaso de la ocupación.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Torturas, solos o acompañados

16 nov 2009
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33 nuevos casos de denuncias de ciudadanos iraquíes contra los soldados británicos que invadieron su país no son suficiente para que el Ministerio de Defensa considere la tortura como una práctica generalizada entre sus tropas. Los cientos de demandas que podría haber según el abogado que representa a esos mismos iraquíes tampoco. Pero quizá el testimonio de algunos militares testigos o partícipes de las palizas a presos sirva para que los altos mandos del Ejército del Reino Unido se den cuenta de las cosas.

Este fin de semana, el diario The Independent informaba de que los soldados británicos podrían haber empleado técnicas parecidas a las de los estadounidenses en Abu Ghraib para atormentar a los presos iraquíes.

El periódico deja caer que ambos Ejércitos podrían haberse puesto de acuerdo en algunas de las prácticas. Entre ellas, el apilar a los presos desnudos y someterles a descargas eléctricas, violaciones, ejecuciones simuladas e intimidación con perros.

Lejos de divertirse dándose palizas entre ellos en la cantina de turno o jugar interminables partidas de billar alcoholizados, los soldados británicos pasaron al cuerpo a cuerpo en las cárceles de Irak.

Donald Paynee, militar británico que pasó a la historia en 2007 como el primero que va a la cárcel acusado de crímenes de guerra, dijo ayer que algunos de sus compañeros se pasaban de la raya, como él.

Lo hizo ante la comisión que investiga la muerte en Basora de Baha Mousa, un iraquí de 26 años que trabajaba de recepcionista en un hotel. Y puso como ejemplo gráfico las supuestas palizas del teniente Craig Rodgers:

“I observed Lieutenant Rodgers place a jerry can of petrol in front of the young boy. He poured water over him and then lit a match”.

“At one time or another I saw all the members of the multiple in-call sign G10A emulate me. I have seen each one, including Lieutenant Rodgers, forcefully kick and/or punch the detainees.”

Rodgers negó en un comunicado que hubiera “pegado o pateado a ningún preso”. Pero algunos de sus compañeros sí que vieron a Paynee propinando una paliza a Moussa antes de que muriera.

“He seemed to completely lose his self-control. He started to lash out wildly, punching and kicking Baha Mousa’s ribs. Corporal Payne also certainly kicked Baha Mousa’s head, which rebounded off the wall.”

Moussa murió hace seis años. En su autopsia, el recepcionista iraquí tenía 93 lesiones distintas. Demasiado como para haberse caído mientras se duchaba.

El historial de acusaciones de tortura contra el Reino Unido es bastante largo. No solo hay denuncias de presos iraquíes. También de paquistaníes, afganos y británicos musulmanes que afirman que los servicios de Inteligencia colaboraron con la CIA en su tormento en alguna cárcel perdida en el mundo, o simplemente los extorsionaron. Incluso los agentes de Scotland Yard han sido acusados de practicar el plato estrella de Guantánamo: la famosa asfixia simulada.  Torturas al fin y al cabo. Solos o acompañados.

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Un resumen del caso de Baha Mousa, en The Guardian

Daniel del Pino