Primer mandamiento de la ‘guerra contra el terror’: no hagas bromas sobre bombas en aeropuertos. No ya en el propio aeropuerto. Ni siquiera en tu casa. Paul Chambers se enteró de que el aeropuerto de Doncaster (que se llama, no es broma, Robin Hood) estaba cerrado por la última ola de frío. Tenía un viaje previsto para unos días después y soltó su frustración en Twitter con el mensaje: “El aeropuerto Robin Hood está cerrado. Tenéis una semana y algo para arreglar esa mierda o de lo contrario volaré en pedazos el aeropuerto”.
Una semana después, la Policía se presentó en su casa. Le detuvieron y le mantuvieron encerrado durante siete horas. Ahora está en libertad bajo fianza y de entrada ya tiene prohibido pisar el aeropuerto de por vida. La Policía argumenta lo de siempre: nos tomamos muy en serio todas las amenazas. Los demás deberíamos tomarnos muy en serio la idea de que la Policía cree tener licencia para intimidarnos.
Eso sí, cuando un terrorista de verdad intenta volar un avión, entonces ahí es cuando la Policía no se entera de nada.
Los policías de Oxford se lo pasan en grande con la nieve. Han recibido una amonestación de su jefe, molesto con que hayan utilizado el material pagado con dinero del contribuyente para este breve momento de diversión. Por lo visto, los escudos no están para deslizarse sino para sacudir a la gente.
Esto es lo que te puede ocurrir si un policía te ve en Londres haciendo fotos de un edificio. Queda bastante claro que a partir de ese momento eres sospechoso.
La Policía ha dicho que los agentes tienen órdenes de no extralimitarse en la aplicación de las normas antiterroristas, incluida la famosa Sección 44, que permite interrogar a una persona sin que haya pruebas o indicios serios de que puede ser una amenaza. Da igual. La arbitrariedad de estas normas permite que los policías hagan lo que quieran en la calle.
Hace unos cuantos días, Íñigo Sáenz de Ugarte publicaba un artículo sobre la paranoia de la Policía británica con el tema del terrorismo. Todos somos sospechosos. Y hacerse fotos en monumentos es un síntoma de que planeas algo malo. Al menos, la Policía tiene el derecho a registrarte si lo ve necesario.
A principios de abril, 10 estudiantes paquistaníes en el Reino Unido fueron testigos directos de que la Policía va en serio. Tras una redada que no será recordada como un ejemplo para las agencias antiterroristas internacionales, fueron detenidos e interrogados durante 27 días. El Gobierno decidió deportarlos sin pruebas de que estuvieran preparando ningún atentado.
Las detenciones se desarrollaron de la siguiente manera:
El 8 de abril, Bob Quick, el jefe de Scotland Yard encargado de la operación, sale de White Hall con unos papeles en la mano que describían con todo lujo de detalles los lugares y las horas a las que iban a ser detenidos.
Un fotógrafo que esperaba la salida de Quick captó al jefe de Scotland Yard con los documentos en la mano. Cuando llegó a la redacción, el fotógrafo se dio cuenta de que lo que había en los documentos era muy serio, avisó al Gobierno y prohibieron su publicación.
Para que no hubiera ninguna filtración, el Home Office decidió que los arrestos debían adelantarse y hacerse a plena luz del día.
La Policía de Manchester y el primer ministro, Gordon Brown, se felicitaron por la operación e intentaron distraer la atención de la metedura de pata de Quick. Las detenciones fueron calificadas como la mejor operación antiterrorista en años en el Reino Unido.
Según ellos, los detenidos tenían planeado atentar “de manera inminente” contra centros comerciales en Manchester y Liverpool. La coartada era que las cámaras de seguridad los habían grabado en estos lugares haciendo fotos.
Brown llegó a acusar a Pakistán de haber perdido el control de los visados y los periódicos sensacionalistas empezaron a sacar historias sobre los supuestos miembros de Al Qaeda.
Quick no tuvo más remedio que dimitir. Ocho meses después, los 10 estudiantes están en Pakistán y viven en el limbo.
La semana pasada, el diario The Guardian se desplazó a Pakistán para entrevistarlos. Sus antiguos compañeros de universidad no quieren saber nada de ellos. Sus vecinos los miran con recelo. Exigen al Gobierno británico una explicación y una disculpa.
Aquí está el vídeo en The Guardian.Al parecer, unas fotos en Facebook fueron suficiente prueba.
La Policía británica es adicta a tomar una muestra de los detenidos (saliva, en general) para hacerle la prueba del ADN. En el país europeo en que no existe el DNI (a pesar del intento frustrado del Gobierno laborista), en realidad los ciudadanos, al menos, muchos de ellos, están identificados por el ADN. No es necesario ser culpable o ni siquiera haber sido procesado.
Por eso, cerca de cinco millones de ciudadanos están ‘fichados’ por la Policía (un espectacular 8,7% en Inglaterra y Gales, y un 4,7% en Escocia). En porcentaje, no hay país del mundo en que se llegue tan lejos en esta discutible práctica. Se puede ver la lista completa en The Economist. En España, son sólo 56.514.
La costumbre ha llegado al extremo de convertirse en un incentivo para las fuerzas de seguridad. Según un informe oficial hecho público recientemente, las detenciones se practican de forma casi rutinaria sólo con la intención de añadir a una persona más en la base de datos. El cálculo es que un millón de inocentes está ya registrado. ¿Qué derecho tiene el Estado para quedarse con tu ADN si no has cometido ningún delito? Si acaso, la idea de que todos somos sospechosos mientras no se demuestre lo contrario.
Por lo visto, algunos son más sospechosos que otros. El informe estima que tres de cada cuatro jóvenes negros aparece en la base de datos.
Tomemos un ejemplo. Anoche, los integrantes del grupo rockero The Thirst, todos ellos jóvenes de raza negra, fueron detenidos en un impresionante operativo policial formado por 30 agentes y un helicóptero. Una imagen captada por una cámara les había descubierto mientras cargaban un coche y entre las cosas que introducían en su interior parecía haber un arma de fuego. En realidad, lo único que llevaban encima eran los instrumentos de la banda. La Policía ha pedido disculpas por el error, no antes de que los músicos pasaran 15 horas encerrados.
Con ellos, pasaron por el mismo trance el manager del grupo y un amigo. Uno de ellos es blanco. Por alguna extraña coincidencia, fue el único al que los policías dieron algo de comer durante la estancia en comisaría.
Como es habitual, todos fueron fichados. Les tomaron las huellas dactilares y, evidentemente, tuvieron que entregar una muestra de ADN.
Por muchas disculpas que se hayan presentado, lo que está claro es que la Policía ya tiene su ADN. Y no lo va a soltar.
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23.00
¡Sorpresa! Al menos, algo se ha hecho como es debido en la historia de la detención de The Thirst. La Policía ha prometido que eliminará de sus archivos las huellas dactilares y el registro de ADN de los injustamente arrestados.
Iñigo Sáenz de Ugarte es corresponsal de Público en Londres.
Vive en Hackney pero pasa más tiempo en Islington. Siente una gran atracción por la Newcastle y la London Pride
pero a veces les engaña con una cerveza normal.
Daniel del Pino
Daniel del Pino es un periodista en apuros, pero quién no lo es hoy en día.
Sobrevive en el temido Hackney a base de Stella, conocida en la calle como wifebeater por sus
efectos secundarios en el comportamiento de las personas. Él no engaña a los autóctonos, que prefieren sabores más suaves para ahorrarse el dolor de cabeza y la somnolencia asegurados.