Los que aún ven los informativos de televisión en España deben saber que en el Reino Unido son muy diferentes. Digamos que hay ciertos atributos de calidad que no se han perdido. Y no es que les den igual los datos de audiencia. Lo que ocurre es que el público sí acepta que una de las funciones de la TV es dar información. A veces, hasta pecan de lo contrario. El intento por ver la noticia desde todos los puntos de vista y de reflexionar sobre ella puede llevar a cierto nivel de engolamiento periodístico. A saber, no todas las noticias dan para piezas de cuatro minutos o para montar un debate sobre ellas.
Los canales de noticias (BBC News y Sky News) son otra cosa. Ahí apuestan por la noticia como acontecimiento inmediato. Algo está pasando. Vamos allí como locos. Hace unos días, un niño británico de cinco años fue secuestrado en Pakistán. La historia ha tenido un final feliz. La familia ha pagado un rescate, el niño ha sido liberado y se ha reencontrado con su padre, y los sospechosos han sido detenidos en España. Ya se han visto imágenes del niño en la embajada británica en Islamabad después de su liberación.
En BBC News han dado en directo la llegada del avión que le traía a Manchester. Los presentadores se han limitado a repetir la información ya conocida. Tampoco iban a describir cómo desciende un avión, qué hacen el piloto o las azafatas… Ha aterrizado sin problemas, claro. Queda un tanto ridículo. Algo está ocurriendo. Sí, vale, ¿pero qué?, ¿qué aporta ver aterrizar a un avión?
Ya todo es Breaking News. ¿Tiene alguna importancia la noticia? No, pero acaba de ocurrir. Y con eso hacemos el día.
En Sky News pinchan con demasiada rapidez la señal de directo para las entrevistas en la calle. Hay que comprender a David Cameron. Con el viento que hace en Londres, la lente de la cámara es lo único que tienes a mano para arreglarte el pelo. Vía Conservative Home.
El presentador Johnathan Ross acaba de emitir un comunicado para anunciar que a partir de junio dejará de trabajar para la cadena pública británica. Tras el anuncio de recortes en la BBC, es posible que sus gestores respiren tranquilos. Ross cobra seis millones de libras al año por conducir tres programas tanto en radio como en televisión, lo que le convierte en el presentador mejor pagado de la cadena.
En el último año, Ross no sólo ha sido criticado por su desorbitado sueldo, sino que también fue suspendido porque las bromas que suele protagonizar alguna vez se pasan de lo políticamente correcto para los británicos. El pasado mes de octubre, él y el humorista Russel Brand se dedicaron a dejar unos mensajes un tanto singulares en el contestador del actor Andrew Sachs, durante su programa matutino de los sábados en Radio 2. Brand, jaleado por Ross, dejó grabado en el buzón de voz de Sachs que se había acostado con su nieta. La cadena tomó cartas en el asunto.
Ross, que lleva 13 años trabajando en la BBC, ha asegurado que su renuncia no tiene nada que ver con el dinero que cobra o porque la cadena le haya ofrecido renegociar su contrato. También dijo que continuará presentando algunos especiales de la cadena. Mientras tanto, avisa de que seguirá Twitteando.
Una muestra del ingenio de Ross a la hora de hacer entrevistas queda plasmado en este vídeo. Corresponde a la primera parte de la visita al Friday Night Show de su amigo y chef estrella de la televisión británica, Gordon Ramsay.
Las listas de singles son todavía un asunto serio en Gran Bretaña. En los últimos años, han estado dominadas por los concursantes del programa televisivo The X Factor (similar a Operacion Triunfo), en especial en Navidad a las pocas semanas del final de su temporada.
El pasado domingo, una media de 15 millones de espectadores vio ganar a Joe McElderry, cuya canción está condenada a ser número 1 en la lista de singles de Navidad, que se elabora en función de las ventas.
El dominio del karaoke televisivo en la música británica ha colmado la paciencia de algunos aficionados. A través de Facebook, han lanzado una movilización para que el número 1 de este año sea una canción de 1992 de Rage Against the Machine, Killing in the Name.
No tienen nada contra McElderry, un chico de 18 años que no ha hecho daño a nadie. Es una forma de pegarle una patada al creador del programa, Simon Cowell, personaje bastante detestable, agasajado constantemente por políticos y medios de comunicación, y bastante displicente con la música británica. De entrada, ya han conseguido que Cowell se pique. El número 1 es una pieza importante en su maquinaria multimillonaria.
La página de Facebook tiene ya medio millón de seguidores. Tendrán que comprar el single casi todos, porque el año pasado el vencedor, también de The X Factor, vendió 576.000 copias.
En el principio de los tiempos de la comedia política británica, apareció ‘Yes, Minister’ (y su secuela ‘Yes, Prime Minister’). Con su fino humor de pincelada, mostraba el inmenso poder del Civil Service –el alto funcionariado que en Gran Bretaña es el corazón del establishment– y su innata capacidad para retrasar todas las grandes decisiones. En definitiva, para que nunca cambie nada.
Era el principio de los años 80, con Thatcher en el poder, y la serie, a pesar de su inmenso éxito, ya se estaba quedando desfasada. De hecho, a Thatcher le encantaba. Ahí estaban los mismos ‘mandarines’ (así les llaman aquí) contra los que ella estaba luchando para volver del revés a un país en decadencia.
En términos de humor político, han pasado siglos desde entonces. Thatcher y Blair se ocuparon de castrar al Civil Service y de utilizar a la burocracia en su beneficio para llevar a cabo la mayor concentración de poder en el Gobierno que haya visto este país.
Y de repente apareció en 2005 ‘The Thick of It’, la serie de la que salió ‘In the Loop’, y sobre todo surgió en televisión entre un mar de juramentos la figura de Malcolm Tucker, director de comunicación de Downing Street, artista supremo de la palabra ‘Fuck’ en todas sus variantes. Sólo él es capaz de decir a alguien que entre en una habitación con un “come the fuck in or fuck the fuck off”. Cualquier traducción no haría justicia al original.
Para entendernos, como si el Joe Pesci de ‘Uno de los nuestros’ fuera el portavoz de Blair.
El símil mafioso no está cogido por los pelos. ‘The Thick of It’ confirma las peores sospechas de los británicos sobre sus políticos: corruptos, ineptos y sin más principios que el deseo de ganar las próximas elecciones. Políticos y funcionarios rivalizan en una hilarante ineptitud y son manejados sin compasión por Tucker. Y todo a un ritmo vertiginoso repleto de palabrotas tan imaginativas que aún no han llegado a la calle.
El personaje de Tucker está inspirado en Alastair Campbell, que fue durante años el portavoz de Blair y uno de los personajes más temidos de la política británica. De Campbell se podía decir lo mismo que en la serie dicen de Tucker: “No sé qué es peor. Que lo veas venir como un cáncer de próstata o que te ataque de improviso como un infarto”.
También hay unas gotas de otros, como Peter Mandelson, y de todos aquellos que se han licenciado en el juego sucio. Cuando piensas que es sólo una parodia, ocurre algo que te recuerda lo contrario. El Tucker de Gordon Brown tuvo que dimitir en abril al saberse que estaba tramando montar un blog anónimo desde el que lanzar calumnias sobre los políticos conservadores. Cosas sencillas: escribir que una diputada tory se había acostado con un colega de escaño o que había fotos de George Osborne vestido con sujetador y bragas.
El auténtico Tucker habría estado orgulloso de esa idea.
Charles Saatchi, uno de los grandes coleccionistas de arte contemporáneo de Gran Bretaña, ya no tiene la misma paciencia que antes para descubrir nuevos creadores. Y al ser alguien que se ganó sus primeros millones en la publicidad, el tipo de televisión que se hace ahora ofrece múltiples posibilidades.
De ahí la idea del programa televisivo School of Saatchi que acaba de empezar a emitir la BBC. Al igual que en Operación Triunfo, una decena de concursantes inició el lunes una competición, ante el correspondiente jurado, que pretende hallar al próximo genio. El premio: una exposición patrocinada por Saatchi en uno de los templos del arte: el Hermitage de San Petersburgo.
La primera impresión que ha causado el programa es que es mucho premio para tan poco talento.
El crítico de The Independent ha confirmado algo que se temía: las escuelas de arte ya no enseñan a dibujar. Si tenemos en cuenta que el célebre Damian Hirst es un horrible pintor, la negligencia tiene una cierta lógica. Resultó curioso que los miembros del jurado, entre los que está Tracey Emin, preguntaran constantemente a los concursantes por qué pensaban que lo que hacían es arte. Es por cierto la misma pregunta que muchos artistas se suelen negar a responder escandalizados.
Los jueces no aceptaban cualquier cosa como arte. Un aspirante fue eliminado por presentar dos emails puestos encima de una mesa. A otro, Emin le dijo que su obra era “la mayor gilipollez que he visto en mi vida”. Emin se hizo famosa por una obra suya que se componía básicamente de su cama. El concursante había puesto unas cuantas sillas plegables. El truco no coló.
El programa puede convertirse en uno de los ‘realities’ de menos audiencia en la historia de la televisión. Tuvo 700.000 espectadores de media en el segundo canal de la BBC, un 3% de share.
Iñigo Sáenz de Ugarte es corresponsal de Público en Londres.
Vive en Hackney pero pasa más tiempo en Islington. Siente una gran atracción por la Newcastle y la London Pride
pero a veces les engaña con una cerveza normal.
Daniel del Pino
Daniel del Pino es un periodista en apuros, pero quién no lo es hoy en día.
Sobrevive en el temido Hackney a base de Stella, conocida en la calle como wifebeater por sus
efectos secundarios en el comportamiento de las personas. Él no engaña a los autóctonos, que prefieren sabores más suaves para ahorrarse el dolor de cabeza y la somnolencia asegurados.