El diario sensacionalista, y prolaborista, Daily Mirror, ha encargado a un pollo que siga a David Cameron. Es una forma de llamarle cobardica por no dar una entrevista al Mirror. Ningún político en su sano juicio daría a una entrevista a un periódico que lleva esta ‘noticia’ en primera página.
Por otro lado, y como ya es habitual en las campañas, Cameron sale a la calle rodeado de una burbuja que le protege de pollos, exaltados, como el que hoy le ha tirado un huevo, y periodistas.
Después de la irrupción de Obama Girl en las últimas elecciones estadounidenses, a cualquier político del mundo le gustaría tener una heroína a su servicio que pregone las bondades de su programa.
En Reino Unido esto no tiene visos de pasar. De hecho, aquí la campaña electoral se centra en dos frentes. Por un lado, las ideas políticas, que son escasas y manidas. Por otro, la contracampaña de unos partidos contra otros. En este ámbito si se puede ridiculizar al máximo al adversario, mejor que mejor.
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Normalmente este tipo de contraataque se lleva dentro de los propios partidos. Pero a veces la parodia se escapa de los equipos electorales.
De ahí que no sea de extrañar la aparición, no muy fuerte de momento, de las Cameron Girls. Dos muchachas que paseándose por Westminster han grabado un vídeo musical parodiando hasta la extenuación al líder de los tories, David Cameron.
Su éxito no está siendo proporcional al de la chica de Obama. Se puede suponer que por motivos de promoción, pero también de producción y gusto musical.
No son las únicas que han usado las elecciones para tener su momento de gloria. En la última semana, Youtube ha escupido unos cuantos vídeos más dedicados a todos los candidatos por igual.
Resulta lamentable que siempre se recurra al rap para hacer el ridículo en Internet. Aunque hay quien intenta hacerlo lo mejor que puede.
El programa de la BBC, The Impressions Show, atacó primero cuando aún no se sabía si Brown seguiría liderando a los laboristas.Daniel del Pino
Una campaña de una empresa de apuestas. Sí, es Blair apostando por Cameron porque él siempre está con el ganador. Ahora igual tenía que cambiar la apuesta.
La vieja guardia del Manchester United se resiste a morir. Y a veces el destino es comprensivo con los que están dispuestos a llegar hasta el final. Ferguson ya había dado por acabada la Liga y concedido que todo apuntaba a una victoria del Chelsea. Para el derby de Manchester, volvió a confiar en Giggs, Scholes y Neville (106 años de edad entre los tres), los mismos que habían dado una imagen bastante pobre en la reciente y aparentemente definitiva derrota ante el Chelsea.
La grada hervía de pasión. Esperaba que Neville y Tévez se liaran a tortas, que Rooney se impusiera aunque fuera con una pierna o que el Manchester City anunciara el inicio de una nueva era. Nada de eso ocurrió. El partido fue plano en su primera mitad y sólo se revolucionó en los últimos 15 minutos.
El intercambio de golpes fue espectacular pero baldío. Rooney ya no estaba en la cancha. El City se había echado atrás. El United tenía por delante a Berbatov, ansioso por alcanzar el título de jugador más sobrevalorado de todos los tiempos.
Ferguson, perro viejo, ordenó a Scholes que adelantara posiciones para que le solucionara la situación, como ha hecho tantas veces. En el minuto 93, el pelirrojo cabeceó un centro de Evra con más precisión que muchos delanteros y dio la victoria a su equipo.
En la grada estaba Fabio Capello. No se sabe si el seleccionador inglés vio el gol de Scholes porque tres horas después tenía que estar en Londres, donde jugaban Tottenham y Chelsea. No podía coger un avión, y el viaje por carretera, recordaba ayer un periódico, viene a durar unas tres horas y 45 minutos. Las multas por exceso de velocidad que la Federación tendrá que pagar son dinero bien invertido. Capello tuvo la oportunidad de ver con qué facilidad quedó en evidencia John Terry, el supuesto baluarte de la defensa inglesa en el Mundial.
El Tottenham se adelantó con dos goles y parecía imparable, unos pocos días después de haber derrotado al Arsenal. Está en la pelea con el Manchester City por el cuarto puesto de la Premier y se ha convertido en un obstáculo rocoso para los equipos que se juegan la Liga. El club londinense se adelantó con dos goles, uno de ellos con un penalti de Terry a Pavlyuchenko.
El central completó la jugada con dos entradas de tarjeta y la expulsión, que condenó a su equipo. La respuesta de Terry a todos los escándalos en que ha estado implicado ha sido poner la palabra ‘respeto’ en su brazalete de capitán. El mismo que está perdiendo a la carrera a ojos de Capello.
Tras su derrota, el Chelsea tiene una ventaja de un punto sobre el United a falta de tres partidos. A ambos les quedan dos citas sencillas y una con trampa: el Chelsea viajará a Liverpool y el United recibirá al Tottenham. Dos plantillas veteranas llegan al final de temporada con la lengua fuera y el ácido láctico desbordado. La única duda es saber de qué pasta están hechos los jugadores. Aviso al Chelsea: los legionarios de Ferguson son duros como el pedernal.
Si suena raro, es porque procede del generador automático de frases de Cameron en el primer debate. No fue el único, pero Cameron tuvo un especial interés en contar historias de todas las cosas terribles que le habían contado los ciudadanos que se ha encontrado en esta campaña. Durante el debate, el líder tory fue aún más creativo que este ingenioso recurso.
Encuesta de You Gov para The Sun: clara victoria de Clegg, con un 51%. Por detrás, Cameron 29%, Brown 19%.
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Los tríos en los debates no funcionan igual que las parejas. Los británicos se estrenaron anoche con los debates televisados electorales y pudieron comprobar que el liberal Nick Clegg se manejaba tan bien como los primeros espadas, el laborista Gordon Brown y el conservador David Cameron. Y con vistas a un parlamento sin mayoría absoluta, llamó la atención la cantidad de veces que Brown dijo: “Estoy de acuerdo contigo, Nick”. Había algo de romance en el ambiente con la vista puesta en los votos de los liberales demócratas en la futura legislativa.
Pero si hay que creerse la mirada y el suspiro de incredulidad que se le escapó a Clegg, es probable que los liberales no estén encantados con la idea de un matrimonio de conveniencia con Brown.
Ocurrió lo que temían los conservadores. Por momentos, parecía un dos contra uno con Cameron en el papel solitario. En general, el líder tory estuvo consistente y no cometió grandes errores. Sin embargo, dejó de escapar algunas expresiones, incluida una mueca de sorpresa, que dejaron patente su juventud. Con 43 años, no es un precisamente un chaval, pero en Gran Bretaña los primeros ministros suelen ser mayores. De hecho, si Cameron sale elegido, será el más joven de los últimos dos siglos.
Los candidatos respondían a preguntas de una audiencia seleccionada y luego se sucedían sus intervenciones. A veces se interrumpían brevemente, lo que no es habitual en estos debates tan restringidos por las normas pactadas por los partidos.
Sin embargo, las intervenciones tenían que ser demasiado breves y los candidatos se veían constantemente interrumpidos por el moderador. A veces, ni siquiera podían concluir el razonamiento.
El debate comenzó con una pregunta sobre un tema del que en general los partidos han rehuido en campaña: la inmigración. Cameron tuvo la opción de decir que “la inmigración está fuera de control”. Defendió que hay que reducir la llegada de extranjeros, una opción muy popular entre los votantes, a través de unos límites más estrictos.
Brown estuvo a la defensiva y no se atrevió a negar la premisa ni a cuestionar la demagogia con que se trata este tema en muchos periódicos. Dijo que la inmigración neta ya ha bajado en los últimos años y que lo seguirá haciendo. Hubo que esperar a que Cameron lo dijera para que la audiencia se enterara de que la economía británica también se ha beneficiado de la llegada de inmigrantes.
Las cifras oficiales dicen que ha habido un descenso de los delitos graves, pero esa no es la percepción de la opinión pública. Eso le sirvió a Cameron para apostar por el mensaje duro: “El sistema no funciona”. Pidió más policías en la calle, lo que también hizo Clegg, aunque con una receta casi milagrosa. Aparentemente, todo se reduce a quitar “el papeleo y la burocracia” en las comisarías, y sacar a los agentes al exterior. Tampoco hay mucho más dinero para contratar a más agentes.
Gordon Brown no perdió la ocasión de advertir a la opinión el peligro de que la economía del país sufra una recaída y vuelva a la recesión. “No pongas en peligro los puestos de trabajo de la buena gente”, dijo dirigiéndose al líder conservador.
Cameron acusó a los laboristas de crear “un impuesto sobre los empleos” con el aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social. Y reservó un momento para la propuesta de recorte fiscal de los liberales. “Me encantaría, pero no tenemos dinero suficiente para eso en estos momentos”.
Clegg tuvo una respuesta que seguro que le facilitó muchos votos. Comparó el impuesto sobre la renta que pagan los trabajadores por cuenta ajena con el impuesto a las rentas de capital, una diferencia que deja patente los privilegios que los sucesivos gobiernos han concedido a la industria financiera.
Este es el escenario del primer debate televisado con los líderes de los tres principales partidos. Se celebra en Manchester y comienza a las 20.30, hora local. A un lado, Gordon Brown, el veterano cabreado que se arriesga a sufrir la derrota que ponga fin a su carrera. Al otro, David Cameron, el joven aspirante (43 años es ser joven en la política británica) que combina el carisma y la inconsistencia. Se encamina a la victoria, pero no parece que nadie lo vaya a recibir con gran entusiasmo. Es un combate a tres bandas, porque también participa Nick Clegg. Los liberales demócratas tienen la oportunidad única de pelear en las mismas condiciones que sus poderosos rivales.
Cameron ya se ha quejado de que las estrictas reglas del debate van a impedir una confrontación directa y obligan a responder a un número reducido de preguntas en los 90 minutos. El típico truco. Los partidos pactan unas normas muy restrictivas y luego se quejan.
Todos dicen que el favorito es Cameron, más carismático y expresivo que Brown, con la posibilidad de que sea Clegg el que se convierta en el robaplanos del debate. Como siempre con estos acontecimientos, la clave es no cometer errores que dominen las informaciones sobre el debate en los próximos días. A veces, la primera impresión es la que cuenta. En otras ocasiones, los periodistas llegan a una conclusión rápida que no se corresponde con el veredicto de la opinión pública.
La expectación es máxima. Este primer debate se emite en la cadena privada ITV. Se espera que unas 20 millones de personas (uno de cada tres británicos) lo vean en algún momento. No hay precedentes en el Reino Unido de un debate así en campaña electoral. Es un territorio hasta ahora no explorado por los partidos. Siempre puede ocurrir que no ocurra nada.
A lo largo del día, iremos contando por aquí las novedades del debate y cómo transcurre.
A partir de las 12 de la mañana, todos los vuelos en el espacio aéreo británico quedan cancelados a causa de la nube de ceniza procedente de un volcán islandés. En Escocia, no hay vuelos desde primera hora de la mañana. La ceniza puede llegar a bloquear todos los motores de un avión, como le ocurrió a un 747 de British Airways que volaba sobre Indonesia en 1982.
Los tories tratan de cercar el Parlamento con su publicidad, colocando banderolas a escasos metros de Westminster. Pero sigue sin estar muy claro si conseguirán asaltarlo.
Las encuestas estos últimos días son de todos los colores. Algunas llegan a dar a los conservadores de David Cameron un 40% de los votos, la cifra mágica con la que sueñan los tories para gobernar en mayoría a partir del 7 de mayo.
Esta semana, los más optimistas, como el último de Yougov, les otorgan un 39%. Ésa es la cifra a partir de la cual Cameron podría convertirse en primer ministro. Pero todo lo que acabe siendo inferior a eso puede llevarle al fiasco. Desde un gobierno en minoría a la perdición total.
La conclusión inicial es que a tres semanas de las elecciones no hay nada decidido. La encuesta de Yougov a nivel regional muestra cómo partidos minoritarios como el anti Unión Europea UKIP y el ultra BNP van acumulando apoyos a medida que pasan los días.
Con los debates televisados por venir se espera, además, que el líder de los Liberal Demócratas, Nick Clegg, gane en confianza. El caso de Clegg es muy especial puesto que dirige el tercer partido más importante del Reino Unido pero casi nadie le conoce. Dichos debates pueden suponer una catapulta mediática para él que iría en contra de Conservadores y Laboristas.
Con este panorama, Patrick Dunleavy, profesor de la London School of Economics (LSE), explica, basándose en lo que pasó en las anteriores elecciones, que estos dos últimos partidos acabarán repartiéndose un 68% de los votos.
La forma en que se repartan ese porcentaje puede significar una victoria aplastante o una derrota histórica con tan sólo un par de puntos de diferencia.
Las últimas encuestas de la LSE hablan toavía de un 69% de los votos a repartirse. Los conservadores obtendrían un 37% por el 32% de los laboristas. Teniendo en cuenta que con el actual sistema de votos británico las papeletas que van a los laboristas cuentan más que las que van para los tories, Cameron estaría a 3 puntos de la victoria final, pero también a 3 puntos del desastre. Los laboristas sólo tendrían que ganar 2 puntos más para gobernar tranquilamente por cuarta legislatura consecutiva.
Si el porcentaje a repartir fuera finalmente el 68% de los votos, entonces la cosa estará todavía más ajustada.
Iñigo Sáenz de Ugarte es corresponsal de Público en Londres.
Vive en Hackney pero pasa más tiempo en Islington. Siente una gran atracción por la Newcastle y la London Pride
pero a veces les engaña con una cerveza normal.
Daniel del Pino
Daniel del Pino es un periodista en apuros, pero quién no lo es hoy en día.
Sobrevive en el temido Hackney a base de Stella, conocida en la calle como wifebeater por sus
efectos secundarios en el comportamiento de las personas. Él no engaña a los autóctonos, que prefieren sabores más suaves para ahorrarse el dolor de cabeza y la somnolencia asegurados.