Opinion · El tablero global

El arte de la guerra en la economía mundial

Parece mentira que Pekín haya terminado por ser el gran paladín de la fortaleza del dólar y el aún mayor defensor de la debilidad de la moneda china. Ni siquiera Sun Tzu –el genial estratega del siglo V antes de Cristo que escribió El arte de la guerra– habría podido concebir un plan tan diabólico para arruinar al enemigo.
Primero, hay que inclinarse ante el poderío económico del adversario e ir pacientemente atesorando sus divisas –por el humilde método de venderle todo lo que desee al menor precio posible–, hasta acumular más de dos billones (sí, con b) de dólares en reservas del Estado. Después, es menester reverenciar el Tesoro del rival, adquiriendo sus bonos de referencia hasta acaparar deuda pública estadounidense por valor de otros 800.000 millones de dólares.
Finalmente, se le otorga al contrincante total preeminencia monetaria mundial, de forma que su dinero sea la referencia de todos los intercambios de materias primas y minerales estratégicos, mientras se mantiene artificialmente bajo el valor del yuan propio con el que se cobran las exportaciones.
Ya sólo queda emplear la colosal reserva de divisas para comprar masivamente yacimientos de recursos energéticos, sobornar gobiernos tercermundistas, construir las infraestructuras que nos permitan extraer y transportar esos bienes, y desarrollar una industria de tecnología punta sin parangón internacional. Y que el adversario se encomiende a Confucio.
Como decía Bruce Lee: “Be water, my friend”.