Interior filtra otra sarta de mentiras sobre las grabaciones al ministro Fernández Díaz

Ya era más que sospechoso que durante más de dos meses los investigadores de la Policía Judicial encargados de dilucidar el misterio de las grabaciones al ministro Fernández Díaz fueran incapaces de obtener los audios originales, pese a que fueron entregados por Público a la Fiscalía General del Estado. Pero la versión que acaba de filtrar el Ministerio del Interior sobre el “informe preliminar” presuntamente elaborado por la Policía Científica constituye una sarta de mentiras tan obvias y absurdas que raya en el delirio.

Para empezar, se supone que los técnicos policiales han aceptado elaborar su estudio sin poder examinar –según El Confidencial– más que “los cortes ofrecidos por Público (los únicos que han podido ser analizados por los investigadores)”, sin que exista justificación ninguna para que no “puedan” acceder a unas grabaciones originales que nuestro diario puso a disposición de la Fiscalía y han sido distribuidas a diversos fiscales (el del Supremo y los provinciales de Madrid y de Barcelona). Vaya, que nos dicen que la Policía Judicial es incapaz de obtener las pruebas materiales que están en manos de la Administración de Justicia. ¿En serio?

Vale, aceptemos esa hipótesis tan inverosímil como absurda. Siendo ése el caso, según la filtración del ministerio a algunos medios, los especialistas policiales han concluido “que el micrófono no se movió de su sitio durante el tiempo que duraron las grabaciones”. ¡Pero si en los cortes que Público analizó y difundió se escuchan perfectamente sonidos en el exterior del despacho del ministro, los pasos del asistente que llega y abre la puerta, y cómo los interlocutores entran hablando en el lugar y siguen la conversación mientras el micrófono registra tremendos ruidos al ser movido de un sitio a otro! ¿Quién es el cerebro que sólo detecta inmovilidad en ese corte?

Además, según la versión filtrada a la Cadena SER, “el informe preliminar descarta también que Daniel de Alfonso, exjefe de la Oficina Antifraude de Cataluña, fuera quien colocó el aparato electrónico porque se escuchan sonidos anteriores al encuentro como el momento en el que entra y cuando ambos se sientan en torno a una mesa”. ¿Cómo? Claro que se pueden oír sonidos previos a la reunión: precisamente los que registra la grabadora mientras De Alfonso está esperando en la antesala del despacho del ministro, donde incluso se oyen los clics y pitidos de la máquina de café situada allí cuando la utiliza el antedicho. Quien después le dirá a Fernández Díaz que se ha tomado un café mientras esperaba.

Ah, pues no. Resulta que todos esos cortes ofrecidos por Público en exclusiva, y que cualquier ciudadano puede escuchar por sí mismo, demuestran exactamente lo contrario de lo que se oye. Más aún, supuestamente prueban que “la grabación se realizó con un aparato convencional colocado ocultamente entre ambos interlocutores en la mesa del despacho donde sentaron”, según la SER. Entonces, ¿la máquina del café la trasladaron al lado de la mesa de Fernández Díaz para que el “aparato convencional” registrase sus sonidos? Todo esto es ya grotesco.

Aunque, por encima de todo, lo que esta hilarante filtración pretende demostrar es que “hay que desechar que se empleara un teléfono móvil porque habrían quedado marcas características en el sonido que no han sido detectadas en ninguno de los cortes analizados”. Pero bueno, si sólo han escuchado los cortes difundidos en las informaciones de Público, sólo han podido analizar un audio convertido a formato *.mp3 –para facilitar su reproducción a los lectores– a partir del original *.ogg que no sólo incluía todas las “marcas” reveladoras sino también los metadatos informáticos que podrían identificar al autor o autores de la grabación. ¿Nos toman por tontos?

Y, para más inri, la filtración confirma desde el propio Ministerio del Interior lo que también reveló Público en exclusiva hace dos meses: que “ni De Alfonso ni sus pertenencias pasaron los controles de metales que hay en la entrada del reciento, ni tampoco fue sometido a ningún tipo de inspección visual. De hecho, su nombre ni siquiera consta en el registro de visitas de ese departamento. Si llevaba un micrófono, pudo introducirlo sin dificultad en el despacho de Fernández Díaz”, escribe El Confidencial en la misma información en la que sostiene que todos los indicios han hecho concluir a los investigadores que De Alfonso no fue quien grabó las conversaciones. ¿Cómo dice?

Vaya, que no hay que ser un lince para deducir la intencionalidad de esta nueva intoxicación informativa: negar taxativamente –sin aportar prueba verdadera ninguna– que alguno de los interlocutores supiera que les estaban grabando, para concluir que esa grabación fue ilegal. ¡Como si lo importante fuera el origen ilícito o no del audio, y no la conspiración ilegítima contra rivales políticos de todo un ministro del Interior!

En cualquier caso, este nuevo intento de manipulación informativa pone de manifiesto algo que es evidente desde el primer día: al ministro del Interior lo grabaron hablando de temas confidenciales sensibles, en su propio despacho, por algún dispositivo que fue colocado para la ocasión en la mesa donde trabaja en la sede de su Ministerio. ¡Vaya! ¿Y si en vez de hablar de conspiraciones políticas hubiera estado detallando las medidas especiales antiterroristas pactadas en secreto con los aliados europeos? En cualquier país normal, un ministro del Interior pillado en semejante renuncio, que podría poner en peligro la seguridad nacional de diversos países, habría presentado su dimisión en unas pocas horas.

Aquí, no sólo sigue aferrado al sillón pinchado, sino que se defiende alegando que es la víctima inocente de policías que se burlan de él y de sus medidas de seguridad. En ese caso, ¿por qué ostenta la cartera de Interior?

Mejor dicho, ¿por qué no se atreve a llevar el caso ante un juez para que le proporcionen la grabación original completa? Elemental, mi querido Watson.