Más ideología que inteligencia en la estrategia antiterrorista del PP

Ya nos lo habían demostrado tras la matanza del 11-M, pero no parecen haber escarmentado. Los estrategas del PP han vuelto a exhibir sus prejuicios y su soberbia, anteponiendo sus objetivos políticos a la seguridad de los ciudadanos. Al tiempo que se llenaban la boca con peroratas grandilocuentes que no correspondían en absoluto a la verdad. Y es que la validez de la gestión política y ejecutiva sólo se legitima a través de sus resultados. Veámoslo.

En dos ocasiones ha salido ya el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, a lanzar brindis al sol de la “unidad” y la “absoluta cooperación” en la lucha antiterrorista, sólo días después de que sus propios actos lo desmintiesen: nada más confirmarse que la masacre de las Ramblas se debía a un atentado terrorista, la cúpula del Ejecutivo –con Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría a la cabeza– se trasladó a Barcelona… pero no para integrarse en el gabinete de emergencia creado allí por la Generalitat, sino para formar su propio gabinete de crisis y atribuirse así el mando político de las operaciones policiales contra el comando asesino. Tan clara era esa intención, que ni esa noche ni a la mañana siguiente se invitó a esas reuniones a representante ninguno de la Generalitat, ni siquiera de los Mossos d’Esquadra que estaban persiguiendo sobre el terreno a los yihadistas. Como se puede apreciar en esta imagen de la segunda reunión:

Pero esa actuación ejecutiva de ninguneo de las autoridades de Catalunya y de boicot a los Mossos no era en absoluto nueva, sino que se había instaurado durante el mandato del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz (2011-2016) como política gubernamental de clara represalia contra la  Generalitat por su orientación soberanista. Actitud que continuó con la llegada de Zoido a Interior y que era más que patente en las semanas anteriores al atentado, cuando el ministro se negó a permitir que los Mossos incorporasen a 500 agentes más, pese a que sus mandos estaban denunciando no eran capaces de “garantizar la seguridad” porque la falta de efectivos hacía que no pudieran cumplir con el número de horas de servicio que se requieren para la lucha antiterrorista. La portavoz del sindicato mayoritario del cuerpo (SAP-Fepol), Imma Viudes, declaró a Público que se les estaba “usando como arma política”… y tenía razón.

Así que, tres días después del sangriento atentado de las Ramblas, Zoido compareció por fin ante la prensa para negar toda esa realidad –obviando, por supuesto, que él mismo había aducido en el Congreso “la tasa de reposición fijada” para dejar en sólo 50 el número de nuevos mossos a incorporar– y clamar que la coordinación y colaboración del Ejecutivo con la Generalitat en la lucha antiterrorista era “total y absoluta”. En realidad, el ministro hizo un discurso, tras la reunión del Pacto Antiterrorista, con el que pretendía desmentir esas anteriores informaciones de Público, sin aportar argumento ni prueba ninguna para sostener su arenga. Más bien al contrario: fue precisamente en esa sesión del Pacto Antiyihadista, a la que por primera vez asistieron como oyentes los partidos nacionalistas, donde Zoido por fin prometió que los Mossos tendrían acceso a toda la información de Europol… a partir de septiembre.

Es decir, que en las investigaciones aún en curso sobre el comando que pretendía perpetrar varias matanzas masivas con furgonetas bomba –planes que se frustraron y reemplazaron por otros más modestos tras la explosión fortuita de su arsenal en Alcanar (Tarragona)– los Mossos seguirán sin tener acceso directo en este mes al sistema de alerta temprana y de información policial europea de Europol (SIENA y SIRENE). A pesar de que ellos lograron contener el atentado de Cambrils, impidiendo que se transformara en otra masacre, y han dado muerte a seis de los terroristas, incluido el conductor de la furgoneta que causó la carnicería en las Ramblas. Y pese a que diversas pistas a seguir conducen directamente a Europa, como que el imán de Ripoll y cerebro de los atentados, Abdelbaki Es Satty, tratase de instalarse a principios de 2016 en la localidad más islamista de Bélgica, Vilvoorde junto a Bruselas, y viajase también a Francia y Marruecos.

Es más que probable que el imán Es Satty contactase en esos viajes con grupúsculos yihadistas que le aleccionaron sobre la fabricación de bombas –al parecer, él fue quien cometió el error de manejo de sustancias explosivas que llevó a la detonación del polvorín de Alcanar, puesto que su cuerpo fue el que quedó totalmente destrozado. Pero durante todos esos años, en los que se estaban fraguando el comando y los planes para sembrar el terror en Barcelona, los Mossos carecían de acceso a la red de información policial de Interpol… porque así lo decidió el Gobierno de Rajoy, que desoyó una y otra vez las reiteradas peticiones de la Generalitat y del propio Parlament de Catalunya para que el cuerpo policial catalán pudiera consultar las bases de datos internacionales sobre los yihadistas.

Pero los Mossos no sólo están desconectados de las redes internacionales de información antiterrorista, sino que incluso se les ha negado acceso a la del propio Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), creado por Fernández Díaz en enero de 2015, mediante la fusión de los dos centros (CNCA y CICO) que coordinaban las tareas policiales contra esas dos lacras. Más aún, fuentes policiales subrayan Público que ha sido precisamente el director del CITCO, José Luis Olivera Serrano, quien ha diseñado esa estrategia de negar información clave a los Mossos, incluidos los avisos de centros de inteligencia de otros países. Como la advertencia de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EEUU de que Barcelona era un blanco de los yihadistas y, por supuesto, su punto más vulnerable estaba en las Ramblas.

Se llegó a publicar que la CIA alertó de ello directamente a los Mossos, pero tanto la Generalitat como el propio president Carles Puigdemont lo han negado rotundamente. Está claro que “las policías tienen relaciones con otras policías y las agencias de inteligencia tienen relación con otras agencias de inteligencia”, como le explicó Puigdemont a Ana Pastor en la entrevista en El Objetivo del pasado domingo. “A una policía como los Mossos d’Esquadra ya nos gustaría tener relación directa con la CIA, pero evidentemente eso no ha ocurrido”, agregó el president.

Fuentes cercanas al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) han admitido a Público que de vez en cuando han comunicado a los Mossos datos de inteligencia que les llegaban de otros servicios secretos, precisamente por saber que la policía catalana estaba aislada de las redes internacionales, igual que tendrá que hacer el CNI ahora que está llegando mucha información de otros países sobre las relaciones que pudiera tener el comando, a traves de foros de Internet, con los grupos que han cometido atentados en el norte de Europa.

Pero cuando Ana Pastor le preguntó directamente a Olivera si se había transmitido alguna alerta de atentado, procedente de servicios secretos extranjeros, a los Mossos sobre una amenaza yihadista contra Barcelona, el director del CITCO se enredó en naderías para no responder:

“Mire… Tanto el CITCO y los distintos servicios de información de Guardia Civil, Policía, y el CNI, mantienen múltiples contactos con centros homólogos, con agencias de inteligencia y de información, y hay un feedback continuo tanto de información como de inteligencia. Entre estas diversas agencias se comunican distintos sucesos o distintos comunicados que pueden ser interesantes para todos los servicios. Y… estas informaciones, como usted puede comprender yo no las puedo revelar en este momento y usted me debe permitir que mantenga esta discreción”.

Aunque lo peor fue el tono y la forma en la que lo hizo, con una falta de capacidad dialéctica, de agilidad intelectual y de soltura que hacen dudar a cualquier espectador (pueden verlo con sus propios ojos a partir del minuto 1:04:00 en este enlace) de su capacidad al frente del mando único de inteligencia antiterrorista al que confiamos nuestra seguridad. Nada sorprendente para los conocedores de la carrera de Olivera, que accedió a tan alto puesto gracias a sus maniobras en la brigada política de Interior cuando dirigía la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), y sin que en su trayectoria se hubiera especializado en lucha antiterrorista y mucho menos en yihadismo.

Quizá lo más sangrante de todo esto es que desde Interior se alentaran polémicas como la que se desencadenó contra la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, sobre la no colocación de bolardos en las Ramblas tras una recomendación de Interior, en diciembre de 2016 y con motivo del atentado contra un mercadillo navideño en Berlín, cuando la realidad es que eso se debatió entre los servicios de seguridad del Ayuntamiento y de la Generalitat, y así lo explicó Puigdemont: “Se analizaron diversas opciones y se vio que era ineficaz porque pueden entrar por unos metros más adentro. Y cerrar por completo Las Ramblas es impracticable porque además es una zona en la que deben poder entrar los vehículos de emergencias para atender a un accidente o un incendio o cualquier otra emergencia. Por tanto, debe ser una zona a la que debe ser relativamente fácil acceder a causa de la gran cantidad de gente y de servicios que operan allí. Eso se valoró y se consideró que lo mejor deberían ser los refuerzos policiales en algunas zonas que ya existen desde hace tiempo en varios puntos de Barcelona, y no hubo ningún tipo de discrepancia”.

Se sigue hablando una y otra vez de los bolardos, cuando en Madrid a nadie se le ocurre pedir que se bloqueen con ellos, por ejemplo, los accesos peatonales a Montera y Fuencarral desde Gran Vía. Igual que se baraja una y otra vez en las tertulias que los Mossos fallaron en Alcanar, al no ver en un primer momento que era un polvorín terrorista, cuando la realidad es que el chalet quedó reducido a escombros y al principio no se veían ni las más de cien bombonas de butano ni que había más restos humanos entre las ruinas. Y, ¿si lo hubieran supuesto de inmediato, habrían podido deducir que se iba a atentar en el centro de Barcelona a 200 kilómetros de distancia? En cambio, poco se debate sobre la clara posibilidad de que los Mossos hubieran podido desarticular antes el comando si hubieran contado con las informaciones de Europol y del CITCO.

Eso sí, Zoido trató de arrogarse méritos al anunciar antes de tiempo que “el comando ha sido desarticulado”, cuando ni siquiera había sido aún localizado el conductor de la furgoneta mortífera ni identificado el cadáver del imán. Tuvo que ser corregido de inmediato por los Mossos, pero eso no le cortó para posar con la foto del asesino como si la operación de los Mossos que acabó con ese terrorista fuera mérito suyo:

Ni él ni Olivera –quienes aseveraron hace poco que el atentado de las Ramblas era imposible– han demostrado mucha inteligencia en su gestión como máximos responsables de la lucha antiterrorista en toda España. En cambio, cada día está más claro que la ideología está cegando al PP en su obligación de garantizar la seguridad de toda la ciudadanía frente a la amenaza yihadista. Y todavía hay dirigentes de ese partido, como el alcalde de Alcorcón, que acusan a Colau de “allanar el recorrido de los asesinos”.

No se puede ser más miserable.